22 de enero de 2018

[Hasta el día de ayer] Capítulo XVII: «¿Esto es el fin?»

Cuando desperté, lo primero que hice, luego de abrir los ojos, obvio, fue desorientarme. Me senté rápidamente en la cama, logrando que me mareara un poco, y traté de recordar… La cabeza me dolía como si tuviera algo enterrado que me atravesaba de la frente a la nuca, me apreté las sienes con las palmas de mis manos y cerré los ojos. Luego grité…
Mis hermanos… Kevin… El innombrable… Franco… ¡Franco! Tenía que saber dónde me encontraba para ir con mi hermano, él me necesitaba, si yo no estaba con él podría pasarle algo, ¿quién lo cuidaría? Sólo yo… sólo yo… Me puse de pie y miré en rededor… una ventana pequeña cerrada con barrotes y con cortinas color crema, por allí se filtraba el sol así que supuse que era de día… grandes suposiciones porque el sol no sale de noche, no aquí. Meneé mi cabeza por mi estupidez… La puerta estaba frente a la ventana, me acerqué con rapidez y giré el pomo… cerrado. Estaba encerrada en esa pequeña habitación que apenas cabía una cama y una mesita de noche. Me abracé a mí misma y caí de rodillas, tenía que salir de allí pero no sabía cómo, y el dolor de cabeza que no se iba. Me dejé caer y me hice bolita en el suelo, las lágrimas comenzaron a salir sin que lo notara y sin que pudiera evitarlo.
El suelo estaba frío, sólo era cemento, si Julián me viera así lo más probable es que me regañaría hasta el cansancio, todo porque podría enfermar grave o quizás qué cosa… Siempre preocupándose de los demás… ¿Dónde estaba ahora? Lo último que recuerdo de él es que se peleaba con unos oficiales, al igual que Kevin… Chris llevó a Franco al hospital junto con Caleb pero… ¿y Math? ¿Dónde estaba mi otro hermano? ¿Con Tony quizás? Me sequé un poco la mejilla y noté que se había formado una pequeña poza de lágrimas en el helado suelo, suspiré, tenía que ser fuerte y salir de allí, ya era suficiente de llanto y cosas negativas. Debía salir y debía hacerlo pronto… Aunque… ¿dónde mierda estaba? Bien, ya llevo dos regaños de Julián acumulados, cuando lo vuelva a ver le diré para que me castigue…
Me senté cruzando mis piernas al estilo indio. Tal vez el helado suelo hizo que mi cabeza se despejara y me dejara pensar bien, tenía que recordar cómo llegué allí, pero lo último que venía  a mi memoria era mis hermanos peleando… y… y… el innombrable… él me puso aquella cosa de mal olor y no recuerdo más, él me tiene que haber traído aquí, pero no entiendo… ¿por qué? Se supone que el servicio social iba por mí, nada tiene que ver él en todo eso. ¿O será que también se compró a esos oficiales? No sería raro, ellos se creen los dueños del mundo.
Me sequé todo rastro de lágrimas de la cara y me puse pie, miré en rededor y se me ocurrió una idea. ¡Al fin! Sí, lo sé… Arrastré la mesita de noche y la puse bajo la ventana, si bien estaba demasiado alta como para intentar salir (si es que llegaba a cruzar por los barrotes, cosa imposible porque no soy una huesuda), quizás sí podría mirar hacia afuera y ver en dónde me encontraba, tal vez luego se me ocurriría otra idea si es que llegaba a saber algo sobre el lugar. No lo pensé dos veces y me subí… No vi nada… Mis manos alcanzaron los barrotes, pero por más que me empinaba me faltaban unos centímetros para alcanzar a ver algo.
—Piensa, Thais, piensa —me dije mientras me bajaba y miraba en busca de otra idea—. ¡Eso es!
Tomé la mesita de noche y la subí a la cama, después arrastré ambos muebles y los dejé bajo la ventana. Esos centímetros que me aportaría la cama sería suficientes como para poder asomar toda la cabeza por la ventana. Me encaramé con cuidado y me afirmé de los barrotes para evitar algún accidente. Y miré…
Lo que había al otro lado no era nada desconocido, en realidad varias veces estuve allí desde niña. Mamá solía llevarnos una vez al mes, si es que no eran más, y a todos. Recuerdo que nos levantaba temprano los días domingos, primero nos llevaba a la iglesia y luego allí, donde nos enseñaban diferentes cosas, pero lo que más le interesaba a mamá era que aprendiéramos a ser buenas personas, por eso siempre llevábamos ropa que ya no usábamos y hacíamos lo que podíamos para que las monjitas no tuvieran tanto trabajo ayudando a los que tenían menos recursos incluso que nosotros. Mamá siempre decía que a nosotros no nos faltaba nada, y era cierto, y que por eso debíamos ayudar a quienes no tenían tanta fortuna.
Y allí estaba, la última vez que había estado en aquel convento fue hace cuatro o cinco años, cuando decidí que ya nadie más moriría en mi familia, cuando dije que el hecho que mis papás ya no estuvieran con nosotros no era tema para no salir adelante, cuando di por superado aquel accidente. Aquel día llevé toda la ropa negra para que otra persona pudiera darle provecho, de la manera que quisiera, pero tiempo después volví a necesitarla… para el día que más quería olvidar.
Me bajé con cuidado de la escalera improvisada, no quería resbalar y sufrir un accidente, lo que debía hacer era escapar de allí. Aunque, quizás, las cosas no serían muy difíciles, a lo mejor los que me llevaron allí no sabían de mi cercanía con las hermanas, sobretodo con las de más edad. A veces las veía en la calle y siempre me saludaban de buena manera, supongo que me recordaban, y si no lo hicieran no preguntarían por mis hermanos, era típico, las veía, me saludaban, me preguntaban por mí y luego por mis hermanos, y por Kevin… siempre querían saber cómo estaba él… lo entiendo, es quien más ha sufrido, primero sus papás, luego los míos y después… después Nick. Pero ellas tenían una extraña manera de preguntarme por él, aunque tarde me vine a dar cuenta de eso, tan buena detective que soy.
Escuché voces afuera mientras dejaba los muebles en donde estaban antes de asomarme afuera. Intenté descifrar si se trataba de un hombre o una mujer, pero sólo me llegaban pequeños murmullos, revisé todo en busca de algo que pudiera usar para defenderme. El sonido de la cerradura me hizo dar un brinco y me puse rígida esperando. El chirrido de la puerta al abrirse me obligó a darme la vuelta, tenía la esperanza que uno de mis hermanos estuviera allí, pero yo sé que nunca he tenido buena suerte.
—Pensé que estarías acurrucada en esa cama, asustada. —Fruncí mi ceño, al último que esperaba ver era a él, aunque debía ser lógico. Una de las hermanas estaba a su lado y me miraba con tristeza—. ¿Nos puede dejar solos, hermana?
—No, no puedo. No tengo…
—Oh, vamos, no tengo tiempo para esto, o lo hace por las buenas o por las malas, no hay más opciones. —La religiosa lo miró con enojo, pero él sólo sonrió de medio lado, la tomó del brazo y la llevó afuera, luego cerró la puerta—. Vaya y llame a quien quiera, no saldremos de aquí en un buen rato, ¿verdad, Thais?
No respondí, me quedé quieta analizando probabilidades de escape, quizás eran nulas, pero uno nunca debía perder las esperanzas, eso me enseñó mi abuelo y no estaba dispuesta a olvidarlo en un momento como ese, nunca en un momento como ése. Debía encontrar la manera de escapar. Además, odiaba mi nombre pronunciado por aquellos labios, y afuera la monjita golpeaba la puerta, pero no estaba poniendo todo de sí, ni siquiera llamaba por ayuda… ¿acaso ellas también le debían obediencia a aquel despreciable ser?
—Te odio… —dije sin darme cuenta, sólo lo estaba pensando, pero salió de mis labios y me provocó una gran satisfacción.
—Gracias, me siento alagado, yo amo que la gente me odie, me hace sentir importante, aún más de lo que soy —sonrió de medio lado y dio un paso hacia mí, yo retrocedí, pero no tenía tanto espacio, ya tocaba la pared—. Sólo quiero hablar.
—Yo no quiero hablar contigo —contesté y miré en rededor, la única salida estaba tapada por aquel y ni siquiera había algo con qué golpearlo, no iba a tomar la mesa de noche y lanzársela, quizás podría pero el tiempo que me llevaría estaría en mi contra, antes de poder golpearlo, ya lo tendría encima y no haría nada…
—De seguro que sí vas a querer cuando sepas el tema. —Dio unos pasos más a mí—. Es sobre tu hermano Math, tu adorado y querido Math. —Fruncí aún más mi ceño, si bien adoraba a mi hermano como decía el tipo ése, aquella noche las cosas habían tomado un giro inesperado, me había enterado algo que no fue bueno y ahora, más encima, el innombrable venía con algo que decir en contra de él.
—Nada de lo que salga de tu boca puede ser cierto…
—Oh, desconfianza, adorada y amada desconfianza. Eso no es bueno ¿sabes? No para niñas tan lindas como tú, la desconfianza alimenta a los celos y los celos llevan a la destrucción de las relaciones… —Me miró de arriba abajo mientras se mordía el labio, me abracé a mí misma—. Relaciones amorosas… ¿Nunca los has sentido? Creo que me mentirías si lo negaras… Y es más, estoy seguro que cuando te cuente un secreto, los sentirás…
—No me interesa nada de lo que salga de tu boca… —Bufó, y estaba tan cerca que pude sentir su aliento sobre mi rostro, no pude moverme hacia ningún lado.
—Pobre pequeña Thais —susurró y levantó una mano con la que me acarició el rostro, di vuelta la cara pero el rió frente al gesto—. Siempre tan protegida por sus hermanos, siempre ocultándole tantas cosas que no sabe nada de la vida, pobre mi pequeña Thais. —Lo miré con odio.
—Yo no soy tuya, maldito engendro del infierno.
—Ése es nuevo, lo apuntaré para que no se me olvide y le pondré que lo creaste tú. —Me guiñó un ojo y quitó un mechón de mi cabello para dejarlo tras mi oreja—. Si no te interesara lo que tengo que decirte, estoy seguro que ya me hubieras golpeado…
—Quizás sólo esté esperando el momento indicado…
—Eres curiosa, Thais, siempre lo has sido —me interrumpió colocando dos de sus dedos sobre mis labios—. Y más si se trata de tus hermanos, eso me gusta de ti, siempre protegiendo lo que amas. ¿Me protegerás a mí así cuando me ames? —musitó, con sus labios cerca de los míos y con su mano tomándome del cuello.
—Nunca —siseé con odio, pero eso sólo lo hizo sonreír más y no se movió ni un milímetro, su otra mano me rodeó la cintura.
—¿Sabes que mientras estamos así, tú y yo, tan cariñosos, tu hermano Math está tirándose a mi hermana en algún lugar de esta ciudad?
—¡No es cierto! —grité y con un movimiento, bastante torpe, lo admito, lo empujé. Pero eso sólo logró que me abrazara con más fuerza y me golpeara la espalda al volverme a dejar apoyada contra la pared. Su sonrisa de triunfo me hizo fruncir el ceño de una manera que pensé que no podría.
—Ésa es mi Thais, así es como me gustas… —habló bajito apoyando su cuerpo contra el mío y agarrando mis manos tras mi espalda con una de las suyas—. Toda una fierecilla…
—¡Que no soy tuya! —El tipo sonrió de medio lado, ignorándome.
—Sólo quiero conversar —dijo y me soltó, me quedé mirándolo con atención, obviamente no podía confiar en él. Se sentó en la cama—. ¿Por qué no te sientas a mi lado? Ah, por cierto, ni lo intentes. —Lo miré arqueando una ceja—. Arrancarte, tienes el camino libre, puedes salir si quieres, pero no llegarás lejos, tengo gente vigilando las puertas.
—Eres un…
—Sí, sí, un engendro del infierno, ya lo dijiste —sonrió con burla y dejó sus manos en la cama, echando su espalda un poco hacía atrás, mostrándose el dueño de toda la situación—. Pero no quiero hablar de eso, ponte cómoda, vamos, lo que tienes que saber no te agradará mucho.
—Aquí estoy bien —contesté y sonrió aún más al ver que me apoyaba en la pared frente a él, dejando varios pasos de distancia.
—No voy a hacerte nada, aún… —Volvió a mirarme de arriba a abajo, con ese gesto goloso cuando se mira una comida exquisita, de nuevo me abracé a mí misma—. Como sea, lo que te tengo que decir no te gustará mucho, pero con el tiempo te acostumbrarás y sabrás que fue lo mejor que te pudo ocurrir…
—¡Habla de una buena vez!
—Ya estamos sacando las garritas, eso es bueno, me gusta… —Lo miré fijo a esos ojos oscuros y fruncí mi ceño—. Sabía que terminarías interesándote por el tema… Y no me gustan los rodeos, siempre voy directo a lo que quiero, pero quiero ver a mi Thais luchadora…
—¡Que no soy tu…!
—Sí lo eres —interrumpió y por primera vez, desde que entró por esa puerta, se puso serio, tanto su rostro y voz como su cuerpo—. Eres mía desde que tu querido hermano me lo dijo…
—¿Qué?
—Se siente raro, ¿verdad? Pero así es, Math, tu adorado Math, me propuso un trato hace unos años atrás, él me daba permiso para tenerte a ti y él se quedaba con mi hermana…
—No es cierto —susurré con burla—. Mi hermano nunca haría algo así, eres más estúpido de lo que pensé si intentas que te crea esa mentira.
—No es mentira, Thais, yo no miento, ¿cómo puedes pensar eso de mí? —Me miraba con seriedad, si hubiese sido cualquier otra persona, le hubiera creído, pero era Brian Cox, un malnacido y asesino.
—No sé qué intentas ni por qué haces lo que haces, ni tampoco me importa, pero si estás así porque Math dice estar enamorado de tu hermana y no quieres eso, puedes llevártela lejos y no volver jamás, jamás, a nadie le importaría y nadie los echaría de menos, a ninguno de los dos. Además, no es problema de nosotros que Math allá sido más inteligente que tú y supuestamente enamorara a tu hermana sin que tú te dieras cuenta...
Brian interrumpió mis palabras con una fuerte carcajada, fue tanto que se abrazó el estómago y me miró con un rostro lleno de diversión, como si le hubiera contado el mejor de todos los chistes. Fruncí más mi ceño.
—¿Tú piensas que tu hermano fue más inteligente que yo? ¿Que yo no sabía que mi hermana, quien por cierto no es mi hermana, pero tiene el mismo apellido, tenía algo con él? ¿De verdad crees todo eso? Te pasas de ingenua, Thais, ya te lo dije, si no fuera por mí, tu hermano jamás hubiera tocado un pelo de Sarah. —Nuevamente sus ojos oscuros estaban fijos en mí, serios—. Y si no fuera por la resbalosa ésa, yo no estaría aquí, ni tú tampoco, aunque no puedo asegurarlo por el historial que tienen ustedes los Leighton, pero una vez que se le metió entre ceja y ceja a tu hermano y yo me di cuenta de lo que podría conseguir con eso… —Y otra vez mirándome de arriba a abajo y mordiéndose el labio—. Le dije a la tal Saritah que si no hacía lo que le pedía, se las vería conmigo, y como es una llorona cobarde, aceptó. Tu hermano cayó fácilmente.
Lo miré con cara de no entender, y lo peor es que él lo sabía, aquello me había dejado con la mente en blanco y confundida, pero no desconfiaría de Math, eso no, de Brian y su hermana sí, pero Math era intocable y él jamás hubiera hecho algo para hacerme daño a mí o a alguno de mis hermanos. ¡Por favor, es Math! ¡El bebé de la casa!
—Bien, bien, empecemos desde el principio, si quieres, creo que tengo muchas cosas que explicarte. —Se sentó mejor en el borde de la cama y dejó sus manos sobre sus rodillas, apretando sus dedos, lo noté porque sus nudillos comenzaron a ponerse blancos, miré más atentamente—. Supongo que no tendré que usar dibujitos ni nada de eso, sé que eres lo suficientemente inteligente para entenderme…
—¿Qué te hace pensar que a mí me interesa lo que tienes que decir? —interrumpí frunciendo el ceño, no tenía por qué permitir que un… un… un alguien como él me tratara de tonta.
—Muchas cosas, como por ejemplo la muerte de tus padres… —Por su sonrisa supe que mi cara reflejó la confusión que se sembró en mi cabeza, abrí la boca para hablar pero ni un sonido salió—. En la avioneta iban mis padres. Qué coincidencia, ¿verdad? Mi padre la piloteaba, tenía años de experiencia, era un experto, incluso me estaba enseñando a mí… —Por unos momentos bajó su mirada al suelo y sus nudillos se emblanquecieron más, luego volvió a fijar sus ojos negros en los míos—. Me mandaron a vivir con los padres de Sarah, los Cox, él era el socio de mi padre y como no tengo más familia, habían llegado a un acuerdo de que si les llegaba a pasar algo, los Cox se harían cargo de mí… Me adoptaron… Yo tenía como diez años cuando todo eso pasó, y como era lógico, fui el único heredero de toda la fortuna de mi padre… pero como fui adoptado todo pasó a manos de mi padre adoptivo… Hasta que cumpliera la mayoría de edad. —Sonrió con sarcasmo y miró más allá de mí, de pronto me sentí como hablando con un buen amigo, escuchando su desahogo, pero él era el asesino de Nick, lo miré con odio—. Siempre supe que a mis padres los habían asesinado, era lógico, es más, tenían pensando acabar conmigo también, se supone que los tres iríamos en esa avioneta…
—¿Y qué dios perverso te permitió quedar en tierra en lugar de ir a volar y dejarnos libres de tu existencia? —Dejé arrastrar mi espalda por la pared y quedé sentada en el suelo, con las rodillas flexionadas apoyadas en mi pecho, me abracé a ellas. Brian sonrió de medio lado al mirarme.
—El único Dios que existe, mi pequeña…
—No me digas pequeña —dije y me sentí extraña, extraña por estar conversando de esa manera con el asesino de Nick y el culpable de todo lo malo que me pasaba. Él soltó una carcajada.
—La fortuna de mis padres es grande y muchos la querían, pero sólo cayó en manos de su asesino, aunque por poco tiempo… —Lo miré sin entender, al principio había pensado que ese abominable ser podría tener algo de sentimientos hacia sus padres, pero ahora me estaba diciendo que él los había matado—. Por como me miras supongo que estás pensando que yo los mandé a matar, no te equivoques, yo amaba a mis padres, eran lo único que tenía y me los quitaron, así como te quitaron a los tuyos, y fue la misma persona…
—El padre de Sarah…
—El padre de Sarah… —repitió y sonrió de medio lado—. Nos estamos entendiendo…
—No sé de qué me sirve todo esto, eres tú el que mató a Nick y eres tú el que me tiene encerrada aquí —chillé, aunque no alcé demasiado la voz.
—Te dije que te contaría todo desde el inicio, y éste es el inicio. —Me miró seriamente, pero sus ojos oscuros ya no me causaban miedo, ahora me daban lástima, no sé por qué, pero estaban vidriosos—. Obviamente no supe que el padre de Sarah había sido quien mató a mis padres, y de paso a los tuyos, hasta bien pasados los años. Yo crecí en su cuna, compartí juegos con Sarah, los llamaba papá y mamá… Pero todo cambió una noche en que lo escuché hablando por teléfono y le decía que volverían a repetir los mismos pasos que usaron para acabar con la vida de mis padres. Y los odié, a todos los Cox, a todos por igual, y odié aún más llevar su apellido. —Y esta vez sus ojos sí me asustaron, si los de Kevin llameaban con odio, los de Brian, oscuros como un pozo profundo, brillaban como si la oscuridad misma quisiera tragarte y llevarte a sus recónditos rincones para perecer—. Y se me ocurrió un plan, una idea, yo ya no era un niño que necesitaba amor por haber perdido a sus padres, ahora era un chico que buscaría venganza a cambio de cualquier cosa, y me metí en ese mundo, hice muchas cosas en nombre del padre de Sarah, organicé varios accidentes, quité del camino a muchas personas que no conocí ni su nombre, me gané la real confianza del asesino de mis padres… Mientras averiguaba los detalles del accidente de la avioneta, así me enteré de ustedes, los Leighton, que habían perdido a sus padres cuando yo perdí a los míos, y después supe que iban al mismo instituto que yo, y luego te conocí a ti… y te quise para mí… —Lo miré con asco, él sonrió—. ¿Sabes por qué? Porque vi en tu mirada lo mismo que veía en la mía antes de enterarme de todo: miedo a quedarme solo, miedo a seguir perdiendo a quien amaba, y aunque no lo creas en esos momentos eran los Cox. Pero tú estabas con tu novio y con tu hermano, nunca te dejaban sola y yo no podía simplemente llegar y hablarte, además tenía mi historial que estaba seguro no aceptarías…
—Y aunque no lo tuvieras, tampoco, no eres mi tipo —sonreí con sarcasmo y miré a la pared, bajo la ventana, estaba asqueada de la conversación y sólo quería que se fuera para buscar la manera de salir, pero al parecer él no se quedaría callado, y algo en mi interior me decía que debía prepararme para lo peor.
—Y de pronto me llegó una buena noticia y oportunidad, a tu hermano le gustaba Sarah. Yo me enteraba de cada uno de los movimientos de Sarah, era mi deber con la venganza que tenía planeada en mi cabeza, comenzaría con ella, una pequeña muestra de dolor, quizás la secuestraría o algo para causarle miedo a sus padres y sintieran un poco del dolor que yo sentí cuando perdí a los míos, pero cuando me dijeron que tu hermano andaba rondándola, se me ocurrió una idea aún mejor. —Sentí que se puso de pie y luego una sombra se colocó delante de mí, sus manos agarraron mis hombros y me obligó a mirarlo, fijé mis ojos en él con odio—. Acorralé a Math una tarde luego de salir del gimnasio, estaba con tu novio, a él lo agarraron otros para que no interrumpiera. Le dije que se alejara de mi hermana si no quería tener problemas, él no aceptó, como esperaba que lo hiciera, y no pudimos hablar más porque un inspector llegó, pero eso hizo que las cosas fluyeran mejor. Sarah es una cobarde, siempre lo ha sido, una llorona mimada, cuando le dije que sabía de su secreto con aquel chico, estuvo dispuesta a cualquier cosa con tal que no se lo dijera a sus padres, y así comenzó el juego, pequeña. —Me acarició el rostro con suavidad, yo lo seguí mirando con el mismo odio—. Sarah, asustada, corrió donde Math, yo la seguí, le contó que yo sabía lo de ellos y que estaba dispuesto a delatarla, y fue cuando entré en escena, les dije que sólo había una cosa que pedía para dejarlos en paz: tú. Tu hermano dijo inmediatamente que no.
—Math sería incapaz de hacerme daño, a mí o a cualquiera de mis hermanos, buscaste por mal camino, maldito imbécil.
—Para ser amiga de Kevin tienes un vocabulario bastante refinado para los insultos. Es cierto, Julián no te deja decir groserías —sonrió sonoramente, a mí me asqueó que supiera tanto de nosotros—. Sarah comenzó a llorar, sabía que eso era el fin de su relación con Math, la tomé de un brazo y la jalé para irnos a casa, ella no opuso resistencia. Los días pasaron, yo sabía que ellos se seguían viendo, y la volví a amenazar, esta vez con fotos para asustarla un poco más. Hizo que Math se reuniera conmigo un día sábado en la tarde, él estaba enojado, lo veía en sus ojos, pero me causó risa que cayera frente a las lágrimas de Sarah, y le volví a hacer la misma pregunta… ¿Y adivina qué dijo, mi pequeña Thais? —preguntó con burla reflejada en su estúpida sonrisa y sus pozos que tenía de ojos.
—Que no —conteste seriamente y sin mostrar duda alguna en mi hermano.
—Respuesta equivocada, Math aceptó…
—¡No es cierto! —grité y me puse de pie, no sin antes empujarlo, por la sorpresa quedó sentado en el suelo y comenzó a reír—. Todo lo que dices es mentira, ¡todo! ¡No creo ni una maldita palabra de lo que sale de tu boca! ¡Eres un… eres un…! ¡Da lo mismo lo que seas! —Comencé a caminar por la habitación, sin dejar de gritar—. ¡Pero Math jamás haría algo así, jamás…! —Y me quedé en silencio, recordando la pelea que había escuchado entre mi hermano y Tony. Me abracé a mí misma, Math nunca me mentiría, me ocultaría cosas sí, pero no me mentiría y mucho menos haría algo para hacerme daño, ¿verdad? Y no supe en qué momento comencé a llorar.
—Es duro saber que quienes amas te han mentido… —Tomó mi rostro entre sus manos—. Ahora veo la mirada que tenía yo cuando mi mundo feliz junto a los Cox se vino abajo…
—¡¡Suéltame!! —Moví mi cabeza para quitar sus manos de mí—. ¡¡No te atrevas a tocarme!! ¡¡No te atrevas a volver a poner un dedo sobre mí!!
—Math aceptó a apoyar que yo te tuviera para mí, que él haría todo lo posible para que te tuviera a cambio que yo los dejara a él y a Sarah en paz, eso sí, puso la condición que sería luego que cumplieras la mayoría de edad, es decir ayer, ¿por qué crees que Math no estaba anoche cuando tus otros hermanos sí? —Abrí mis ojos a más no poder, eso era cierto, Math no estaba cuando golpearon a Franco—. Así es, pequeña, él se estaba haciendo a un lado para que yo pudiera tenerte y él quedar limpio… ¿Qué más pruebas quieres?
—No te creo… —Aunque en el fondo la duda ya se había sembrado y mi voz sonó extraña, arrastrada, al hablar.
—Pero las cosas dieron un mal giro, Sarah, la estúpida Sarah, tuvo cargo de consciencia y fue a mi habitación en donde estaba con mis amigos bebiendo algo. Comenzó a reclamarme que no me metiera en su vida. Para ese momento yo había tomado lo suficiente para estar casi ebrio, y los insultos y reclamos de parte de la hija del asesino de mis padres no hicieron más que hervirme la sangre. La tomé de un brazo y la arrastré hasta su habitación, la dejé allí encerrada y salí con mis amigos… La noche del 17 de junio llegué a una plaza… La noche del 17 de junio mi piel quedó marcada de por vida. —Dio un paso atrás y levantó su camisa, allí, en su costado izquierdo, una cicatriz más blanca que el color de su piel, dejaba ver donde Nick le había enterrado el cuchillo.
—Nick… —susurré y las lágrimas cayeron con más frecuencia, hasta rodar por mi cuello.
—Tuve suerte de no morir, por segunda vez —sonrió cuando volvió a ponerse la camisa como debía estar—. Aunque todos ustedes creyeron que sí lo estaba…
—Te rechazan del infierno y de la tierra —dije con sarcasmo, necesitaba algo para no creer en todo lo que me decía y para no derrumbarme frente a él, no podía hacer eso.
—No de todos lados… —musitó y nuevamente lo tuve demasiado cerca, uno de sus brazos me rodeó por la cintura—. Tú no lo harás, no podrás…
Y, sin poder evitarlo, pegó sus labios a los míos de una manera brusca. Abrí mis ojos como platos y le puse mis manos en el pecho para empujarlo, pero el tipo me pasaba como por una cabeza y se notaba que había trabajado su cuerpo porque podía sentir los músculos bajo la camisa. Empujé con más fuerza, pero lo único que conseguí fue que me atrapara con sus dos brazos y se apoyara, con todo su cuerpo, contra mí y quedar entre él y la pared…
Lo odiaba, lo odiaba con todo mi corazón. Yo no había besado a nadie desde que Nick murió, se lo prometí, yo le sería fiel hasta el fin de mis días, no quería otro, sólo lo quería a él… Hasta que… hasta que… ¡Maldito seas, Brian Cox! ¡Cómo te odio! Y empujé con más fuerza pero era como intentar mover una pared. Las lágrimas brotaron de mis ojos cuando metió su lengua y mis forcejeos disminuyeron al sentirme atrapada por completo, de pronto mis fuerzas se acabaron y no quería seguir luchando. Math me había traicionado, Nick ya no estaba conmigo y Franco… luchando por su vida… Franco… apreté mis ojos y volví a empujar, pero nada, lo sentía sonreír sobre mis labios…
—Kevin…
Aquello hizo que el innombrable se separara rápidamente de mí, a pesar que no me di cuenta que había suspirado el nombre de mi cuñado… Kevin, ¿dónde estás cuando te necesito? Kev… Apreté mis puños, ignorando el hecho que lo que tenía en mis manos era la camisa de Brian. Apreté con más fuerzas mientras miraba un punto perdido en el pecho de mi enemigo y grité, tan fuerte y tan largo que no me reconocí. Las fuerzas volvieron a mí y lo empujé, casi de la misma manera que antes porque esta vez sí pude sacármelo de encima. Me miró asombrado, dejando unos pasos de distancia, yo continué llorando y me abracé a mí misma, tenía que salir de allí, debía salir de allí, por Franco, por Julián, por Chris y por Kevin, mi Kevin.
Un teléfono comenzó a sonar, Brian metió su mano al bolsillo y extrajo un aparato último modelo, de esos que funcionan con un toque suave en la pantalla, miró el nombre, hizo un movimiento y se lo llevó a la oreja, sin dejar de mirarme.
—¿Qué? —preguntó, con voz molesta—. Habla rápido, estoy ocupado, y más te vale que sea realmente importante… ¿Qué? —Una sonrisa de maldad apareció en sus labios—. Claro, estaré allí en pocos minutos. —Y metió de regreso el aparato al bolsillo—. Mi pequeña Thais… —dijo al acercarse de nuevo, lo miré con odio y me puse a la defensiva, acercó su mano y me acarició el rostro—. Tendremos que dejar nuestra charla para otro momento, me acaban de llamar por una gran noticia, pero regresaré pronto para que retomemos lo que dejamos pendiente. —Rápidamente me dio un fugaz beso en los labios y caminó a la salida, yo me quedé estática—. Lástima que no tuviste tiempo… —Tomó el pomo de la puerta y abrió, yo lo miré sin entender—. La llamada era para informarme que Franco, tu hermano, acaba de morir, ahora iré a darle mis condolencias al resto de tus hermanos.
Y, sin más, desapareció tras la puerta, dejándome atónita con su última frase. No era cierto, Franco no podía morir, no él… Pero, al parecer, mis lágrimas no querían entender eso porque la vista se me nubló tanto que no pude ni reconocer lo que tenía al frente… No era cierto. No era cierto. ¡No era cierto!
—¡Abre la maldita puerta, Brian! ¡Déjame salir de aquí! —Comencé a gritar mientras golpeaba con mis puños la madera, no podrían tenerme allí mientras supuestamente mi hermano estaba muerto. No, nadie lograría tenerme encerrada cuando mis hermanos me necesitaran—. ¡Que alguien abra esta maldita puerta, o juro por el mismo Lucifer que la echaré abajo sin importarme nada! ¡Maldita sea, no me pueden tener aquí encerrada! ¡¿Que acaso no es un convento, un lugar para encontrase con Dios?! ¡¿Qué puta mierda le enseñan a ustedes de Dios?! ¡Déjenme salir! ¡Déjenme salir!
No había dejado de golpear ningún momento por todo el tiempo que duraron mis gritos, y la fuerza fue tal que me empezaron a doler los puños. Me quedé quieta cuando vi sangre y cuando mi voz se tornó diferente, me dolía la garganta, me dolía la cabeza, me dolían los ojos, las manos y los pies, también le estaba dando de patadas a la puerta, cualquier cosa con tal de salir. Me arrastré por la madera hasta quedar sentada en el suelo, con la cara pegada a lo que trataba de derribar y soltando grandes y prolongados sollozos, una voz débil aún pedía que me dejaran salir.
Miré en rededor, no tenía absolutamente nada de lo que pudiera aprovechar y salir, la puta ventana estaba demasiado alta y con barrotes, aunque llegara con la misma escalera que me hice para mirar, no había manera de poder salir de allí. Estaba atrapada, atrapada en aquel maldito convento, con las malditas monjas y con el malnacido de Brian Cox.
—¡Cómo te odio, Brian Cox! ¡Cómo te odio!
Y con aquel grito sentí mi garganta desgarrarse, aunque mi odio seguía siendo mucho más grande que cualquiera de mis dolores. Me senté, apoyando la espalda contra la pared, abracé mis piernas y continué llorando. Lamentando mi suerte y enterrando mis dedos en el cabello, mientras mi frente seguía apoyada en mis rodillas.
—No es hora de esto, Thais. No ahora…
Me reproché, estaba siendo estúpida, debía encontrar la manera de salir. Me puse de pie y volví a mirar todo en rededor, di una vuelta por el espacio reducido. De pronto la ira me invadió por completo, jamás podría salir de allí. Tomé la mesa de noche y la arrojé contra la puerta, dando un grito. El mueble se partió por la mitad, la puertecilla se salió y el cajón se abrió, pero la puerta que a mí me importaba continuó intacta, ni un rasguño.
—¡Estúpida, estúpida puerta! —grité y los golpes con mis puños volvieron hasta que sentí que no aguantaba el dolor.
Me dejé caer a un lado de la cama, ya no sabía qué hacer…
—¿Thais? ¡Thais, estoy aquí!
—¿Math? —Me levanté como si fuera un resorte, mi hermano estaba al otro lado de la puerta.
—Estoy aquí, pequeña. Estoy aquí. —El ruido de un manojo de llaves se sintió y luego la puerta crujió antes de abrirse, mi hermano estaba allí, de pie junto a una de las monjitas—. ¡Oh, Thais! —Y de un paso llegó a mi lado para apretujarme contra su cuerpo—. Ya estoy aquí, pequeña. Ya estoy aquí. —Pero yo no lo abracé, no pude, había sido tanto en lo que él estaba inmiscuido que no pude abrazarlo como debería, y él lo notó porque me tomó de los hombros y me miró fijo a los ojos—. Tenemos que salir de aquí, pequeña, rápido. —Tomó mi mano e intentó jalarme fuera de la habitación, pero me opuse—. Vamos, Thais, debemos salir, es nuestra única oportunidad…
—Franco… —Fue lo único que pude murmurar, lastimeramente.
—En el hospital, pequeña, pero no es momento de hablar de eso, créeme, nos matarán si no te saco de aquí. —Volvió a jalar mi mano—. Vamos, pequeña, vamos.
—No…
—¡Thais, ¿qué no sabes lo que está pasando?! —Me soltó la mano y volvió a tomarme de los hombros—. Estás casi secuestrada aquí y te estamos rescatando, tenemos que salir ya.
—Explícame, Matías… —Mi voz sonó rasposa, mi garganta dolió. Math me miró con esos ojos abierto más de lo que una persona normal puede abrirlos, a causa de la sorpresa, sólo lo llamaba por su nombre completo cuando me enojaba con él—. Brian Cox y su hermana Sarah… —Me miró consternado, eso confirmaba lo que el innombrable había dicho, las lágrimas volvían a salir sin parar—. Te odio… Te odio…
Y esas fueron las palabras más dolorosas que una vez pronuncié. Math me miró entre sorprendido y avergonzado, entre dolido y no saber qué hacer. Sus ojos estaban llorosos, el temblor de sus labios dejaba ver que quería dejar salir todo lo que sentía en lágrimas, pero no lo hizo. De un momento a otro, no me dio tiempo ni para pensar, me tomó en sus brazos y me dejó colgando de su hombro, como siempre solía cargarme, y me sacó de la habitación.
No puse resistencia, no tenía fuerzas para nada, simplemente para llorar. Math, mi Math me había traicionado por una chica que no valía absolutamente nada, me había intercambiado por ella, él que lo era todo para mí, al igual que el resto de mis hermanos, pero era mi Math… mi Math…
Escuché la voz de una mujer dando explicaciones, como iba colgando de la espalda de Math, y no tenía ganas de nada, no podía verla, pero supuse que era una monjita por la textura de su voz. Caminamos por un largo pasillo y nos detuvimos, el sonido de unas llaves, un cerrojo y una gran puerta abrirse, fue lo que prosiguió. Math caminó, el aire helado golpeó mi rostro húmedo por las lágrimas. La puerta se cerró luego de un «Dios los bendiga». Math continuó caminando, sentí el sonido de un auto, una puerta abrirse y me bajaron.
Miré, pero no vi nada, las lágrimas me nublaron la visión, aunque las imágenes del cerebro me impedían ver con claridad. La voz y el abrazo de Tony me trajo a la realidad, luego Math me metió dentro del auto de su amigo, en la parte trasera, y él se sentó junto a mí. Me pasó un brazo por los hombros, yo seguí manteniendo la mayor distancia que podía.

* * * * *

Las luces de la ciudad avanzaban al ritmo del acelerador de Tony. A mi lado, Math, conversaba con su amigo de cosas sin sentido, estaba nervioso, se le notaba en todo su ser, sus dedos apretaban con fuerza mi hombro y su otra mano despeinaba, a cada momento, su ya de por sí desordenado cabello. Me miraba de reojo, pero yo lo ignoraba, me conformaba con ver su reflejo en la ventana, a través de mis lágrimas.
Cuando el auto se detuvo me di cuenta de que habíamos llegado al hospital, al mismo donde ocurrieron todas las desgracias, pero también donde nacimos todos nosotros… Aunque lo odiaba porque me recordaba la muerte de Nick, allí no hicieron nada por salvarlo.
Escuché la voz de Math llamarme, por su cara —y porque me jalaba de la mano— supuse que llevaba un rato tratando de que le prestara atención, me dejé hacer y él me jaló fuera del vehículo, avanzamos dentro del enorme edificio blanco. Tony no nos acompañó, algo se dijeron con mi hermano, luego subió a su auto y se marchó.
Math habló con la recepcionista, ambos me miraron y yo volteé la vista a otro lado, sentí a mi hermano suspirar. Ella le dijo algo que no entendí, en realidad no tenía mucha percepción de lo que pasaba, sentí que me jalaron la mano, Math me arrastraba al ascensor. Entramos y apretó el nivel 3, el mismo donde murió Nick, el de cuidados y tratamientos intensivos. Me abracé a mí misma, no podía estar sucediendo de nuevo, no otra vez.
—Thais… —dijo Math, con tono suave y pausado, yo ya sabía lo que vendría—. Thais, yo…
—¿Es cierto, Math? ¿Es cierto que me cambiaste por ella? ¿Qué me regalaste a cambio de ella? ¿Cómo pudiste, Math, cómo? —Y hubiera seguido pero el ascensor se detuvo, avancé a la salida, aunque no llegué muy lejos porque mi mano seguía unida a la de mi hermano. Me volteé a mirarlo fijamente, por primera vez desde que salimos del convento.
—Lo siento, pequeña…
—Eso no sirve de nada, Math. —Y lo solté, el pecho me dolía, por suerte las lágrimas habían cesado, sino no sabía cómo soportaría tanto.
Caminé por el frío pasillo, y lo primero que vi fue a Julián, sentado en aquellas incómodas sillas de espera. Lo llamé por su nombre, pero no se movió, estaba mirando el suelo, sus antebrazos apoyados en las rodillas y sus manos unidas. Volví a gritarle y corrí a su encuentro, pero no hubo reacción de mi hermano, él se negaba a mirarme. ¿Acaso tanto me odiaban mis hermanos que uno me intercambiaba, el otro me corría de su lado cuando estaba herido gravemente y Julián, mi Julián, ni siquiera podía mirarme? Se me apretó el pecho y me detuve a medio camino al encuentro de mi hermano, de pronto comprendí muchas cosas: todos ellos me odiaban. Di un paso atrás, por eso tanto interés en que me fuera con mis tíos al extranjero. Me odiaban, otro paso atrás, las lágrimas atiborradas en mis ojos… Me odiaban…
—Pequeña… —Si mi voz sonaba lastimera, la de Julián se quedaba corta, no sabría cómo explicar el dolor que expresaba. Recordé las últimas palabras de Brian.
—No… —dije intentando gritar, pero no pude, sentía que me faltaba la respiración, me ahogaba, sólo había un motivo para que mi hermano estuviera así—. Franco… no…
—Pequeña… —Volvió a decir mi hermano y me acerqué, arrodillándome frente a él—. Franco no… él está… bueno él… estable dentro de su gravedad.
Suspiré, eso no podía ser tan malo y, además, significaba que Brian me había mentido con una de las cosas que me dijo. Miré a mi hermano, él seguía con sus ojos clavados en el piso, yo no le alcanzaba a ver el rostro, a pesar que estaba frente a él, le tomé las manos.
—¿Qué…?
—Lo siento, mi pequeña. No sabes cómo lo siento. —Y lo noté, mi hermano se negó a llorar cuando murieron nuestros padres, él siempre se mostró duro, nada lo podría derribar, era como un roble, era mi héroe. Pero allí, en ese frío hospital, se había derrumbado y las gruesas lágrimas que empapaban su rostro estaban ahora en mis manos, que intentaban secarlas.
—No pasa nada, Julián, ya verás que todo se arregla, como siempre, mañana saldrá el sol con un «levántate y brilla»… Julián… siempre has sido y serás mi héroe…
Y lo abracé fuertemente, rodeando su cuello con mis brazos. Mi hermano enterró su rostro en mi hombro, él no me abrazó, no podía, sus muñecas estaban fuertemente apresadas, llevaba esposas, eso sólo podía significar que lo detuvieron por la golpiza al amigo de Brian, ese que pertenecía al servicio social, la trampa que decía Franco. Odié mucho más a ese maldito.
—¿Dónde están los demás? —pregunté cuando los sollozos de Julián se hicieron débiles.
—Chris está tratando de que no me lleven a prisión hasta que Franco se recupere, y Kev… él tuvo que salir de pronto, no sé a dónde, una enfermera le trajo un mensaje y sólo me dijo que ya volvía, que no me preocupara por él, que buscara la forma de sacarte y de sacarme.
Abracé fuerte a mi hermano, le limpié la cara y lo besé en la frente. Él sólo me miró.
—Lo siento, Julián. De verdad que lo siento —dije y las lágrimas reaparecieron en mis ojos, en los de mi hermano igual—. Siempre has sido mi héroe, mi más grande héroe, más que papá, mucho más que papá, no te das idea de cuánto te amo…
—Thais…
—Shhh —lo silencié poniéndole mis dedos en su boca—. Déjame terminar, mi más grande héroe Julián… Cuando Franco despierte, dile que lo amo mucho y que lo siento por todo, pero que aun así no lo quiero ver con Marla —sonreí, Julián también hizo lo mismo—. Y perdona a Math, así como también lo perdonaré yo.
Me levanté, mi hermano me miró con unos ojos preocupados, le sonreí, o por lo menos intenté hacerlo. Sus labios susurraron un «no» cuando se puso de pie. Eché a correr, él no podría perseguirme ni atraparme, no con las esposas. Empujé a Math en el camino, él tampoco podría hacer algo, lo conocía, sabía que no iría tras de mí, no después de lo que hizo.
Abrí la puerta de la escalera de servicio y bajé tan rápido como mis piernas lo permitieron, cuando llegué al primer piso, en lugar de ir a la entrada o salida, dependiendo de donde se mire, giré por donde entran y salen las ambulancias. Por primera vez en la vida tenía todo claro, y sabía perfectamente bien lo que debía hacer.
Corrí, el hospital quedaba atrás, adelante un futuro incierto en donde todo comenzó: el instituto.

* * * * *

La puerta del instituto estaba entreabierta, al menos no me había equivocado en eso. Era raro que estuviera así al ser un día domingo, que era el único día que permanecía completamente desierto. Entré con cuidado, cualquier cosa me podría encontrar allí adentro.
Me quedé tranquila cuando llegué al patio principal, tratando de escuchar algún ruido que me dijera a dónde debía ir o lo que pasaba, pero estaba en silencio hasta que…
Algo pesado cayó y el sonido rebotó en el ambiente, y sólo podría venir de un lugar: el gimnasio que hace tan poco tiempo limpiaba junto a Danko. Caminé con cuidado, la puerta estaba cerrada desde dentro. Una risa estrepitosa cubrió el ambiente, busqué algún lugar donde subirme y poder mirar, fue una suerte que una escalera estuviera cerca, quizás las personas de mantención andaban haciendo limpieza de techos. La saqué y la puse con cuidado contra la pared, subí para poder mirar por la ventana, que en parte era bueno que fuera tan grande, pero por otra parte las posibilidades de que me vieran eran mayores.
Aunque lo que más me llamó la atención, junto con el grupo que rodeaba a un chico, fue que ese chico era Kevin, y estaba tirado en el suelo abrazándose el estómago… Tapé mi boca evitando soltar un grito, pero mis pensamientos no desaparecían. No entendía, ¿por qué Kevin no se defendía? Es decir, era Kevin, el más fuerte de todos cuando no estaba Julián, y ese era el caso, pero ¿por qué?
Y, extrañamente, quien lideraba todo era Brian. No entendía nada de nada, después de todo lo que me había dicho en el convento, lo veía pegarle a Kevin y reír sin parar, se le notaba en el rostro que disfrutaba de todo aquello como si fuera la mejor de todas las diversiones. No lo entendía, no lo entendía para nada. No sólo por el hecho de que golpeaba, sino que por el disfrute que le producía estar golpeando a alguien.
Se me apretó el estómago al ver a Kevin de esa manera, y más al sentirme una minúscula hormiga que no podía hacer nada por ayudarlo. ¿O sí? Tenía la posibilidad de ir y detener todo. Sí, sí podía, le lanzaría una patada voladora a Brian y acabaría con todo… Y después tendría a todos sus amigos encima y eran varios… Los conté, ocho en total más Brian. No, atacarlo no sería una buena táctica, estaba en una situación con mucha desventaja… ¿Y si simplemente me aparecía y veía qué pasaba? Según todas las estupideces dichas por el idiota ese en el convento, me quería a mí, quizás simplemente aparecerme podría ser una buena idea y lograría que dejaran de pegarle a mi Kevin… ¡Piensa, Thais! ¡Piensa! Un grito de Kevin me sacó de mis pensamientos y me volví a asomar. Ahora lo tenían agarrado entre dos, él estaba de rodillas y con la cabeza baja, mirando el suelo, Brian hablaba.
—Bien, Thais, ármate de valor y haz lo que tengas que hacer.
Me bajé de la escalera y caminé con cuidado y en alerta a la puerta del gimnasio, no me importaba que me vieran, pero no podía confiarme de algo o alguien que pudiera salir de algún lado sin que me diera cuenta. Y cuando llegué a la puerta principal, simplemente abrí…
Escuché la voz de Brian y me detuve en seco, estaba contando lo sucedido aquella noche en que apuñaló a Nick. Abrí un poco más la puerta, y a través de la ranura pude ver a Kevin apretando los párpados y puños, se estaba conteniendo por completo, pero ¿por qué? Brian llegó a la parte en que Nick cayó… Yo abrí la puerta de una patada, sacando fuerzas de no sé dónde, y sentí las miradas de todos sobre mí, vi a Brian sonreír.
—Mira nada más a quién tenemos aquí —dijo con burla acercándose a mí—. Le estaba contando a nuestro buen amigo Kevin lo que sucedió aquella noche, y también un poco de lo que pasó antes y de lo sucedido con Math y mi hermanita… Ahora estaba por contarle lo que hicimos esta mañana en el convento. —Vi su sonrisa aún más grande, desvié su mirada y fijé mi vista en Kevin, había levantado la cabeza y sus ojos reflejaban preocupación, angustia y enojo.
Lo ignoré y caminé hacia mi amigo, a paso lento pero decidido. Brian detuvo su avanzar hacia mí, pero no sé qué cara puso ya que yo lo seguí ignorando. Sus amigos, que sostenían a Kevin, sólo me miraron. Kevin me regaló una mirada como diciendo que se alegraba de verme y a la vez no. Me detuve frente a él y le sonreí.
—Creo que yo siento lo mismo por ti —confesé, sin siquiera saber por qué, pero necesitaba decírselo. Él me miró con los ojos muy abiertos y quiso decir algo, aunque no lo dejé—. No, no es creo, es lo que siento. Kevin, yo siento lo mismo por ti, no me hagas decir esas palabras frente a estos… estos… —Kevin negó con la cabeza—. Perdón.
Y me di la vuelta, Brian estaba frente a mí con esa sonrisa que odiaba y los brazos cruzados. Fruncí mi ceño y continué como si fuera de hierro, tal y como venía haciendo desde que entré en el gimnasio.
—Aquí me tienes —dije sin titubear—. Suelta a Kevin y deja a mis hermanos en paz.
—¡Thais! —El grito de Kevin sonó a enojo, pero lo ignoré y seguí con mi mirada fija en Brian.
—¿Estás diciendo que te vas a poner a mis órdenes? —preguntó con tono burlón.
—Sí —contesté con firmeza, tenía que ser creíble para que funcionara.
—Está bien —respondió sin cambiar el tono—. Acepto tu trato. Dejaré a todos tus amigos y hermanos en paz si vienes conmigo. —Estiró su mano para que yo la aceptara, lo miré y el borró su burlona sonrisa y se puso serio—. Estoy esperando…
—¡No hagas eso, Thais! —Kevin gritó, pero fue callado. Volteé a mirarlo.
—¡Prometiste dejarlos en paz! —chillé al ver a mi amigo retorcerse de dolor en el piso.
—Mentí —sonrió al mirarme con esos ojos negros llenos de maldad—. ¿De verdad creíste que esto era por ti? —comenzó a reír con locura, yo retrocedí unos pasos y se me nublaron los pensamientos—. ¿En serio te crees tan importante? No lo eres, pequeña Thais, yo sólo me estoy divirtiendo con todo esto, jugando, atormentando, disfrutando del dolor ajeno, si quieres decirlo de algún modo. Tú sólo eres una pequeña pieza en mi pequeño juego.
—No… No entiendo nada —balbuceé, y me di cuenta de que había dejado de retroceder—. En la mañana…
—En la mañana sólo jugaba contigo, para que te sintieras importante. Nada de eso fue verdad, excepto lo de Math, eso es todo cierto.
—¡Thais! —Otra vez el grito de Kevin fue silenciado por un golpe, pero no lo miré, mis ojos estaban fijos en Brian y todo lo que pasaba.
—¡Basta! —grité, agarrándome la cabeza, sólo escuché las risas de Brian llenar el ambiente.
Lo ignoré y giré sobre mis talones con rapidez, golpearía a todos y liberaría a Kevin, después saldríamos de allí. Sí, eso haría, era la mejor de todas las ideas, Julián y Franco nos necesitaban. Avancé hasta quienes lo tenían cautivo, dispuesta a pegarles a todos.
—Yo no haría eso si fuera tú.
La voz de Brian la sentí a lo lejos, pero continué ignorándolo. Mis ojos estaban fijos en los de Kevin que me miraban con súplica. Y entonces sucedió, el sonido del disparo retumbó con fuerza en mis tímpanos, tan fuerte que tuve que taparme los oídos por un rato. Luego me di vuelta para mirar al sonriente Brian con una pistola apuntando al cielo, el muy imbécil había disparado al cielo.
—¿Qué te pasa, pedazo de idiota? ¿Acaso no sabes que eso te puede caer a ti? —Pero fue como si le hubiera hablado a la nada, él reía sin parar.
—Ven conmigo, pequeña Thais. Tenemos que hablar —dijo con aquella sonrisa maliciosa. Lo ignoré y continué donde Kevin—. ¡Qué vengas conmigo!
—No iré a ninguna parte contigo —respondí al voltearme—. Estás loco, desquiciado, y ya no te entiendo nada. Antes por lo menos podía darme una idea de qué te pasaba y tratar de entenderte, pero ahora nada.
—¿Y qué si le disparo a él? —Abrí los ojos como plato, la pistola apuntaba a Kevin—. ¿Ahora sí vienen conmigo?
—No te preocupes por mí, vete —el susurro de Kevin fue apenas perceptible, pero ya estaba tan cerca que pude escucharlo a la perfección. Apreté mis puños y enfrenté mi destino.
—Baja eso, Brian. Así no llegaremos a ningún lado. Con todo esto que estás haciendo no llegarás a ningún lado. Anda, recapacita, hazlo por tus padres…
—¡No te metas con ellos! —gritó, y pude ver los nudillos de la mano que afirmaba la pistola ponerse aún más blancos, pero debía ser fuerte, aunque por dentro estaba muerta de miedo.
—Brian, por favor, baja eso…
—¿Me estás pidiendo las cosas «por favor»? ¿De verdad? —La sonrisa maliciosa desapareció y apareció una burlesca—. Nunca nadie me había pedido las cosas «por favor».
—Brian… —Uno de sus amigos habló, sentí la voz a mi espalda.
—No te metas… Ninguno de ustedes se meta… —La pistola pasó de apuntar a Kevin a los amigos de Brian, uno por uno—. Ninguno de ustedes… Ninguno… Nunca…
Los amigos de Brian soltaron a Kevin, yo vi eso por el rabillo del ojo, era nuestra oportunidad. Mientras Brian continuaba con su pequeño ataque hacia sus amigos, y estos lentamente se le acercaban, yo retrocedía a paso de tortuga sin darle la espalda a aquel desquiciado, hasta que llegué con Kevin y lo supe porque me agarró del tobillo.
—Tenemos que ser rápidos.
—Lo sé —afirmé, pero sin mirarlo, creo que él tampoco lo hizo conmigo—. ¿Puedes moverte bien?
—Creo que tengo algo roto, pero podemos salir de ésta.
—Vamos, ponte de pie.
Me agaché para que se apoyara en mí, cosa que hizo sin rechistar y, a pesar que no lo miré porque mi vista seguía pegada en los movimientos de Brian y sus amigos, supuse que su cara de desagrado al ser ayudado de esa manera, debía ser digna de una foto. Eso me alegró, aunque la ocasión no fuera para eso.
—Creo que tengo algo más que roto —dijo al levantarse por completo, dejó un brazo alrededor de mi cuello y con su otra mano se abrazó el estómago.
—Tranquilo, iremos al hospital a ver a Franco y de paso que te vean a ti. —Empecé a caminar a paso lento, teníamos la suerte de que Brian seguía peleando por otro lado, más cerca del centro de la cancha, y el camino hacia la puerta estaba medio libre.
—Julián…
—Estaba esposado fuera de la habitación de Franco. —No lo dejé terminar de hablar, no quería recordar eso—. Chris estaba perdido…
—No, él… —Kevin torció su cara en una mueca de dolor—. Thais, él… Fue por ayuda… Nosotros rompimos nuestra promesa…
—¿La llamaron? —Detuve mi paso, y luego de mucho rato, miré a Kevin a los ojos—. ¿Julián decidió llamarla? —Él asintió como pidiendo disculpas—. Pero… Prometió no volver a ponerla en peligro… ¿Por qué?
—Sólo ella lo puede ayudar, Julián no quería, de verdad que no quería, fue difícil para él decidir, pero Chris lo hizo igual… —Me miró fijamente y con eso supe lo doloroso que había sido para los tres tomar aquella decisión—. ¡Maldición!
Y, en un rápido movimiento que no sé de dónde sacó fuerzas, me puso tras él. Intenté volver a colocarme en la posición de antes, pero me lo impidió con sus brazos. Kevin estaba mal, lo sabía, se había dejado golpear por mucho rato y, a pesar de ser fuerte y resistente, eran muchos los que estaban contra él. No sé por qué, pero me refugié en su espalda, de pronto sólo quise ser abrazada.
—Kev... No cumplí con ninguna de las promesas que le hice a Nick… No te cuidé y me enamoré de otro…
Pero la única respuesta que tuve a eso fue aquel sonido mandándome a callar, ese susurro que me hizo entender que no era momento para aquello. Después llegó a mis oídos la voz de Brian, el dolor en los tímpanos y el grito desgarrador de Kevin cuando lo giré y me puse por delante. La quemazón en mi costado derecho, el frío que comenzó a cubrirme de pies a cabeza, mis rodillas chocando con el piso, y los ojos de Kevin, llenos de horror, miedo, angustia. Me hubiera gustado decirle que todo estaría bien, que no se preocupara, pero de mis labios sólo salió sangre. Y mis ganas de un abrazo aumentaron, le sonreí y, como siempre solía hacer mi Kevin, leyó mis pensamientos y me cubrió con sus brazos fuertemente, lo último que sentí fue su beso en mi frente, sus lágrimas en mi rostro y un susurro alejado con mi nombre.

Su última mirada de tristeza y perdón… y todo se volvió negro.

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