4 de noviembre de 2017

[Hasta el día de ayer] Capítulo XVI: «La dolorosa separación»

La chica abrió los ojos como platos y se le aguaron al instante, quizás no esperaba nunca que la descubriesen tan pronto, quizás esperaba que nunca nadie supiera su apellido y su pasado. Dio un paso hacia atrás, pero la tomé de un brazo y se lo impedí.
—Tú y yo tenemos que hablar —dije y ella pareció empalidecer, aparte de todo, cobarde.
—Yo…
—No te hagas la tonta, sé que sabes de lo que hablo. —La miré fijamente, bajó la mirada y rodé los ojos, si tenía que hacerla hablar, lo haría hasta a palos.
—No tengo nada que decir —contestó y jaló el brazo para zafarse, aunque no pudo. Le costaría un poco, siendo de contextura más delgada y baja que yo, si parecía que se derrumbaría con sólo darle un empujón.
—Sabes lo que hizo tu hermano ¿verdad? Lo que le hizo a los míos… ¡Lo sabes! Quiero que me digas por qué, y si no me quieres responder te lo sacaré a palos. —Volvió a jalar el brazo sin levantar la vista, abrí la boca para seguir gritándole.
—¡Thais! ¿Qué rayos crees que haces? —Genial, y Math cuando menos lo quiero.
—Nada —respondí y vi como la chica miraba a mi hermano con gesto suplicante, igual no la solté.
—Math… —susurró y fruncí mi ceño.
—Suéltala, Thais —ordenó y puso su mano encima de la mía, lo miré feo—. Vamos, hazlo, sólo queremos pasarla bien en tu cumpleaños.
—¿Mi cumpleaños? Te escuché, Math, hablando con Tony, ya sé quién es ella. —La solté y di un paso hacia atrás, mi hermano abrió los ojos lo más que pudo.
—Thais, yo…
—No digas nada —interrumpí y sentí mis ojos llorosos—. Se supone que era mi cumpleaños y todo debía ser feliz y no, no es así, sólo me pasan cosas malas. —Me di la vuelta y corrí a mi habitación sin siquiera darme cuenta que la música había parado.
Cerré la puerta tras de mí y me senté en el suelo arrastrando mi espalda por la madera, me hice bolita abrazando mis piernas y dejé salir al fin todas esas lágrimas que obligaba a quedarse donde estaban. Ya no podía aguantarlo más, en la mañana Brian, luego Math y la chica ésa, el idiota de Danko que quiso besarme y Kevin, ese tonto que se atreve a decirme que me ama, ¡pero si soy su cuñada! Kevin…
—¡Kevin! —grité, aunque no creo que se escuchara para afuera, la música ya había vuelto a sonar fuerte.
Observé toda mi habitación, no estaba por ningún lado ¡pero si lo dejé aquí! ¿Y si hizo alguna estupidez por no responderle nada? ¡Soy una tonta! Aunque sea debí decirle que no siento lo mismo por él… porque no lo siento ¿verdad? Me di con la palma de la mano en la frente, estaba demasiado confundida y no sabía qué hacer. Comencé a respirar con fuerza y lentamente para tranquilizarme, debía despejar mi mente para poder pensar tranquila, si es que alguna vez lograba eso, mis hermanos siempre me dicen que no puedo hacerlo, que siempre hago la primera bobada que se me cruza. Sonreí de medio lado al recordarlo. ¡Mis hermanos! Sí, ellos debían saber de Kevin.
Me levanté y limpié mi cara lo más que pude, respiré profundo y abrí la puerta. La música resonó con fuerza en mis oídos y caminé por el pasillo, de pronto sentí todo el peso de mis idioteces encima. Lo primero que vi fue a Math abrazando a la chica esa en la otra esquina de la casa, meneé la cabeza y miré a otro lado. Tony estaba junto a Ale y tenía el ceño fruncido, ella lo abrazaba y trataba de consolarlo —imaginé— acariciándole el cabello. Seguí buscando con la mirada a Julián, él debía saber lo que pasó, él debía saber dónde estaba Kevin.
Pero ¿dónde estaba Julián?
Comencé a desesperarme, ni mi hermano ni Kevin. Entre tanta gente me sentía sola, completamente sola. Únicamente hablaba con Math cuando algo me pasaba, pero ahora ni en él podía confiar, estaba sola, y lo peor es que mi corazón se apretaba con cada respiro pensando en lo que le pudo ocurrir a Kevin.
—Los autos…
Corrí a la puerta principal y la abrí con rapidez, me asomé a la entrada y no vi ni el auto de mi hermano ni el de Kevin, eso significaba una sola cosa: Kevin salió y Julián lo siguió pensando que haría algo… algo por mi culpa, todo es por mi culpa… Las malditas lágrimas volvieron a mis ojos como mares, me limpié la cara, de nada sirve llorar en momentos como ése, lo único es actuar, pero ¿cómo?
Me temblaron las piernas y sin darme cuenta se aflojaron mis rodillas, me sentí desvanecer…
—Cuidado, cuidado, no quiero que rompas ese lindo vestido.
—Alex… —musité al sentirme en sus brazos, él me miró extrañado.
—¿Qué pasa? —Me abrazó fuerte y escondí mi cara en su pecho.
—Qué no pasa, es la pregunta correcta —contesté y eché a llorar sin poder evitarlo.
No supe cuánto tiempo estuve en sus brazos, sólo sé que ninguno habló, al parecer Alex comprendía que no tenía ganas de hacerlo y simplemente me dejó llorar, abrazándome fuerte y acompañándome. Todas mis lágrimas se perdieron en su ropa y cuando me di cuenta de eso sonreí.
—¿Y ahora quieres hablar? —Negué con la cabeza, no quería preocuparlo de más.
—¿Sabes dónde está Julián? ¿Y Kevin…?
—Kevin salió hace un rato… echaba humo cuando apareció de tu habitación, no recuerdo haberlo visto tan enojado, ni siquiera cuando murió Nick… —Lo último lo dijo bastante bajo, quizás para no hacerme sentir más mal—. Luego de eso le dio empujones a todos y todo lo que se le cruzó por delante, salió, se metió a su auto y arrancó derrapando el pavimento… ¿Sabes qué pasó? Tú saliste un poco antes… —Lo abracé más fuerte y hundí mi cara aún más, Alex suspiró—. Julián salió tras él, temiendo que hiciera una idiotez… otra más…
—Todo es mi culpa, Alex, todo.
—Claro que…
—Necesito ir por Julián y por Kevin —interrumpí, no quería más de las mismas cosas tratando de consolarme cuando no eran verdad—. ¿Tienes alguna idea de dónde pudieron ir?
—Sólo se me ocurre el bar —contestó soltándome un poco para mirarme a los ojos.
—No… —susurré mirando el suelo—. No fueron para allá…
—¿Cómo lo sabes?
—No lo sé, tengo el presentimiento, Alex, simplemente siento que no fueron para allá —dije tan rápido que apenas me entendí. Lo solté y di unos pasos hacia la puerta de calle.
—¿A dónde vas?
—No lo sé, recorreré toda la ciudad si es necesario hasta encontrarlos. —Me detuve y miré al frente, limpié mi cara—. No quiero, Alex, no quiero… —Apreté mis puños y di otro paso, sentí una mano aferrando con fuerza mi brazo. Me giré.
—¿Qué es lo que sabes, Thais? ¿Qué es lo que no quieres?
—Que algo malo vuelva a pasar —musité fijando mi vista en el suelo. Sí, soy una cobarde—. No quiero perder a alguien más… No quiero perder a Julián… ¡No quiero que Kevin también se vaya! —grité, sin siquiera saber por qué—. Ni a Franco, ni a Chris, ni a ti, ni a Math… Math… —sonreí torciendo mis labios con un gesto de sin importancia.
—¿Qué pasa con Math? —preguntó en un hilo de voz, como si supiera algo que yo no debería saber.
—A él ya lo perdí… —dije y apreté mis ojos, no quería llorar de nuevo.
—No lo has perdido. —Alex me rodeó con sus brazos, apretándome fuerte.
—Claro que sí, desde que conoció a ésa… ésa…
—¿Estás celosa? —Levanté la mirada y fruncí mi ceño, abrí la boca para reclamar—. Ahora entiendo por qué dices que perdiste a Math, estás celosa que tenga novia, estabas acostumbrada a ser el centro de atención de todos ellos —añadió con un deje de burla, uno que por unos segundos me tranquilizó. Luego exploté.
—¿Eres idiota? —Alex me miró enarcando una ceja.
—Hey, he estado intentando consolarte todo este rato y lo único que haces es insultarme. ¿Merezco eso?
—Eso y mucho más —lo increpé apuntando con mi dedo índice su pecho—. ¡Debería golpearte por lo que dices!
—Siempre has sido una celosa, con Julián, Kevin, Math… con los otros no creo porque perderías tu tiempo. —Inflé mis mejillas y lo miré feo—. Así que ahora estás celosa por la amiguita de Math, y lo entiendo porque está de bastante buen ver ¿la miraste?
—¡Tonto!
—Celosa…
—¡No puedo estar celosa de una como ésa! —chillé dando unos pasos afuera—. ¡No puedo! ¡Tú no sabes! ¡De las callejeras antes que ésa, la culpable de todo! —Volteé para mirarlo y vi que tenía sus ojos fijos en mí—. Ella y Math tienen la culpa de todo… —susurré y mis rodillas flaquearon.
Si no hubiera sido porque Alex me agarró, me hubiera roto las rodillas al chocar contra el pavimento. No había dicho lo que pensaba en voz alta, no quería aceptar la culpa de mi hermano en todo, Math no podía estar en el asesinato de Nick, pero Tony lo dijo… Math era culpable junto con aquella chica, la hermana del innombrable… Todo se volvió confuso y por unos instantes sentí que mi cabeza explotaría.
Y lloré… Lloré como nunca lo había hecho, ni siquiera cuando pasó todo aquello con Nick. Lloré como si no hubiera un mañana, lloré y chillé, lloré y sollocé, y no me detuve por nada.
Podía sentir el abrazo firme y fuerte de Alex, podía sentir la música adentro y los gritos de las personas que seguían disfrutando de mi cumpleaños —entre ellos los que ahora consideraba culpables de todo— y podía sentir los latidos de mi corazón que me imploraban por salir corriendo de allí y refugiarme en los brazos de Kevin… Kevin… Pero, ¿dónde estaba?
—¿Dónde estás? ¿Dónde estás? —me pregunté olvidando en los brazos de quien me encontraba.
—¿Quién? No estoy entendiendo nada y me gustaría saber. —Alex tomó mis hombros, por suerte el llanto ya había cesado un poco, y me miró directo a los ojos—. Sólo te quiero ayudar, Thais, nunca te haría daño, nunca.
—Kevin, me gustaría saber dónde está Kevin y así de paso Julián, porque donde está uno está el otro.
—¿Qué pasó entre ustedes? ¿Por qué salió tan enojado poco después que tú? ¿Qué es lo que está pasando, Thais? ¡¿Por qué no hablas?!
—Es…Es… ¡Es todo tan complicado, Alex! —contesté al fin. Me solté como pude y volví a dar algunos pasos a la salida—. Tengo que buscarlos, saber que están bien.
—Pero… ¡Por favor, Thais! ¡Explícame!
—¡No quiero estar aquí, Alex! ¡¿Qué no entiendes eso?!
—¡No soy adivino para estar en tus pensamientos!
—¿Qué sabes? —musité, volteando y mirándolo directo a los ojos, él me miró sin comprender—. ¿Qué sabes de Brian Cox? ¿Qué sabes de esa noche? ¡¿Qué sabes de todo lo que me han ocultado por tanto tiempo?!
Alex pestañeó varias veces y entreabrió la boca, quizás no se esperaba todo eso, quizás no se sentía el adecuado, ¡yo qué sé! Pero no había nadie más a quien preguntarle… en realidad dudaba que Math o Franco me dijeran algo… Mi amigo dio un paso hacia atrás.
—Thais… —susurró, fruncí mi ceño, eso sólo significaba que no me diría nada.
—¡Tampoco me dirás una mierda! —grité y apreté mis puños a la vez—. ¡¿Cómo me piden que confíe en ustedes si no lo hacen en mí?! ¡¿Cómo me piden eso cuando ustedes mismos son los que me engañan?! ¿Acaso creen que no sufro, que no me doy cuenta de lo que pasa? ¡¡Soy tonta pero no tanto!!
—No, espera, entiende…
—¡¿Qué quieres que entienda?! ¡Si todo este tiempo lo único que han hecho es ocultarme cosas por miedo a que haga algo de nuevo! ¡¿Acaso no confían en mí?!
—Confían en ti, pero temen a tu reacción, ya casi te pierden, no volverán a ponerse en esa situación, no si pueden evitarlo.
Alex habló rápidamente, yo sólo lo miré, aquellas palabras ya me las habían dicho, pero aún no entraban en mi cabeza o, mejor dicho, aún no las asimilaba como debía. Apreté mis puños, sólo quería una solución y saber lo que ocultaban, nada más, no quería más protección, sino que saber en dónde estaba metida, pero no me dirían nada.
—Tengo frío… —susurré, abrazándome a mí misma y cambiando totalmente de tema—. No quiero entrar a la casa…
—¿Quieres que te traiga algo? —preguntó algo desconcertado pero aliviado a la vez de tener que seguir respondiendo mis dudas.
—Por favor… Cualquier cosa, ya sabes dónde están…
Alex asintió con la cabeza, giró sobre sus talones y caminó lentamente a la entrada, con la cabeza algo baja, tomó el pomo de la puerta y por unos segundos dudó en entrar, podía ver su cuerpo tenso. Me miró por sobre su hombro, yo seguía donde mismo. Me sonrió de medio lado, imagino que fue para tranquilizarse él o porque pensó que algo pasaría…
Y luego entró, desapareciendo entre los asistentes a mi cumpleaños, perdiéndose camino a mi habitación… Y ya no lo volví a ver.

 * * * * *

Corrí, corrí a todo lo que mis piernas pudieron dar, ni siquiera tenía un rumbo fijo porque no podía pensar a dónde ir. Quería ir con Kevin, quería ir con Julián, ellos estaban juntos, pero no deseaba atosigarlos con mis problemas, con mis quejas de Math, con decirles quién era esa chica, con pedirles que me dijeran qué estaba pasando, qué sabían ellos que me ocultaban con tanto afán… Todo era tan difícil en ese momento.
Y entonces me detuve, sentí mi pecho levantarse a causa de la respiración agitada, a tal punto que me dolía, el aire frío tampoco ayudaba. Dejé mis manos sobre mis rodillas y flexioné mi espalda para mirar el suelo. Estaba oscuro y mucho, sólo una débil luz de la carretera alumbraba un poco a donde mi mirada se dirigía, mostrando mi propia sombra… Luego unas gotitas empezaron a caer, eran saladas, algunas eran mis lágrimas, otro sudor… No quise ni me importó decidir cuál era cuál.
Cuando al fin pude respirar sin tanta dificultad, me levanté y miré al frente… Ahogué un grito de sorpresa y me tapé la boca. Tanto tiempo arrancando de aquel lugar y en momentos en que no sé nada de nada mi mente me trae precisamente a donde no quería: el cementerio. ¿Cuántas veces había venido aquí desde que mis padrinos fallecieron? Cuatro… ninguna agradable. Ellos, mis padres, mi abuelo, Nick… Las lágrimas se agolparon en mis ojos a la vez que bajaba la mano y daba un débil paso al frente. ¿Acaso era la hora de afrontar mi miedo? ¿Mis peores pesadillas? Al fin y al cabo yo no era tan culpable de lo sucedido… La culpa la tenía Math…
Y caí de rodillas al suelo.
—Math… —susurré al momento en que me hacía bolita en el suelo frío y oscuro.
Yo no quería entrar al cementerio, lo odiaba, sí, claro que sí, todo porque allí estaban algunas de las personas que más amaba en el mundo y que nunca jamás las volvería a tener a mi lado… Todo porque una de ellas es el chico más lindo, tierno, atento que haya existido y que por mi culpa ya no está. ¡Todo porque se las quiso dar de héroe!
Enterré mis dedos en la tierra y los arrastré dejando pequeñas marcas de ellos. Mis lágrimas caían a mares y no parecía que se quisieran detener. Como pude me di fuerzas y me levanté, no podía ser tan débil, debía afrontar todo, ya era hora de eso. Me levanté tambaleante, mis brazos colgaban a mis costados y mis pies se movían por inercia hacia adelante, mi cabeza seguía baja mirando al suelo. La reja me impidió el acceso. Había olvidado que los cementerios tienen horario.
—Genial, te pasas de tonta —me dije con una sonrisa torcida entre el mar de lágrimas que cubrían mi rostro—. Al fin te decides por venir y tarde… ¡Idiota! —grité hacia dentro del cementerio, luego un aire frío me recorrió entera.
Me sentí aterrada, giré sobre mis talones y volví a correr a todo lo que daba, otra vez sin rumbo fijo. Aunque no llegué muy lejos, la carrera anterior había sido demasiada y mis piernas flaqueaban a cada paso que daba, me sentí agotada y el pecho volvía a dolerme de sobre manera. Me detuve cerca de un poste eléctrico y lo abracé como si la vida se me fuera en ello. Mis rodillas chocaron con el suelo pero sin soltar aquel pedazo de madera.
—¡Nunca te pedí que fueras mi héroe, Nick, nunca! —grité tapándome la cara con las manos a la vez que apoyaba mi espalda en el poste—. ¡Y ahora que te necesito no estás! ¡No estás! ¡Eres el único que me podría comprender! ¡Math es tu mejor amigo! ¡¿Qué no entiendes que no sé qué hacer?!
Y abracé mis rodillas y enterré mi cabeza en ellas, seguí llorando y pensando lo ridícula que me veía gritando a la calle, en medio de las personas que por allí transitaban a tan altas horas de la noche, lejos de casa, de mis hermanos, de todo… Lejos de Kevin… Y entonces el bombillo se me encendió, ¿dónde diablos estaba? Limpié mi rostro con mis manos heladas y observé con atención, aquel lugar no lo reconocía… y si no lo conocía era porque no pasaba por allí… Si no pasaba por allí sólo significaba una cosa: estaba al otro lado de la calle.
Me levanté rápidamente, debía salir de aquel lugar lo más pronto posible. Di unos pasos atrás y choqué con una pared, miré bien alrededor y comenzaron a aparecer lo que no había visto mientras corría, muchas casas bien adornadas, con hermosos jardines, grandes balcones y terrazas, entrada para muchos autos. Algunas fachadas estaban hechas de piedra, otras de madera, algunas de cerámica, todas se notaban de un alto costo, pero lo que más me gustó fue que tenían muchas ventanas… Y me di con la palma en la cabeza, ¡estaba donde ellos y lo único que se me venía a la mente era que las casas estaban hermosas con muchas ventanas! Me seguí reprochando a mí misma en lugar de salir corriendo de allí…
Y fue cuando una luz me encegueció, tapé mi rostro con mi brazo, tratando de recuperar la visual, pero era imposible ya que los focos seguían apuntando a mí. Una sensación parecida a la que sentí en el cementerio fue la que me cubrió de pies a cabeza: me aterré por completo. Quise gritar y salir corriendo, pero no podía. Lo primero sí, lo segundo no, estaba encandilada.
—¡Thais!
Y esa voz logró tranquilizarme, mi respiración se aflojó, mis labios dejaron de temblar —cosa que ni había notado me pasaba—, las rodillas casi me traicionaron y por poco me hacen caer, pero no ocurrió y agradecí aquellos brazos que me aferraron con fuerza pegándome a su cuerpo y lloré… otra vez…
—Franco… —susurré, y no entendí nada de lo que estaba pasando, ¿qué hacía él allí?
—Pequeña… —musitó y me apartó de su lado, tomándome del rostro—. ¿Qué haces aquí? ¿Qué no sabes que es peligroso? Llevamos horas buscándote.
—¿Horas? —Y me miró confundido, sus ojos, por primera vez, mostraban angustia y preocupación, algo en mi interior me dijo que estaba a punto de suceder otra tragedia. Miré a mi alrededor—. ¿Qué pasa, Franco? ¿Por qué andas en el auto de Kev? —Y entonces estallé—. ¡¿Qué le pasó a Kev?! ¡¿Dónde está?!
—No lo sé… —dijo y sus manos bajaron desde mi cuello hasta mis brazos, sentí sus dedos apretarme. Abrí mi boca—. No sé dónde está, no sé qué pasó, sólo sé que debemos salir de aquí rápido.
—Pero… —Y como siempre reacciono tarde, la información me llegó de pronto—. ¡¿Qué?! ¡¿Dónde está?! ¡Tenemos que buscarlo!
—No, lo que nosotros tenemos que hacer es huir, Julián ni los demás, ni yo mismo, me perdonaré si te pasa algo por no sacarte de aquí. —Me tomó con fuerza de un brazo, giró y empezó a arrastrarme, pero mis pies se fijaron en el suelo.
—No quiero ir, quiero saber qué pasa —pedí tranquilamente y no moviendo un músculo de donde estaba.
Franco clavó su vista en el suelo al detenerse, inhaló y exhaló lentamente, como pidiendo paciencia, y volteó a mirarme. Sus ojos se posaron en mí y los pude ver humedecidos y me asusté, otra vez, pero al temer que algo horrible había sucedido a alguno de ellos. Se acercó a mí con lentitud y dejó sus manos en mis hombros.
—Thais… De verdad, tenemos que salir de aquí, te prometo que te explicaremos todo…
—¡Siempre me dicen lo mismo y nunca pasa nada! —grité al interrumpirlo, ya estaba cansada del mismo discurso.
—Por favor, Thais, te lo pido por  favor, salgamos de aquí, vamos a un lugar seguro.
—Sólo quiero saber qué está pasado. —Y me aferré a él, llorando y sollozando.
Mi hermano me apretó con fuerza, dejando que me hundiera en su pecho y me sintiera segura, pero algo en mi interior me decía todo lo contrario. De pronto sentí que el cuerpo de Franco se tensaba y el apriete fue más fuerte. Me estremecí.
—Te explico en el auto, pero vámonos.
Y ya no pude oponerme, porque mi hermano me tomó en sus brazos y me llevó hasta el auto, obligándome a subir. Lo que ocurrió después fue algo difícil de recordar, sé que iba en el auto, Franco al lado mío hablando, murmurando más bien, y yo con la vista perdida al frente… Se supone debería estar prestando atención, mi hermano me decía qué había pasado y me respondía todas esas preguntas que por tanto tiempo pensé que nunca me las dirían. En cambio de eso… yo no estaba allí, sino que en un lugar de mi mente que me decía, una y otra vez, que si le pasaba algo a Kevin todo sería mi culpa, no cumpliría mi promesa a Nick y no volvería a ver a Kevin… Era tan raro ir en su auto y que él no fuera conduciendo.
—Thais. —Si no fuera porque Franco me apretó el brazo, jamás lo hubiera escuchado. Lo miré y por su cara de asombro y tristeza imaginé que mi rostro no era para nada bueno—. ¿Me has estado escuchando? —Negué moviendo mi cabeza frenéticamente, él suspiró cansado—. ¿Sabes dónde estamos? —Volví a negar con mi cabeza sin dejar de mirar a mi hermano, ni siquiera tenía ganas de saber eso—. En el callejón cerca de casa… —Me miró con compasión y acercó sus dedos a mis mejillas—. Ya deja de llorar, todo estará bien desde ahora en adelante… —Ni siquiera me había dado cuenta que lloraba.
—¿Qué… qué pasó? —hablé por fin y hasta me escuché tartamudeante. Después de todo lo corrido, llorado, ensuciado y reclamado, cuando tenía la oportunidad que siempre esperé, me quedé estática.
—Demasiadas cosas en pocos minutos… desde que saliste. —Franco apretó sus manos en torno al manubrio al mirar al frente, vi como sus labios se apretaban con rabia, su sonrisa no estaba… Mi hermano siempre llevaba su sonrisa—. Vinieron por ella… Math no dejó que se la llevaran… Alex… —Franco apretó con más fuerza sus dedos—. Alex está herido… Ale y Tony trataron de detener la sangre, yo fui por ti…
Y entonces exploté…
Franco no alcanzó a reaccionar. En un rápido movimiento, y algo sin pensar, desabroché el cinturón y abrí la puerta, mis piernas descendieron por inercia y se movieron disparadas hacia casa. Si ella seguía allí, la haría pagar por todo, absolutamente por todo, sin siquiera importarme Math… No podía, no sabiendo que Alex estaba herido… No sabiendo que quizás ella era la culpable de la muerte de Nick… Tony lo había dicho, Tony mientras discutía con Math… Tropecé… de pronto mis fuerzas me fallaron y vi el suelo pegado a mi cara…
—Quieta, quieta… tranquila, tranquila… —Los brazos de Franco me rodearon por la cintura e impidieron que cayera. Dejé que todo mi cuerpo se relajara en su abrazo—. No puedes ir, pequeña, no ahora… Están vigilando, Julián piensa que te buscan a ti, nos hemos separado para buscarte… Quien te encontrara debía venir aquí y dejar una señal y luego huir… —Me separó y me dejó frente a él, para que lo mirara a los ojos. Con sus dedos me limpió las mejillas—. No llores más, pequeña, no llores más… Todo va a estar bien…
—Pero…
—Te llevaré al auto, te quedarás escondida y yo iré a dejar la señal y traerte ropa más cómoda. —Sonrió y eso me dio más fuerza—. No creo que te quieras quedar con ese vestido.
—No…
—Entonces hazme caso ¿sí? Por favor… —Y su voz sonó suplicante, tanto que mi corazón se encogió aún más, lo miré a los ojos y pensé que estaba a punto de llorar, pero Franco no lo haría, Franco no lloraba nunca… nunca. Asentí con la cabeza—. Todo estará bien, pequeña, todo…
Y me abrazó muy fuerte, sentí como su nariz se metió por entre mis rizos e inhaló profundamente, luego me llevó hasta el auto y me dejó sentada en el copiloto. Me besó la frente y la punta de la nariz. Desapareció por el callejón luego de cerrar el vehículo.
Me abracé las piernas, dejando las rodillas junto a mi pecho, no tenía ganas de nada, me sentía vacía, extraña, ida… Como si todo hubiese dejado de existir para sólo ser lágrimas, las que brotaban de mis ojos sin parar… Hundí mi rostro en mis brazos y sollocé, por Nick, por Kevin, por Alex, por mis hermanos, por no saber qué pasaba realmente y…
—¡Te encontré! ¡Estaba seguro que estarías más cerca de lo que pensaban! ¡Brian no me creyó! ¡Pero aquí estás! —dijo todo tan rápido al momento de abrir la puerta de golpe, que no logré darme por aludida hasta que me tomó con fuerza de un brazo y me dejó de pie frente a él. Tan mal era mi estado que mis piernas me flaquearon y no opuse ni resistencia—. Hablé de más, olvida todo lo que dije —se retractó al tomarme fuerte de los hombros, me tenía apoyada contra el auto, yo no dije nada—. Vengo por el servicio social… —Y recordé mejor esa cara, a pesar de a verla visto hace tan poco, era Jack Shaw del servicio social.
—¿Qué… qué quiere? —logré pronunciar al interrumpirlo y soné tan deprimente que me di hasta lástima.
—¡A ti, obvio! ¡¿Qué más?! —Me soltó y rió de una manera extraña, casi loca, después se pasó las manos por el poco cabello que tenía. Me asustó, comenzaba a parecer un psicópata—. Te dijimos, y a tus hermanos también, que si volvías a estar en medio de algún altercado violento tu custodia sería removida e irías a un centro para huérfanos, a disposición que cualquiera te pudiera adoptar… cualquiera… —Eso último lo dijo de tal manera, un simple susurro, pero cuando sus ojos brillaron con maldad y su media sonrisa se dibujó en su rostro pálido, me hizo temblar de pies a cabeza. Eso contando que no me encontraba bien…
—No estoy entendiendo… —musité y miré el suelo, frunciendo levemente mi rostro.
—¡No estás entendiendo! Ven, iremos a tu casa.
Me volvió a agarrar de un brazo y me jaló hacia mi hogar, realmente no entendía cómo no oponía resistencia o hacía algo, pero cada vez que intentaba hacer algo, mi cuerpo no reaccionaba, no tenía fuerzas, no tenía ganas, no tenía nada…
—¡¿Qué crees que estás haciendo?!
La voz de Franco me hizo volver a la realidad y forcejeé para liberarme, pero sólo conseguí que me apretara más y me detuviera a su lado, frente a mi hermano que salía por la puerta de adelante. El tipo a mi lado lo miró por unos segundos de manera despectiva, Franco no sonreía, todo lo contrario, lo miraba seriamente y con el ceño fruncido y los puños apretados. En ese momento me di cuenta que el parecido con Julián era mucho, sólo cambiaban en cosas pequeñas como los colores… ¡Maldición, otra vez pensando en estupideces cuando debería estar tratando de soltarme!
—Quieta, niña, quieta, si no quieres que la sentencia aumente hasta… digamos… ¿los veinticinco años? —amenazó al apretarme con más fuerza, le obedecí, Franco caminó hacia nosotros.
—¡Te pregunté que qué crees…!
—¡¡Franco!! —grité al ver que el tipo le daba con su mano libre un golpe en el estómago, tan fuerte que mi hermano flexionó las rodillas al abrazarse el lugar golpeado y cayó de frente al suelo—. ¡¡Franco!! —Volví a gritar mientras me intentaba soltar usando todas las fuerzas que me quedaban, y que al parecer no eran muchas—. ¡¡Basta!! —chillé al ver que el tipo lo pateaba haciendo que Franco gritara de dolor y se retorciera en el suelo cubierto por una débil capa de nieve del día anterior.
—Éste no me sirve, necesito al mayor… ¿dónde está? —Se giró por completo a mí y me tomó de ambos hombros, zamarreándome con fuerza.
—¡No lo sé! —exclamé enfurecida y volví al ataque para tratar de soltarme, no alcanzaba a ver a Franco, pero lo sentía toser—. ¡¡No sé dónde está nadie!! ¡¡Nadie!! —Y no sé cómo, pero lo empujé y el tipo me soltó, me apuré en ir con Franco y me arrodillé junto a él. Lo tomé en mis brazos.
—Estoy bien… estoy bien… no te preocupes por mí… —Y volvió a toser, pensaba que era por el dolor, pero estaba equivocada, era por la sangre que se le acumulaba en la boca.
—¡Franco! —Y noté cómo mis lágrimas chocaban contra el rostro de mi hermano.
—Huye, pequeña, huye… —Lentamente se empezó a levantar, intenté impedirlo, pero no pude. Cuando estuvo de pie me colocó tras él, protegiéndome—. Con eso no detienes a nadie, son sólo unos suaves golpecitos, puedo asegurarte que las mujeres pelean mejor. —Lo sentí sonreír y, hubiera jurado, que le guiñó un ojo al oficial.
—Maldito infeliz… ¡Tú y todos los de tu clase! —Y esta vez el golpe se fue directo al rostro de mi hermano, quien no hizo nada por defenderse, yo, tras él, grité… nuevamente.
—Huye… —me susurró mirándome de reojo, el golpe le había doblado la cara y le podía ver el perfil—. Huye… —repitió y me sonrió, negué con la cabeza—. Por favor… —Y ni yo ni él vimos cuando el oficial le enterró el puño en las costillas, a Franco se le desencajaron los ojos por el dolor y escupió sangre—. ¡Thais! —gritó y reaccioné, dando un paso atrás. El oficial comenzó a reír estrepitosamente.
—¿Crees que puedes escapar? ¿De verdad crees que eso es posible? —preguntó aún riendo bastante fuerte, yo simplemente me quedé mirándolo—. ¿Piensas acaso que no hay nadie más?
Y fue cuando entendí dónde podrían estar los demás, si Franco estaba como estaba por estar peleando con uno solo, no quería ni imaginar a los demás y… y Ale con Tony y Kian con Dom, pero si ellos no tienen idea de peleas. Mis rodillas volvieron a flaquear.
—¡Thais!
Mi hermano, nuevamente, trayéndome a la realidad. Lo miré y fue borroso por las lágrimas atiborradas en mis ojos. Y me paralicé, no supe qué hacer, ni decir, ni nada. Sólo veía todo, a Franco con las manos en el estómago y la sangre saliendo por su labio, que me miraba dándole la espalda al oficial, y a éste…
Pero antes que le diera una patada por la espalda, alguien o algo se le lanzó encima y lo arrojó algunos metros lejos de mi hermano.
Todo se volvió confuso, limpié mi cara y corrí donde Franco para abrazarlo tan, pero tan fuerte, que cuando cayó al suelo, caí junto a él. Me senté y dejé su cabeza en mi regazo, ya era obvio que mi vestido estaba arruinado…
—Que no… es… trampa… —musitó palabras entrecortadas y que no entendí, me fijé en su rostro y un hilo de sangre brotaba desde su labio y se perdía en el cuello, se lo limpié con mi mano—. Peque…
Lo abracé más fuerte, todo en rededor había desaparecido y Franco y yo estábamos en una burbuja escondidos de todos y todo. Y, por primera vez en mucho, muchísimos años, le pedí al ser aquel superior a todos nosotros que no dejara que nada malo le sucediera a mi hermano, que me quitara la vida a mí si era necesario pero que a él lo dejara sano y salvo. Y después lloré, lloré porque Franco había cerrado los ojos, porque ya no sentía su pecho subir y bajar con su respiración pausada y agradable, con esa que muchas veces me quedé dormida, con esa tranquilizante y feliz, con esa que no se apagaría nunca.
—No te golpeó tan fuerte, Franco, no lo hizo… —Enterré mi rostro en el cuello de mi hermano—. Vamos, abre los ojos, ábrelos, Franco, por favor… por favor...
—¡Thais!
—Julián… —susurré sin salir del cuello de Franco—. Julián…
—¡Thais!
Me jalaron hacia atrás, fue brusco pero suave a la vez, sabía que no me querían hacer daño, mi hermano mayor nunca lo haría. Lo miré y vi que tenía sus ojos fijos en Franco, me lo quitó de los brazos y lo zarandeó gritando su nombre.
—¡Abre los ojos, idiota adoptado! ¡Ni se te ocurra cerrarlos! Ni se te ocurra… —susurró, tan débil al momento de abrazarlo con fuerza contra su pecho, que me quedé sin aire observando la escena.
—Julián… él… él… —Pero no me respondió ni me miró, sólo enterró sus dedos en el cabello largo de mi hermano y apretó los ojos con fuerza.
—Prometo nunca más volver a decirte Yorkshire, pero abre los ojos, vamos, hazlo… Franco, por favor, no puedes dejarme… no puedes…
Y se me encogió el corazón, se me secó la garganta y deseé estar soñando. Julián abrazó mucho más a Franco y le besó la frente, sus lágrimas se perdieron en los mechones de mi hermano y se mezclaron con algo de la sangre que salía de los golpes que le dio ese idiota… Apreté mis puños, si sólo no me hubiera arrancado, si sólo me hubiera quedado en casa, si sólo no me quisieran a mí… Otra vez la maldita culpa, otra vez todo pasaba por mí… otra vez alguien derramando lágrimas y cerrando los ojos de quien debería sonreír.
Yo simplemente debería desaparecer…
—Julián… —Y esa voz me trajo a la realidad, y a mi hermano mayor también, porque soltó un poco a Franco y lo miró con atención—. Trampa… —susurró y tosió, soltando sangre.
—¿Trampa? —preguntó al mirarlo y quitarle un poco el cabello de la cara—. ¿De qué estás hablando?
—¡No lo hagas hablar tanto, Julián! ¡Que descanse, que descanse y no se agite! —chillé desesperada y aliviada, mi hermano seguía respirando y con nosotros y no dejaría que se fuera.
—Peque…
—No hables, no hables, Franco, no lo hagas… no lo hagas… —Y arrastrándome de rodillas llegué más cerca de ellos y le tomé la mano.
—Impor… Importante… —Y volvió a toser sangre.
—No lo es, nada es más importante que tú, y lo único que importa ahora es llevarte a un hospital. ¿Verdad, Julián, verdad? —Miré al mayor, pero éste parecía ido, como si estuviera en algún lugar muy lejos de allí, sólo miraba a Franco—. ¡Julián!
—Oh, sí, médico… —reaccionó mi hermano al fin y miró alrededor.
—¡No! —gritó Franco, pero gimió y apretó su rostro a causa del dolor—. Trampa… —musitó débilmente.
—Tranquilo, tranquilo, no grites… no lo hagas… —supliqué y aferré con más fuerza su mano—. Julián, dile que no lo haga. —Miré a mi hermano con autoridad, pero éste seguía perdido en Franco y no parecía reaccionar.
—Julián… —El mencionado lo hizo callar con una afirmación de cabeza.
—Lo siento, Franco, lo siento tanto… tanto…
Y los miré sin entender, el código que ellos usaron pasó desapercibido frente a mis ojos porque Franco le regaló una mirada triste y una sonrisa melancólica, mientras que Julián derramó unas lágrimas que parecían salir desde lo más profundo, porque sus ojos se volvieron unos pozos oscuros.
—No lo soporté… ¡Te iba a romper la espalda con esa patada, si no le caigo encima te hubiera matado! —Elevó su voz y yo comprendí que hablaban del tipo ése… quien por cierto, ¿dónde estaba?—. Tenía que hacer algo, tenía que…
—Peque… —Miré a mi hermano cuando susurró y le apreté con fuerza la mano—. Corre… huye…
—Pero… ¿por qué? No quiero… —rezongué, Franco soltó mi mano y pasó sus dedos por mis mejillas, mojadas mejillas por las lágrimas—. No quiero dejarte, si te pasa algo… ¡Si te pasa algo, Franco, si te pasa algo nunca me lo perdonaré!
—¡Hazlo! —gritó y volvió a toser, pero sin sangre, supuse que era bueno, aunque su rostro reflejó dolor.
—¡No! ¿Qué no entiendes? —Y me lancé a sus brazos y lloré, con fuertes sollozos ahogados en el pecho de mi hermano.
—Julián… —lo sentí susurrar y su pecho se elevó unos centímetros, pero el mayor no dijo nada.
—¡Julián!
Y los pasos correr se sintieron fuertes y acercándose, eran más de dos personas, pero no salí del escondite de Franco, no quería soltarlo por nada del mundo, no lo soltaría por nada del mundo. Y el ruido de las zapatillas chocando contra el pavimento se hizo más fuerte y rápido, luego más lento y se detuvo…
—¡Julián! ¡Julián! ¡¿Qué está pasando?! ¿Es Franco, es mí Franco el que está allí?
Chris sonaba desesperado, yo había dejado de sollozar, pero aún sentía la respiración de mi hermano en mis oídos. Luego me tomaron de los hombros y me obligaron a levantarme, para volver a quedar sentada sobre mis gemelos, con la mano de mi hermano entre las mías, nuevamente. No volteé a mirar quién había llegado, sólo sabía de Chris porque habló, pero no sabía quién más…
—¡Franco! ¡Franco! —Y mi amigo se lanzó sobre mi hermano empujando un poco a Julián que lo miró feo—. ¿Cómo pudiste dejar que te hicieran algo así? ¿Cómo? ¿Dónde quedaron todos esos entrenamientos juntos? ¡Pero si eres mi padawan! ¡Mi otra mitad! ¡Mi mugre bajo mi uña! —Rodé los ojos, esa lengua de Chris… Julián emitió un sonido, pero no dijo nada, más bien no lo dejaron hablar—. ¡Por el amor de… de… del dios del Ragnarok! —Y sonreí por esa ocurrencia, sólo a él se le podría ocurrir y agradecí que estuviera allí.
—Chris… —Mi amigo me miró—. Eres un idiota… —Y sonreí por entre las lágrimas que no paraban de salir.
—¡¿Qué creen que hacen, los muy idiotas?! ¿¡Qué acaso no saben que tienen que llevarlo a un hospital o algún lado para que lo revisen?!
Me congelé al escuchar esa voz tras de mí. Era Kevin… No estaba perdido… Kevin… Y juntando fuerzas me puse de pie, volteé lentamente y me lancé a sus brazos, sin mirarlo, sin hacer nada más, sólo lo abracé tan fuerte, tan fuerte que sentí un dolor en los hombros. Él reaccionó algo lento porque se tardó en estrecharme contra su cuerpo.
—Maldición, Thais, ¿por qué no lo has llevado al hospital? —Me tomó de los hombros y me miró a los ojos.
—Kev… Es… Yo le dije a Julián, pero él… —Me giré para ver a mi hermano, seguía estático junto a las piernas de Franco ya que Chris lo estaba sosteniendo—. No sé qué le pasa… Franco dijo algo de una trampa y Julián ya no reaccionó…
—¿Trampa? ¿Qué…? Oh, no. —Kevin me soltó y volteé a verlo, tenía sus manos en la cabeza haciendo su cabello hacia atrás—. ¡Por la misma…! ¡¿Qué demonios hace ese tipo tirado en el suelo?!
—¿Eh? ¿Quién? —Miré en dirección a donde lo hacía Kevin—. Es… Él golpeó a Franco, pero Franco no le hizo nada y le siguió pegando y pegando… casi lo mata, dijo Julián, pero él lo salvó… detuvo la patada… Franco dijo algo de una trampa… ¿Qué trampa, Kevin? No estoy entendiendo nada.
—Ahora no, Thais, dame un segundo y todo se aclarará, pero primero Franco, ¿no crees? —Pasó de mí y avanzó hasta los chicos—. ¡Chris, deja de hacer estupideces y lleva a Franco al hospital! —El mencionado lo miró con atención y luego de unos segundos se puso de pie para obedecer, yo lo miré confundida, no lo había visto tomar las decisiones de hace tiempo—. ¡Julián! ¡Julián! —Kevin se acercó a mi hermano con el ceño fruncido y los puños apretados—. ¡No me obligues a hacerlo, Julián! ¡Sabes muy bien que soy capaz! —Pero mi hermano seguía sin reaccionar y yo no recordaba verlo así en algún momento de mi vida… Sólo quizás cuando murieron mis padres…—. ¡Julián! ¡Maldición, Julián!
Kevin, desesperado, tomó a mi hermano del cuello de la chaqueta y lo alzó. Julián quedó por sobre él al ser más alto, pero mi amigo no cambió su mirada de enojó y no lo soltó por nada, menos cuando mi hermano perdió el equilibrio luego de recibir el puño de Kevin directo en la cara… Quise gritarle y quitarle a mi hermano de las manos, pero algo me decía que Kevin sabía mejor que yo lo que hacía. Y fue así, mi hermano reaccionó.
—¡Caleb, ayuda a Chris! —gritó Kevin y yo me di vuelta a mirar a Caleb, él era el tercero… yo pensaba que era Math… Entonces ¿dónde estaba mi otro hermano? Y… ¿qué hacía Caleb allí? Es decir, es amigo de mis hermanos, vive cerca, pero ¿por qué estaba?
—¡Yo voy contigo, Chris! —chillé, limpié un poco mi cara y di un paso a su encuentro.
—¡No! —gritaron Julián y Kevin a la vez, volteé a mirarlos confusa.
—¡Quiero ir con Franco, no dejaré que me vuelvan a dejar encerrada mientras mi hermano necesita ayuda! —reclamé y avancé al encuentro de Chris y Caleb.
—¡No!
Y ese grito me detuvo por completo, Franco me miraba apoyado en Chris y Caleb, me miraba fijamente. Meneó la cabeza en negación y tosió, nuevamente. Mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas, ¿tanto me odiaba mi hermano por lo que sucedió que no quería que lo acompañara? Apreté mis puños y lo miré directo a los ojos.
—Pero… —Un fuerte ruido interrumpió mi reclamo.
—¡Váyanse ahora ya! —Kevin avanzó hasta mí—. No se preocupen, nosotros la vigilaremos y veremos qué hacer. Chris, cuídalo mucho.
El bufón, junto con Caleb, subieron a Franco a la parte trasera del auto de Kevin, Caleb se fue con él y Chris al piloto, en pocos minutos ya no estaban frente a mis ojos. Sentí la mano de Kevin sobre mi hombro y estallé. Volteé rápidamente y le di con el puño en la cara, cosa que logró volteársela. Él simplemente se tomó el mentón con la mano y movió la mandíbula.
—¡Que no entiendes que vienen por ti y que Franco sólo trata de protegerte! —gritó enojado al mirarme—. ¡Esto era una trampa, Thais, una trampa! ¿Por qué crees que Franco quedó en ese estado? ¿Por qué crees que no se defendió? ¡Era una trampa para Julián y el idiota cayó redondito!
—Pero… pero… ¿por qué? —susurré sin entender.
—¡No hay nada que entender, tenemos que llevarte a un lugar donde no te encuentren!
—¿Encuentre quién?
—¡Thais! —Kevin sonaba desesperado y sus ojos me mostraban enojo con cada grito que daba.
—¡Lo siento, lo siento! —chillé, mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas que rodaron por mis mejillas. Y entonces sentí a Julián tras de mí abrazándome con fuerza y besando mi nuca.
—Servicio social, pequeña —musitó cerca de mi oído—. Ese calvo tenía una trampa para mí, yo caí y ahora me quitarán tu custodia… —Me abrazó con fuerza, yo abrí mis ojos a más no poder y miré a Kevin que pateaba algo en el suelo con las manos en la cintura—. Lo siento por no cuidarte como debía… Te he metido en demasiados problemas… quizás hubiera sido bueno que te fueras con nuestros tíos a Estados Unidos cuando lo dijeron…
—¡No! —interrumpí elevando mi voz—. ¡No me quiero separar de ustedes! ¡No me separarán de ustedes!
—Lo siento tanto, mi pequeña. Si no lo hubiera golpeado…
—¡¿No pueden hablar en otro momento?! —Kevin interfirió—. Vienen por Thais y hay que llevarla…
—¿Llevarla dónde?
Me temblaron las rodillas y me tapé la boca para no gritar. Estaba de espalda a la voz, pero no necesitaba ver para saber quién era. Y me dio miedo, mucho miedo. Julián, al parecer, se dio cuenta porque me abrazó más fuerte.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Kevin y se acercó a la voz, lo vi pasar junto a mí y sentí que el mundo se acabaría, Kevin y aquel juntos… Pero me hice la fuerte y Julián soltó los brazos, dejándome salir y poder girarme para ver la escena.
—Escuché bulla y me acerqué —respondió, me miraba fijamente, tenía las manos en los bolsillos y esa sonrisa de medio lado.
—¿No crees que estás muy lejos de tu casa? —Kevin siguió encarándolo, pero dejó una distancia de más de tres metros.
—Estoy justo donde quiero y debo estar, ¿verdad, Thais? —Mi nombre lo dijo arrastrando las letras y sin quitarme un ojo de encima, sentí el miedo recorrerme entera.
—¿Se conocen? —consultó Julián confuso—. ¿Lo conoces? —Me miró algo desconcertado.
Y las sirenas se escucharon fuerte, no supe si estaban sonando de hace rato o habían empezado recién, pero se sentían cerca, demasiado cerca para mi gusto porque eran policías y el cuerpo inconsciente del oficial del servicio social seguía tirado en mi jardín… Y de pronto entendí la trampa mejor que antes, iban por mí, me llevarían a un orfanato o a un hogar para separarme de mis hermanos… ¡Hasta podrían meterme a un reformatorio! Y el peso de todo cayó sobre mis hombros como una bomba. Estaba punto de perderlos a todos.
Y los carros llegaron con sus lucecitas y sus sirenas despertando a todos quienes dormían plácidamente a esas horas de la noche. Una ambulancia, dos autos de policías y uno del servicio social del que descendió una esbelta mujer de cabellos cortos y negros, con una mirada amenazadora y una cara de no reír jamás.
—Es ella —dijo aquel que me provocaba miedo con sólo escucharlo, se había acercado a la tipa del servicio social—. Allá está tirado su compañero, prueba suficiente de que aquí ella no está bien y necesita que le quiten la custodia a su hermano.
No sé por qué, pero miré a Kevin, tenía los labios apretados forzando una mueca que demostraba estaba aguantado las ganas de romperle la cara a ese imbécil, además que sus puños estaban que rompían carne de tan apretados.
—¿Julián Leighton? —llamó la del servicio social.
—Aquí —contestó mi hermano con su voz de enojo.
—Soy Melanie Pat, del servicio social, y vine porque recibí una llamada de emergencia de parte de mi compañero diciendo que le querían golpear y, por lo que veo, lo hicieron. —Lo miró fijamente con esos ojos castaños oscuros—. Supongo que sabe de su advertencia, una pelea más que la señorita estuviera involucrada y la custodia sería removida. Así que señorita Thais, ¿sería tan amable de subir al auto y acompañarme?
—Julián… —susurré y le tomé la mano con fuerza—. No quiero…
Pero mi hermano no dijo nada y Kevin miraba con odio una piedra en el camino. Los paramédicos pasaron junto a nosotros rápidamente para ir en ayuda del oficial del servicio y se quedaron con él un rato. El innombrable se apoyó en el capo del auto de la oficial, se cruzó de brazos y mostró una sonrisa torcida, no dejaba de mirarme en ningún momento.
—¿Thais? —dijo la oficial, la ignoré nuevamente.
—¿Quién fue el responsable de la golpiza recibida el oficial Shawn? —preguntó uno de los policías, los había olvidado a ellos—. ¿O fueron ambos? —Se había acercado lo suficiente a nosotros como para poder distinguirlo bien—. ¡Vamos, hablen! De todas maneras mis oficiales harán su labor y encontrarán al culpable con los peritajes…
—Yo. —La voz de Julián sonó fuerte y poderosa, Kevin volteó a verlo con una mirada atónita reflejada en su rostro.
—No… —musité, pero mi hermano me soltó la mano y dio unos pasos al frente.
En lo que dura un chasquido de dedos, fue lo que tardó el oficial en hacer una seña y que los policías aparecieran listos para actuar. Tomaron a Julián y le dejaron las manos atrás, juntas, y lo empujaron contra la puerta de uno de sus autos para revisarlo y ponerle las esposas. Di unos pasos hacía él, me miraba con los ojos llorosos y temblorosos, como pidiendo perdón, pero no había nada que perdonar, él no tuvo la culpa de nada. Kevin me tomó de un brazo, lo miré y tenía el ceño fruncido, también miraba a mi hermano.
—¿Thais? —Volvió a decir la oficial—. Si fueras tan amable… —Y abrió la puerta de su auto para que ingresara.
—¡Pero no quiero ir! —chillé y otra vez las tontas lágrimas—. ¡Me quiero quedar con mi hermano!
—Ya sabíamos que esto pasaría —escuché al innombrable—. Mejor lo que le dije que hicieran.
Y sin saber cómo ni cuándo, dos policías se acercaron a mí y me tomaron de las muñecas, al igual que Julián, me las dejaron en la espalda, como si fuera una delincuente. Kevin, a mi lado, le lanzó el puño cerrado a la cara de uno de los oficiales que comenzó a sangrar por la nariz al instante. Otros dos más aparecieron, me empujaron y caí de bruces al suelo, todo para intentar detener a Kevin que estaba hecho una furia con todo lo que pasaba. Julián gritaba que se detuviera, pero no había nada que parara los golpes de mi amigo, al final lo redujeron con un golpe en la cabeza que lo hizo sangrar de la frente.
La ira recorrió mi cuerpo cuando sentí que me tomaron de los hombros y me levantaron, mis manos estaban amarradas. Lancé patadas al aire, pero no logré golpear nada, parecía una niña pequeña haciendo una rabieta mientras mis ojos estaban fijos en mi hermano, apoyado aún en el auto y en Kevin, que lo habían esposado y le curaban la herida de la frente, pero no se veía muy consciente de lo que pasaba, no estaría tan tranquilo en el asiento de la ambulancia viendo lo que sucedía. No, ése no era Kevin.
—Calma, calma. —Y esa voz la sentí en mi oído, haciéndome temblar, pero de ira—. Irás al hogar de las monjitas, te tratarán bien…

Y antes que pudiera decir o hacer cualquier cosa, me tapó la boca y se subió junto a mí en el auto de la oficial. Lo último que vi, a través de aquellos vidrios oscuros, fue a Julián forcejeando con los policías y a Kevin haciendo lo mismo. Luego mis ojos se cerraron por un extraño olor que me llegó al cerebro.

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