11 de agosto de 2017

[Hasta el día de ayer] Capítulo X: «Temores»

Un extraño escalofrió recorrió todo mi ser luego de haber golpeado esa puerta, tenía un mal presentimiento desde que me fueron a buscar al salón, un muy mal presentimiento.
—Pasa —escuché la voz de la orientadora.
Tomé aquella manilla, la giré y lentamente fui abriendo la puerta. No quería entrar, tenía ganas de salir corriendo de aquel lugar, estaba asustada. Entré y cerré tras de mí, cuando volteé pude ver a los dos tipos de ayer, aquellos del servicio social. Al verme se pusieron de pie en señal de saludo, la orientadora seguía sentada en su lugar, al otro lado del escritorio.
—¿Thais Leighton? —preguntó el tipo calvo.
—Sí —le respondí—. ¿Usted es?
—Jack Shawn —contestó mientras volvía a sentarse, y su voz no sonaba nada cordial ni amable—. Somos del servicio social.
—Warren Lee —me dijo el más joven extendiendo su mano para saludar, a lo que le respondí juntándola con la mía.
—Ayer estuvimos en tu casa —habló el mayor luego de hacer un sonido en señal de desapruebo al saludo que me dio su compañero—. ¿Te contó tu hermano?
—Sí, algo me dijo —respondí con antipatía.
—Entonces… —Cruzó sus brazos y sonrió—. Ya sabes a lo que venimos.
—Sí —contesté cortante.
—Thais —interrumpió la orientadora—, quiero que sepas que estos señores no pueden llevarte sin mi consentimiento, y no pienso dárselos.
—Gracias —sonreí caminando hacia ella y parándome junto a su silla.
—Señora. —La voz del calvo sonó a antipatía, el ambiente se notaba tenso, al parecer habían estado discutiendo antes que llegara. No me gustaba que la orientadora tuviera problemas por mi culpa—, ya le dije que no puede oponerse —gruñó remarcando el no.
—Y yo le mencioné —se defendió sin dar su brazo a torcer—, que no puede llevarse a un alumno sin ser su tutor o familiar.
—Ella pertenece al estado —reclamó el tipo—. Nosotros somos el estado.
—Ustedes son dos señores vestidos de traje —le reprochó poniéndose de pie, y diciendo con burla la palabra señores. Sonreí de aquello—. Pueden retirarse —les señaló la puerta—. Ya no tienen nada que hacer aquí.
—¿Sabía usted que podemos cerrar su Instituto? —amenazó el mayor, mientras se paraba y ponía sus manos sobre la mesa.
—Inténtenlo —lo desafió la orientadora.
—Jack, creo que deberías calmarte —habló el más joven que había estado tranquilo durante todo el rato—. Tú sabes bien a lo que venimos y no es precisamente a llevarnos a Thais.
—¿Cómo es eso? —pregunté curiosa al que tiene por nombre Warren.
—Lo que nos mandaron a averiguar… —alcanzó a decir antes que el calvo lo interrumpiera.
—Cállate —le ordenó—. Eso no deberías decirlo.
—Por favor —le dije poniéndome frente a él—. Continúe hablando.
—Nos mandaron a ver tu situación académica —respondió sin importarle la orden de su compañero.
—Su situación es excelente —señaló la orientadora volviendo a sentarse—. Tiene grandes posibilidades de entrar el próximo año a la universidad, al igual que su hermano Matías que entró éste año con todo pagado por sus notas —continuó hablando la orientadora con orgullo—. Todo esto es por el mayor de sus hermanos, que los ha guiado por el buen camino dejando todas las oportunidades que le ofrecieron de lado.
—Necesitamos un informe de eso —le dijo el oficial Lee—. Si es tan amable por favor.
—En unos minutos se lo entregó. —La orientadora sonrió con triunfo.
—Señor… —Miré al oficial.
—Dime —respondió con una sonrisa.
—¿Esto quiere decir que no me separarán de mis hermanos? —pregunté nerviosamente por la respuesta.
—Esto quiere decir que todo está en proceso —contestó con calma—. Mi compañero aquí presente. —Señaló al calvo—. Anda algo alterado. —Al decir esto el otro oficial frunció el ceño y salió de la oficina—. Por eso ayer discutió con tu hermano y hoy con la señora. —Miró a la orientadora pidiéndole perdón.
—¿Aún pueden llevarme a un hogar? —indagué con más nerviosismo.
—Sí, aún se puede —respondió mirándome fijo a los ojos—. Aunque, con lo que dice la orientadora, puede ser una gran pared a que te separen de ellos. ¿Alguna otra pregunta?
—No —le dije sonriendo—. ¿Me puedo ir a clases? —Miré a la señora.
—Sí puedes —me respondió sonriente.
—No me lo tome a mal —hablé al señor estrechando su mano—, pero ojalá no nos volvamos a ver.
—Con sólo un adiós basta —me dijo riendo.
—Adiós —sonreí y salí por la puerta rumbo al salón.
Caminé por los pasillos del Instituto hacia donde tenía mis clases, doble para cruzar el patio y acortar camino. La sonrisa dibujada en mi rostro no se me veía de hace mucho tiempo, me sentía realmente feliz porque eso de que me separarían de mis hermanos se veía más lejano. Casi doy un salto de felicidad.
—No te saldrás con la tuya —escuché una voz de hombre adulto a la vez que me agarraban el brazo.
—¿Cómo? —pregunté confundida y volteándome para mirar quien era, apagando toda la felicidad que sentía.
—¿Sabes? —dijo el oficial llamado Jack Shawn—. Brian Cox es el mejor amigo de mi hijo.
—Y eso a mí qué —respondí soltándome del agarre.
—Que pagarás por lo que hiciste. —Dio una gran calada al cigarro que tenía en su mano.
—Aquí no se puede fumar —ignoré su amenaza—. Y sobre lo otro, yo no tengo nada que ver en las idioteces que hace su hijo y con sus amigos.
—Mira niñita insolente. —Me agarró de los hombros y me apoyó contra la pared—. Si crees en todas las estupideces que dijo mi compañero allá adentro. —Podía sentir su olor a tabaco por la cercanía que tenía su rostro con el mío—, estás mal, en tú caso, yo soy el dios del servicio social.
—Bien, señor dios —contesté con sarcasmo—, pero aquí no es más que un intruso abusando de una estudiante, si no quiere tener problemas, será mejor que me suelte.
—¿Llamarás a tus hermanitos?  —preguntó con burla a la vez que me soltaba.
—No son necesarios en el Instituto. —Reí de mala gana mientras me acomodaba la ropa—. Aquí hay suficientes guardias como para detener una gran pelea.
—Tarde o temprano te llevaré a un orfanato —dijo dándome la espalda—. Será mejor que tengas cuidado a la salida —terminó de decir mientras caminaba y reía.
Lo miré al alejarse y en mi mente sólo tenía una pregunta «¿por qué?». No entendía qué había hecho para que todo esto pasara. Seguí caminando a mi salón y las últimas palabras del oficial retumbaron en mi cabeza.
—Me tengo que ir —susurré al momento de detener mi paso.
Observé todo a mi alrededor, no había ningún guardia cerca, lo que haría estaba mal, muy mal para mi historial, pero estaba segura que si mañana le explicaba a la orientadora todo, ella me perdonaría.
Es la hora en que los guardias se turnan para ir a comer, y si algo aprendí bien de Chris, Kevin y Franco, fue a salirme del Instituto y tenía pensado ponerlo a prueba, el problema es que la única salida que tiene es la del frente, y corría el gran riesgo que el tipo estuviera allí.
Caminé y me aseguré que no estuviera en la puerta, miré hacia la izquierda y lo pude ver de espalda a mí, mirando en dirección a la oficina de la orientadora. Fui a la puerta caminando sigilosamente, observé que el guardia continuara de espalda y me agaché, pasé por delante de la caceta pegada a la lata debajo la ventana, abrí cuidadosamente un poco de la puerta y salí.
Corrí y corrí sin parar, no sabía a dónde, pero ya me había arrancado Instituto. A los pocos minutos me detuve en una esquina, a respirar un poco más tranquila, no soy buena en los deportes así que me canso con facilidad, aunque muevo mis piernas con rapidez cuando es necesario. Todo por dejar de practicar basquetbol.
—Idiota —me dije dándome un golpe en la frente con la palma de la mano—. Dejaste todo en el Instituto, espero que Ale y los demás se acuerden de mí.
Continué moviendo mis piernas, ahora un poco más tranquila, hasta que llegué a un taller mecánico. Dos autos estacionados afuera, uno en mitad de la vereda y de la entrada al taller, otro un poco más atrás y adentro habían cinco. Miré la fachada del lugar, las paredes blancas con letras azules indicando lo que eran, y lo que hacían, entré y pude ver una figura familiar de espalda a mí, con medio cuerpo metido en el motor del Peugeot 206 que tenía en frente.
Me acerqué y lo abracé por la espalda.
—¿Qué haces aquí? —preguntó dejando de darles golpes al motor con la llave inglesa.
—Me arranqué —respondí mientras lo soltaba.
—¿Por qué? —Se dio la media vuelta y me miró directo a los ojos con reproche.
—Me asusté —contesté y pude sentir que unas lágrimas salieron de mis ojos.
—No llores, no llores —me dijo abrazándome con fuerza, sequé mis mejillas.
—¿Trajiste una colegia compañera de Thais? —Se escuchó una voz de chico burlesca—. Cuando se entere se armará la grande, Kevin. —Rió mientras molestaba.
—Yo no hago escándalos. —Fruncí mi ceño y salí de los brazos del mencionado, y mirando al chico que había hablado.
—¿Thais? —preguntó sorprendido—. ¡Tanto tiempo que no venías!
—Desde que Julián armó su auto —respondí caminando hacia él para saludarlo.
—¿Julián armó su auto? —Soltó una carcajada con burla al momento de abrazarme.
—Está bien. —Lo solté—. Tú, Kevin y Franco armaron el auto de Julián.
—Así suena mejor —me dijo el chico de cabellos negros y ojos del mismo color que tenía en frente.
—Se quedará aquí un rato, Sam —añadió Kevin limpiándose las manos con un paño.
—Cuanto quieras —me dijo guiñándome un ojo.
Sam era un chico de la edad de Kevin, le encantaban los autos y mucho más le gustaba armarlos y desarmarlos. El taller automotriz lo había heredado de su padre hace unos años atrás, luego que éste enfermara y luego de unos meses muriera. Kevin lo conoció en las carreras y a los pocos días comenzó a trabajar con él. Eso hace ya unos años atrás, si no me equivocó estaba por terminar el último año del Instituto. Físicamente no es muy alto, me pasa por apenas unos pocos centímetros, su cabello negro le cuelga liso hasta las orejas, tiene nariz respingona y labios anchos, su tez es morena. Su vestimenta, al igual que la de mi amigo, es el típico traje de mecánico color azul eléctrico manchado con grasa de vehículos, pero a diferencia de Kevin, lo lleva bien puesto, completamente ordenado. En cambio mi cuñado, suele ponerse bien el pantalón, la parte de arriba se la amarra a la cintura y dejando a la vista la camisa blanca manga corta, que ya parece color marrón.
—¿Por qué no te pones el traje completo? —pregunté desatando el nudo con que amarraba las mangas a la cintura—. Así no te ensucias tanto.
—Ni cinco minutos y ya te mandan —se burló Sam mientras desaparecía bajo un auto.
—Porque así me veo más sexy —respondió mientras volvía a amarrarse la parte de arriba del traje. Me sonrojé y no entendí el porqué, el chico se dio la vuelta y continuó mirando el motor del auto—. ¿Me vas a decir por qué te arrancaste?
—Ya te dije —respondí sentándome en la orilla del auto—. Me asusté y corrí.
—¿Cuál fue el motivo por el que te asustaste? —preguntó riendo mientras apretaba una tuerca.
—Servicio social —contesté suavemente y mirando el suelo.
—¿Qué? —Se levantó rápido, golpeando la cabeza con el capot del auto—. Eso dolió —dijo pasando su mano por su cabeza.
—Sí eres bruto. —Reí y me acerqué a él, pasé mis manos con suavidad por su cabeza lastimada—. Deberías tener más cuidado —lo regañé frunciendo mi ceño.
—¿Qué pasó con servicio social? —indagó mirándome directo a los ojos.
—Fueron por mí al Instituto —respondí nerviosa.
—Estás temblando. —Me miró extrañamente—. Ayer ya te dijimos que no te llevarán lejos. —Pasó su mano por mi mejilla.
—No es por eso… —contesté bajando la mirada.
—¿Entonces? —interrogó con curiosidad y yo me hacía la misma pregunta en mi mente.
—No lo sé —respondí abrazándolo fuerte, él hizo lo mismo.
—¿Qué fue lo que te dijeron? —preguntó pasando sus manos por mi espalda.
—Eran los mismos tipos que fueron ayer a la casa —hablé sin salir de su abrazo—. El calvo me dijo que me llevarían a un hogar, mientras que el otro mencionó que por mi rendimiento académico era un poco difícil que me apartaran de ustedes.
—Tu hoja académica no está manchada. —El chico me abrazó más fuerte—. Hasta ahora. —Pude sentir una pequeña sonrisa.
—El calvo se retiró antes de la oficina de la orientadora, no le gustó que su compañero hablara de más. —Mi voz sonó suave—. Una vez que salí, me agarró y amenazó.
—Ése se está ganando una pasada por mis puños —sonrió, imaginé lo que pasaba por su cabeza, una buena pelea.
—Su hijo era el mejor amigo de Brian Cox —dije y sentí una lágrima rodar por mi mejilla—. Y según él, debo pagar por lo que hice.
—Otra vez aquel. —Me soltó y dio una patada al carro.
—Yo ni siquiera lo maté —susurré con la cabeza hacia abajo—. ¿Qué es lo que tengo que pagar? ¿Qué fue lo que hice? —pregunté confusa, aunque más para mí misma.
—Nada, tú no hiciste nada —respondió parándose frente a mí y tomándome de los hombros.
—Sólo es mi culpa lo que pasó con Nick —musité mirándolo a los ojos.
—Eso tampoco es tu culpa. —Su voz sonaba molesto, aunque no creo que por mí—. El imbécil está muerto, que ya dejen el tema en paz.
—Ahora que lo recuerdo. —Sequé las lágrimas que habían salido sin querer—, el tipo dijo es el mejor amigo de Brian Cox —recalqué la palabra es—. Tiempo presente, será que está…
—Vivo —terminó la frase Kevin—, nunca supimos lo que pasó con ellos.
—Pero si está vivo, ¿por qué me molesta servicio social? —cuestioné con seriedad pensando en el motivo por el cual me querían separar de mis hermanos.
—¡Já! —respondió con sarcasmo y mirando el suelo con una sonrisa torcida—. Porque ellos son los dueños del mundo. —Volvió a su trabajo.
—Julián me matará cuando sepa que me salí del Instituto —dije apoyándome en el auto y dando pequeñas patadas al suelo.
—Sí. —Soltó una pequeña carcajada—. Y de paso a mí, por aguantarte aquí.
—Pero esta vez… —Mi voz sonó a triunfo—, tengo una buena excusa.
—Ninguna excusa es buena para Julián —habló con la cabeza metida dentro del auto—. Por cierto. —Asomó su cabeza para mirarme a los ojos—, ¿qué viste antes de entrar al Instituto?
—No me acuerdo —respondí levantando mis hombros—. ¿Por qué lo preguntas?
—Cuando te despedías de mí.  —Volvió a meter su cabeza en el auto—, fijaste tu mirada hacia un punto por atrás de donde estaba yo y en tu cara se reflejó preocupación.
—Ya me acordé —dije levantando mi dedo índice y dando pequeños golpes en mi mejilla derecha—. Había una persona en el paradero y me resultó conocido, pero no sé de dónde, pasó un bus y luego ya no estaba, así que no supe quién era.
—Un fantasma. —Rió Kevin, haciendo eco en el interior del auto.
—Eso creo —le respondí riendo—. Ahora soy más rara. ¿Te fuiste inmediatamente a la casa?
—No —contestó al salir a buscar una llave más pequeña—. Me encontré con un compañero de las carreras, hablamos un rato y luego me fui. ¿Por qué preguntas?
—Curiosidad —sonreí mientras lo veía entrar en el auto, nuevamente—. ¿Qué compañero?
—No lo conoces —escuché decir varias veces, debido al eco—. ¿Es un interrogatorio?
—No, claro que no —respondí rápidamente—. Quiero saber con quién andas para quitarte el mal hábito. —El sonido de la llave caer se escuchó con fuerza por culpa del eco, había sorprendido al chico con eso, se levantó.
—Enana fastidiosa. —Una voz familiar interrumpió el sermón que me daría Kevin—. Julián te dará el regaño de tu vida.
—¡Math! —grité al ver a mi hermano entrar en el taller—. Ale y Tony, todos vienen a visitarme —dije de buena manera como si fuera la dueña de casa.
—Te traje las cosas que dejaste en el Instituto. —Sonrió mi amiga pasándome el bolso.
—Ale, quiero mi falda. —Fruncí mi ceño, llevaba todo el día con la de ella y me sentía demasiado incómoda.
—Ten esto. —Mi hermano me entregó una bolsa.
—No sé qué haría sin ti. —Me lancé a sus brazos luego de mirar que me había traído unos jeans negros—. De todas formas quiero mi falda. —Miré a mi amiga.
—Sí, sí, ya lo sé. —Sonrió con algo de fastidio—. Me lo has dicho toda la mañana.
—Y nada que me la pasabas —dije mirándola acusadoramente—. Le preguntaré a Sam si me deja usar su baño.
—¿Otro Peugeot 206? —preguntó Math a Kevin al momento que me giré para caminar a donde estaba Sam.
—Te acompaño y así me quitó la falda —añadió Ale llegando a mi lado.
—¿No pasarán a mi casa? —consulté curiosa mirando a la chica.
—No, hoy no —me respondió con una sonrisa—. Tony tiene una comida familiar.
—Tony y tú, querrás decir. —Reí mientras seguíamos caminando al auto que arreglaba Sam—. Prácticamente ya eres de la familia de tu novio.
—Sí —contestó sin poder evitar el sonrojo.
—¿Sam? —pregunté al no ver nada del chico.
—Dime —escuché una voz que parecía de ultratumba que venía del pozo.
—¿Podemos usar tu baño? —Elevé un poco mi voz para que me escuchara.
—Claro —respondió el chico—. ¿Tengo que decirte dónde está?
—No, ya conozco el camino —contesté caminando en dirección al lugar nombrado.
Caminamos pasando por entre los pozos y todos los instrumentos que hay en un taller automotriz. Al llegar a un pasillo entramos y abrí la primera puerta a la derecha, era nuestro destino. Si continuábamos llegábamos a la casa de Sam, donde deberían estar sus hermanos y hermanas, y probablemente sus sobrinos.
Entramos a la pequeña habitación, me quité su falda y me puse mi jeans, y ella sacó de su bolso mi falda, que estaba tal cual como se la entregaron a Julián.
—Suerte que tienes de tener dos faldas —le dije con cara de pocos amigos.
—No es mi culpa que no revisarás bien —se defendió.
—Estabas con apuro de irte —respondí con la misma cara de gruñona.
—Si exageras. —Sonrió con una mirada extraña en sus ojos—. Es sólo mostrar un poco de pierna.
—Me molesta. —Le extendí la falda frunciendo mi ceño por sus gestos con los ojos—. Vamos.
Ale asintió y recibió la falda. Caminamos fuera del baño, al pasar frente al auto donde estaba Sam le di las gracias con un grito, llegamos donde los demás.
—Nosotros nos vamos —dijo Tony una vez que Ale llegó a su lado.
—Nos vemos mañana —me despedí de mi amiga abrazándola—. Suerte en la comida.
—Hasta mañana. —Besó mi mejilla y se fue a despedir de Math y Kevin.
Tony hizo lo mismo que su novia, me besó la mejilla y estrechó su mano con la de Math y Kevin, se dieron media vuelta, subieron al auto y desaparecieron en la carretera.
—Y bien —dijo Math—. ¿Cuál es tu excusa?
—Susto —respondió Kevin por mí entrando nuevamente en el auto.
—No me digas. —Mi hermano hablaba con burla—. Viste una araña y saliste corriendo.
—No, menso —respondí dándole un pequeño golpe en el brazo.
—Mejor que te cuente cuando lleguen a la casa. —Kevin volvió a salir del auto, su movimiento ya me estaba mareando—. Así aprovecha la oportunidad de contarle a Julián.
—Si es verdad —añadí mirando a mi hermano—. Así ahorro palabras.
—Math —habló Kevin con la mirada clavada en el menor—, ayúdame un momento y pon a andar el motor, cuando te diga aceleras al máximo.
—Está bien —dijo Math a ambos.
—Quédate un poco lejos —me sugirió Kevin—. Te puede saltar aceite.
—Voy a dejar mis cosas en tu auto —le sonreí pidiendo su permiso.
Kevin asintió y le di la espalda para caminar rumbo a donde acostumbraba a dejar su auto botando el aceite. Al llegar, abrí la puerta del copiloto y dejé mis cosas, así aseguraba viajar en ese lugar y Math debería ir atrás.
Me quedé un rato allí, me senté en el lugar del piloto mientras escuchaba al Peugeot 206 rugir con fuerza, el tiempo comenzó a pasar, apoyé mi cabeza en el respaldo del asiento y cerré mis ojos esperando que el ruido de aquel auto desapareciera…
—Despierta —escuché la voz de Math y algo apretaba mi nariz.
—¡Duele! —grité sacando la mano de mi hermano de mi cara—. Sólo bastaba con hablarme —le reclamé.
—Llevo cinco minutos hablándote —se defendió—. Ya nos vamos, ve a despedirte de Sam.
—Sí sé lo que tengo que hacer. —Me bajé del auto y le saqué la lengua.
—¡Math! —escuché que lo llamó Kevin no sé de dónde—. ¡Saca el auto!
—¡Claro! —respondió mi hermano felizmente.
—¡Qué tarde es! —exclamé al ver el sol anaranjado que casi desaparecía atrás de las montañas.
—No te diste ni cuenta cuando Kevin cambió el aceite. —La voz de Sam sonó tras de mí, haciendo que diera un pequeño salto—. Supongo que dormiste bien.
—Sí —le respondí avergonzada—. No sé cómo me dormí.
—Ven otro día a saludar —dijo sonriendo y besando mi mejilla.
—Claro, claro —respondí abrazándolo.
—Nos vemos mañana. —La voz de Kevin interrumpió—. Vamos, pequeña.
—Adiós —le dije al chico antes de darme la vuelta y caminar a la salida del lugar.
Kevin me abrazó por la cintura y yo hice lo mismo con él, así caminamos hasta llegar al auto y vi como Math estaba instalado en el copiloto con el cinturón puesto y su sonrisa de triunfo burlona dibujada en el rostro.
—Tramposo —susurré mientras subía a la parte trasera.
—Llegaste tarde. —Sonrió al momento que Kevin arrancó el auto rumbo a casa.
—Yo tenía mis cosas asegurando mi lugar. —Le jalé un poco de su cabello.
—Yo veo tus cosas allá atrás. —Rió sin darle importancia a mis golpes.
—Feo. —Fue lo último que le dije apoyando mi espalda en el respaldo y frunciendo mi ceño.
Crucé mis brazos y miré el espejo retrovisor de Kevin, pude ver una sonrisa en sus labios sin que perdiera la vista del camino, mientras Math encendía la radio. Fijé mi vista en el paisaje, en un abrir y cerrar de ojos ya estaba en mi casa.
—Julián ya llegó —dijo Kevin estacionando su auto detrás del de mi hermano.
—Prepara tu excusa —se burló Math mientras bajaba del auto.
Agarré mis cosas y bajé, no tenía que preparar ninguna excusa, Julián no se molestaría conmigo por lo que hice, no después que le contara cómo pasaron las cosas. Seguí a Math que caminaba a la delantera y entramos a la casa.
En la sala se encontraba Chris sentando en el sillón de tres cuerpos, junto a él estaba Alex. De pie cerca del mueble Julián los observaba y Franco, en el suelo, frente a los otros dos chicos. Se miraban de manera extraña, todos se encontraban serios, de algo hablaban, pero se callaron cuando entramos.
—¿Qué se traen? —pregunté frunciendo el ceño al ver sus actitudes.
—Nada —respondió el mayor de mis hermanos clavando sus ojos en mí.
—¿No saludas? —reclamó Chris fingiendo una sonrisa.
—Hola —les dije de mala gana, sentí que me ocultaban información de algo importante.
—Creo que tienes algo que contarnos. —La voz de Julián sonó a enfado mientras se sentaba en una de las sillas del comedor.
—Tengo hambre. —Kevin rompió la tensión del momento—. ¿Hay algo para comer?
—En la cocina —respondió Franco poniéndose de pie—. Revisa qué quieres, Julián dejó varias cosas ricas. ¿Qué has hecho, pequeñita? —preguntó al llegar a mi lado y besarme la mejilla.
—Esto va a estar bueno —se burló Math al sentarse junto al mayor de mis hermanos.
Suspiré, tenía a la audiencia atenta a cada palabra que pudiera salir de mi boca, Chris y Alex continuaban en el sillón, con la mirada fija en mí. Franco, a mi lado, me sonreía de manera burlona. Math me sacaba la lengua, Kevin había desaparecido en la cocina y Julián me miraba con seriedad y enojo.
—¿Llamó la orientadora? —pregunté de forma sutil.
—Sí —respondió Julián—, y será mejor que me expliques tú lo que pasó. —Cruzó sus brazos y frunció su ceño.
—Me arranqué del Instituto —musité con un poco de miedo, Franco soltó una carcajada, que fue callada con la mirada de pocos amigos que le regaló el mayor.
—Más te vale que me cuentes todo muy bien, Thais. —Me asusté, él sólo me llamaba por mi nombre cuando se enojaba, el resto de los chicos dejaron de hacer sus muecas para mirarlo con respeto.
—Fueron del servicio social a buscarme —respondí con rapidez—. Me asusté cuando uno de ellos me amenazó por la muerte de Brian Cox, porque su hijo es el mejor amigo de él y ellos…
—Tranquilízate y habla con calma. —El mayor sonrió de medio lado—. No te estamos entendiendo nada.
—Si no le pusieras esas caras, no la asustarías —dijo en mi defensa Franco, mientras me abrazaba.
La puerta de la cocina se abrió, dando a paso a un chico cargado de comida, una taza de té, unos panes y huevos revueltos, todo firmemente agarrado no sé cómo con las manos, lo observé por un rato y volví mi mirada a la de Julián.
—No la regañes que no fue su culpa —añadió Kevin al sentarse a la mesa, dejando toda su carga en un lugar estable.
—Cuando quiera tu opinión, te lo haré saber —respondió mi hermano sin mirarlo.
Julián, con su tono autoritario, se impone frente a cualquiera, pocos son capaces de llevarle la contra cuando se enoja, y eso incluye a Kevin, quien es el que más se opone a sus palabras, a veces pueden estar días discutiendo del mismo tema, sin que ninguno dé su brazo a torcer. El chico empezó a comer con calma y yo respiré profundo.
—Fueron los oficiales, que estuvieron aquí ayer, a buscarme al Instituto —dije lentamente—. El menor, no recuerdo su nombre… —Levanté mi ceja y puse mi dedo índice en mi labio en señal de pregunta.
—Warren Lee —aclaró con voz fuerte y ronca Julián.
—Sí, ese —contesté—. Él dijo que por mis notas era poco probable que me separen de ustedes, el calvo se enojó y salió de la oficina, antes habían estado discutiendo con la orientadora y ella me dio todo su apoyo —hablé con calma al principio, pero no me di cuenta que la velocidad aumentó de pronto, bastó la mirada de Julián para percatarme que debía pausarme—. Una vez que me informaron eso, volví a clases, o eso tenía pensado…
—Fue cuando te acordaste que en el taller de Sam se pasa mejor y te fuiste para allá —añadió riendo Math, Kevin se atoró.
—Guarda silencio. —La mirada fulminante de Julián apagó inmediatamente su risa.
—No, idiota —le contesté de mala gana y frunciendo el ceño, los ojos de mi hermano me atravesaron a mí—. Al salir de la oficina —continué relatando calmada—, el calvo me agarró y me amenazó, dijo que debía pagar por el daño a Brian Cox, ya que es el mejor amigo de su hijo, que tuviera cuidado a la salida…
—¿Cómo que es? —interrumpió Math—. ¿Acaso no murió?
—Así parece —respondió Kevin con tono seco—. Lo único que sabemos es que Nick le enterró el cuchillo, nunca averiguamos que pasó después.
—¿Será el mismo? —preguntó con tono de voz muy bajo Alex mirando a Chris.
—No lo sé —le respondió con el mismo tono.
—¿Será quién? —indagué mirándolos, odio que me oculten cosas.
—Concéntrate aquí. —La voz de Julián me hizo desviar la mirada hacia él
—Pero… —suspiré no tenía sentido discutir con él, era una batalla perdida, mejor después averiguaba de lo otro—. Me asusté y corrí hasta donde Kevin, es el que más cerca me quedaba —le sonreí.
—Así que sólo fue por eso. —El mencionado clavó sus ojos en mí—. Si no fuera por eso, ¿te hubieras ido con Franco o Chris?
—Claro que conmigo —contestó Franco soltándome de sus brazos y caminando hacia Kevin—. Soy su hermano, él que la cuida y protege…
—Y que la cambia por Marla —interrumpió Math con burla.
—Una cosa no tiene nada que ver con otra. —Frunció su ceño y miró con reproche al menor.
—Sí tiene —contestó alzando un poco su voz—. Y más cuando la castigas sin motivo por culpa de ella.
Golpeé mi frente con la palma de mi mano, creí que ese tema había quedado en el olvido ayer, pero al parecer a ellos les gusta traer de vuelta una y otra vez lo mismo, y yo, la única que resultó castigada, no he dicho nada al respecto.
Caminé hacia Julián y me senté en el suelo mirándolo de frente.
—No quise arrancarme por capricho. —Lo miré con seriedad, el respondió de la misma manera—. Tuve miedo que aquel oficial me hiciera algo, así que corrí arrancándome de todo. ¿Me perdonas?
—Depende de lo que me diga la orientadora mañana. —Revolvió mi cabello con suavidad—. No sé si te perdiste alguna clase importante.
—¡Cuándo tengas novia ya verás que harás lo mismo! —gritó Franco, dejando a todos boquiabiertos con la vista fija en él, pero desvié mi mirada a mi otro hermano, por unos instantes vi sus ojos tristes…
—Math no tendrá novia. —La voz burlona de Chris llenó el ambiente y me distrajo de mis pensamientos para poner atención en las tonteras que decían.
—Cuando eso pase, se acabará el mundo —añadió Kevin soltando unas carcajadas.
—No lo molesten. —Alex estaba serio—. Si él quiere ser sacerdote, déjenlo. —Los tres chicos estallaron en risas.
—Prefiero estar solo, a ser engañado por la que se supone es mi novia —respondió Math con aires de triunfo, los tres chicos apagaron sus carcajadas, se sintieron identificados.
—Así se habla, hermanito. —Le sonreí lanzándole un beso—. Julián, tengo hambre. —Hice pucheros mirando a mi hermano.
—No ha comido nada en todo el día —añadió Kevin recogiendo las cosas de la mesa.
—Voy a ver que dejó este zángano. —Mi hermano se puso de pie y caminó a la cocina.
—No soy ningún zángano —reclamó siguiendo a Julián—. Trabajo todos los días para ayudar a mantener este hogar. —Fue lo último que escuché de la cocina.
Me puse de pie y me senté junto a Math, lo abracé por el cuello y apoyé mi mentón en su hombro derecho.
—Yo no quiero que tengas novia —susurré, él sonrió—. Tú eres mío y sólo mío. —Besé su mejilla.
—Algún día tendrás que acostumbrarte a que no serás la única mujer en esta casa —musitó con la vista fija en la mesa.
—Algún día muy lejano —agregué sin soltarlo—. Yo sé que tú no elegirás a cualquiera como novia, a diferencia de ese menso. —Clavé mi mirada en Franco que se sentaba junto a Chris y Alex.
—¿Qué te hace estar tan segura de eso? —preguntó volteando su mirada para dejarla sobre mí.
—Que no te dejaré. —Le sonreí—. Si no es una niña bien, no tienes permiso. —Le saqué la lengua, él esbozó una sonrisa torcida.
—¿Imaginabas que seguía con vida? —En el rostro de mi hermano se reflejó la preocupación y en sus ojos la ira, volvió su mirada a la mesa.
—No —contesté sin darle muchas vueltas al asunto—. No quería acordarme del tema.
—Vaya que me sorprendió eso —dijo frunciendo el ceño y dando un pequeño golpe en la mesa.
—Esperemos que no pase nada —suspiré pensando en todo el odio que crecía en el corazón de Kevin a causa de aquel accidente—. No quiero que le suceda algo Kev. —Mi hermano me miró interrogante y con una pequeña risita—. A ninguno de ustedes —me apresuré en decir.
—Hasta cuándo te engañarás —suspiró poniéndose de pie.
—¿A qué te refieres? —pregunté con el ceño fruncido.
—Basta con que pienses bien en lo que sientes y te darás cuenta. —Me dio la espalda—. A no ser que lo hayas hecho y no quieras aceptarlo. —Se giró y me guiñó un ojo—. Yo diría que es la segunda opción.
—Dejaron un poco de pasta. —Julián interrumpió la comunicación con Math, quien se fue junto a los demás en el sillón.
—No importa —contesté girándome hacia el plato que mi hermano había dejado en la mesa—, de todas maneras no tengo tanta hambre.
—Pero acabas de decir… —Julián suspiró al mirarme—. Mujeres, nadie las entiende. —Fruncí mi ceño.
—Aliméntate, no has comido nada desde el desayuno —agregó Kevin saliendo de la cocina.
—Eso no es verdad —respondí molesta—. Almorcé en el Instituto.
—¿Qué cosa? —preguntó acercándose—. ¿Ensaladas?
—Ricas y apetitosas. —Me puse de pie para poder mirarlo a los ojos.
—Por eso ya pareces un palo de flaca —se burló enterando sus dedos en mi estómago.
Math carraspeó, lo observé y me regaló una mirada acusadora, me sonrojé.
—Come —ordenó Julián que se había sentado a la mesa.
—Voy —dije sentándome donde antes, miré a Math que me sonreía de manera extraña. Kevin se sentó a mi lado.
—¿Por qué no la mandaste a casa? —Mi hermano clavó su seria mirada en el chico junto a mí.
—Se quedó dormida en el auto —contestó con algo de burla—. ¿Qué querías que hiciera?
—Ya estuvo bien, Julián —reclamé mirando a mi hermano—. Yo me arranqué, a mí me tienes que castigar y regañar, los otros no tienen culpa en nada.
—Bien —respondió cruzando sus brazos—, terminas de comer y te vas a tu habitación.
—Pero… —alcancé a decir, antes que la mirada seria de mi hermano me callara—. Está bien —dije de mala gana.
Y así lo hice, comí en silencio, en parte porque sí tenía hambre y porque no quería más conflictos con el mayor, quien hablaba con Kevin de autos y de los trabajos, mientras que los otros chicos susurraban cosas con miradas serias. Una vez que terminé, me puse de pie tomando los trastes sucios y los llevé a la cocina. Los limpié y me fui a mi habitación, tal y como lo ordenó Julián. De todas maneras lo haría, debía hacer mis deberes escolares. Encendí el computador y saqué mis cuadernos, y a estudiar se ha dicho.
Unas horas más tarde acabé con todos, extrañamente no se sentían ruidos provenientes de la sala. Miré mi reloj, marcaba las 22:16 p.m. Suspiré y salí lo más silenciosa que pude de mi habitación, es raro que estén tan callados, ni siquiera cuando ven una película reina el silencio, siempre hay uno que otro gritando o haciendo ruidos.
Caminé en puntillas y escuché que susurraban, me acerqué un poco más y me senté en el suelo, ya lograba escuchar con claridad lo que hablaban.
—No recuerdo como era —el susurro de Alex llenaba el ambiente—. Ya les dije, me golpearon en la cabeza y caí inconsciente, hasta que todo acabó.
—¿No viste a ninguno? —preguntó cortante Kevin.
—Sólo al que me golpeó —respondió elevando un poco su voz—. Pero, por lo que me dijeron, alguien se encargó de darle una buena paliza.
—Ya que tú ni lo tocaste —se burló Chris.
—¿De qué te acuerdas? —Esta vez quien preguntaba era Julián.
—Estábamos divirtiéndonos un rato, cerca de la plaza —contestó el chico en susurro—, algunos chicos tomaban cervezas, yo fumaba. Cuando sentimos un auto acercarse, no le dimos importancia, no era muy tarde —suspiró—. A los pocos minutos estaban sobre nosotros, eran varios. De pronto siento el golpe en mi cabeza, me habían dado con una botella.
—Por suerte sólo fue eso —añadió Math.
—Sí, bastante suerte —contestó con algo de melancolía en su voz—. Lo peor fue para Derek.
El silencio reinó en la habitación, yo apenas respiraba, no quería que se dieran cuenta que me encontraba espiando, pero a la vez, tenía muchas ganas de saber qué había pasado con Derek.
—Tendremos que esperar a ver qué pasa. —La voz de Julián rompió el silencio.
—¿Esperar? —consultó molesto Kevin—. Otro está a punto de morir a manos de ellos y tú quieres esperar.
—¿Y qué pretendes? —indagó levantando el tono de voz—. ¿Qué vayamos y ataquemos tal y como lo hacen ellos, provocando más muertes?
—Yo tampoco estoy de acuerdo con esperar —habló Chris sin burla, sonaba bastante serio—. Pero creo que esta vez musculitos tiene razón.
—Será mejor que bajen la voz —musitó Franco—, si no quieren que ella escuche.
—Voto por esperar —interrumpió Alex—. Mejor averiguamos quiénes son y luego la pelea. Además… —Guardó silencio por un rato y suspiró—, si es verdad que aquel sigue con vida, no es bueno exponernos, y si está detrás de lo que pasa con Thais, es mejor mantenernos tranquilos.
—¿Quién está detrás de lo que pasa conmigo? —pregunté poniéndome de pie—. ¿Por qué me ocultan esas cosas?
—¿Hace cuánto que estás allí? —interrogó Kevin asombrado caminando hacia mí.
—El suficiente —respondí cortante, mirando a cada uno de los chicos que me observaban algo asombrados.
—No es nada importante, pequeña —añadió Chris con una sonrisa fingida, Kevin llegó a mi lado.
—¿Nada importante? —pregunté con burla—. Alex dijo que lo peor fue para Derek, si a él lo golpearon con una botella, ¿qué le hicieron a Derek para que sea lo peor?
—Thais. —La voz de Julián sonó seria—, no es nada importante.
—¡Ya basta, Julián! —grité cansada de que no me respondieran—. ¡¿Hasta cuándo me sobreprotegen?! —Kevin intentó abrazarme—. ¡Suéltame! —exclamé mirándolo con enojo, quitando mi brazo de sus manos—. Bien, sigan con su estúpida reunión —terminé de decir al ver las caras de cada uno. Me di la vuelta y caminé a mi habitación, sentí unas lágrimas salir de mis ojos.
—¡Thais! —llamó el chico de quien me escabullí de sus brazos, lo sentí caminar.
Abrí la puerta y entré, cerrando de un portazo, puse llave, apoyé mi espalda y me deslicé hasta quedar sentada en el suelo. Abracé mis piernas y dejé mi frente sobre las rodillas. Podía sentir con claridad los golpes del chico en la puerta, todos se reflejaban en mi columna, los ignoré, al igual que sus gritos. Tenía rabia, ese sentimiento inundaba todo mi ser, intentaba controlarlo, pero no podía. Odiaba que me ocultaran cosas y más cuando tenían que ver conmigo. Dejé mi cabeza apoyada en la puerta, di unos cuantos golpes al suelo con los puños cerrados y lloré por todo lo que pasaba mientras imaginaba lo que vendría.

Me levanté y me puse pijama, abrí mis cobijas, me arropé hasta la cabeza y quedé en posición fetal, abrazándome a mí misma mientras seguía llorando.

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