19 de febrero de 2017

[Mi veneno] Capítulo XI: «Profecía»

Capítulo XI: «Profecía».

«Primero fueron creados los Serafines: aquellos seres más cercanos a Dios, los que manifiestan su Gloria y son capaces de transmitirla a todo el Universo, como diminutas y puras esencias de principios de vida. Su gran resplandor es capaz de acabar con la oscuridad más espesa, purificando todo a su paso. Es por ello que son los guardianes de los lugares sagrados. Poseen tres grandes pares de alas con ojos, con ellas se cubren por completo para protegerse del gran destello emitido continuamente por el Todopoderoso. Sus ojos brillan de muchos colores.
Después se crearon los Querubines: destinados a cuidar el arte de Dios, cada uno de los caminos y templos que llevan a la evolución espiritual y la sabiduría. Poseen el discernimiento como uno de sus grandes dones. Son más pequeños que los Serafines y su cercanía a Dios es menor. Tienen un par pequeño de alas blancas, pegadas a su espalda, las cuales no pueden quitarse nunca. En el caso que eso pasara, desaparecería su esencia. Sus ojos son una mezcla de muchos colores, pero por lo general predomina el ocre. Por su tamaño les resulta bastante fácil escabullirse por todos los rincones del Cosmos, llevando la luz espiritual para contagiar todo lo que les rodea.
Más tarde nacieron los Tronos —y mi primera duda acerca de la creación de los seres divinos—, se dice que están ligados a las acciones de los hombres —cuando estos aún no habían sido creados—. Son los constructores del orden universal, para eso llevan a cabo un registro de las acciones de todos los tiempos. Suelen llamarlos también como Espíritus de las Estrellas, porque según cuenta la leyenda, se les veía su forma reflejada a la luz del Sol cuando dejaba de llover, formando un hermoso camino multicolor. Esto es debido a que sus alas circulares llevan los colores del arco iris, su tamaño es enorme comparado con los dos anteriores, y sus ojos son de color morado bien suave. Su don es el de la perseverancia.
Estos tres entes son los creados para Dios, exclusivamente para Él. Por ello sólo obedecen sus órdenes y se caracterizan por su pacifismo. No les interesa más que servir a su Padre.
Los siguientes en ser traídos al Universo fueron: Dominaciones, Virtudes y Potestades. Cada uno de ellos con un único fin: servir al Hijo —que en ese entonces no era conocido como Jesús, ni ningún otro nombre—. 
Los primeros representan la soberanía de Dios. Son los encargados de cuidar y regir el límite de lo finito con lo infinito, encargándose así de los dominios de la consciencia expandida que es imposible pasar. Los únicos que tienen pase libre son los Tronos, ellos pueden ir y venir cuando quieran. El resto debe esperar órdenes del Todopoderoso. Poseen un cetro y una espada, sus ojos brillan blancos al igual que sus tres pares de alas que adornan su espalda descubierta, son los más parecidos al Hombre, en forma física.
Los llamados Virtudes son los encargados de la plasmación y concreción de las aspiraciones humanas, y son los responsables de los prodigios que reclaman las religiones. Físicamente son unos bebés con dos pares de alas relucientes, con un pequeño cuerpo —muchos dicen que no lo tienen, pero están equivocados—, sus ojos brillan como los de un simple humano, poseen colores diversos, de cualquiera que pueda existir.
Los últimos deben cuidar el orden cósmico, los planetas y el balance entre la materia y el espíritu. Aparte, tienen como misión cuidar el reino de Dios, en todos y cada uno de sus aspectos. Fueron los primeros en usar el libre albedrío, que no dudaron en enseñar al resto de sus hermanos celestiales. Ellos deciden qué camino tomar. No poseen alas, aunque eso no les impide vola. Siempre llevan puesta su armadura dorada con casco, escudo y una llameante espada. Sus ojos son marrones.
Los tres siguientes son los hechos para el Hombre, pero eso no significa que deben obedecerlos en todo. Como ya mencioné antes, poseen el libre albedrío.
Quienes encabezan la lista son los denominados Principados, o también llamados “vigilantes”. Razas, naciones, reinos y países, han sido los guiados bajo los pasos de ellos. Ésa es su misión: conducir enormes cantidades de personas a través de la historia. También deben vigilar de muy cerca a los gobernantes, reyes y jefes espirituales de los hombres —he aquí el porqué de su apodo—. No se muestran frente a las personas, envían pequeñas señales para que sigan su camino, pero cuentan que más de uno los ha visto. Se dice que poseen una belleza tal capaz de dejar al más temerario pasmado y boquiabierto, sus tres pares enormes de alas pueden cubrir grandes grupos de personas para protegerlos, sus ojos son amarillos.
Los siguientes son los Arcángeles, al igual que los Principados guían a las personas y ejércitos, pero esa es la diferencia, ellos sólo pueden ayudar a ese tipo de humanos. Son seres con un gran poder espiritual y por ello están a cargo del orden y cuidado de los puntos cardinales. Cuando se trata de trabajar en conjunto, ellos son los que asumen el liderazgo. Trabajan constantemente para cumplir la palabra y orden de Dios, se dice que de todos son los que más usan el libre albedrío y es por ello que varios le han dado la espalda al Creador. Según se cuenta, son siete los más importantes, aunque con el paso de los años, sólo se han nombrado a cuatro: Miguel, Uriel, Gabriel y Rafael. Los que han tenido la dicha de poder verlos, los describen como seres fieros, que con su mirada son capaces de hacer que su oponente se rinda, no muestran sentimiento alguno, son fieles soldados del Todopoderoso —cuando han elegido ese camino—. Dos pares de alas adornan su espalda, tiene un cuerpo similar al humano, cubierto por un fino manto de seda blanca y sus ojos centellean grises.
       Los últimos en formar parte de esta jerarquía son los Ángeles, o como se les llama comúnmente, “los mensajeros de Dios”. Son colaboradores y auxiliares de los humanos, están a sus órdenes y no al revés. Deben alcanzar los favores y peticiones, tanto como proteger y cuidar de cada una de las almas. Se encuentran en todas partes, invisibles al ojo humano, perceptibles sólo para algunas criaturas. No pueden mostrarse por voluntad propia, a no ser que sea una orden directa el hacerlo, pero si alguna persona solicita su presencia, debe acudir de forma inmediata. La energía del amor y la más alta luz que produce la consciencia humana en camino a la evolución, son los que le dan poder, mientras estas dos cosas existían, ellos estarán aquí.
De todos los antes mencionados, los Ángeles son los únicos que pueden morir y sólo por uno de su misma especie, sin importar el grado que tengan. Es por ello que respetan el orden jerárquico sin problemas, temen ser castigados al igual que las almas encarnadas.
Los Arcángeles han sido los encargados de entrenarlos, aunque nunca llegarán a los poderes de sus maestros. Y al igual que ellos, son fieles soldados de Dios, pero a diferencia de sus tutores, gran parte de los ángeles le han dado la espalda a su Creador y se han dejado caer.
Cuando un humano solicita su presencia, suelen poseer por unos momentos a algún ferviente devoto, y al hacerlo su único par de alas se vuelve invisible. Siempre estarán sobre su espalda, aunque no la toquen, las tendrán, pero no las sentirán. No se las pueden quitar por voluntad propia, a no ser que se dejen caer o se las arranquen, y al hacerlo su esencia se perderá y ya no serán bienvenidos en los Cielos: formarán parte de los humanos o de los caídos. Sus alas estarán con ellos desde el momento en que son creados, hasta cuando perezcan. Pero, cuando están como humanos, tienen el poder de decidir si mostrarlas o no, si su deseo es ocultarlas, nadie podrá verlas ni sentirlas, sólo ellos sabrán que están allí porque son parte de cada uno, aunque tampoco las sentirán.
Los sentimientos no forman parte de su vocabulario, pero en ocasiones pueden dudar y eso a veces los lleva a experimentar la ira, si no son capaces de controlarlo su esencia cae, y no volverá a ser un Ángel jamás. Sus ojos brillan dorados, siempre y cuando ellos quieran mostrarlos, pero si la ira comienza a aparecer, estos cambian a naranjas.
De todos estos entes, los únicos que permanecen fieles a Dios y son incapaces de pensar por sí mismos, son los que están hechos para Él. Los demás tienen la libertad de elegir en donde posicionarse. Cada una de estas jerarquías poseen un Coro, y eso quiere decir que un grupo de ellos son escogidos por ser los más fuertes y poderosos, entrenados exclusivamente para la batalla, y muy pocas veces suelen salir a enfrentarse a alguien. Se distinguirán con facilidad del resto porque sus ojos serán rojos.
El motivo por el cual los hechos para el Creador no poseen libre albedrío, es un misterio que sólo Él sabe. Aunque se cuentan dos leyendas: una es porque Lucifer, el primero de los caídos y el más bello de todos los Arcángeles, decidió reinar sobre los hombres. Esto enfureció a su Padre y lo expulsó de los Cielos, pero la amabilidad que lo caracteriza le hizo crear un reino entre las Tinieblas y el Fuego para que fuera su hogar. Lucifer gruñó a los cuatro vientos que prefería reinar un lugar lleno de desolación a estar siguiendo órdenes de Él y desde entonces se hizo llamar “el adversario”, o mejor conocido como Satán.
Temiendo que esto se volviera a repetir, el Creador quitó de las consciencias de los Serafines, Querubines y Tronos, todo tipo de rastro que los llevara a pensar por sí mismos, no volvería a perder a otro de sus más preciados seres.
La segunda dice que Lucifer nunca fue expulsado, sino todo lo contrario, él se ofreció voluntariamente a bajar a la Tierra para ayudar a la humanidad con el fin de hacer caer en tentación a la gente, logrando así fortalecer su fe y espiritualidad. Durante gran parte del tiempo en que estuvo junto a los humanos se hizo ver como un demonio, porque siempre debe existir el lado oscuro de la vida, sin oscuridad no hay luz; si no hay mal, el bien no existiría. Los opuestos crean la perfección y el equilibrio.
Pero sólo Dios sabía de aquello, ninguna de sus otras creaciones tenía consciencia que Lucifer había sido enviado por Él y los humanos comenzaron a crear un sin fin de historias acerca del caído. La duda se hizo presente en varios arcángeles y en un número incontable de ángeles, quienes decidieron seguir al demonio y se dejaron caer, perdiendo sus alas y su Gracia, pero los poderes que le habían sido otorgados al momento de su creación, quedaron intactos. Sus ojos se oscurecieron, algunos se volvieron completamente negros y formaban parte de la clase más baja de los demonios. Otros los tenían azules oscuros, dejando a la vista un rango superior. Algunos se volvieron grises verduzcos, y a ellos le debían respeto.
Otros de los caídos, en cambio, formaban parte del Coro Angelical, estos perdían su gracia y sus alas, pero sus ojos rojos quedaban intactos.
Cualquiera de las dos leyendas sobre Lucifer llegaban a lo mismo: Ángeles y Arcángeles que decidieron caer y convertirse en demonios. Mucho tiempo después fue que se dieron cuenta que nunca habían visto a Lucifer junto a ellos en lo que se llamó Infierno, y así como antes adoraban a Dios, que a pesar de nunca haberlo visto creían en Él por ser quien les otorgó la vida, comenzaron a adorar a Lucifer, que al igual que su Creador, no podían ver, ni tocar, ni percibir.
A diferencia de los Celestiales, los caídos poseían sentimientos, pero todos hacia el lado del mal, en el Averno domina la ley del más fuerte, quien no obedece es castigado, las peores torturas imaginables caen ante quien ose oponerse a su líder.
Todas aquellas almas que han sido tentadas por los demonios que vagan en el Universo, obtienen un pase directo al Infierno, y allí les dan a elegir: torturas por el resto de su inmortalidad o un par de negros ojos y ser otro más de los demonios que abundan en aquel lugar.
Se cuenta, que hace mucho tiempo atrás, uno de los caídos que perteneció al Coro Angelical decidió que era hora de volver al lugar donde había estado antes, pero no a servir a su Creador, sino que a dominar tanto los Cielos como el Infierno.
Varios se le unieron sin protestar, logró formar sesenta legiones en donde predominaban los demonios con ojos grises verduzcos, fuertes, fieros, casi indestructibles. Y también millares de ojos negros, que lo seguirían hasta el fin del mundo si fuera posible.
Sus ojos rojos brillaban emocionados al mirar sus huestes reunidas en el Averno, todos dispuestos a dar su vida —si se le puede llamar así—, por él. Era conocido como un gran Duque del Infierno, un hermoso caballero que siempre llevaba su lanza de estandarte o su cetro acompañado por su fiel mascota: un monstruo alado, el cual se dejaba montar sólo por él. Conocedor del porvenir y los secretos de la guerra, pero sin duda alguna, su mayor don era que usaba a la perfección el arte de hacerse amar por sus soldados.
 Listos estaban para partir a su batalla, debían derrotar o convertir al Ángel encargado de la puerta del Infierno. Pero gran fue su sorpresa cuando llegó junto a él otro de rojos ojos, uno más de los miembros del Coro Angelical…»
Cerró el cuaderno con fuerza cuando la puerta de la posada se abrió de golpe, observó con atención quien entraba, el diario se le cayó de las manos al ponerse de pie asombrado y preocupado, ya que el vampiro cargaba a una malherida medio ángel.

Había llegado a la posada hace unas cuantas horas, no podía dejar de pensar en la chica, el de ojos color miel salió tras ella porque se encontraba en peligro. Dio un golpe a la mesa del bar para tratar de tranquilizarse, deseaba ir en ayuda de Hayley, pero no podía, lamentablemente sólo sería un estorbo en aquella batalla, tenía la sospecha que el rival de la medio ángel debía ser poderoso, como para que ella se encontrara en peligro.
Golpeó con sus dos puños la mesa, su tía había llevado al sacerdote a una de las habitaciones y le estaba curando las heridas, él no tenía nada más que hacer. Miró a su derecha y vio el diario del cazador, no dudó en tomarlo y ponerse a leer, hasta que la puerta lo interrumpió.
—La llevaré a su habitación —susurró el recién llegado sin dejar su paso—. Supongo que en unas horas estará mejor.
—Mi tía está curando las heridas de Richard —musitó sin poder ocultar su preocupación y sin perder de vista ambas figuras—. Apenas termine le diré que vaya a verla.
—Está bien —dijo y se perdió en el pasillo rumbo al lugar mencionado.
Se dejó caer arrastrando su espalda contra la madera del bar, pasó sus manos por su cabello, arrastrándolo hacia atrás, con la mirada perdida en el suelo. Sólo una vez en su vida había visto a la chica en ese estado y fue cuando murió su padre. De una patada lanzó lejos una de las sillas cercanas, lo que más detestaba era no poder ser de ayuda.
Su mirada se perdió en el cuaderno que estaba junto a él en el suelo, lo tomó y buscó la página que leía antes que llegara el vampiro, pero otra cosa llamó su atención, fijó su vista concentrado en los escritos y comenzó a leer con calma cada una de las palabras.
«Ella me aseguró que no tendría debilidades, pero se equivocó. Los ángeles han confirmado mi temor, Hayley se vuelve humana durante tres días en el año, siempre siguiendo una pauta: cuatro días antes de la sexta luna llena. Ni ellos, ni yo hemos descubierto aún por qué sucede, pero imagino que es por mi sangre. ¡Maldigo la hora en qué te conocí! Lo único bueno es mi pequeña.
Cuando le sucede, un fuerte dolor en su espalda la hace caer rendida boca abajo. Con el pasar de los años lo ha ido controlando, la primera vez perdió el conocimiento por varias horas. Según lo que me dijeron ellos, el dolor sólo se compara con el que se siente al arrancarle las alas. Luego de eso se vuelve humana por completo, su fuerza disminuye bastante, no estoy seguro, pero a veces pienso que en su totalidad. Sus poderes mentales desaparecen.
El segundo día comienza a recuperarse de a poco, sus fuerzas aumentan en una minúscula cantidad. Y así hasta la medianoche del tercer día, cuando recupera sus alas y todo lo que pierde al volverse humana. Acompañado de un gran dolor en todo su cuerpo, junto a la pérdida de consciencia por unos minutos, es mejor que nadie esté cerca cuando sucede.».
—Hayley —susurró cerrando el cuaderno y poniéndose de pie—. ¿Dónde está cuando lo necesito? —gruñó buscando entre los cajones—. ¡Aquí! —exclamó al encontrar el calendario.
Dejó el diario del cazador junto a lo que había encontrado y observó con atención las fases de la luna señaladas al final de cada mes.
—Sexta luna —susurró pasando de hoja en hoja—. Junio —dijo examinando el mes mencionado—. Cuatro días antes de la luna llena… —contó hasta dar con el correspondiente—. ¡Maldición, es hoy! —gritó dando un fuerte golpe a la mesa.
—¿Qué pasa? —La voz de su tía lo hizo fijar su vista en ella.
—Hayley —susurró—. ¿Sabías que se vuelve humana?
—Sí, lo sé —contestó caminando hacia su sobrino y dejando los utensilios médicos sobre una de las mesas—. ¿Ella te dijo?
—Lo menciona su padre —musitó enseñándole con la vista el diario—. ¿Qué pasaría si ella queda gravemente lastimada cuando está en esos días?
—Lo mismo que a un humano —respondió algo confusa—. Dependiendo del daño que tenga, podría hasta morir. ¿Qué sucede?
—El vampiro estúpido la trajo en muy mal estado. —Frunció su ceño—. Están en la habitación de ella.
—¿Por qué no me dijiste antes? —preguntó molesta tomando los utensilios y caminando a toda prisa a donde se encontraba la chica.
—Porque te conozco, y sé que no me dirías nada si no preguntaba de esa manera —susurró para sí mismo, antes de volver a tomar el diario.
* * * * *

La voz de la medio ángel pidiéndole que se detuviera porque era humana resonaba en su cabeza, aun así no era capaz de soltarla. Aquel espeso líquido sabía demasiado bien y no quería dejarla.
Los verdes ojos de ella se aparecieron en sus pensamientos y se separó de su cuerpo de golpe. Horrorizado limpió sus labios y guardó sus colmillos, la chica era una humana más y él la estaba matando. Había consumido demasiada de su sangre, su brazo colgaba de la cama, sus ojos cerrados y su piel pálida. Dio unos pasos atrás asustado, no quería perderla.
—Hayley —suspiró arrodillándose frente a ella—. Perdóname, por favor. —Unas lágrimas salieron de sus ojos al momento en que tomó su mano, pero la chica no hizo ningún gesto, apenas respiraba.
Apoyó su cabeza cerca del cuello de la medio ángel, no estaba tan mal cuando la trajo, sino que él había sido el responsable por dejarla estado en que se encontraba.
—¿Quién fue? —La voz de la dueña del hogar interrumpió sus pensamientos.
—Janice, una vampiro —contestó dándole la espalda y poniéndose de pie.
—Perdió bastante sangre —se apresuró en llegar junto a la chica con todos los utensilios—. No sé si… —Su rostro reflejó preocupación.
—¡¿Si qué?! —preguntó algo alterado—. ¿Si vive o muere? ¡Tienes que saber, ella ha vivido siempre contigo, te considera una madre, tienes que salvarla!
—Cada vez que esto le pasa —susurró comenzado a curar los cortes y heridas en el cuerpo de la chica—. Se encerraba en la habitación de atrás, hasta que pasara su estado. Es primera vez que la lastiman tanto cuando es humana.
—¿Se vuelve de esa manera con frecuencia? —indagó un poco más calmado.
—Tres días en el año —contestó derramando algunas lágrimas, temía por la salud de la chica—. Necesita sangre con urgencia —sollozó.
—Es mi culpa —musitó el vampiro dejándose caer pegado a la pared y derramando lágrimas que no pudo contener—. No aguanté las ganas, su olor era demasiado fuerte, la mordí y no pude detenerme.
La mayor se puso de pie con la cabeza mirando al suelo, el vampiro pensó que le haría algo, pero no fue así. Se dio la vuelta y lo observó con reproche.
—Ayúdame a encontrar la manera de salvarla —suspiró dejando a la vista un rostro afligido y preocupado, de sus ojos no dejaban de salir aquellas gotas saladas.
—Dime qué debo hacer y lo haré. —Se puso de pie y secó su cara.
—Su sangre es negativa —habló en un hilo de voz—. Ni Noah ni yo tenemos de ese tipo. Por favor, ve y busca en los hospitales o donde sea, no descanses hasta que la encuentres. No se me ocurre otra manera.
—¿Por qué no la llevas a un hospital? —consultó algo confundido.
—Debe estar encerrada —contestó algo cortante—. Cuando vuelva en sí… —Detuvo su hablar y apretó sus puños.
—Volverá. —La intentó calmar Bastian y a la vez tranquilizarse un poco él.
—Y su sangre de ángel predomine —continuó hablando—, perderá la razón por unos instantes, no es bueno que personas estén a su alrededor, sus alas aparecerán y no podrá hacer nada para ocultarlas. Aparte que no reconoce a sus cercanos. —El chico abrió los ojos sorprendido ante tal revelación, nunca imaginó que ella se volviera humana, y mucho menos que perdiera la consciencia a tal punto de olvidar a las personas.
—Regresaré lo más pronto posible —musitó antes de salir de la habitación.
Una vez que él desapareció, la mayor se lanzó sobre el cuerpo de la chica y la abrazó con fuerza, esta no hizo gesto alguno. Lloró amargamente por el estado en que se encontraba, tanto Noah como ella eran prácticamente sus hijos, y con sólo pensar que podría perderlos le rompía el corazón.
—Siempre has sido fuerte —susurró sin dejar de llorar—. Por favor, no te dejes vencer.
Terminó de curar sus heridas, sin dejar de derramar lágrimas de dolor, rogando y esperando que el vampiro llegara pronto.
—¿A dónde vas? —La voz del humano lo hizo detenerse, el chico se había puesto de pie.
—Ayuda a tu tía —le dijo mirando al suelo y con voz autoritaria.
—Tú no me das órdenes —contestó con burla y frunciendo su ceño—. Más te vale…
—Hayley está mal, muy mal —lo interrumpió clavando sus ojos color miel que demostraban una tristeza profunda—. Será mejor que ayudes a tu tía, dijo algo de llevarla a la habitación de atrás.
Su mirada se fijó en la puerta, en menos de un segundo ya la tenía abierta y su presencia desaparecía en la oscuridad de la noche.
Noah se quedó pasmado ante la mirada del vampiro, dejó el cuaderno sobre el bar y se apresuró en llegar a la habitación de la medio ángel. Allí, desde la puerta, observó como su tía limpiaba cada una de sus heridas, sin dejar de llorar por la suerte de quien reposaba en la cama en un estado realmente desfavorable, cualquiera diría que aquella chica, que hace unas horas acabó con un demonio, era completamente distinta a quien tenía al frente. Suspiró, estaba muy equivocado al compararla con la vez que murió su padre, ahora apenas respiraba y su tez pálida la hacía ver más muerta que viva.
—Tía —susurró en un hilo de voz, la mencionada se puso de pie y miró al chico con los ojos hinchados de tanto llorar—. Ella…
—Necesita sangre —lo interrumpió—. Bastian fue por ella, esperamos que con eso se recupere.
—¿Y si eso no sirve? —preguntó sin dejar de mirar a su tía, una gota rodó por su mejilla, no se había dado cuenta que las lágrimas comenzaban a salir.
—No sé qué pasará. —La mayor rompió en llanto dejándose caer de rodillas, el chico llegó y la abrazó con fuerza—. No sé nada —lloró en los brazos de su sobrino.
Se quedaron en silencio por varios minutos, ambos lloraban. Rachel no mencionó palabra alguna del porqué la chica se encontraba en ese estado.

* * * * *

El vampiro recorrió de ciudad en ciudad a gran velocidad, entrando en todos los hospitales o centros médicos que encontrara a su paso, pero nada le servía. En algunos lugares no tenían sangre de donaciones y en los que había, la negativa escaseaba.
El amanecer ya se anunciaba con los débiles rayos del sol y el tiempo corría en su contra. Estaba bastante alejado de la posada, pero no se daría por vencido, encontraría ese líquido y se lo llevaría a Hayley. Gran fue su dicha al encontrarse con un camión transportador de sangre, apresuró su paso y se puso por delante, obligando al conductor a detenerse.
—¡Necesito de la negativa! —gritó con furia caminando hacia la ventana del conductor.
—Eso a mí que me importa —contestó con burla.
El chico tomó la manilla y la jaló, quitando la puerta frente a un sorprendido chofer que no sabía donde ocultarse.
—Necesito de la negativa. —Volvió a repetir más calmado y mirando a quien tenía al frente de manera amenazadora.
—No sé si hay atrás —balbuceó asustado, sentándose en el asiento del copiloto.
En pocos segundos Bastian estuvo en la parte trasera del camión y, con un rápido movimiento quitó una de las puertas. Entró al frío congelador donde mantenían la sangre y comenzó a buscar entre las bolsas una o dos que le sirvieran, no tenía idea de cuánto necesitaría la chica para recuperarse y esperaba con todo su corazón que lo hiciera, jamás se perdonaría que le pasara algo y mucho menos al ser ocasionado por él.
Desde donde se encontraba escuchó cómo el chofer informaba que lo estaban asaltando, no le dio importancia, era bastante rápido como para dejarse alcanzar y mucho antes que alguien llegara a socorrer al conductor, él ya no estaría allí.
Continuó buscando entre bolsa y bolsa hasta que dio con una que le servía, sonrió de felicidad al notar que bajo ésa había otra. De un salto salió del congelador y se dirigió al humano asustado.
—Gracias —musitó guiñándole un ojo, segundos después, desapareció rumbo a la posada.
—De nada —contestó en un hilo de voz mirando en dirección a donde el chico había partido.
Algunas lágrimas salían de sus ojos y se perdían con el viento en su rápido correr. Ya pasaba de mediodía y el camino que le quedaba por recorrer aún era bastante. Rogaba y suplicaba que la chica estuviera con vida. Apresuró su paso, no le importó nada, lo único que quería era llegar junto a ella y saber que con eso se salvaría.
Al atardecer, abatido y acabado llegó a la posada, sonrió al ver a una figura familiar esperarlo en la puerta, cayó de rodillas y con esfuerzo se puso de pie. Su amigo fue a su encuentro y lo ayudó a levantarse.

* * * * *

Varios minutos habían pasado desde que dejó a la chica junto a Bastian, afortunadamente el vampiro llegó a tiempo, aún el olor embriagador de la sangre de Hayley estaba presente en su memoria, pero su instinto ya se había calmado.
Poco después divisó el lugar donde se encontraba el auto de la chica y, donde hace unos instantes, Janice golpeaba a la medio ángel. Olfateó el aire intentando buscar el aroma de la vampiro, pero ya había desaparecido por completo. Apretó sus puños y dio una patada al suelo con fuerza, deseaba saber qué pensaban de la pelea entre Bastian y sus primos.
Caminó hasta la puerta del piloto, fijó su vista en el seguro y lo levantó. Se sentó en el asiento y sacó los cables bajo el manubrio, rozó los que necesitaba y en poco segundos el motor encendió. Espero un poco y partió rumbo a la posada, olvidando quitar las ramas que aún cubrían el techo del automóvil que salieron volando una vez que agarró velocidad.
Comenzaba a amanecer cuando llegó a destino, estacionó el auto de la chica y bajó. Husmeó el lugar, pero no percibió el rastro del vampiro, aunque sí el de la medio ángel. Rápidamente se dirigió a donde provenía el olor de ella. Allí se encontró con una moribunda chica que apenas respiraba, su pálido color demostraba que había perdido mucha sangre.
—Bastian —susurró dando un golpe con su puño en la pared.
Suspiró al volver a fijar su vista en ella, por suerte para él las heridas ocasionadas por la vampiro habían sido curadas, y la sangre de la chica ya no le causaba nada.
—¿Qué hacen? —preguntó seriamente al sentir a Rachel salir de otra de las habitaciones, sin dejar de mirar a la medio ángel.
—Llevaremos a Hayley a la habitación de atrás —contestó deteniendo su paso con unos utensilios médicos en las manos.
—¿Por qué? —Clavó su mirada gris en los ojos hinchados de la mujer.
—No sé si hablaste con Bastian —respondió frunciendo su ceño—. Pero ella en estos momentos es completamente humana. —El vampiro abrió los ojos impresionado, ahora entendía el porqué Janice la había golpeado con tal facilidad—. Cuando vuelva a ser ángel… —Detuvo su hablar y bajó la mirada, las lágrimas volvieron a aparecer—, necesita estar alejada de todo, perderá el conocimiento por varios minutos y no podrá controlar sus poderes.
—Pero… —susurró algo desconcertado frente a toda la información recibida—. ¿Cómo está? ¿Dónde se metió Bastian? Porque es él quien la tiene en ese estado, ¿verdad? —Su voz sonó molesta, no entendía cómo el chico había sido capaz de tal cosa.
—Fue por sangre —musitó con algo de miedo al ver los ojos grises arder, el vampiro estaba enojado—. Esperamos que con eso Hayley se recupere, no sabemos qué hacer en este caso, nunca había pasado. —Volvió a bajar su mirada—. Sí, Bastian es el responsable, él me lo confesó. —Miró al interior de la habitación—. Ella está mal, apenas respira…
—Está todo listo —interrumpió Noah apareciendo por la puerta que daba hacia el bar.
Ambos fijaron sus miradas en el recién llegado, quien se quedó estático parado en el umbral de la puerta, observando a los dos mayores que tenían su ceño fruncido. Se cruzó de brazos y suspiró, esperando respuestas.
—¿En qué ayudo? —preguntó Ethan con voz muy suave.
—Debemos llevar a Hayley —contestó Rachel entrando a la habitación de la mencionada—. Si no tienes problemas… —Lo miró con desconfianza—. Creo que te sale más fácil cargarla.
—Si a los problemas te refieres al efecto de su sangre —respondió caminando hacia la cama—, no te preocupes, que sus heridas ya están cubiertas.
—Yo puedo cargarla sin problemas —reclamó Noah al llegar junto a ellos.
—Yo soy más rápido —sonrió de medio lado el vampiro al momento de quitar un poco de las cobijas que cubrían el malherido cuerpo de la chica—. Además no soy el interesado en ella. —La tomó en sus brazos, delicadamente, pero a la vista de los demás era como si hubiera tomado una pluma. El peso de la chica no influía en lo más mínimo en la fuerza sobrehumana que poseía—. Si me despejan el paso en unos segundos estaré en la habitación.
Tía y sobrino se hicieron a un lado y el vampiro salió a toda prisa en la dirección señalada, deteniéndose sólo para abrir las puertas. Afortunadamente, el humano había dejado la entrada al lugar de hierro despejado, así que se dejó caer hasta llegar frente a una cama que tenían lista para la chica. Allí la depositó con cuidado, pero ésta no hizo ningún gesto ni movimiento, ni siquiera en el trayecto agitado en los brazos del ser.
—Apenas llegue ese estúpido le daré el regaño de su vida —sonrió al ponerse de pie sin dejar de mirar a la medio ángel.
A los pocos minutos Rachel se hizo presente, Ethan se hizo a un lado y ella se instaló a armar unas agujas con unos delgados y flexibles tubos para hacer el traspaso de sangre cuando llegara Bastian.
—¿Dónde está el diario? —preguntó observando a la mayor moverse de un lado a otro, dejando todo listo para la llegada del vampiro.
—Aquí —respondió Noah entrando a la habitación—. Lo estuve medio leyendo, tiene cosas bastante interesantes.
—¿Algo de cómo detener a Belial? —indagó clavando su mirada en el humano que caminaba en dirección a una silla.
—Nada aún —suspiró al sentarse—. Pero creo que más adelante sale algo, apenas estoy leyendo el principio. ¿Quieres echarle un vistazo?
—Ahora no —contestó aguantando la curiosidad—. Continúa leyendo y luego nos comentas. —Se giró a mirar a la mujer que aún no paraba de moverse de un lado a otro—. ¿Hace cuánto se fue Bastian?
—No sé como a qué hora partió —respondió sin detenerse—. Pero ha pasado bastante tiempo desde que se fue.
—¿Qué pasó con el sacerdote? —Volvió a clavar su mirada en el chico.
—Está descansando en una de las habitaciones —musitó pasando de página en página el cuaderno.
—¿Quieren que lo traiga? —preguntó esperando un no como respuesta.
—No es necesario. —La voz de Rachel lo tranquilizó—. Nosotros tampoco podemos quedarnos, no quiero que nadie esté cerca cuando ella vuelva en sí.
—Entonces iré a esperar a Bastian —sonrió mientras caminaba a la salida—. Si es que no necesitas algo más. —Volteó a mirar a la mujer.
—Puedo sola con lo que queda —contestó sin mirarlo, para no detenerse en lo que hacía.
Salió de la habitación y caminó rumbo a la entrada de la posada. Allí se sentó a esperar al vampiro. Además, desde esa posición podía percibir las esencias de los humanos, incluida Hayley, y del sacerdote que se encontraba en algún lugar de la posada. En otras palabras, tenía todo bajo su supervisión, sólo le faltaba el chico que había ido por sangre. Frunció su ceño al recordar lo pasado entre él y la medio ángel.
Observó el cielo y supuso que el mediodía estaba próximo, por la altura del sol que se dejaba ver a ratos entre las nubes. Tranquilamente y con la mirada al frente continuó esperando. Hasta que el atardecer trajo consigo a un agotado vampiro que cayó de rodillas al verlo, se puso de pie instantáneamente y corrió a su encuentro, ayudándolo a levantarse.
—Encontré de la que necesita —suspiró pasando su brazo por el cuello de su tutor—. Dime que aún respira. —Bajó la mirada, sabía que le esperaba un gran regaño.
—Antes de salir de la habitación —musitó caminando con el chico casi a rastras—, aún lo hacía.
—Será mejor que me apure —susurró juntando sus fuerzas para llegar al lugar en que había dejado a la chica.
—No están allá. —El mayor lo ayudó a incorporarse—. Se fueron a la habitación bajo tierra. Y sí, tienes razón, es mejor que te apures. —Agarró al chico y lo colgó en su espalda, en pocos segundos ya se encontraban dentro del lugar cubierto de hierro.
Noah continuaba leyendo el diario cuando entraron, mientras que Rachel había parado su caminar de un lado a otro para sentarse junto a la chica. Una vez que Ethan dejó a Bastian en una silla, la mujer se acercó y le pidió las bolsas con sangre. El chico se las entregó y ella se apuró en ir a ponerlas para que el líquido rojo que tanto necesitaba comenzara a pasar al cuerpo de la medio ángel que con cada minuto que pasaba su condición empeoraba.
—Espero que con esto te recuperes —dijo la mayor al momento en que el líquido empezaba a entrar a las venas de la chica.
El menor de los vampiros observaba con atención todo lo que la mujer hacía, desde donde se encontraba sentado. Su tutor se paró junto a él, le dio un golpe en el hombro y suspiró, intentando que el chico se calmara y dejara de culparse.
—Ahora —rompió el silencio Ethan fijando su vista en el humano con el cuaderno—, coméntanos lo que leíste.
—No mucho, a decir verdad —contestó cerrando el diario—. Hasta ahora algo de la jerarquía angelical y lo que le pasa a Hayley estos días.
—¿Sale cómo ayudarla en estos casos? —Se apresuró en preguntar Bastian al escuchar aquello.
—Si saliera —sonrió con burla—, ella ya estaría bien. —Frunció su ceño para mirar al vampiro, éste quitó su vista del humano y la volvió a posar sobre la chica.
—Una sola pelea más entre los dos y les juro que los mando de la mano al Infierno. —La amenaza del mayor de los vampiros resonó en el lugar, los dos chicos bajaron la mirada y la mujer lo observó con asombro—. Ahora, ¿nos explicas lo que leíste?
—Con gusto —respondió con algo de miedo en la voz, Noah abrió el diario y comenzó a relatar todo lo que sabía.
Varias horas el humano estuvo contando con lujo de detalles lo que había alcanzado a leer, todos escuchaban con atención sus palabras, a pesar que no tuviera relación con la profecía. La chica inconsciente lentamente comenzó a tomar color, Rachel a su lado se alivió y suspiró tranquila, al igual que el vampiro menor, que a pesar de estar atento a las palabras del humano, no perdía de vista a la medio ángel.
«…Belial era el nombre del recién llegado y, junto a sus ocho legiones, se unió a la guerra para volver a los Cielos. Pero no sólo fue a dar su apoyo, sino que también era portador de las buenas nuevas: el ángel encargado de vigilar la puerta del Infierno había sido derrotado.
Emocionados marcharon rumbo a la salida de aquel lugar, a la cabeza ambos demonios con sus rojos ojos relucientes, uno montado sobre la gran bestia alada y el otro caminando a paso veloz. Una vez fueron compañeros en los Cielos y ahora también lo eran en el Averno. Dos de los Arcángeles pertenecientes al Coro Angelical, ambos bastante fuertes.
Sabían muy bien que no les saldría fácil entrar a donde querían, pero estaban dispuestos a cualquier cosa con tal de lograr su cometido. Así continuaron avanzando, con una gran sonrisa en sus labios, una que fue borrada cuando cruzaron la puerta y vieron a sus enemigos. Detuvieron su paso de pronto y observaron con atención, esperando el momento preciso para atacar.
Millares de ángeles era lo que tenían al frente, todos con sus ojos dorados y miradas serias, dispuestos a morir con tal de cuidar su lugar de origen. Cien arcángeles comandaban el ataque proveniente de los Cielos. Diez volaban sobre los otros, ellos eran parte del Coro y sus rojos ojos brillaban observando todo desde las alturas.
Dejaron que todos los demonios salieran por la puerta y se formaran delante sus ojos, esperando que sus hermanos caídos dieran el primer paso, y así fue; el que montaba la bestia alada ordenó a una de sus legiones el primer ataque. Cientos de demonios se lanzaron furiosos contra los ángeles y arcángeles que los esperaban sin hacer el menor movimiento, quietos y tranquilos se quedaron hasta que tuvieron a los seres de negros ojos frente a ellos, estos incrédulos se detuvieron y observaron a sus enemigos con los ojos cerrados. Se carcajearon por un rato, burlándose de aquellos que, según ellos, ansiaban morir y no prestarían resistencia. Grande fue su error, una trompeta sonó desde las alturas, era la señal que esperaban. De cada una de sus muñecas aparecieron sus armas, dos finos y largos pedazos de hierro, con una forma de aguja. Eran parte de ellos, al igual que sus alas y cuando eran necesarias las sacaban —no sé el porqué ni cómo fueron puestas estás armas en ellos, sólo sé que Hayley también las posee, tienen aproximadamente un metro de largo y es con lo único que pueden matar a un ser de su raza, ya sea cualquiera de los pertenecientes a la jerarquía—. Abrieron sus dorados ojos y los demonios retrocedieron unos pasos, temerosos. Rápidamente los ángeles se abalanzaron sobre ellos, agarrándolos y enterrándoles las armas en el cuello, en el estómago o en el corazón, acabando con los que una vez fueron sus compañeros en las alturas. Todos los de negros ojos cayeron, ninguno de los que tenían mirada dorada fue vencido, continuaron de pie, esperando el siguiente ataque.
Aquellas finas y largas agujas de hierro forjadas de tal manera que parecen plateadas, son otras de las cosas que pierden al caer y a la vez, ese material se transforma en una debilidad para los demonios, ya que al perder lo que era parte de ellos, su cuerpo reacciona con un rechazo cuando siente que lo perdido se aproxima.
Belial, enfurecido, dio órdenes que tres legiones fueran contra los ángeles, estos esperaban con total tranquilidad que las tropas enemigas llegaran. Más fieros que los anteriores, se lanzaron sin miedo contra sus rivales, varios cayeron instantáneamente, mientras que otros lucharon unos minutos, intentando golpear a algún ángel, pero todo era en vano, nada les hacía daño.
       Una segunda orden fue dada, los de ojos grises verduzcos se hicieron presentes en el campo de batalla cuando quedaban pocos demonios de clase baja, ellos aparecieron demostrando su gran poder. Uno de ellos tomó a un ángel y le quitó sus armas, el de dorados ojos continuó peleando, pero el demonio con un rápido movimiento le enterró una de aquellas agujas en el corazón, provocándole la muerte. Todo se detuvo por unos momentos, el demonio soltó los pedazos de hierro y dio un grito eufórico mientras tomaba el cuerpo sin vida de su rival y lo lanzaba contra los de su especie. Estos sorprendidos bajaron la guardia, fue el momento que los de  ojos negros y grises verduzcos aprovecharon para atacar, aguantando todo el dolor que sentían al tocar el hierro, arrancaron las armas de varios ángeles y lentamente comenzaron a caer frente a las miradas indiferentes de quienes se mantenían suspendidos en el aire.
De ambos lados disminuían los números, pero los demonios seguían cayendo más rápido. Entonces el de rojos ojos que se mantenía calmado sobre su bestia, ordenó que todos las legiones marcharan de una vez y acabaran con todos sus enemigos, y así lo hicieron, corrieron gritando en el nombre de su amo hasta chocar con sus rivales, imitando a los que antes había peleado.
 Los ojos negros, azules oscuros y grises verduzcos brillaban en el campo de batalla, al ver disminuir con facilidad el número de sus enemigos, pero aún ningún arcángel había llegado a pelear. Otra trompeta resonó en las alturas, diferente a la anterior, con más fuerza y poder. Una fuerte ráfaga recorrió el campo de batalla y los cien de grises ojos se hicieron presentes, adelantándose a los ángeles y situándose frente a los demonios. No necesitaron otra señal, simplemente atacaron, acabando con todo a su paso. Los de dorados ojos dieron unos pasos hacia atrás, bien sabían que cuando los arcángeles entraban, ellos debían retroceder.
Lentamente el suelo comenzó a adornarse de un negro y viscoso líquido, era los restos de los demonios que al morir y no tener un cuerpo físico, se reducen a eso. Al igual que el de los ángeles muertos, pero estos eran blancos.
El dueño de la bestia al ver que su sueño se convertía en aquel líquido, voló con su criatura y derribó a varios arcángeles, pero estos no mueren, aunque sí reciben heridas que los dejan fuera de batalla. Sonrió y se lanzó nuevamente contra ellos y unos pocos ángeles que se encontraban en las cercanías, pero esta vez no logró agarrar ninguno. Uno de los que se mantenían suspendidos en el aire bajó a toda velocidad y con su lanza dorada lo envió lejos junto a su bestia. El otro demonio de rojos ojos, al ver todo lo que pasaba, enfurecido corrió al campo de batalla y peleó contra los arcángeles, logrando vencer a varios.
De un momento a otro los de grises ojos y los demonios quedaron igualados en número, se detuvieron y se miraron por unos minutos, mientras la batalla principal se llevaba a cabo a unos metros de ellos, donde un ser montando en una bestia, peleaba con un arcángel perteneciente al Coro. Ambos con sus rojos ojos centelleantes y sus lanzas deseosas por esparcir la sangre de su contrincante.
Flotaban en el aire con tal rapidez que a veces sólo se veían las luces provocadas por el choque de los metales en que estaban forjadas sus armas. De pronto la bestia cayó, golpeando con fuerza el suelo, el demonio salió disparado unos metros lejos. Seguido de eso, el arcángel descendió con suavidad hasta posar con delicadeza sus pies sobre la tierra.
Caminó con paso decidido hasta llegar al que una vez fue su hermano y lo tomó del cabello. Lo arrastró hasta dejarlo sobre su bestia, montándola como siempre lo hacía desde que consiguió domarla, y con su poder mental los levantó, posicionándolos de tal manera que parecía que el animal seguía con vida, fiero y amenazante con su jinete en la espalda. Unas palabras pronunció el de alas blancas y toda la figura que tenía en frente se volvió de piedra. Se giró para clavar sus amenazantes ojos en el otro demonio de rojos ojos, éste no se dejó intimidar y caminó hacia su oponente decidido a acabar con él.
Pero el arcángel tenía otros planes, y con un parpadeó envió a todos los demonios que quedaban —con excepción de Belial—, dentro del Infierno. Mientras que a los ángeles y arcángeles los mandó de vuelta a los Cielos, miró a sus semejantes en las alturas y estos desaparecieron segundos después. El demonio sorprendido se limitó a sonreír.
—He aquí el límite que ustedes nunca cruzarán —habló con voz clara y profunda a la vez que señalaba la enorme estatua de piedra, recién creada, con su lanza.
—Ustedes no pueden delimitar nada —sonrió con burla—. No son Él para hacerlo.
—Tienes razón —contestó sin mostrar en su mirada algo más que seriedad—. No puedo ponerles un límite, pero sí tengo el derecho de crear una barrera. —Los ojos del demonio demostraron miedo—. Escucha bien esto, porque te he elegido para que seas quien lo mencione a tus hermanos. Bajo la palabra de mi Padre, hoy decreto que ustedes no podrán volver a pisar los Cielos, a no ser que nazca un ser engendrado por dos creaturas de las Tinieblas y que sea completamente humano. —Belial abrió sus ojos a más no poder—. Quien será el encargado de cuidar y proteger que la puerta no sea cruzada por ustedes. Y, a la vez, nazca un ser mitad ángel y mitad humano quien ayudará a los de tu raza.
—¡Eso es imposible! —gritó con furia mirando al arcángel que no demostró nada en su rostro—. ¡Un ángel jamás podrá engendrar, ellos no tienen sexo, y qué decir de las creaturas de las Tinieblas, al igual que los otros tampoco pueden tener descendencia! ¡No puedes hacer esto!
—Lo pronuncié bajo palabra de mi Padre, una vez hecho, no se puede disolver. —El demonio soltó un grito que hizo temblar el suelo.
—¡Te maldigo a ti, y a todos los de tu especie! —Se dejó caer de rodillas mirando al arcángel—. ¡Y también lo maldigo a Él! —Fue lo último que alcanzó a decir, antes que una inmensa luz cubriera todo.
Inconsciente fue dejado en el Infierno, cuando despertó relató lo que el arcángel había hecho, llamándola como “La Profecía del Ángel y el Príncipe de las Tinieblas”, un nombre bastante largo que terminó siendo reducido a algo tan simple como “La Profecía”. Cuentan que juró hacer todo lo posible por encontrar la manera de lograr que aquellos dos seres nacieran, sin importarle cuales fueran las consecuencias, y lo hizo.
Pero un pequeño detalle se le olvidó, uno mencionado por uno de los ángeles cuando me contaban todo esto. Ambas creaturas —medio ángel y el ser de las Tinieblas—, poseen el libre albedrío, si ellos no quisieran formar parte de aquella batalla, él no puede hacer nada para obligarlos. Al igual que son libres para elegir si pelear entre ellos o luchar juntos para acabar con quien hizo todo lo posible porque nacieran. Aunque esté dicho que mitad ángel y vampiro sean enemigos a muerte.».

* * * * *

Un humano se paseaba con total tranquilidad por las cercanías de donde regía Charrsk, sacó de sus muñecas dos largas, finas y filosas agujas hechas de hierro y se las enterró al ángel que cuidaba una enorme puerta, el ser alado cayó sin vida inmediatamente.
Abrió la puerta y sonrió.
—El valiente caballero llegó. —Dejó ver sus rojos ojos relucientes en la oscuridad del lugar.
—Y el ángel que fue castigado y condenado por traición, te esperó por todos estos años. —Los dorados ojos del ser centellearon junto al demonio.
—Te conseguí otro cuerpo —susurró quitando con su mente las gruesas cadenas que afirmaban manos y pies de la creatura—. Pero de chica.
—Tantos años como mujer —sonrió al verse libre—. No podría acostumbrarme a uno de hombre.
—A parte de eso —dijo tomando al débil ser en sus brazos—. No me acostumbraría a besar a un hombre.
Con la velocidad de un parpadeo, desaparecieron del lugar, dejando en su paso a un ángel muerto y un alma que quedó sin cuerpo, ya que un mensajero de Dios traicionero decidió ocuparlo como envase.
En la gran puerta al Infierno esperaban cuatro demonios de negros ojos. Acababan de llegar del encargo al que habían sido mandados, y junto a ellos reposaba un cuerpo sin vida de una chica de buen ver. El demonio de rojos ojos les ordenó aquello y sin oponerse las dictaciones de su amo, se apresuraron en traer lo pedido.
Algunas horas después lo vieron aparecer en frente, con un bulto que resplandecía en su espalda, traía a un ángel.
—No está nada mal ese cuerpo —sonrió mirando lo que se encontraba en el suelo, dejando al ser que traía de pie apoyado en él—. ¿Qué te parece?
—Me agrada —respondió entrando en el envase, minutos después el cuerpo sin vida se levantó y se tambaleó un poco—. Creo que perdí la costumbre —sonrió dejándose caer sobre los brazos del demonio.
—No te preocupes, tengo que volver a la Tierra por un asunto pendiente con una vampiro —sonrió de medio lado sosteniendo a la chica—. Tendrás algunos días para acostumbrarte nuevamente a un cuerpo de humano.
—No te tardes mucho, tenemos cosas pendientes —suspiró soltándolo y parándose sola, mordió su labio inferior y lo observó con lujuria en sus dorados ojos.
—Volveré pronto —susurró con una sonrisa—. Ustedes cuídenla —ordenó a los demonios que asintieron haciendo una reverencia—. Práctica con tu nuevo cuerpo, que pronto pelearemos —musitó antes de desaparecer.
—Como digas, Belial —contestó, a pesar que el mencionado ya no se encontraba cerca.

* * * * *

Con una sonrisa, casi de oreja a oreja, avanzaba a gran velocidad una chica de negra cabellera. No podía ocultar su felicidad, Ethan le había revelado información importante, además de haberse vengando de la humana que se había atrevido a tocar a Bastian. Cuando el demonio supiera lo que hizo, la felicitaría de tal manera, que la sentaría inmediatamente a su lado —si fuera posible—, en los Cielos.
El amanecer comenzaba a aparecer, varias horas habían pasado desde la pelea y la vampiro llegaba frente a una puerta. Dentro estaban sentados dos demonios sin nada que hacer, discutiendo por la suerte del menor de sus hermanos y esperando el momento para la venganza.
—¿Aún por aquí? —Sonrió al girar la manilla y entrar—. ¿Les dijo Belial dónde nos juntaríamos?
—No lo mencionó —respondió el mayor posando sus azules ojos en la recién llegada—. Supongo que tú no tienes idea del lugar.
—No lo sé —suspiró frunciendo su ceño—. Esperaba que ustedes me dijeran algo.
—¿Qué pasó con la chica? —preguntó con una media sonrisa.
—Eso sólo se lo contestaré a Belial —musitó dejándose caer sobre un sillón viejo y desgastado, cerró los ojos y esperó.
Los demonios la observaron sin darle importancia, poco les interesaba la vida de aquella vampiro. Lo único que querían era que los llevara con Bastian, pero ni eso pudo hacer. Luego de unos minutos imitaron lo que la chica hacía y esperaron. Bien sabían que no podían rastrear a Bastian, aunque tenían muy claro que el chico no se quedaría tranquilo sabiendo que ellos volvieron a la Tierra, él no descansaría hasta mandarlos de vuelta, y si ellos no pueden encontrarlo, el vampiro sí, ¿para qué buscar algo que llegará en cualquier momento?
Así continuaron, sin hacer nada, en completo silencio hasta que la tarde comenzó a caer y la puerta se abrió de par en par con un fuerte golpe.
—Espero que el vampiro ya forme parte del grupo —susurró frunciendo el ceño y mirando a los demonios—. Como también pretendo escuchar toda la vida de la chica, desde su nacimiento hasta el día de hoy. —Clavó sus ojos en la vampiro.
—Bastian no desea participar en la guerra —respondió Seth poniéndose de pie—. Pero no te preocupes, que hará lo que quieras, eso te lo aseguro.
—Me hubiera encantado saber que ya estaba de mi lado —musitó sin perder de vista a la vampiro, con su mente escudriñaba hasta el último rincón de sus pensamientos—. Ahora iremos a darle una visita, así que prepárense.
—Como ordenes —contestó el de ojos azules haciéndole una seña a su hermana para que salieran de la cabaña, ésta lo siguió inmediatamente.
—¿Qué cuentas, Janice? —Sonrió con malicia acercándose a la chica que se ponía de pie.
—Tengo una noticia que te encantará —dijo sonriendo de felicidad—. Encontré a la chica y le di su merecido, supe de buena fuente que…
No alcanzó a terminar de hablar cuando un fuerte golpe en la cara la mandó contra la pared, rompiéndole el labio superior.
—¡Te dije que no la golpearas! —gritó con furia el demonio—. ¿Buena fuente? —preguntó caminando hacia la asustada vampiro—. ¿Olvidas que puedo leer tu estúpida mente?
—Yo… —susurró en un hilo de voz.
—¡Silencio! —La interrumpió—. No he pedido tu opinión. —Sus rojos ojos se hicieron presentes, a la vez que la chica se levantaba arrastrando su espalda contra la pared—. La chica a la que golpeaste se llama Hayley Marshall, ¿verdad?
—Sí —contestó temerosa por lo que pudiera pasar.
—Ella es el ángel que se unirá a mí, la que se convertirá en nuestra líder. —Su enojada voz comenzaba a elevarse de a poco, mientras el cuello de la vampiro se apretaba—. Caíste en una trampa de tu adorado Ethan. —La alzó y arrojó contra otra de las paredes de la cabaña, rompiendo todo a su paso, la chica fue a dar fuera de la vivienda—. Pero lo que me molesta es que desobedeciste. Te di instrucciones de no golpearla. —Salió de la cabaña por entre los escombros y elevó a la chica del cuello con su mano—, y no, tú fuiste con toda la intención de acabar con ella por quitarte a Bastian, ¡a quién tampoco controlas! —El demonio soltó toda su furia arrojando a la vampiro contra el suelo, ésta dio un grito de dolor que estremeció a los demonios que se encontraban cerca—. ¿No podías simplemente traerla a mí? —Se arrodilló frente al ser que tenía la cabeza rota y magulladuras en todo el cuerpo—. Te di cinco días, que terminaron siendo seis, se te acabó el plazo. —La tomó de su negra cabellera y la observó con una sonrisa, la chica lo miró horrorizada, ése sería su fin. Pero algo lo detuvo antes de quebrarle el cuello—. ¿La dejaste malherida?
—Apenas respiraba —contestó con dificultad y temerosa.
El demonio la soltó y se puso de pie, le dio la espalda y caminó hacia los de su misma especie.
—Donde esté la ángel, estará Bastian —les dijo con una sonrisa—. Y ella nos guiará. —Miró a la moribunda Janice—. Y algo me dice que todo saldrá más fácil de lo que esperaba —sonrió con malicia volviendo a tomar a la vampiro con su poder mental y dejarla frente a él—. Espero que me disculpes —musitó con sarcasmo—, pero ya sabes que me molesta la desobediencia, y más cuando son cosas tan importantes como éstas. Aunque, si no fuera por ti —acarició el lastimado rostro de la morena—, no me habría dado cuenta de la debilidad oculta de Hayley. Ahora necesito que encuentres su rastro y nos guíes donde ella.
 —Dame unos minutos y sabrás el lugar exacto donde está —respondió tratando de sonreír, pero los cortes en su cara y labios no le permitieron hacerlo.
Husmeó el aire con dificultad, su nariz sangraba y los olores se mezclaban. Los demonios, a su lado, la miraban impacientes. El de rojos ojos quería encontrar a la medio ángel lo más pronto posible, y los otros dos lo único que deseaban era venganza contra el vampiro.
Pasó su mano con suavidad por su nariz y quitó algo de la sangre, volvió a olfatear. Esta vez encontró lo que buscaba, sonrió con dificultad y clavó su vista en el de rojos ojos, este no necesitó que hablara, su mente ya había leído y la dirección que necesitaba se encontraba en su cabeza. Tomó a la vampiro y la dejó sobre su espalda.
—Síganme —ordenó a los otros dos, antes de dar un salto y avanzar a toda velocidad, la noche comenzaba a caer.
Los que en su anterior vida habían sido hábiles bebedores de sangre, volvieron sus negros ojos y siguieron a Belial, ya sabían lo que pasaba cuando lo desobedecían y no estaban dispuestos a enfrentarse a un enojado demonio de ojos rojos.

* * * * *

Cerró el cuaderno al momento que dejó de leer, su garganta estaba algo seca, había leído sin parar en voz alta un gran número de palabras y apenas asimilaba la información entregada. Suspiró y miró a los demás, el vampiro de grises ojos lo miraba con atención, parecía que su mente viajaba lejos de allí. Su tía, tomada de la mano de Hayley, observaba un punto en el suelo, sin prestar atención a algo más. El otro se había puesto de pie y caminaba de un lado a otro en la habitación.
—No dejaré que toques un cabello de Hayley. —Se atrevió a decir frunciendo el ceño y mirando al chico que no dejaba de moverse.
—No tengo pensado hacerlo —musitó clavando su fría mirada en el humano—. Y ella tampoco desea formar parte de esa estúpida profecía.
—Explícame algo. —La voz de Ethan sonó con poder y sus ojos reflejaron el cuerpo de la humana—. ¿El padre de Hayley hablaba con ángeles?
—Según lo que leyó Noah —contestó devolviéndole la mirada al vampiro—, sí lo hacía.
—¿No sabes nada de eso? —preguntó algo molesto.
—No, claro que no —respondió elevando un poco su voz, estaba tan atónita como ellos y aun así el vampiro se atrevía a tratarla como una mentirosa—. Apenas sabía que Hayley es mitad ángel. Evans siempre fue bastante cerrado con sus cosas, y todo lo que averiguaba lo anotaba en el cuaderno, uno que ni siquiera mi esposo pudo mirar.
El de ojos miel golpeó con tal fuerza una de las paredes que por poco y la triza. Todas las miradas se clavaron en él, alivianando un poco la tensión del momento.
—Mataré a ese demonio. —Soltó con rabia e ira mientras sus ojos se volvían negros—. Lo haré, aunque eso signifique que ella me odie por no cumplir con su venganza.
—No podrás solo. —El mayor frunció el ceño y suspiró al mirarlo—. Creo que es mejor esperar que la chica vuelva a ser un ángel, buscar al demonio y acabarlo entre todos. Bien dice en el diario que ustedes no necesariamente deben ser enemigos.
—¿Por qué no vamos y le preguntamos más datos a Richard? —interrumpió Noah mirando a ambos vampiros—. Por lo que vi, cuando lo fuimos a buscar, él sabe algo.
—Es una buena idea —añadió Rachel soltando la mano de Hayley y quitando la aguja que le transportaba el líquido rojo—. Ya recuperó bastante sangre, ahora es mejor que descanse. En pocas horas volverá a su estado normal y nosotros no debemos estar cerca.
—Vayan ustedes —se apresuró en decir Bastian, apretando sus puños y volviendo sus ojos a la normalidad—. Yo me quedaré aquí, a esperar que despierte.
—¡Estás loco! —exclamó la mujer dejando caer los utensilios médicos—. ¿Acaso no escuchaste cuando dije lo que le sucede cuando su parte de ángel vuelve?
—Sí, escuché y muy bien —susurró mirando a quien le hablaba—. Aun así no me alejaré de su lado.
—No sabes cómo reaccionará. —Ethan se acercó y tomó de su brazo, jalándolo con fuerza hacia atrás ya que el chico se dirigía a la medio ángel—. ¿Quieres morir?
—Ni siquiera eso me tienen permitido hacer —dijo con burla soltándose del agarre—. ¿Qué no se dan cuenta? Nosotros no somos más que unas marionetas en un plan creado por dos miserables seres, un demonio y un arcángel. —Frunció su ceño y sus ojos reflejaron odio—. Respondiendo a la pregunta que hiciste hace rato, sí, el cazador mantenía tratos con ángeles, él fue quien me dijo que los tales ellos no dejarían que yo muriera, aquel día cuando fui convertido.
—Pero en tus manos está la oportunidad de elegir. —Ethan lo miró con reproche.
—¡¿Elegir qué?! —gritó mirando a quien tenía al frente directo a los ojos grises—. ¿Elegir como va a ser mi pelea con ella o cómo quiero que acabe conmigo? El demonio hizo todo, todo lo posible porque nosotros naciéramos y aquí estamos. Ni siquiera sé si aquel día, cuando éramos niños, nos encontramos de casualidad o esos seres prepararon todo para que nos conociéramos —musitó con algo de melancolía—. Hazte a un lado.
—No permitiré que te quedes aquí —contestó sin dejar de mirarlo a los ojos, unos fieros y amenazantes, que él conocía a la perfección—. No mientras sepa que te puede hacer daño.
—Hazte a un lado —susurró bajando la mirada y apretando sus puños, el mayor no hizo movimiento alguno—. ¡Hazte a un lado! —gritó dándole un empujón a quien tenía al frente, alejándolo de él.
Noah se puso de pie lo más rápido que pudo, Rachel se acercó para intentar calmarlos, lo que menos podían hacer en ese instante era pelear, pero el vampiro menor estaba fuera de sí.
—Tendrás que darme un golpe más duro que ése —sonrió Ethan volviendo sus ojos negros y poniéndose frente a Bastian.
El menor volvió a empujarlo, pero esta vez el de gris mirada lo detuvo, enviándolo contra la pared, provocando que el chico se golpeara en la espalda. Cayó sentándose en el suelo, con la mirada baja, perdida en un punto invisible, el mayor mostró nuevamente sus ojos normales y miró a los humanos.
—¿Me pueden dejar con él a solas un momento, por favor? —Rachel le regaló una mirada de desapruebo—. No le pasará nada a la chica, te lo prometo  —intentó tranquilizarla.
Tía y sobrino salieron del recinto y esperaron afuera, junto a los libros.
—No quiero pelear con ella —susurró Bastian desde el suelo—. No quiero.
—No tienes por qué hacerlo. —La voz dura del mayor sonó con fuerza—. Estás dejando que te domine la ira, es mejor que te calmes y pienses bien las cosas.
—Me matará con facilidad —musitó en un hilo de voz, levantó la mirada y la fijó en su tutor, mostrándole unos ojos vidriosos que aguantaban derramar algunas lágrimas.
—No digas estupideces —le respondió a modo de regaño—. No eres débil, bebiste mucha sangre de demonio, eso te hace más poderoso que un vampiro común.
—No lo digo por eso —dijo con suave voz—. No opondré resistencia a su ataque.
—Si no lo haces, lo haré yo. —Levantó al chico del cuello de la chaqueta—. No dejaré que los Cielos, o lo que sea a donde se van las supuestas buenas almas, se llene de demonios.
—¿Para qué pelear por un lugar dónde sabes que no irás? —preguntó al momento que una lágrima rodaba por su mejilla derecha.
—Porque allá están personas que fueron importantes para mí —contestó con algo de enojo—. Hace sólo unos minutos dijiste que matarías al demonio, ¿cómo pretendes hacerlo? ¿Muerto? Ustedes dos son los únicos que pueden detener sus planes. ¡¿Acaso no quieres detenerlo, o prefieres seguir siendo su estúpida marioneta?! —gritó soltando al chico—. Estoy seguro que ella me apoyará, sólo le importa acabar con el demonio, los planes de liderar aquella guerra no están en su mente.
—No quiero perderla —musitó dejando salir todas las gotas saladas de sus ojos—. No quiero.
—No lo harás. —Ethan calmó su ser para tranquilizar al chico—. Pero, para eso, debes pelear contra el demonio y acabar de una vez con sus trucos para volver a los Cielos, es el único camino que tienes para ser libre, tanto tú como ella.
Bastian limpió su cara, secando cada una de las lágrimas derramadas, y fijó su vista en la gris de su amigo, éste dejó ver una mirada con algo de compasión por quien tenía al frente.
—Sólo quiero estar unos momentos con ella —susurró a modo de súplica—. Saldré antes que su parte de ángel vuelva.
—Está bien —contestó con resignación, para que él llorara, la chica debía importarle mucho. Sabía muy bien la historia del chico, y nunca lo había visto derramar una lágrima como las de ese momento. Realmente le dolía lo que pasaba.
Dio la media vuelta y caminó a la salida de la habitación, en dirección a donde los otros humanos esperaban. Abrió la compuerta y salió, Rachel se levantó de la silla, en la cual estaba sentada, en el acto. Noah continuó parado con los brazos cruzados cerca de su tía.
—¿Dejaste que se quedara? —preguntó algo alterada la mujer.
—Saldrá antes que la chica se convierta —contestó con el ceño fruncido, aquello no le gustaba, al igual que a la dueña de casa.
—¿Cómo sabrá el momento en que debe salir? —Su voz sonó a preocupación.
—En peores se ha visto —sonrió de medio lado recordando algunas de las cosas realizadas por el chico—. No te preocupes, a ninguno le pasará algo. ¿Vamos a hablar con el sacerdote?
—Ha de estar durmiendo —comentó el chico que se había mantenido tranquilo y en silencio.
—Me apunto para despertarlo. —Miró al chico reflejando algo de maldad en sus ojos.
—Vamos a ver que le sacamos. —Rachel comenzó a caminar a la salida—. Si sabe algo, con un poco que preguntemos dirá muchas cosas.
Los tres caminaron hacia la posada, dejando a la medio ángel y al vampiro solos en aquel lugar.
En el interior de la habitación de hierro, el chico se había acercado a donde reposaba el ser destinado a ser su enemigo. La observaba con preocupación mientras pasaba con suavidad sus dedos por el brazo descubierto de ella, donde hace unos momentos tenía la aguja que le permitía obtener sangre. Se arrodilló frente a la cama, a la altura de la cabeza de la chica y besó su frente. Por suerte ya había recuperado gran parte de su color y se encontraba a salvo. Tomó su mano entre las suyas y sonrió porque en ese momento fuera una humana por completo, así su sangre de ángel no lo quemaría.
—Perdóname —musitó pasando con delicadeza sus dedos por el rostro de la chica—. No pude detenerme. —Se levantó y acostó junto a ella, rodeándola con sus brazos, de manera que quedara apoyada en su pecho—. No me interesa lo que digan de estar lejos de ti cuando vuelvas a ser tú, no me iré a ningún lado, aquí me quedaré hasta que despiertes y pueda volver a verte. —La abrazó con fuerza, inhalando todo el aroma que despedía su cuerpo y cerró los ojos.
Así se quedaron, Hayley aún no reaccionaba, pero ya no había rastro de lo que era el día anterior, la vida volvió a ella. Bastian sólo aprovechaba de tenerla junto a él todo el tiempo posible, tenía un presentimiento y no le gustaba nada.
Comenzaron a pasar los minutos y horas, el tiempo se había perdido para ellos, pero los que se encontraban afuera, sabían que ya pasaba del medio día y que en cualquier momento la chica volvería.
—Con que aquí te escondes, Hayley —sonrió de medio lado un chico de azules ojos al momento de dejarse caer con una mujer colgando de su cuello, la soltó bruscamente, ésta cayó al suelo—. Hay unos humanos en el interior de la casa —dijo mirando a su alrededor—. La chica a quien busco está en la bodega, junto a un vampiro. —Miró a la que se encontraba en el piso—, pero no te preocupes, otro está dentro de la posada.
—¿Cuáles son tus órdenes? —preguntó un demonio que llegaba a su lado.
—Encárguense de humanos y los vampiros. —Los miró seriamente—. Yo iré por la chica, ya que el lugar está completamente rodeado de hierro, para ustedes es imposible pisarlo.
—¿Yo qué hago? —consultó la que aún se encontraba en el suelo.
—¿Tú? —Se giró para mirarla con burla—. Tú dedícate a observar cómo acabamos con tu querido Ethan, y a la vez, puedes mirar y aprender como debiste controlar a Bastian. Ya no me sirves de nada. —Le dio la espalda y caminó en dirección a la bodega.
—Si prefieres —susurró cerca de su oído la única demonio del grupo—, puedo quebrar tu cuello para que no veas nada de eso —sonrió burlescamente.
Una fuerte ráfaga de viento pasó cerca de ellas, impulsando con fuerza a la demonio que salió disparada varios metros en el aire hasta caer sobre uno de los autos olvidados de Rachel.

* * * * *

Se encontraban sacándole información a Richard, y tal como lo mencionó la dueña del local, sólo bastaba con unas pocas amenazas de su parte para que comenzara a hablar. Lamentablemente por ellos, lo que les reveló era lo mismo descrito en el diario.
El vampiro, apoyado en el umbral de la puerta con los brazos cruzados, frunció su ceño y clavó su mirada a la salida, algo poderoso se acercaba, junto a dos demonios y uno de su misma especie. Se puso alerta y dio un paso al frente, en dirección a la puerta, se giró para mirar a los humanos.
—Un demonio poderoso se acerca —susurró mirando a la mujer, ésta abrió los ojos asombrada—. Quédense aquí y cuiden al sacerdote, saldré y veré qué quieren.
Los humanos obedecieron y el vampiro salió velozmente del lugar, justo en el momento que la demonio le susurraba una posible muerte a Janice. No permitiría eso, si había alguien que debía acabar con ella, era Bastian, o en otro caso Hayley. Avanzó con gran velocidad, tomando a la demonio por sorpresa de un brazo y lanzándola sobre uno de los autos estacionados unos metros del lugar.
—Creo que tu muerte está en otras manos —sonrió cambiando sus grises ojos a unos negros, mientras miraba a la chica en el suelo—. Voy a divertirme un rato.
—Gracias —logró articular en un hilo de voz, mirando la espalda de quien había sido su salvador.
Se puso de pie rápidamente, no sin antes dejar a la medio ángel acostada tranquilamente. Su mal presentimiento se hacía realidad, Belial estaba afuera acompañado de dos demonios y un vampiro. Frunció su ceño y apretó sus puños, habían interrumpido su comodidad.
Avanzó a grandes pasos por la escalera, cerró bien la compuerta, no dejaría que nadie se acercara, y corrió por la habitación de los libros. Giró la manilla y se encontró de frente con el de rojos ojos, que sonreía de medio lado.
—Bastian —suspiró burlonamente—. ¿Escondes algo?
—¡Claro! —exclamó con efusividad—. Esto. —Frunció su ceño y le dio un golpe en el estómago al demonio, alejándolo de la puerta.
Observó a su alrededor, un poco más lejos y junto a una vampiro en el suelo, estaba su primo mirándolo con el ceño fruncido. Janice se encontraba malherida, no le importó y fijó vista en dirección a la cual observaba la mujer. A lo lejos y sobre un auto, su prima se levantaba, mostrando en sus negros ojos furia contra quien se acercaba, Ethan la había golpeado.
—¿Dónde está Hayley? —preguntó levantando la cabeza a la vez que sonreía, esos golpes no le hacían nada, y aunque el chico lo sabía, lo que le importaba era alejarlo.
—No quiere verte —contestó con burla—. Cualquier cosa que le tengas que decir, yo se lo diré.
—¿Desde cuándo eres secretaria? —Se carcajeó mostrando sus rojos ojos.
—Desde que apareciste en nuestras vidas —respondió sin importarle las palabras del demonio.
—No juegues conmigo, Bastian —sonrió de mala gana, el vampiro lo estaba desesperando—. Puedo acabarte en sólo unos segundos.
—Inténtalo —amenazó poniendo sus ojos negros y enseñándole los colmillos.
—Me encantaría —contestó a la vez que sus ojos volvían a ser azules—. Pero me gustaría más que tú, junto con la ángel, me ayudaran en mi pequeña travesía a los Cielos.
—Lamentablemente por ti —sonrió sin ocultar lo que era—, ni ella ni yo tenemos en nuestros planes ayudarte.
—Tal vez cambie de opinión con lo que vengo a decirle. —Su mirada se puso seria—. ¿Me dejas verla?
—Ya te dije que ella no quiere verte —suspiró con resignación.
—¿Será acaso que lo dicho por esa vampiro es verdad? —preguntó de forma burlona—. ¿La chica está herida?
—¡Oh, no, claro que no! —Se apresuró en contestar con una sonrisa fingida—. Ella se encuentra en perfectas condiciones —mintió, reflejando en sus ojos verdad—. Simplemente está cansada de todo esto y no quiere volver a saber del tema.
—Veo que tu único deseo es morir —dijo mirándolo a los ojos—. Por suerte para ti, y creo que es algo que sabes muy bien, yo no puedo matarte. No aquí, pero sí cuando llegue el día —sonrió con malicia—. A no ser que ella se adelante y te acabe con sus propias manos, porque a pesar de todo lo que digas, yo sé que su lugar está junto a mí y me ayudará a volver al sitio de donde caí.
—Puede que todo lo mencionado por ti se haga realidad —susurró sin dejar de mirarlo—. Como también las cosas pueden tomar otro rumbo, y en vez de volver a los Cielos, te quedes en el Infierno eternamente y sin poder salir jamás.
—Con ella a mi lado triunfaré —se carcajeó de buena manera—, eso tenlo por seguro. Pero ahora, déjame pasar que debo hablarle.
—Si quieres hacerlo. —Sus ojos se volvieron amenazantes—, tendrás que pasar sobre mí.
—Estoy cansado de estos jueguitos tontos —suspiró volviendo sus ojos rojos—, pero si es lo que quieres, adelante.
Levantó al vampiro unos metros en el aire y lo arrojó contra la posada. Los que se encontraban en el interior dieron un salto de la sorpresa y el miedo, se apresuraron a salir por atrás, su idea era entrar por unas de las ventanas a la habitación superior de donde se encontraba Hayley, allí estarían seguros. El único problema era que tenían que cargar con el sacerdote malherido.

* * * * *
La chica de ojos violeta se puso de pie, y de un salto llegó frente al vampiro que la esperaba con sus ojos negros y brillante dentadura. Lo observó con cuidado, había oído hablar de él en más de una ocasión, y también lo conocía de vista. Pero nunca tuvo la oportunidad de tenerlo tan cerca, sonrió para sí y lamió su labio inferior; sus ojos se volvieron negros.
—Al fin algo de diversión —susurró a la vez que se lanzaba sobre quien la había golpeado.
—Lo mismo digo —sonrió al verla cerca.
La demonio atacó con su puño cerrado directo a la cara del vampiro, éste recibió el golpe sin oponer resistencia, provocando que su cara se volteara. Aun así, la sonrisa dibujada en su rostro no se borró. Tomó de los brazos a la mujer y le dio un cabezazo, la soltó y la observó tambalearse de un lado a otro.
—¿Tu hermano vendrá a defenderte? —Se burló al recordar lo unidos que eran los primos de Bastian.
—¡Por favor! —exclamó con burla al incorporarse—. Yo sola puedo con alguien tan poca cosa como tú.
—Ya lo veremos —susurró pasando su mano con suavidad sobre su mentón—. Esta vez la frase si le queda, pegas como niña.
Se carcajeó provocando ira en la demonio que mostraba sus negros ojos con furia. Eso era lo que quería, diversión de la buena, de nada le servía un simple jueguito como el que habían tenido hace unos días en la iglesia. Ahora sería diferente.
Dio un salto con rapidez hasta quedar frente a la demonio, a pocos centímetros de su cuerpo, le sonrió con malicia y ésta intentó dar un paso hacia atrás asustada, algo en los ojos del vampiro la dejaban con miedo. Pero no tuvo tiempo de reaccionar, ya que en menos de un pestañeo el de grises ojos le había regalado un golpe en el estómago que la mandó, nuevamente, sobre uno de los autos olvidados, esta vez rompiendo gran parte del vehículo.
—Supongo que ya te diste cuenta que al momento de la diversión no discrimino entre hombres o mujeres —dijo al llegar junto a la chica sobre el capó del auto.
La agarró del cabello y el olor a sangre entró por su nariz, tenía roto el labio, la cabeza y la ceja derecha. Aparte de múltiples golpes en el cuerpo y la ropa rasgada. La levantó y arrojó sobre el techo de otro carro cercano. Dio un salto y se situó junto a la demonio.
—Yo sí hago diferencias —sonrió mirándolo acostada sobre el automóvil—. Para mí las niñas siempre serán niñas —se burló, Ethan frunció el ceño.
La demonio se puso de pie con un rápido movimiento y elevó al vampiro con su poder mental, éste luchaba contra las amarras invisibles en su cuello a la vez que la chica lo movía de un lado a otro como si fuera una cometa. Sonreía mientras lo miraba volar, quienes decían que los de esa especie no podían hacerlo claramente mentían. De un momento a otro, lo lanzó hacia la posada, golpeando la parte donde se encontraba en bar cerca del lugar que Bastian había chocado.
El vampiro se quedó observando el cielo medio estrellado a causa de las nubes, hasta que una sombra comenzó a taparle la visual. No hizo movimiento alguno y esperó. Unos cuantos rasguños había sido el resultado del golpe, un poco de sus ropas rotas y un líquido rojo comenzaba a salir cerca de su oído izquierdo. Pero no le dio importancia, eran heridas menores para un ser tan experimentado como él.
—¿Aún te parece que golpeo como niña? —preguntó con burla cuando lo tomó del cuello y lo elevó con su mano—. ¿O ya empiezas a cambiar de opinión? —Sonrió mirándolo a los ojos.
—¿Qué quieres que te diga? —suspiró con sarcasmo—. Eres una niña.
La chica frunció su ceño y lanzó al de ojos grises hacia una de las paredes que aún se mantenía en pie, la que daba a las habitaciones. Pero esta vez el vampiro dio un giro en el aire y cayó de pie, sonriendo. Husmeó con prudencia el lugar y se percató que los humanos ya no se encontraban en el interior, sonrió aliviado, no quería que les pasara algo a ellos, ni Bastian ni Hayley le perdonarían aquello.
Con un salto llegó cerca de la demonio, como a unos dos metros, desde allí la miró con el ceño fruncido y la rabia escapándose de sus ojos. Se carcajeó, para que la chica se enfadara aún más y lo consiguió. Rápidamente se abalanzó sobre él, pero se detuvo a medio camino, Ethan la observaba seriamente y ella no hacía más que forcejear con la pared invisible que le impedía acercarse.
—¿Pensabas que sólo tú podrías usar esos trucos? —Se burló dejando ver una sonrisa de medio lado—. Si no te diste cuenta, te equivocas, yo también puedo jugar con mi mente. No por nada dicen las malas lenguas que la sangre de demonio es rica en proteínas.
Lentamente comenzó a subirla, caminó con ella flotando en el aire hasta salir por completo de los restos de la posada que estaban en su paso, ignorando todos los gritos de la demonio que colgaba agarrada por su cuello. Dio un salto y se paró en el techo de una gran camioneta sucia y destartalada, y desde allí arrojó a su rival contra otro ser que se encontraba varios metros lejos.

* * * * *

Zarandeó un poco su cabeza y se puso de pie, el demonio de rojos ojos le había dado un buen golpe, logrando espabilarlo, ahora se encontraba con todas las energías repuestas para empezar el combate. Se sacudió la ropa mientras caminaba hacia fuera, dejando atrás la destruida posaba, esperando que la dueña algún día le perdonase aquello. Miró a su alrededor, Ethan peleaba con Kate, sonrió pensando en la diversión que eso provocaría en su tutor. Observó al frente y vio a Seth, que seguía parado cerca de Janice, quien no dejaba de mirar al vampiro mayor. Su primo, en cambio, a ratos fijaba su vista en su hermana y en otros momentos en Belial. Mientras que este se aproximaba al Príncipe de las tinieblas con su singular sonrisa.
—¿Tantas ganas tienes de morir? —preguntó parándose a unos metros del chico.
—Estoy muerto de hace tiempo —contestó sin mostrar sentimiento alguno.
—Eso es verdad —se carcajeó frente a él—. ¿De verdad no quieres ayudarme?
El vampiro suspiró con resignación a la vez que meneaba su cabeza de un lado a otro señalando la negativa a la pregunta en cuestión. Frunció su ceño y se lanzó contra el demonio, con ambos puños golpeó con fuerza el estómago del ser, logrando que éste saliera volando hacia atrás, chocando con uno de los postes del tendido eléctrico.
Avanzó con rapidez y antes que se pusiera de pie, tomó al demonio de sus ropas, alzándolo. El ser simplemente se limitaba a sonreír. El chico lo volvió a lanzar con más fuerza, alejándolo cada vez más de la habitación de hierro, su único deseo era mantenerlo alejado de Hayley, hasta que ésta recobrara su consciencia.
Comenzó a correr hacia el ser de rojos ojos y cuando estuvo cerca de donde había caído golpeándose contra unos árboles frente a la posada, cruzando la carretera, algo lo agarró del hombro y lo jaló para atrás, provocando que chocara contra el mismo poste que el demonio.
—Yo me encargo de él —susurró Seth clavando su negra mirada en su primo—. Puedes ir por la chica.
—Pero si nos estábamos divirtiendo —contestó Belial pasando junto al demonio de menor rango—. Aunque, como dicen los humanos, el tiempo es oro. —Se acuclilló al llegar frente al vampiro y sacudió su ropa—. Te falta mucho aún para detenerme. —Se carcajeó al momento de levantarse.
—¡No entrarás! —gritó con furia Bastian al ver al demonio acercarse a la puerta.
—¡Tu pelea es conmigo! —Se interpuso su primo deteniendo el paso del chico con su poder mental.
El de mirada miel comenzó a forcejear con las ataduras invisibles, mientras no perdía de vista la espalda del demonio que caminaba con lentitud hacia donde se encontraba la medio ángel, no permitiría que se acercara, no dejaría que él entrara. Fijó su vista en su primo e intentó dominarlo con su poder, pero alguien se adelantó y como caído del cielo, el cuerpo de su prima chocó con el del ser que lo atacaba, logrando así liberarse.
—¡Un pequeño regalo, niño! —Le sonrió Ethan agitando su mano.
—¡Gracias! —respondió lanzándose contra el de rojos ojos.
—¡Ya basta! —exclamó girándose para mirar a su contrincante—. Deberías estar agradecido, por mí tienes vida, si no fuera por eso nunca hubieras nacido.
—No te imaginas lo agradecido que me siento por haber hecho todo lo posible por darme la vida —dijo con sarcasmo sin dejar de mirar aquellos rojos ojos que se clavaban en él de forma amenazadora.
—Tengo una idea mejor —sonrió con malicia girándose—. De hace unos momentos que tres humanos se mueven atrás de esa bodega donde se encuentra Hayley. ¿Qué me dices si jugamos con ellos un poco? —Se carcajeó a la vez que los mencionados comenzaban a flotar por encima del techo de la habitación. Pataleando e intentando soltar aquello que apretaba sus delicados cuellos.
Lentamente los dejó unos metros frente a él, sosteniéndolos unos cuantos centímetros del suelo. Sonreía con maldad reflejada en sus ojos, mientras de a poco a los humanos se les iba acabando el aire. El más débil, sin duda, era el sacerdote. Aún no se encontraba en estado para aguantar aquel ataque. Mientras que Rachel y Noah batallaban sin cesar por soltarse del demonio.
Bastian apretó sus puños, no aguantaría que el ser de ojos rojos hiciera lo que quisiera con ellos, como tampoco dejaría que se metiera en su vida.
—¡Suéltalos! —gritó a la vez que se lanzaba a la espalda del ser, dándole un fuerte golpe con sus puños en la columna, cosa que lo envió bastante cerca de quienes tenía cautivos.
Aun así, los tres humanos seguían intactos sobre el suelo, el demonio se carcajeó con burla, demostrando que el vampiro no era nada comparado con él.
—Te propongo un trato. —Se giró para mirar a quien lo había golpeado—. Los suelto si te quitas del camino entre Hayley y yo.
—No lo hagas. —La voz de Rachel sonó apagada y con esfuerzo—. No te preocupes por nosotros, déjanos morir, lo único importante es que detengan a ese demonio.
—Vaya, vaya, vaya —se burló Belial dándose una media vuelta para clavar su vista en la humana—. Aquí todos tienen ganas de morir. —Se acercó a las tres figuras—. ¡Esto sí es una sorpresa! —exclamó con asombro—. ¡Pero si es Richard! No pensé encontrarte aquí. Imaginé que tu hermano acabaría contigo. Creo que ya empiezo a entender algunas cosas, ¿dónde está el diario?
—A salvo —contestó el mencionado en un hilo de voz—. En un lugar al que nunca podrás acceder.
—Eso está por verse —sonrió con malicia—. No existe lugar al que yo no pueda entrar. Por cierto, ahora que ya no eres custodio del estúpido cuaderno del cazador, no es necesario que sigas en este mundo. —Elevó más al sacerdote—. Nos vemos en el Infierno —susurró al momento que la cabeza de Richard daba un giro de 180º para luego caer al suelo, frente a la cara de espanto y horror de los otros dos humanos—. Una molestia menos —suspiró dándole una patada al cuerpo sin vida y dejándolo bastante lejos de todos.
De un rápido movimiento llegó a un costado del demonio, juntó sus puños y le dio un golpe con todas sus fuerzas en la espalda. El ser de rojos ojos flotó por varios metros en el aire, para luego caer azotando con fuerza su cuerpo sobre el techo de la posada, que a duras penas se mantenía de pie. Los humanos cayeron de pronto, tosiendo e inhalando aire con dificultad.
—Buen golpe —susurró Bastian con el ceño fruncido al llegar junto al atacante.
—Mató a uno, no podía dejar que acabara con los otros dos —musitó mirando al lugar donde el ser de rojos ojos había caído—. Ahora a esperar su venganza, por lo menos me divertí bastante en estos momentos, tu prima me dio momentos agradables —sonrió de medio lado.
—No me vengas con despedidas —reclamó mirándolo con algo de molestia—. Ni tú ni yo moriremos. Mucho menos los humanos, no tengo que mencionarte a Hayley.
Ethan se limitó a sonreír, sin perder de vista el lugar donde se encontraba el demonio. De un momento a otro comenzó a elevarse, a la vez que perdía el aire y su cuello se apretaba.
—Insisto —dijo Belial a la vez que se levantaba y caminaba por entre los escombros en dirección a los vampiros—, ustedes lo único que quieren es morir. —Sus rojos ojos centellearon a la vez que el vampiro batallaba por intentar soltarse.
—¡No es a él a quien quieres! —gritó con ira Bastian.
—En eso tienes razón. —El demonio fijó su vista en quien hablaba—. Lo que quiero se encuentra en esa habitación. Te cambio a la chica por el vampiro, ¿qué dices?
—¡Qué importa ésa! —La voz de Janice interrumpió las miradas de odio entre el vampiro y el de rojos ojos—. ¡Salva a Ethan!
—Seth, por favor —suplicó mirando a su aliado—. Cállala de una buena vez.
—Será un placer, Belial —contestó el mencionado caminando hacia la vampiro, ésta reflejó miedo en sus ojos.
—Llévate a Hayley —susurró el chico con una voz apenas perceptible—. Pero antes suelta a Ethan.
—Sabía que entenderías en algún momento —sonrió el demonio dejando caer con rudeza al vampiro—. Ahora si me permites, iré por la medio ángel.
—¡¿Qué haces estúpido?! —gritó con ira Noah que se encontraba de pie, aún inhalando con dificultad.
—Lo mismo pregunto. —El de ojos grises había llegado a su lado, respirando con dificultad y hablando a duras penas.
Pero el chico no hizo gesto alguno, su mirada se encontraba clavada en la espalda del demonio y su odio se veía reflejado en sus negros ojos.
A vista de los presentes, no fue más que una fuerte ráfaga la que se presentó dejando un espacio vacío donde antes estaba el vampiro que se dirigía a toda velocidad contra el demonio. Lo agarró de los hombros por la espalda y así dio un salto, lo más alto que pudiera. Con toda su fuerza y rabia acumulada lo soltó. El ser de rojos ojos se estampó en el suelo, quedando por unos momentos inmóvil frente a la mirada de asombro de los dos demonios primos de Bastian y de la vampiro, que por uno y otro motivo seguía con vida.
El chico se dejó caer con suavidad frente a los pies del demonio, con el ceño fruncido esperó a que se pusiera de pie, sabía que aquello no le haría nada y ahora debía enfrentar a la furia del ser. Lentamente comenzó a ponerse de pie, mientras una débil risa se hacía cada vez más fuerte. Una vez incorporado, se sacudió y volteó a mirar al vampiro. De su boca salió un fuerte grito, que logró hacer que los humanos salieran disparados contra la posada. Los demonios se cubrieron con los brazos la cara por las fuertes ráfagas de viento que emanaban del furioso ser, aun así, se movieron unos cuantos metros. La vampiro no pudo resistir la fuerza y, al igual que los humanos, su espalda chocó contra uno de los autos. Mientras que Ethan se cubrió al igual que los primos de Bastian, y al igual que al mencionado, el demonio no logró moverlos.
—¡Fuera de mi camino! —gritó a la vez que tomaba al vampiro del cuello y con fuerza lo lanzó contra el de grises ojos.
No alcanzó a detenerse para no golpear a su tutor, por ende, ambos golpearon con fuerza el suelo y se arrastraron unos metros hacia la carretera, alejándose de la bodega donde se encontraba Hayley. El demonio, por otro lado, avanzaba con firmeza. Se detuvo cerca de la puerta y elevó por completo la habitación de madera, algunos libros cayeron, las hojas flotaron en el aire, al igual que las sillas y las mesas, con fuerza todo el inmueble fue a parar sobre la posada, ya completamente destruida.
Dio unos pasos al frente y se topó con la compuerta de hierro, no le importó nada y con el poder de su mente quitó aquello que le detenía para llegar a la chica. Frente a la mirada de asombro de ambos vampiros que se ponían de pie con dificultad. Bastian se quedó sin habla mientras observaba toda la parte superior de aquella habitación anti demonios elevarse, y que, al igual que lo construido en madera, fue a dar sobre la posada.
Sonrió mientras caminaba, la chica dormía sobre una cama, se notaba que estaba débil. La elevó y la dejó frente a él, la tomó en sus brazos y la observó con curiosidad.
—¡Quién lo diría, Hayley Marshall. Después de todo si sacaste sangre de tu padre! —Se carcajeó al momento de voltearse para enseñar que ya tenía lo que quería—. Eres humana.
El menor de los vampiros dio un grito de odio a la vez que se lanzaba contra el demonio, pero éste sólo sonreía, el chico no alcanzó ni acercarse lo suficiente antes de salir disparado hacia atrás.
La chica, en los brazos del ser de ojos rojos, hizo un gesto de dolor. Abrió los ojos con dificultad y observó con cuidado lo que pasaba, se encontraba con alguien a quien no podía ver con claridad, hasta que las imágenes se hicieron más claras.
—¡Belial! —gritó con horror al momento que daba un salto para soltarse de aquellos brazos. Pero el demonio, aprovechando que ella estaba débil, la tomó con fuerza de la cintura para impedir que se alejajara.
Continuó forcejeando para soltarse, pero todo resultaba inútil, no tebía todas sus fuerzas aún.
—Mira nada más quienes han llegado —susurró cerca del oído de la medio ángel.
Hayley fijó su vista al frente, las tres figuras que se habían presentado como ángeles estaban junto a Bastian, Ethan, Rachel y Noah. No entendía qué pasaba, ni dónde se encontraba, lo último que lograba recordar era al vampiro bebiendo de su sangre y dejándola sin fuerza.
El de ojos miel dio unos pasos al frente, el ángel que había hablado con ella caminaba tras él, no le quitaba la vista de encima y sus ojos brillaban dorados.
—Esto va a ser bueno —sonrió el demonio, nuevamente, cerca su oído—. Observa con atención, pequeña Hayley, ahora tu destino cambiará.
—Suéltame —ordenó sin dejar de forcejear, pero como respuesta obtuvo que el ser de rojos ojos la apretara con más fuerza.
Continuó con sus intentos de soltarse, pero un fuerte grito con su nombre la hizo fijar su vista en el vampiro.
—¡Cuidado! —Alcanzó a gritar con fuerza antes que el ángel sacara su arma principal y con un rápido movimiento cortara la cabeza del chico a quien tanto había buscado y esperado por todos estos años—. ¡Bastian! —exclamó al momento que sus fuerzas se incrementaron por unos minutos, aun así, seguía siendo prisionera del demonio.
—Te das cuenta —susurró con sarcasmo a la vez que la cara de la chica se empapaba con lágrimas al ver el cuerpo sin vida del vampiro en el suelo—, que en ellos no se puede confiar —terminó de decir antes de desaparecer con la medio ángel.
Lo último que recordaba era la cara del ser que mató a Bastian, su mirada de indiferencia se había clavado en los pensamientos de la chica. Lo odiaba, sí. Tanto o más que a su madre. Se vengaría, eso estaba claro, pero también lo haría con el demonio.
Ya nada le importaba, su destino estaba claro, acabaría con quien le quitó la vida al chico, para luego acabar con el demonio. Si quedaba malherida en el intento, poco le importaba, pero no se dejaría morir antes de llevar a cabo su cometido.
Abrió sus ojos con furia a la vez que un fuerte dolor recorría su cuerpo entero. Se encontraba encadenada de las manos que hacían elevar sus brazos en direcciones opuestas. En un lugar oscuro apenas iluminado por una que otra antorcha.
Dio un grito que remeció las paredes, uno que mezclaba muchos sentimientos a la vez, pero la rabia, impotencia y el dolor eran los principales. Dos centelleantes ojos naranjos se dejaron ver, volvió a gritar de la misma manera, cerrando sus ojos con fuerza. Respiró profundo y se calmó un poco, abrió sus ojos y estos estaban dorados para quedarse de color verde. Dejó su cuerpo colgar de sus muñecas, se daba por vencida, aunque sólo hasta que su parte de ángel volviera por completo.
La decisión estaba tomada y los odiaba. No quería saber nada de los que eran su media raza. Y si en sus manos estaba, acabaría con todos ellos de una vez, sin importarle si en el intento se iba su vida, ya nada importaba. Pero aunque fuera con su último aliento, eliminaría al demonio para toda la eternidad.
Su cabello se fue hacia adelante y poco quedaba para que las puntas tocaran el suelo, su cuerpo colgaba casi inerte, y así se quedó esperando. Ya quedaba poco, muy poco…

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