16 de mayo de 2012

Cosas que pasan...

Es gracioso, mirarte y darme cuenta que nunca fuiste lo que dijiste y nunca lo serás...

Es gracioso, mirarte y darme cuenta que solo quieres que te den y nada quieres dar...

Es gracioso, porque cuando esperas un poquito de ayuda se te ofrece sin mirar, pero cuando alguien te necesita, no lo das, primero estás tú...

Es gracioso, porque ahora no es lo que pasa, ahora tienes lo quieres, tienes tu ego y lo demás, pero ¿te has detenido a pensar qué quieren los demás?

Es gracioso, como la soledad se va apoderando cada vez más de ti...

Es gracioso, porque cuando necesites a alguien, ya nadie habrá para mirarte.










Con exceso de trabajo, pronto regresaré... espero.




5 de marzo de 2012

Espadas y rosas


El silencio había desaparecido de hace rato, desde que estaba en esa incómoda celda donde apenas le llegaba un débil rayo de luz solar que se filtraba por los orificios de la pared de arcilla, tan vieja como el mismo reino. Conocía muy bien donde se encontraba, incontables fueron las ocasiones cuando caminó por aquellos recintos húmedos, malolientes, putrefactos y tétricos. Iluminados solo en los pasillos con antorchas de aceite humeante que permanecían encendidas todo el día y toda la noche, provocando que el olor de allí abajo fuera aún más desagradable. Odiaba ir allí, pero cuando entró aquella tarde realmente lo adoró.

Ahora, en cambio, el sol le daba de lleno en la cara, y eso le llenaba el corazón de dicha. Aquel resplandor amarillo le despejaba el alma y el corazón y le decía muy suavemente, mientras le acariciaba las mejillas algo sonrojadas, que todo estaría bien, que no se preocupara de más, que al fin la larga espera había llegado a su fin y sería libre… libre de una buena vez por todas.

Así fue que cuando escuchó la llamada para la congregación en la plaza, sonrió, porque el tiempo de espera se reducía solo a unos minutos y todo acabaría para siempre. No le importó que la gente observara confundida su rostro de felicidad, porque ¿quién en su lugar sonreiría? Nadie… Pero no era nadie, tenía su nombre, su hogar, su espacio en la vida, y por todo eso debía sonreír, ser feliz en aquel momento, porque no había podido esbozar una sonrisa sincera durante todos los años que llevaba respirando, ¿por qué negárselo en aquel momento en que su libertad estaba tan cerca? Por supuesto que no, era feliz y lo demostraría a todos los que comenzaban a llegar para ver el espectáculo.

Y, cuando la plaza estuvo atiborrada de gente que hablaba hasta por los codos, alguien se le acercó y le pidió que se pusiera de rodillas. No lo dudó y lo hizo, era el turno de pedir por sus pecados… incontables pecados… Y por su mente pasaron todas esos gritos, lamentos, los llantos rogando clemencia, los niños rezando a los dioses, las mujeres pidiendo por sus pequeños, los hombres defendiendo sus familias… Luego vivieron los rostros desencajados, las muertes sorpresivas reflejadas en las facciones de la cara, la carne putrefacta al día siguiente de la matanza… Y para finalizar las risas, esas que nunca tendría y que ni siquiera eran de ella, sino que de todas esas almas en desgracia que ahora reían porque al fin el ser de la desdicha, ese que les había quitado la luz de sus ojos, pagaría y sería libre de todo pecado, y quizás podría ser feliz… Aquellas risas esperaban…

Con su cabeza gacha comenzó a sudar, exclamando un montón de palabras en un extraño idioma, la persona, a su lado, día un paso hacia atrás al escuchar, pero luego recordó que todo aquello ya no tenía valor, así que apretó con fuerza lo que sostenía y esperó la señal. Quien rogaba por el perdón eterno frente a tanta gente abrió los ojos…

Así se dio cuenta de todo el mal que había hecho durante tanto tiempo, presa de una maldición que solo la llevó hasta el final de todos los caminos, no podía elegir, solo acatar, y sus órdenes siempre fueron mantener la paz en el reino costara lo que costase, y por lo general eso significaba acabar con todos y cada uno de los pueblos primitivos que rodeaban el reino… Sin importar nada caían ante sus pies mujeres, niños y hombres, ancianos, bebés y animales, todos debían morir, todos debían pagar el precio de la paz que su rey clamaba. Cosa que para su ser era ley, estaba bajo su hechizo…

Y quien estaba parado a su lado tomó con fuerza la empuñadura, sus dedos sudaron, los abrió y cerró un par de veces mientras la alzaba, y una oración fue cantada…

Una pequeña niña se acercó, dejando una rosa roja frente a quien estaba de rodillas. La infante le sonrió y la asesina sonrió… Una rosa era lo que ella dejaba sobre cada uno de los que ella mataba, una rosa sobre la herida de la espada…

Sonrió, nuevamente, ahora con felicidad absoluta, el sudor le empapaba el rostro y cerró los ojos para no volver a abrirlos jamás.

El final de todos los caminos le llegó al fin, la muerte la esperaba bajo el filo de una espada, una espada y una rosa sobre su cuerpo fragmentado, castigo cruel por el que pagó al ser utilizada por un hombre que no supo jamás lo que pasó con la asesina que tenía, ya que ella, en sus últimas palabras de hechicera, se lo llevó consigo para que la paz que tanto el rey anhelaba, se hiciera realidad con la punta de una espada a manos de una rosa.

2 de marzo de 2012

¿Te casas conmigo?


«¿Te quieres casar conmigo?», fue lo que te pregunté aquel día, tú me miraste y dijiste «no», tan cortante que te miré incrédulo por bastantes minutos, unos en que tú reíste, volteaste y te fuiste a hablar con el mayor de mis hijos… Dejándome solo y, prácticamente, plantado. No supe qué hacer.

Solo el de arriba sabe cuánto rato estuve practicando esas malditas palabras, para que tú me rechazaras… De seguro cuando veas esto me dirás que ya lo había hecho antes, y sí, pero fue distinto y bien lo sabes, estuviste allí, fue una cena en donde solo se anunció aquello que ya se sabía, había sido padre…

Pensar que te lo tenía que proponer a ti me tenía nervioso, sentía que en el trayecto de la oficina a la casa me corría el sudor sin motivo alguno, con el hecho de pensar en que te vería y te propondría aquello me quedaba sin habla, estático, como un adolescente enamorado por primera vez… Y dijiste no…

Luego de aquellas palabras suspiré y me relajé, mi cuerpo se destensó y miré al frente, donde estabas tú con mi nene, él sonreía observando el suelo don algo que le habías enseñado a hacer, tú me mirabas a mí y me mostrabas lo que colgaba de tu cuello: un anillo con mi nombre. Me encogí de hombros y sonreí, hace mucho tiempo que me habías dado el «sí». ¡Pero yo quería que fuera más romántico! ¡Y me dices «no»!

Y nada qué decir de aquel día en la iglesia…

¿Sabes cómo me sentí cuando tu prima llegó a darme la noticia que habías arrancado por miedo al matrimonio? Casi se me cae el alma al piso mientras pensaba en la manera más rápida de buscarte por todo el mundo si era necesario. Pero no fue así, tu prima me informó que simplemente habías decidido cambiar el lugar de todo porque no te apetecía estar en la iglesia, y que por hacerme una «linda bromita» no quisiste decirme nada… Luego ella se echó a reír, de la misma manera en que tú lo hiciste cuando te interrogué… y aún estoy esperando una explicación…

Aunque, ahora que te miro y con mi pequeño en tus brazos, todo se me olvida y no hago más que seguir mirándote, pero sin que tú lo notes porque no quiero que sepas todo esto que me haces sentir con solo tenerte cerca.

29 de febrero de 2012

Soñar no tiene nada de malo




Y allí estaba, otra vez, sentada en el último lugar de la galería mirando el entrenamiento de fútbol de sus amigos… «Amigos», en realidad eso era mucho, debía quitarle la «S» porque por más que intentara, siempre a sus amigos les pasaba algo, y a veces ni siquiera eran amigos sino que simplemente chicos con quien cruzaba una palabra… Por suerte con las mujeres no pasaba eso, aunque no le agradaba mucho hablar con ellas porque le aburrían las conversaciones…

Suspiró y no le dio importancia, su vista se fijó en su «amigo» que pateaba la pelota con fuerza para ver si lograba meter un gol, pero falló y ella estalló en carcajadas. Su amigo dejó las manos en la cintura y bajó la cabeza, típico gesto de futbolista abatido, luego la miró a ella reír estrepitosamente, frunció su ceño y siguió corriendo, le molestaba que ella se burlara de él en aquello, pero más le molestaba cuando después ella lograba hacer el mismo movimiento que él, aunque metiendo el gol. Enfurecido siguió entrenando.

Ella se le quedó mirando y sin darse cuenta su vista se tornó nublada…


Su amigo estaba frente a ella, el baile de cada año había acabado hace poco, o eso parecía porque ya todos comenzaban a retirarse y ellos no eran la excepción. Ambos esperaban algo del otro pero ninguno se atrevía. Ella lo miraba directo a los ojos, esos celestes que tanto le gustaba mirar, y de pronto no se preguntó en qué momento había quedado tan prendada a él, si al principio no lo podía ni ver, si a veces le daban ganas de golpearlo tan fuerte que la recordara por siempre. Aunque nada de eso podría hacer y menos ahora, ella lo quería, lo quería demasiado y lo sabía, y ahora que estaba prohibido lo quería aún más… Su vista se fijo en aquellos labios algo sonrosados por la blanca piel de su amigo.

Él también la miraba fijamente, aunque de manera distinta, y como ambos estaban pensando en cosas sumamente importantes, ninguno se percató de lo que hacían. Él se dejó engatusar por aquel escote tan pronunciado que ella llevaba en aquel vestido, algo le impedía quitar los ojos de allí, por primera vez en todos los años que la conocía, su vista se perdía en aquella parte que ahora lo hacía tragar grueso y sonrojarse al punto que sus mejillas comenzaron a arder… O quizás se debía al par de ponches que se bebió... o quizás un poco más que un par… Apretó los puños y su cuerpo se tensó, ¿en qué momento el frágil y tierno cuerpo de su mejor amiga se había transformado en aquello que lo hacía soñar?

Y entonces sucedió aquella explosión, en donde lo prohibido logra desatar que un montón de sensaciones se junten en una pequeña parte que hace temblar todo tu cuerpo, porque te recorre desde la punta de tus pies, hasta la más fina parte de tu cabello, y no empezando precisamente por esa parte, claro que no. Para ellos empezó en los labios, porque ella no pudiendo aguantar más, se empinó y lo besó, aun sabiendo que él la apartaría, porque estaba prohibido, de todas maneras se armó de valor y juntó sus labios.

Quizás fue esa misma razón lo que hizo que los estómagos de ambos estallaran en mariposas multicolores que los llenaron por dentro y por fuera, que el universo mágico del primer beso los rodeara, que la sensación única de probar aquellos labios del ser amado            que te hace delirar y sentir en las nubes los cubriera como un manto de terciopelo… Quizás todo no fue más que la sensación de estar haciendo algo mal.

Pero el la tomó de la cintura y la besó con más pasión…

Y todo lo malo que pasaba por la cabeza de ella desapareció, su amigo, su mejor amigo y de quien estaba enamorada la estaba besando. ¡Y qué boca tenía! ¡Qué bien besaba! Ella no lo quiso soltar por nada.

Aunque hay algunas cosas que no pueden durar por siempre y eso era lo que a ellos les pasó. El aire se les acabó… Y así se quedaron mirando, quietos los dos, él tenía sus ojos fijos en los de ella, dándoles a entender que lo que habían hecho estaba mal, ellos no debieron haberlo hecho nunca… Pero a ella eso no le importó, simplemente le sonrió y lo miró entregándole todo su amor sin decir una palabra, él comprendió y la abrazó como su no hubiera un mañana, como si todo eso fuera un sueño del que deberían despertar para estar separados…

Y una lágrima rodó por su mejilla al escuchar el silbato del fin del partido…

Y allí estaba, otra vez, sentada en el último lugar de la galería… El entrenamiento de su amigo había finalizado y ahora debía esperar que él se duchara para irse. Apoyó sus codos en las rodillas y dejó su mentón sobre las palmas de sus manos, luego soltó un largo suspiro dejando salir todo lo malo que sentía.

Él nunca sería de ella, por eso debía conformarse con aquellas imágenes inventadas, a pesar que parecieran tan reales… Él nunca sería de ella porque él era el chico prohibido, lo amaba, sí, y desde hace mucho, mucho tiempo, quizás de antes que pasara lo que pasara, pero lo prohibido es lo prohibido y él ya tenía novia y un hijo… A pesar que ella lo amara de mucho antes que conociera a la que ahora era su familia…

Ella lo amaba, a pesar de todo, y estaba dispuesta a esperarlo, claro que sí. Luego frunció su ceño y apretó sus puños, ¿por qué debía esperar a alguien que no se dio el tiempo de esperarla a ella? Él la había engañado y ella no estaba dispuesta a ser el segundo plato de nadie… Aunque feliz robaría uno de esos besos, que a pesar de solo estar en su mente, siempre llevaría consigo. Porque al fin y al cabo, soñar no tiene nada de malo.

27 de febrero de 2012

Diferente


Él ya no recordaba cuando fue la última vez que la vio, solo tenía una vaga imagen de cuando jugaban hace muchos, muchos años atrás siendo apenas unos niños de cuatro y cinco años de edad… Y después la separación cuando apenas tenían seis.

Nunca más se volvieron a ver, ella se fue a otro país, él continuó donde siempre… Y fue precisamente allí donde se volvieron a encontrar…

Transcurría una tibia tarde primaveral, ella regresó después de más de doce años viviendo en el extranjero. Había cambiado, tanto en su aspecto físico como psicológico, fue lo primero que le dijeron sus abuelos y ella lo sabía… lo sabía muy bien, aquello la hacía diferente y esa misma diferencia la alejaba del resto.

Él, en cambio, casi no había cambiado. Su cara seguía siendo la misma, con rasgos de niño pequeño y no se le notaban los años que le pesaban encima, su espalda se había ensanchado, sus músculos se hicieron notorios tanto en los brazos, piernas y pecho, se le oscurecieron los ojos y se le aclaró el cabello, algo que no entendía aún, pero había pasado… Sus pensamientos… claro que cambiaron, ya no tenía seis, ahora era un adolescente de dieciocho años a quien no le faltaban chicas. Al fin y al cabo casi todos caían rendidas por esos ojazos azules, el auto deportivo y la billetera que siempre estaba llena. Él simplemente disfrutaba, le gustaba tenerlas a todas así, aunque sabía cuando parar y qué dar, no era tan tonto, conocía la finalidad de por qué lo querían.

No se encontraron hasta una tarde de verano, a pesar que vivían solo a unas pocas casas. Ella tenía mucho que hacer, transportar las cosas desde el extranjero hasta la casa de sus abuelos donde viviría, arreglar los asuntos para entrar a estudiar, escribir a diario a sus padres que llevaban una buena vida lejos y no ansiaban regresar… Poner su vida de pie luego de tan difícil decisión, otra vez había vuelto a dejar todo atrás por cumplir un sueño, aunque esta vez era su sueño, el anterior era el de sus padres.

Él esperaba en el paradero del bus, un amigo estaba por llegar a quedarse unos días en su casa. Ella necesitaba ir a firmar unos papeles para que le terminaran de trasladar sus cosas. Se vieron, se miraron, ella lo reconoció, él creyó haberla visto en un sueño, ella le sonrió, él habló.

—Hola…

Ella sonrió aún más al notar que él no la recordaba, pero la saludaba porque quizás la encontró bonita y esas pocas palabras eran un buen pretexto para entablar una conversación y llegar a algo más. Suspiró, otra vez aquella manía de intentar leer la mente le estaba jugando una mala pasada. Decidió responder.

—Hola, ¿no me recuerdas? —Él parpadeó confundido por varios instantes, luego negó con la cabeza—. Normal, nos conocimos cuando teníamos como cuatro años, luego yo me fui y con el clima de esos lados mi piel cambió, antes era más blanca.

Él continuó mirándola y le llegó el susurro de su madre, hace unos días cuando la ignoró mientras hablaba, que le decía que aquella niña de la foto que guardaba en el cajón de su mesita de noche había regresado a vivir con sus abuelos, nada más que crecida y más bonita. ¡Y sí que lo estaba! ¿Por qué ignoró a su madre cuando le hablaba cosas tan importantes? Quizás porque lo que hacía en el computador, en aquel momento, era más importante…

—Bueno, hablamos otro día porque tengo cosas que hacer…

—¿Quieres que te lleve a algún lado? —preguntó interrumpiéndola, esperando una respuesta afirmativa y olvidando que esperaba a un amigo.

—No, sé a donde debo ir y no me pierdo —contestó con una sonrisa para no parecer antipática.

—Te puedo llevar en auto —dijo acercándose, ahora solo le bastaba que ella aceptara, cosa que era segura que haría, ¿qué chica se resiste a un chico con auto? O a un auto quizás… O más bien a un paseo seguro en auto y no tener que usar los molestos buses.

—No, gracias, me gusta andar en bus. —Él casi se le cayó la mandíbula al escuchar aquellas palabras.

—Te acompaño, te puedo pagar el pasaje —añadió, con eso sí que debía caer, es decir, no auto pero sí dinero, las chicas siempre son interesadas.

—Tengo dinero, no te preocupes —respondió y él se sintió aturdido, ¿de dónde había salido? ¡Pero sí todas son iguales! ¿Y si le ofreciera salir en un programa de televisión?—. ¿Sabes? Si estás intentando ligar conmigo de la manera usual, te aviso que no podrás, lo siento pero yo soy diferente.

—¿De dónde saliste?

—Soy de otro mundo —sonrió, él también lo hizo.

Ella le estiró la mano y le dijo su nombre, él le correspondió y contestó con el suyo. Ambos sonrieron y él de a poco comenzó a recordar a aquella niña con quien solía jugar, una que tampoco era como recordaba al resto de las niñas de esa edad.

Y entonces él comprendió que no todas eran iguales, había excepciones, escasas pero las había. Aunque luego comprendió que en realidad la culpa era de él, diciendo que todas eran iguales cuando solo buscaba siempre en los mismos lugares, y cuando comenzó a frecuentar otros espacios donde ella lo llevaba, notó que sus pensamientos eran limitados y deseó aprender más.

Ella, por otro lado, dejó de «leer mentes» con tanta frecuencia y comenzó a esperar acciones de los demás, ella no era la sabiduría en persona, ella no era el centro de atención, ella no era tan diferente como se creía…

Y de esa manera ambos entendieron que las diferencias solo las hacen para catalogar a las personas, a veces sin siquiera conocerlas, se prejuzgan sin tomarse ni un tiempo, solo hablar y pensar erróneamente, en ocasiones.

Y por eso decidieron dejarse llevar y que el tiempo les diga lo que sucederá con ellos, quizás lleguen a amarse locamente y no se vuelvan a separar jamás, o quizás simplemente su destino es ser amigo. ¡Quién sabe! Pero lo que sí sabían es que él buscaba algo diferente a lo que estaba acostumbrado y ella deseaba poder ser ella misma en las relaciones y no tener que actuar de alguna manera específica para caer bien, y con él podía hacerlo, porque él necesitaba aquella diferencia.

Una diferencia que hasta el día de hoy los mantiene unidos.