9 de septiembre de 2017

[Hasta el día de ayer] Capítulo XII: «Mismo culpable»

No me di cuenta en qué momento Danko pasó por al lado mío y llegó junto a Alex, quien se mantenía de pie al lado de Chris, ya que éste lo había soltado. El nuevo tomó a mi amigo de azules ojos del cuello de la camisa y lo levantó unos cuantos centímetros del suelo.
—¡¿Qué dijiste?! —preguntó con rabia, mientras Alex imploraba porque lo soltara.
—¡¿Qué haces, imbécil?! —Se metió Kevin soltándome de golpe para defender a nuestro amigo.
—¡¡Habla!! —gritó, de la misma manera en que había preguntado, sin soltar a Alex y mucho menos tomar en cuenta a Kevin.
—¿Cómo quieres que lo haga si lo estás estrangulando? —El trigueño tomó del brazo de Danko e intentó que bajara a su presa, pero éste lo miró con furia—. Suéltalo —ordenó clavando sus ojos de fuego en él.
Por un momento todo a mí alrededor me pareció un juego de video, parecido a Mortal Kombat, en donde los dos oponentes se lanzaban rayos, uno de fuegos y el otro de electricidad, acabando con facilidad con su rival. Meneé mi cabeza, la realidad era lo que tenía al frente y esos poderes no eran más que las miradas de esos dos.
Chris, por otro lado, intentaba convencer al nuevo que soltara a Alex con palabras, y no sé cuándo Kevin agarró del cuello a Danko y con su mano derecha amenazaba con plantarle su puño en el rostro. Tampoco supe en qué momento llegó Math junto a mí, y Franco sostenía a Alex para que no se le acabara el aire. Fruncí mi ceño, por estar en las nubes me había perdido el espectáculo.
Todo esto estaba mal, Derek acababa de morir y ellos agarrándose a golpes, ¡serán idiotas! ¿Dónde está Julián cuando lo necesitamos? Trabajando. Justo cuando hace falta.
—¡Ya basta! —grité, aunque imaginé que no sería tomada en cuenta. Pero no fue así, Danko clavó su mirada en mí—. Son unos idiotas, ¿saben? —Avancé hacía quien tenía sus ojos puestos en los míos y lo obligué a soltar a Alex, luego que Kevin dejara de amenazarlo—. Para que sepas Alex no entiende a golpes. —El chico nuevo fijó su vista al suelo—, no tenías por qué tratarlo de esa manera, él te hubiera respondido si le preguntas bien. —No dejé que dijera nada y me volteé a ver a Kevin—. Y tú no tenías que ponerte así, en vez de ayudar sólo empeoras las cosas.
—¿Qué querías? —Su mirada de fuego se posó en mí—. ¿Qué dejara a éste hacer lo que quisiera con Alex? Bien sabes que nunca permitiré eso.
—Ahora que ya espantaron a toda la gente con su pelea. —El chico que nos atendió llegó a nuestro lado—. ¿Podrían pagarme y volver otro día? No es por correrlos, pero tengo que limpiar y volver a recibir a los que deseen helado.
—De todas maneras ya nos íbamos —contestó Kevin caminando a la caja para cancelar lo consumido.
—¿Estás bien? —pregunté al llegar junto a Alex, que estaba sostenido por Franco.
—Sí, lo estoy, no te preocupes. —Sonrió de medio lado mientras tomaba grandes bocanadas de aire.
—Le debes una disculpa, ¿no crees? —Me dirigí a Danko, que se mantenía tranquilo mirándonos a nosotros.
—Yo… —musitó clavando su mirada en Alex—. Disculpa, no debí reaccionar así, pero les pido que me entiendan… —Se detuvo y apretó sus puños—. Derek era mi mejor amigo.
—Franco —habló Kevin que guardaba el vuelto en su bolsillo del pantalón—, vete con la pequeña a casa, llévate a Math también. Chris y Alex van conmigo al hospital.
—¿Por qué me tengo que ir a casa? —protesté cruzándome de brazos.
—Sí, ¿por qué yo también? —Math se añadió.
—¿Por qué tengo que hacerme cargo de los enanos? —alegó Franco, con mi hermano lo miramos con el ceño fruncido.
—Porque Julián fue claro en decirte que no debías ir al hospital —dijo Kevin mirándome, sin permitir que emitiera algún tipo de sonido, ya que se volteó con rapidez a mirar a Math—. Porque si te llevo recibiré un golpe de tu hermano, y porque si dejo a estos dos a cargo de este idiota —señaló a Chris con los ojos, quien tampoco tuvo tiempo de rechistar—, también me arriesgo a un golpe de musculitos. Ahora, simplemente, dense la vuelta y váyanse.
Iba a decir que no le haría caso, pero la fría mirada de quien nos mandaba me obligó a observar las rayas de colores que adornaban el piso de la heladería. Franco me agarró del brazo y me dirigió a la salida, a mi lado derecho y, un poco atrás, caminaba Math con las manos en la nuca y el ceño fruncido.
—Sé que me porté mal con ustedes —escuché la voz de Danko y detuve mi paso sin importarme los regaños—, pero agradecería mucho que me llevaran al hospital. —Volteé para mirar la reacción de mis amigos. Por la cara que puso Kevin eso no le agradó para nada.
—Por mí no hay problema —contestó Alex, con más voz que hace un rato—. Yo fui el golpeado, no creo que ellos dos hagan algún escándalo. Además mientras no se vuelva a repetir…
—Prometo controlarme —se apresuró en decir mirando a todos con ojos suplicantes—, pero por favor, llévenme.
—No lo sé —agregó Chris—. Te volviste un loco y no te conocemos.
—¿Quién nos asegura que no harás algo parecido en mi auto? —preguntó Kevin recalcando a su propiedad.
—Yo te llevo, no tengo problemas —intervine ganándome un jalón en mi brazo por parte de Franco y una mirada de regaño de Kevin.
—Vamos, pequeña —susurró mi hermano en mi oído antes de soltarme.
—Pero… —No alcancé a terminar de hablar.
—Vete a casa —dijo Kevin mirándome—. Y te llevaremos, pero ni se te ocurra hacer algo o lo pagarás muy caro —amenazó a Danko.
—A la orden —contestó el nuevo. Y noté que unos ojos llenos de tristeza adornaban su rostro.
Aquello causó una extraña sensación en mí. Me di la vuelta y comencé a caminar a la salida, esta vez pasé por la puerta para continuar a la vereda, iríamos a casa a pie, Kevin debía ir al otro lado. Sentí la mano de Franco posicionarse en mi cintura y pegarme a él, lo abracé de la misma manera, metiendo mi mano en su bolsillo del pantalón del lado derecho, una antigua manía que tenía. Math, a mi lado izquierdo, seguía con sus dedos entrecruzados apoyados en su nuca.
Mi vista se fijó en el gris del pavimento, mis hermanos hablaban de no sé qué cosa, mis pensamientos no me dejaban concentrar en esas palabras. Además, esa mirada aún seguía clavada en mí. Danko vivía algo similar a nosotros, acababa de perder a un buen amigo a manos de esos, y nunca conseguiría que la justicia se hiciera presente. No, claro que no, aquella entidad siempre los protegería.
Tal vez por eso el sentimiento que expresaban sus ojos no podía sacarlo de mi cabeza. O quizás era un aviso. Era bastante extraño. Se me cortaba la respiración. ¿Será que se intentaría matar? No, absolutamente no, apenas lo conocía, pero dudaba que algo así cruzara su mente. Eso lo haría yo, más bien, lo hice, y las circunstancias eran diferentes. No creía que un chico haría tal cosa por un amigo, aunque quien sabe.
¡Venganza! Eso sí, su mirada reflejaba tristeza y odio, como los ojos de Kevin cuando se enteró de cada detalle de lo que pasó. Él quería venganza, acabar con el autor del delito con sus propias manos, dejarlo hecho nada, que ni su madre lo reconociera. Por suerte Julián lo calmó. Pero, ¿quién calmará a Danko? No lo conozco, lo sé, mas siento que su ira se expresará en venganza y eso me asusta, no quiero más problemas y mucho menos que sigan muriendo chicos que viven en los alrededores.
—Llegamos a casa. —La voz de Math me sacó de mi pequeño monólogo interior.
—¿Qué te traes? —preguntó Franco al entrar seguido por mí.
—Nada —contesté pasando por su lado para que cerrara la puerta de afuera.
—Estuviste muy callada todo el camino —dijo abrazándome por la espalda—. Sé que algo tramas.
—De verdad que nada —aseguré clavando mis ojos en él.
—¿No piensan entrar? —Math estaba junto a la puerta de la casa, esperando por nosotros.
—Voy, voy. —Sonrió mi hermano dando saltos hasta llegar junto al menor—. Muero de hambre, ¿y tú?
—También —contestó caminando atrás del sonriente—. Ojalá que Julián traiga algo rico.
—Eso espero —suspiró el de cabello largo antes de entrar al baño, mientras yo cerraba la puerta tras de mí.
Math se dejó caer con pesadez en el sillón grande, tomando el control remoto al paso. Encendió la televisión y subió el volumen. Lo seguí y me senté junto a él, entendía muy bien aquel movimiento, eso significaba que quería hablar antes que Franco saliera del baño.
—¿Qué es lo que me tienes que decir? —preguntó en susurro acercándose a mí.
—Mejor hablamos después —contesté lanzándome a sus brazos—. Franco no tardará.
Mi hermano respondió abrazándome con fuerza, al momento en que la puerta del baño se abría. Besó mi cabeza y bajó el volumen del televisor, ya no era necesario. Franco llegó hasta la sala y, con un salto por sobre el sillón de dos cuerpos, cayó, prácticamente, acostado.
—Idiota, para la próxima que hagas eso lo romperás —lo regañó Math mirándolo seriamente.
—Si se rompe, ya veremos qué hacer. —Sonrió el otro a la vez que dejaba sus manos atrás de su cabeza y se acomodaba para ver televisión.
—¿Nos quedaremos aquí? ¿Sin hacer nada? ¿Obedeciendo a Kevin? —Me atreví a preguntar sin salir de los brazos de mi hermano.
—Tenemos que esperar a Julián —contestó Math. Pude notar un poco de preocupación en su voz.
—No entiendo. —Fruncí mi ceño—, ¿por qué no nos dejó ir?
—Porque está en lo correcto —respondió Franco. Lo miré, pero él tenía su vista fija en la pantalla—. Primero Julián lo mataría por dejar que fueras tú y el bebé. —Sonrió, para luego volver su mirada seria—. Y porque todo eso es bastante molesto.
—No creo que lo recuerdes —añadió Math con lentitud y sus ojos perdidos al frente—, pero será lo mismo que cuando murió Nick. —Me aferré con fuerza a mi hermano, no me gustaba escuchar esas palabras.
—Fue algo parecido… —La voz de mi otro hermano sonó apagada.
Luego de eso, el silencio reinó.
Matías tenía razón, eso no lo podía negar, no recordaba nada de lo pasado en aquel entonces, nada de lo que se trataba de trámites. El momento de la pelea por la autopsia estaba claro en mi mente, pero lo demás ni rastro. Tampoco se puede decir que me esforzara por recordar, porque no es así. Simplemente no quería.
—También tú sabes las cosas que han pasado. —Franco rompió el silencio, lo miré—. No es bueno que vayas a esos lados.
—Según tú, ¿qué es lo que sé? —pregunté frunciendo el ceño.
—Lo que pasó con Derek y eso —contestó clavando su mirada en mí.
—Se te olvida, hermanito. —Salí de los brazos de Math y me senté—, ¿qué ustedes llegaron a un acuerdo para no decirme nada de lo sucedido?
—A veces me sorprende tu estupidez, Franco —dijo el menor acomodándose mejor en el sillón.
—A mí igual —corroboré las palabras mencionadas por mi hermano al momento de ponerme de pie—. Iré a cambiarme de ropa.
—Sólo fue una pequeña equivocación —se defendió. Sentí su mirada en mí, pero seguí mi camino.
Escuché los murmullos de las voces de mis hermanos continuar con la discusión, mas no me interesaba. Lo que tenía en mente era quitarme la incómoda falda y cambiarla por un jeans, y eso hice. Una vez que estuve lista, me lancé sobre mi cama con la cara escondida entre mis almohadas.
El recuerdo de esa noche en el hospital se apareció en mi mente sin que lo llamara. No quería pensar en eso, intenté imaginar otra cosa pero fue imposible. Una y otra vez se repetían las imágenes, Nick en aquella habitación, la pelea en la plaza, el cuerpo de Brian en el suelo, la sangre en mi ropa y mi rostro. Enterré aún más la cara en mi almohada. Sentí el susurro del último «te amo» pronunciado por mi novio.
Si había algo en el mundo que odiaba era ese sentimiento. Aquel que se siente al perder a alguien, uno que no se puede borrar ni olvidar por mucho que pasa el tiempo. Y es peor cuando quien se va es tan cercano como Nick, o como mis padres. El simple hecho de saber que nunca más los volvería a ver, era algo estaría por y para siempre en mi cabeza, y lo odiaba.
El ruido del motor proveniente del auto de Julián me hizo levantar la cabeza. Conocía muy bien cada sonido, el de Kevin era un poco más suave, a diferencia del de mi hermano que cada día se volvía más tosco. Se notaba la mano de mi amigo en su medio de trasporte, lo cuidaba demasiado.
Me puse de pie al sentir la puerta de calle abrirse, limpié mi cara, que a pesar de todo aún quedaban lágrimas por lo sucedido. Salí de mi habitación.
Caminé hasta la sala donde mis hermanos seguían tal cual los dejé. Suspiré, había olvidado que Julián vendría con las noticias de la orientadora. La puerta se abrió, clavé instantáneamente mis ojos en quien entraba, a diferencia de los vagos que se encontraban viendo televisión, y avancé a su encuentro. Mejor llevarse las sorpresas pronto, en vez de estar esperando para el final.
—Tenemos hambre —dijo Franco sin siquiera saludar.
—Haz algo bueno una vez en tu vida y cocina —contestó Julián sin darle importancia.
—Hola, hermanito. —Sonrió Math al mayor, éste lo saludó con la mano.
—Hola —saludé al momento de abrazarlo por el cuello, poniéndome en puntillas y besarlo en la mejilla.
—Traje comida china. —Besó mi mejilla y mostró las bolsas que traía en la mano—. ¿Dónde está el resto?
Ninguno respondió, pero todos dejamos nuestros ojos clavados en el mayor. Creo que eso fue suficiente para que se diera cuenta de lo que pasaba.
—¿No resistió? —preguntó con melancolía en su voz.
—No —contestó Franco—. Kevin, Chris, Alex y el otro chico, a quien por cierto nunca había visto. —Me miró de forma extraña—, fueron al hospital.
—¿También iremos? —consulté—. Yo no tengo hambre, podemos ir enseguida.
—Tú y yo tenemos que hablar —sentenció mi hermano mirándome—. Math, ordena las cosas para que comamos. Franco —suspiró antes de seguir—, quédate mirando televisión.
—A la orden —respondió acomodándose mejor en el sillón.
—Vamos a la cocina. —Julián emprendió rumbo seguido por mí, mientras Math comenzaba a preparar la mesa.
Entramos a la habitación señalada por mi hermano, me senté en el mueble de cocina mientras él dejaba las cosas en el espacio que quedaba vacío junto a mí y se lavaba las manos. Ninguno hablaba, yo simplemente lo seguía con la mirada.
—¿Y bien? —Rompí el silencio, ya me había cansado la espera.
—Te pondrán un castigo por arrancarte del Instituto —dijo sin mirarme mientras empezaba a dividir los platos de la comida—. No será mucho. —Fijó sus ojos en mí, le sonreí—, por eso que en parte fue «en defensa propia». —Hizo una mueca de desagrado—. Pero deberás cumplirlo al pie de la letra, la orientadora no es la única que sabe, y como bien conoces, ella no es la que manda.
—¡Claro que lo haré! —exclamé al ver que mi hermano se quedaba en silencio.
—Eso lo sé, te vigilarán. —Sonrió de medio lado al momento que seguía con los platos.
—¿Qué es lo que tengo que hacer? —pregunté un tanto desconcertada por las reacciones de Julián.
—Algo que te encanta. —Se volvió para mirarme y ver su perfecta sonrisa al momento en que Math entraba a la cocina—. Deberás limpiar el gimnasio.
—¡¿Qué?! —grité, pero fue apagado por las risotadas del menor de mis hermanos. Le regalé una mirada de odio, aun así, continuó exagerando.
—¡Esa cosa es enorme! —Se le entendió con dificultad.
—¿Qué pasa? —Franco ingresó a la habitación empujando a Math que seguía en la puerta con ataque.
—Tu hermanita recibió el mejor de los castigos —contestó Julián contagiándose de la risa del menor—. Tendrá que limpiar el gimnasio del Instituto.
—Pobre de ti —musitó Franco dándome un golpe en la espalda, aguantando la risa.
—Sí, sí, ríanse. —Fruncí mi ceño, pero no dejaron de soltar carcajadas—. Háganlo mientras otros lloran por la muerte de Derek. —Me bajé del mueble y salí de la cocina, las risas desaparecieron.
Si iban a estar de payasos, por lo menos que respetaran el momento que vivimos, no me parece justo que se comporten de esa manera, sabiendo que nuestros amigos están en el hospital por las consecuencias de la última pelea por estos lados. Me dejé caer con pesadez en el sillón de tres cuerpos y me crucé de brazos. A los pocos minutos sentí la puerta de la cocina abrirse y Julián apareció.
—A nosotros también nos preocupa lo que pasó —dijo cuando llegó a mi lado y se sentó—. Pero no por eso dejaremos que nos gane la nostalgia. Ya hemos pasado por algo similar. —Fijé mi vista en él para chocar con sus ojos—, bien lo sabes. Debemos salir adelante.
—Lo sé —musité débilmente—, pero no encuentro justo que estén de payasos mientras los demás andan en el hospital.
—La culpa la tienes tú, por tus castigos. —Sonrió de medio lado, le di un golpe en el brazo.
—La culpa la tiene el directorio o los encargados de eso en el Instituto —respondí, sin poder ocultar una leve sonrisa.
—Creo que quien te vaya a buscar por las tardes —suspiró, supongo que pensando en que él tendría que hacerlo, aunque no lo demostrara, no le gusta ir por mí—, tendrá que esperar o ajustarse a tus nuevos horarios.
—Tanto problema. —Fijé mi vista al frente—, me puedo venir sola.
—Ahora menos que nunca —contestó antes de ponerse de pie—. Vamos a comer, antes que Franco haga alguna estupidez en la cocina.
—Cuando él no haga ninguna tontera. —Sonreí al pensar en mi hermano de largos cabellos—, se acabará el mundo.
—Eso es verdad —dijo el mayor al besar mi frente y caminar a la cocina.
Lo seguí, y al entrar en la habitación pudimos ver que Math le quitaba los limones de las manos. Al parecer Franco y sus dotes culinarios intentaban ponerle el jugo al chapsui de pollo que trajo Julián. No era la primera vez que lo hacía, pero a veces es mejor que cada uno condimente lo que comerá.
—Ya basta —interrumpió Julián para que esos dos dejaran de discutir—. Vamos a comer para ver qué hacemos luego.
Ayudé a llevar los platos a la mesa y nos sentamos a comer. Hace mucho tiempo que no nos encontrábamos los cuatro solos, más bien no recordaba alguna ocasión en que no estuvieran los que faltan. Cuando nuestros padres vivían, también era típico tenerlos aquí, con más frecuencia luego de la muerte de mis padrinos, pero aun así la mesa siempre se encontraba con más sillas usadas.
A pesar que las risas y murmullos de mis hermanos eran sonoras, hacían falta las demás. La costumbre era parte del día tras día. Suspiré mientras seguía comiendo, sin prestar mucha atención a lo que hablaban, ya que Franco optó por contar lo sucedido con las piernas de la mesera. A mi mente se vino el recuerdo de los primeros días luego de la muerte de nuestros padres, cuando nos tuvimos que acostumbrar a estar sin ellos, y después lo mismo, pero con Nick.
—¡Thais! —escuché el grito de Franco, distrayéndome de mis pensamientos.
—No grites no soy sorda. —Fruncí mi ceño al momento de responderle.
—Al parecer sí —contestó después de tragar—. Hace rato que estoy intentando que me tomes en cuenta.
—Estaba pensando en cosas más interesantes que las piernas de la mesera. —Le sonreí con sarcasmo.
—Como el chico nuevo —se burló Math antes de llevarse un poco de comida a la boca.
—¿Qué con eso? —pregunté clavando mi mirada en quien habló.
—Que te vimos —respondió Franco—, hablando con él, y con mucho gusto.
—Así es —añadió el menor—, no puedes negarlo, varios ojos estaban presentes.
—¿En qué anda mi pequeña? —Julián me hizo un guiño antes de sonreírme.
—En nada —contesté con un suspiro. Meneé mi cabeza y seguí comiendo.
—¿Cómo que no? —consultó Franco elevando un poco su voz—. Te vimos sonreírle y hacerle ojitos.
—¡¿Qué yo qué?! —exclamé frunciendo el ceño, dejando caer mi tenedor sobre el plato—. ¡Julián!
—¿Qué? —preguntó el mencionado mirándome.
—Franco me está molestando. —Hice un puchero y me crucé de brazos.
—¿Desde cuándo tengo que defenderte por eso? —Arqueó una ceja y me miró interrogante.
—Desde que no encuentra cómo salir del lío en que se metió —contestó Franco con burla.
—Yo no me he metido en ningún lío —añadí volviendo a tomar el tenedor—. No es mi culpa que tú veas cosas que no son.
—No sólo lo vi yo. —Sonrió con satisfacción—. Todos estaban presentes, ¿me apoyas, Math?
—Yo también lo vi —aseguró el menor sin dejar de comer.
—Lo que digan es problema de ustedes —protesté sin darles importancia—. Yo sé lo que pasó y si no les gusta, ni modo, es la vida.
Las risas y burlas se hicieron presentes con fuerza, habían encontrado una nueva forma de molestarme, y lo peor era que sabían que me no me gustaba. Conocían muy bien mi promesa de no volver a enamorarme, pero aun así siempre que se les presentaba la oportunidad de ligarme a un chico, lo hacían.
Continué comiendo como si ellos no existieran, nada más podía hacer, si los tomaba en cuenta el juego seguiría por mucho rato, mientras que si los ignoraba todo pasaría en un abrir y cerrar de ojos. Y así fue, de pronto todo se volvió en un silencio insoportable. Las miradas de cada uno estaban fijas en los platos casi vacíos, y nuestros ojos reflejaban un poco de tristeza, por unos momentos imaginé que todos pensábamos en lo mismo: lo que ocurría en el hospital. Por lo menos era lo que yo tenía en mente.
—¿Cuánto es el tiempo de castigo? —pregunté para acabar con el silencio, mirando al mayor de mis hermanos.
—¿Qué? —consultó devolviéndome la mirada, al parecer se encontraba tan sumido en los pensamientos que no escuchaba nada.
—¿Cuánto es el tiempo de castigo? —Volví a preguntar—. ¿Cuántos días tengo que limpiar el gimnasio?
—Por dos semanas —contestó y bajó la mirada al plato. El silenció reinó nuevamente.
Lo único que se lograba escuchar en cada rincón de la casa era el golpe del tenedor, hasta que ya no quedó nada de comida. Con el mismo silencio nos pusimos de pie y cada uno llevó lo utilizado para la limpieza, ninguno peleó por lavar, Julián comenzó a hacerlo a pesar que le tocaba a Math. A veces la bipolaridad se hacía presente por todos lados.
—¿Tienes tareas? —preguntó el mayor antes que alcanzara a salir de la cocina.
—No —contesté al voltearme para mirar su espalda—. Y mi bolso se quedó en el auto de Kevin cuando fue por mí.
—Entonces cuando termine con esto nos vamos al hospital —suspiró, a ninguno nos agradaba volver a ese lugar.
—Está bien —respondí y salí del recinto para dirigirme al baño.
Mis otros dos hermanos continuaron viendo televisión. Rápidamente hice mis aseos rutinarios de limpieza dental y volví a la sala, donde aún las miradas estaban perdidas en la pantalla. Me senté junto a Franco y observé que tanto veían, pero al parecer la tenían encendida sólo para el ruido, porque lo único que se apreciaba eran comerciales.
—Qué aburrido es eso —dije observando a todos lados en busca del control remoto.
—No dejes que tome el control —casi suplicó Math—, o nos pondrá a ver Supernatural.
—Qué chistoso —musité cruzándome de brazos—. Para tu información hoy no lo dan, no es fin de semana. Idiota.
—Cinco minutos y nos vamos. —La voz de Julián al salir de la cocina interrumpió nuestra discusión.
—Como ordenes —contestó Franco haciendo el saludo militar con la mano.
El sonido de la televisión llenó el ambiente de la sala. La palabra hospital ponía tensos a todos, y no era para menos, rodeados de muertes. Suspiré y me acurruqué en los brazos de mi hermano para esperar. Habían cosas que no entendía, y necesitaba saber, tal vez Alex me ayudaría con eso. Él fue quien llegó a avisarnos lo que sucedió.
—¿Cómo supo Alex que estábamos en la heladería? —pregunté confusa al recordar—. ¿Cómo supieron ustedes?
—Vimos el auto de Kevin estacionado afuera —contestó Franco sin darle mucha importancia al asunto.
—Dijo que irían a comer helado —añadió Math—. ¿No lo recuerdas?
—Sí, pero yo dije que no quería —respondí aún algo confusa.
—No lo sé —suspiró el menor levantándose—. Pasábamos por allí, camino a casa, vimos el auto y fuimos a molestar, como siempre hacemos. —Sonrió.
—Eso tiene lógica —dije con voz suave—. Pero, ¿qué hay con Alex?
—Debe haber sido lo mismo. —Franco tomó la palabra—. Debió salir del hospital y tomar la ruta más corta, por la heladería. Vio el auto de Kevin y mejor se fue para allá.
—Ya estoy más clara. —Sonreí para empezar a ponerme de pie.
—¿Qué pasa? —preguntó Franco. Lo miré y él a mí—. ¿Acaso el chico nuevo te dejó pensando en otras cosas? —Las risas de Math llenaron el ambiente, seguidas por las pequeñas sonrisitas del otro.
—¡Estúpido! —exclamé antes de lanzarme sobre él y apretarle con mis manos su cuello. Lo que provocó que sus risas aumentaran.
—Pequeña —me llamó Julián, pero no lo miré—, déjalo vivir un poco más. Aún nos hace falta.
—Está bien —contesté de mala gana soltándolo—. Sólo te salvaste porque mi hermanito me lo pidió, para la otra no la cuentas —le advertí al levantarme y con una sonrisa.
—Lo tendré presente —dijo fingiendo estar ahogado.
—Vamos —ordenó el mayor tomando sus llaves y abriendo la puerta.
Seguí sus pasos al momento en que Franco apagaba la televisión. Salimos al jardín y sentí que Math pasó corriendo por entre nosotros, de seguro quería irse de copiloto, fruncí el ceño al mirarlo, ni en estas situaciones deja de pelear por el asiento. Julián, delante de mí, resopló.
Franco fue el encargado de cerrar las puertas mientras los demás lo esperábamos en el auto. Una vez que todos estuvimos adentro, Julián partió rumbo al hospital. Miré por la ventana, supuse que el silencio sería el acompañante principal de todo el trayecto, era mejor observar el paisaje.
En pocos minutos estuvimos en el lugar. Sentí un escalofrío recorrerme entera cuando puse un pie fuera del auto, hace tan poco había estado allí, arrancando del que acabó con mi mundo. Apreté mis puños y descendí por completo, miré al frente y en la puerta de entrada se encontraba Kevin fumando junto a Chris que intentaba calmar a Alex. Si bien ellos eran amigos, no entendía muy bien el por qué sufría tanto. Algo ocultaban y mi deber era averiguarlo.
Julián tomó de mi mano y caminamos hacia nuestros amigos. Math encabezaba la marcha, seguido por Franco y nosotros, hasta llegar a donde se encontraban los otros, solté a mi hermano y me fui con Alex, lo abracé con fuerza. Él hizo lo mismo conmigo.
—No sé qué pasó —susurró entre lágrimas—. Te juro que no sé qué pasó.
—¿Por qué lo dices? —pregunté extrañada frente a sus palabras.
—Antes de ir al centro comercial. —Se separó un poco de mí y me miró a los ojos—, vine a verlo. Estaba bien, incluso hablamos, poco pero lo hicimos. Estaba bien —repitió para volver a abrazarme con fuerza, dejando su cara apoyada en mi hombro.
—No lo alcancé a ver —musité lo más bajo que pude—. Salí arrancando porque…
Me detuve, Alex me soltó y me observó con extrañeza, limpió un poco su cara con sus manos y yo tapé mi boca con mis manos. Algo estaba mal y mis suposiciones no me gustaban nada.
—¿Qué tienes? —La voz de Chris me hizo despegar mis ojos de los azules de Alex.
—Nada —contesté muy suavemente—. Nada.
Sin pensarlo dos veces, corrí a la entrada del hospital hasta llegar a donde se encontraba la enfermera recepcionista. La señora, misma que antes, me miró perpleja, con la boca abierta, dejó caer el lápiz con el que anotaba.
—¿Me recuerdas? —pregunté aceleradamente.
—Sí —contestó titubeante.
—¿Quién más vino a ver a Derek? —interrogué clavando mi mirada en ella, intentando intimidarla.
—No puedo revelar… —dijo entrecortadamente.
—¡Respóndeme, maldita sea! —grité sin importarme nada dando un golpe con mi puño en el mesón—. ¿Quién más vino antes que yo?
—Un chico de cabello negro —respondió con temor—. No supe su nombre.
—¿Estás segura de eso? —La miré desafiante, acercándome a ella.
—No lo sé —musitó con rapidez—. No lo sé, tenía el cabello muy negro y los ojos igual, daba miedo su presencia. Salió un poco después que tú…
—Gracias —la interrumpí con calma, no necesitaba saber más. Retrocedí dando pasos hacia atrás, sin siquiera mirar, hasta que choqué con algo, volteé con rapidez.
—¿Esto está relacionado con lo que me ocultaste toda la tarde? —preguntó Kevin clavando sus ojos en mí.
—Sí. —Fue lo único que pronuncié, de pronto se me secó la garganta.
—¿Nos dirás qué tanto pasa? —cuestionó fijando su dura mirada en mí, y me di cuenta que Julián se encontraba con él, observándome con fiereza.
—Creo que… —susurré mirándolo a ambos, apreté mis puños y corrí a la salida.
Los gritos del mayor de mis hermanos sonaban fuertes tras de mí, indicándome que me detuviera, pero no le hice caso. Salí hasta llegar con los demás para refugiarme en los brazos de Math. Lo abracé con todas mis fuerzas, él me respondió de la misma manera, sin entender nada de lo que pasaba. Ni siquiera yo lograba dilucidar con claridad todo lo que ocurría en mí cabeza.
—Será mejor que expliques de una vez —la amenaza de Julián sonó tras de mí. Abracé aún más a Math.
—¿Qué pasa? —preguntó Alex. Me sentía rodeada de gente.
—Es lo que queremos saber —respondió con voz fría Kevin.
—Es… —susurré al soltar a mi hermano y girarme, aunque sin mirar a nadie—. Es que estuve aquí hace un rato, después de salir del Instituto. —Clavé mis ojos en Julián para ver su reacción. Frunció su ceño y se cruzó de brazos—. Quería saber cómo estaba Derek y que me contara lo que ustedes no quisieron.
—Te dije muy claramente que no te quería por estos lados —me regañó el mayor de mis hermanos. Los demás miraban sin saber qué hacer—. ¿Sabías de esto? ¿Tú la trajiste? —preguntó con enojo a Kevin.
—Conmigo no vengas con ese tono —contestó mirándolo directo a los ojos—. Bien sabes que yo soy de los que prefieren que se quede en casa. —Fruncí mi ceño al escuchar eso—. Y más con las cosas que están pasando. No tenía idea de sus planes, alcancé a agarrarla cuando salió corriendo del hospital —dijo más calmado.
—Bien. —Julián volvió su vista a mí—. Cuenta qué está pasando.
—Cuando vine hace un rato creí ver a Brian Cox —susurré tomando la mano de Math—. Pensé que era él pero no fue así. Por eso le pregunté a la recepcionista. —Miré a Julián que me observaba con confusión—. Por un momento imaginé que sí era él y había hecho algo para que Derek muriera… —suspiré recordando a Nick—. Con eso que dijo Alex, que se encontraba mejor cuando lo pasó a ver y después… ya saben.
—¿Era o no era ese maldito? —interrogó Kevin enojado.
—No era —mentí frunciendo mi ceño, intentando que me creyera.
—¡La enfermera te dijo que había un chico…! —Alzó su voz, sus ojos de fuego aparecieron.
—¡No me grites! —lo interrumpí—. La señora dijo que tenía el cabello muy negro, el maldito ése lo tenía negro, pero más al lado del castaño. —Lo miré con odio, debía protegerlo, cumplir con mi promesa.
Kevin se giró y golpeó con su puño cerrado la pared del hospital, la magnitud del impacto se notó cuando dejó caer su brazo derecho a un costado, mostrando sus nudillos recién golpeados rojos, con un hilo de sangre muy fino. Me dispuse a acercarme, pero Math me detuvo, Kevin se volvió hacia nosotros.
—Al igual que a Nick —dijo demostrando dolor—, el cuerpo de Derek no lo entregarán hasta tres días más, es decir el sábado. —Se silenció y observó a todos, menos a mí, un escalofrió me recorrió a causa de eso—. Su madre, como bien saben, los ha criado sola, a Derek y sus dos hermanos menores —suspiró y se pasó la mano izquierda por el cabello—. Por eso y como yo ya tenía más práctica. —Sonrió con sarcasmo—, me ofrecí para ayudarle en todo lo necesario.
—¿Qué es lo que se necesita? —preguntó Franco con notoria preocupación.
—Dinero —contestó rápidamente Kevin—. ¿Qué más? El mundo gira alrededor del dinero.
—Pero del papeleo y esas cosas —habló Julián—. ¿Quién se hará cargo? —Mi hermano conocía muy bien a Kevin, él sabía todo lo que le dolía aquello y lo que pasaba no hacía más que recordárselo a cada instante.
—Ya me encargué de eso —respondió dejando sorprendidos a todos los Leighton, los demás, al parecer, ya lo sabían.
—Pero… —susurró Math antes de ser interrumpido.
—Dije que me ofrecí a ayudar —protestó frunciendo el ceño—. ¿Acaso piensan que la señora con dos críos de siete y doce años se puede hacer cargo de eso? No, claro que no —elevó un poco su voz, pero sin llegar al grito—. Está allá arriba casi en estado de shock, sus hijos apenas entienden lo que pasa.
—El amigo de Derek se encuentra con ella ayudándola en lo que más pueda —añadió Alex con voz muy baja—. Yo lo haría, pero no sé qué hacer.
—Creo que es mejor que te los lleves —dijo Kevin con voz casi suplicante mirando a Julián—. Ve y saca tu bolso de mi auto. —Me extendió sus llaves sin mirarme, la recibí y busqué con la vista el carro, hasta que di con él, prácticamente al frente de mis ojos.
—Está enojado contigo por mentirosa —susurró Math, había olvidado que lo tenía de la mano.
—Si le miento es por su bien —contesté al llegar a la puerta.
—Así que ocultas algo —agregó frotándose la barbilla al apoyarse en la puerta trasera.
—Sí —suspiré al tener en mis manos el pesado bolso—. Y tú serás mi cómplice cuando te lo cuente.
—¿Tiene que ver con ése? —preguntó, a pesar de los años, a él todavía le costaba nombrarlo, muy pocas veces lo hacía.
Asentí con la cabeza y le entregué mi bolso, puso una cara de fastidio, pero lo recibió de todos modos y se la colgó del hombro izquierdo, para dejar su mano derecha en mi cintura y abrazarme. Julián, seguido de Franco, Chris y Alex, llegaron en pocos segundos. Mi hermano mayor le entregó las llaves del auto a Math y me pidió las de Kevin, en grandes zancadas llegó a su lado y se las entregó para volver con nosotros.
Miré a Kevin quedarse en la entrada del hospital, pero bajó la mirada cuando nuestros ojos chocaron. Comenzamos a caminar hacia el auto de mi hermano mayor, cuando apareció por la puerta Danko, se acercó a mi amigo y ambos entraron en el recinto, al igual que nosotros nos subimos al carro.
Todo el trayecto fue en completo silencio, Math se adueñó —como siempre— del copiloto, nadie se lo peleó. Mientras que atrás, Chris y Alex iban sentados solos y yo sobre Franco. Él no permitiría que otro me cargara, pequeña manía de hermano sobreprotector que salía a relucir cuando intentaba hacerse el gracioso, lamentablemente esta vez nadie se encontraba para chistes.
Al llegar a casa recibí mi bolso de Math y me dirigí inmediatamente a mi habitación, no tenía ganas de nada, ni siquiera de averiguar algo. Me puse mi pijama y me lancé sobre la cama, no me importó meterme bajo las cobijas, lo único que quería era un poco de descanso sobre mi suave colchón, sólo eso.
La puerta se abrió con lentitud, levanté mi cabeza con pereza y vi a Math que cerraba tras de sí, me incorporé y se sentó a mi lado, abrazándome protectoramente, no pude evitar responderle en el instante, a la vez que unas lágrimas brotaban de mis ojos. Era hora de desahogarme.
—Está vivo. —Solté sin tanta vuelta—. Hoy lo confirmé, está vivo.
—Entonces, no fue sólo una ilusión… —Me abrazó con más fuerza—. ¿De verdad lo viste?
—Y lo escuché —añadí limpiándome un poco la cara, borrando las gotas saladas—. Fui a ver a Derek, pero me perdí en el camino. Sentí unos pasos y luego ese murmullo cerca de mi oído. —Math acarició mi cabeza con suavidad—. Nunca he olvidado su voz, eso te lo he dicho. Corrí inmediatamente hasta la salida, donde me topé con los brazos de Kev —suspiré pensando en que él se encontraba enojado conmigo—. Cuando íbamos en el auto lo miré por el espejo retrovisor y nuestras sospechas salieron a la luz: está vivo.
—Pero no nos hará nada —aseguró mi hermano, supongo que no supo qué más decir.
—Lo que me preocupa es la reacción de Kevin, no quiero decirle que sigue vivo —musité pensando en las mentiras dichas.
—Tarde o temprano lo sabrá —contestó con algo de preocupación—. Cuando llegue el momento veremos cómo se dan las cosas, por ahora debes mantenerte calmada.
—Él mató a Derek —susurré escondiendo mi cara en el pecho de mi hermano.
—Eso no lo sabemos —dijo intentando consolarme—. No estuvimos en la pelea, no sabemos quiénes pelearon…
—Él lo mató —aseguré mirándolo a los ojos—. La enfermera me dijo que él había estado antes de que yo fuera. Él venía saliendo de la habitación de Derek cuando lo vi. —Me detuve, estaba levantando demasiado mi voz—. Estoy segura que hizo algo para acabar con su vida.
—Eso no es nada seguro —refutó frunciendo un poco su ceño—. No te alarmes ni pienses cosas a lo tonto y a lo loco. Mantén la calma.
—Estoy tranquila —respondí con voz suave—. Pero estoy segura que tuvo algo que ver, y te prometo que lo averiguaré.
—Será mejor que te mantengas alejada —ordenó mirándome con seriedad—. O nunca más en tu vida volverás a salir sola.
—No me meteré en problemas. —Le sonreí para ganarme su permiso—. Eso te lo aseguro.
—A la primera señal de peligro —dijo aún con tono serio—, te alejas y no vuelves a saber del tema. —Lo miré con el ceño fruncido—. ¿Lo prometes?
—Lo prometo —contesté sin ánimos. Math besó mi frente.
—Ahora prepárate para dormir, ya que estás con pijama, aprovecha el tiempo. —Sonrió enseñándome el reloj.
—Pensaba que era más tarde —añadí observando que el aparato marcaba las 20:45 horas—. De todas maneras, no había más que hacer.

Mi hermano se levantó y salió de la habitación seguido por mí. Me dirigí al baño y, tal como dijo Math, me preparé para dormir. Una vez que salí fui a la sala donde Alex y Chris terminaban de comer. Les di las buenas noches a todos y caminé a mi cama, un largo día me esperaba, debía buscar información y, además, cumplir con el castigo impuesto por violar las reglas del Instituto. Suspiré pensando en todo lo que tendría que limpiar, aun así me dejé caer con pesadez sobre mi cama y me arropé hasta las orejas.

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