23 de septiembre de 2017

[Hasta el día de ayer] Capítulo XIII: «Nueva venganza»

Cuando sonó el despertador en la mañana, me interrumpió del sueño que tenía con Dean cazando demonios. Suspiré, lo apagué y volví a meterme en las sábanas. Perezosamente me puse de pie luego de unos minutos y me fui al baño antes que alguien decidiera ocuparlo.
Como todos los días me preparé para lo que me esperaba, tropezando de vez en cuando con Julián, el resto duerme hasta tarde. Una vez que estuve lista miré el reloj y me di cuenta que aún faltaba poco más de quince minutos para irme. El mayor de mis hermanos apareció desde la cocina.
—¿Me voy sola? —pregunté sentada en el sillón con el bolso en las piernas.
—Ni lo sueñes —contestó para perderse en el baño.
Suspiré y dejé mi espalda apoyada en el respaldo con fastidio. Observé la sala y noté que Alex no estaba, de seguro se fue a su casa luego de comer anoche. Todo se mantenía con mucha calma, se notaba que algo malo había pasado en cada rincón de la casa. Julián salió del baño.
—¿Alex no durmió aquí? —consulté al ver pasar a mi hermano a la cocina.
—Sí, pero se fue mientras te bañabas —respondió antes de perderse tras la puerta.
—¡Tan temprano! —exclamé al momento en que de la habitación de Franco y Math salía Kevin hacia el baño.
Una punzada en el estómago fue lo que recibí, ya que ni una mirada de parte del mencionado tuve. Sí que estaba enojado, todo por una mentirita piadosa por su propio bien. Me puse de pie y colgué el bolso de mi hombro, era hora del fastidio.
—¡Julián! —grité antes de llegar a la puerta de la cocina—. Me voy.
—Deja de gritar tanto —dijo Math por atrás de mí con cara perezosa—. Creo que aquí no tenemos problemas de audición —terminó de hablar para besar mi frente y entrar a la cocina.
—Julián —repetí siguiendo al menor e ignorándolo.
—Bien sabes que no te vas sola —respondió el mayor terminando de preparar el desayuno para los demás.
—Pero se hace tarde —protesté inflando mis mejillas—, no quiero llegar tarde.
—Escandalosa —cantó Math mientras mordía un pedazo de pan—. Todavía es temprano.
—No quiero agrandar el castigo y terminar limpiando todo el Instituto —reclamé cruzándome de brazos.
—¡Qué injusta es la vida! —exclamó Julián con burla.
—No sé cómo los soporto. —Fruncí mi ceño al mirarlos.
—Porque somos tus hermanos. —Sonrió el menor—. Además, si hablamos de quién soporta a quién… —Besó mi mejilla—, creo que sales perdiendo.
Iba a reclamar, pero la puerta de la cocina se abrió e impidió que siguiera hablando. Kevin entró directo a tomar una tostada, saludando a Math revolviendo su cabello y con una seña con su mano a Julián. A mí me ignoró como lo suponía, suspiré.
—Pobre de ti —susurró el bebé en mi oído.
Rodé mis ojos y me crucé de brazos, esperando alguna señal de mis hermanos, pero al parecer poco les importaba la hora. Suspiré y fijé mi vista en Kevin, se movía de un lado a otro, mascando una tostada, tomando café, no se quedaba quieto. Tenía unas ojeras notorias, no lo veía así desde que… Mejor ni pensarlo. Quizás a qué hora llegó anoche.
—¿Te paso una sábana? —preguntó Math en susurro cerca de mi oído. Lo miré confundida—. Ya se te cae la baba por Kevin. —Sonrió sin poder aguantar una carcajada.
Había olvidado hace cuanto tiempo no le pegaba a mi hermano en el brazo. Sus músculos aumentaron, me dolió el puño, de seguro el golpe lo sentí más yo que él. Pero ¿cómo se le ocurría decir eso? Kevin sólo es mi cuñado. Math apretó mis mejillas, fue cuando me di cuenta que me ardían, estaba sonrojada. ¿Por qué?
—Dejen de pelear —gruñó Julián al voltearse y mirarnos.
—Él empezó —dije inmediatamente recordando nuestra niñez.
—No me interesa —contestó el mayor siguiendo con el desayuno—. Quiero que dejen de hacerlo y punto.
—Vamos —musitó Kevin al pasar junto a mí, logrando que diera un respingo. Salió de la cocina.
—Julián, ¿es una broma? ¿Verdad? —pregunté temerosa y casi tartamudeando.
—¿Qué? Casi todos los días te va a dejar Kev —respondió mi hermano caminando hacia mí—. No le veo nada de raro. —Me guiñó un ojo y besó mi frente—. Suerte con la limpieza. —Volteó, pero alcancé a notar su sonrisa burlona.
—Math —supliqué viendo mi última opción.
—¡Ni lo sueñes! —exclamó negando con los brazos—. Tengo cosas que hacer, ¿por qué crees que ando levantado?
—Bien, bien, envíenme a mi calvario. —Fruncí mi ceño. El menor de mis hermanos besó mi mejilla.
—Exagerada. —Alcancé a escuchar de la boca de Math, segundos antes de que la puerta de la cocina nos separara.
La entrada estaba abierta, suspiré y avancé. Cuando estuve afuera cerré tras de mí y vi a quien me iría a dejar esperando apoyado en su auto con mi bolso en su hombro. Eso sólo significaba una cosa: caminaríamos. Lo único que me faltaba, con lo tarde que era y además junto a Kevin, que ni siquiera se dignaba a mirarme.
Una vez que llegué junto a él, dio un paso al frente y comenzó a caminar de una forma rápida, sin decir absolutamente nada. Definitivamente éste sería un largo viaje. Me apresuré en llegar cerca de mi amigo y me mantuve unos pasos tras él. No me hablaría, eso era obvio.
—Idiota —musité de forma que sólo escuchara yo y por lo visto lo logré.
No entendería que lo hago por su bien. Si le cuento lo que realmente pasó ayer, de seguro iría directo a matar a Brian Cox. Meneé mi cabeza, eso no lo podía permitir, no dejaría que otro más cayera en sus manos. No es que crea que Kevin no fuera capaz de hacerle frente, en realidad sería el indicado para hacerlo trizas, pero no se puede, aquello no era una solución, sólo traería más problemas.
Levanté mi mirada y la fijé en la espalda de mi amigo, no aguantaría que él también cayera. No él, no Kevin.
—¿Cómo está la madre de Derek? —pregunté para hacer el camino un poco más agradable.
—Mal —contestó cortante sin siquiera dirigirme una mirada.
Nuevamente el silencio fue mi gran compañía. Suspiré y me crucé de brazos, mejor hablar con mi conciencia. Comencé a sacar cuentas del tamaño del gimnasio y cuánto me tardaría en limpiarlo, ¡eso sí que será un fastidio! Lástima que Math ya no estudie allí, sino lo obligaría a ayudarme. Sonreí de medio lado, tal vez Ale me puede dar una mano, ésa es una buena idea.
No me di cuenta que Kevin se había adelantado tanto, y cómo no, si aproximadamente tres pasos de los míos son uno para él. Corrí hasta alcanzarlo y pude divisar el Instituto. Quién diría que caminando con el enojón tardaría tan poco en llegar. Me situé junto a mi amigo y le sonreí, si no me hablaría, ¿por qué no molestarlo? Bajó su vista e hizo una mueca de desagrado, volvió a fijar su mirada al frente. Yo también.
Lo único que me separaba de mi lugar de estudios era la calle, podía ver a Ale sentada en la escalera como siempre. Kevin avanzó cuando no se lograba apreciar ningún auto y yo lo seguí. Al otro lado detuvo su paso, volteé a mirarlo y me extendió el bolso.
—No sé quién vendrá a buscarte —dijo fríamente al recibir lo que me entregaba—. De todas maneras sabes que debes esperar.
—Sí, lo sé —contesté colgando el pesado peso en mi hombro—. ¿Irás al hospital?
—Que te vaya bien —respondió ignorándome. Le hizo una seña de saludo a Ale, supongo, le sonrió y se dio la media vuelta.
—A mí que me parta un rayo —suspiré antes de seguir mi camino.
—¿Tanto se enojó por lo que hiciste ayer? —preguntó mi amiga cuando llegué junto a ella.
—No por lo que imaginas. —La abracé para saludarla—. Sino por lo que pasó después.
—Algo bastante feo como para que te trate así —agregó con un gesto de preocupación.
El timbre sonó al momento en que le iba a responder, así que entramos rápidamente antes que cerraran las puertas y mi castigo aumentara. Miré al frente y suspiré cuando el gimnasio apareció en mi visual. Un largo, muy largo día me esperaba. Sentí que jalaron mi brazo, me detuve para ver quién se atrevía a hacer eso.
—Hola —saludó Danko con claras muestras de su llanto.
—¿Qué haces aquí? —pregunté confundida.
—Estudio aquí. —Intentó sonar divertido, pero no lo logró.
—No me refiero a eso. —Fruncí mi ceño—. ¿Por qué no estás en el hospital?
—Le harán la autopsia —contestó bajando la mirada—. No quería estar allí. Se quedó su madre, sus hermanitos están en casa de mi tía —suspiró y me miró—. De todas maneras tenía pensado faltar sólo si se llevaban a cabo los funerales. Tengo un castigo pendiente.
—¡Jóvenes a sus salones! —Se escuchó la voz de uno de los inspectores.
—Vamos —dijo Ale tomando de mi mano y jalándome al interior de nuestra aula—. Creo que tienes muchas cosas que contarme.
—Muchas es poco —añadí al momento de entrar. Observé a mis compañeros y divisé a quienes faltaron el día anterior, sentados juntos, en el penúltimo lugar de la fila doble—. Suerte para estos dos —le dije a mi amiga—, sino los hubiera corrido a empujones de mi asiento al final.
Ale sonrió a mi lado y caminamos hasta llegar al lugar indicado. Los vagos nos saludaron y después de entablar una mini conversación sobre la galería que fueron a visitar y lo que pasaron de clases los profesores el día anterior, voltearon para seguir discutiendo no sé qué cosa.
—No te parece raro —suspiró mi amiga clavando sus ojos en mí.
—¿Qué cosa? —pregunté al no entender.
—Que aún no llegue la profesora —señaló con la mirada el asiento y escritorio vacío frente al pizarrón.
—No es raro —contesté con algo de risa—. De seguro viene caminando a paso de tortuga, ya sabes cómo es, ten en cuenta que es la profesora más veterana de todos. —Ale soltó una pequeña carcajada—. Dale tiempo.
—Podrías aprovechar el tiempo y comenzar a decirme lo que pasa —sentenció frunciendo el ceño.
—No tienes para qué arrugarte tanto. —Le sonreí con malicia—. Bien sabes que te…
—Jóvenes —interrumpió el inspector general—. La profesora no podrá asistir hoy a realizar sus clases por motivos de fuerza mayor…
—Ya se murió la anciana —se escuchó la voz de un compañero. Cómo se notaba que no tenían un poco de respeto por nadie, de seguro es de la misma calaña que Brian Cox. Suspiré.
—Para suerte de usted, joven —respondió con voz autoritaria quien acababa de entrar—. La señora sigue en perfectas condiciones, y estoy seguro que sabrá aplicar castigos cuando regrese. —Nos miró a todos, hizo una pausa y continuó—. Dejó un trabajo que tendrán que realizar en parejas y durante toda la hora que dura la clase. Cuando llegue el receso vendré por ellos y se los entregaré mañana a la profesora.
Cuando terminó comenzó a repartir las hojas con la actividad mencionada. Ale la recibió, le echamos una rápida mirada y empezamos a trabajar casi al instante. Si algo habíamos aprendido de los regaños de Julián, de todas las veces que hacíamos tareas en casa, era que mientras antes termináramos, mucho mejor.
Relaté lo que sucedió desde el momento en que nos separamos del Instituto  por la tarde, hasta lo que vio por la mañana. Omitiendo que me encontré con Brian Cox, eso sólo lo comentaría con Math. No nos dimos cuenta cuando ya habíamos acabado con mi historia y, a la vez, con el trabajo.
—Kevin es un cabezota —me dijo al terminar de poner nuestros nombres a la hoja—. Enojarse porque confundiste a ese innombrable.
—Sí, es verdad —suspiré con cansancio—. Pero así es él, un enojón.
—Pero hay una cosa que no me dijiste. —Me miró pícaramente, intuí a lo que se refería—. ¿Quién es el chico que te detuvo en la entrada?
—Sí te hablé de él —contesté con fastidio—. Te dije que un chico quiso golpear a Alex en la heladería.
—No mencionaste que fuera el mismo. —Frunció su ceño.
—No pensé que tendría que hacerte los dibujos de toda la historia. —Sonreí con burla.
—¿De qué hablan? —Dom se giró una vez que terminaron el trabajo.
—Del castigo de Thais —respondió mi amiga.
—¿Castigo? —preguntó Kian intrigado—. ¿De Julián o de Kevin?
—Ninguno de los anteriores —susurré dejando mis codos apoyados en la mesa y mi mentón sobre mis manos—. De la directiva del Instituto. —Mis amigos me miraron con extrañeza—. Por fugarme el otro día, ¿acaso no lo recuerdan?
—Lo mejor es lo que debe hacer —intervino Ale con notoria burla. La maté con la mirada.
—Cuenta, cuenta —dijo emocionado Dom.
—Tengo que limpiar el gimnasio por dos semanas —solté con rapidez, para qué demorar tanto.
Los chicos estallaron en risas, mi amiga no pudo aguantar e hizo lo mismo. Junté mi entrecejo, suspiré y me crucé de brazos. Tropa de idiotas molestosos.
—Que sigan así y tendrán que hacerlo conmigo —los amenacé para que dejaran de reír.
—¿Quién nos obligará? —interrogó arqueando una ceja Kian.
—El inspector —contesté con una sonrisa de medio lado.
—Sí, sí claro —bufó Dom respirando agitado por tanta carcajada.
—Respóndame una cosa. —Los miré con astucia—. Si le digo al señor que ustedes me ayudaron a fugarme, ¿qué creen que les hagan?
—No serías capaz. —Ale me dio una palmada en la espalda. Volteé para mirarla, soplé mi flequillo y arqueé una ceja—. ¿Verdad? —cuestionó al tragar saliva.
—Si siguen molestando —añadí seriamente, la idea era causar miedo—, no tendré problemas en decir eso.
—Bien, bien. Nos quedaremos tranquilos. —Kian se cruzó de brazos—. Razón tenía Math, y también Nick, cuando decían que eras una manipuladora.
—¿Era? —preguntó con sarcasmo Dom—. Lo es, y dudo mucho que cambie.
—No es ser manipuladora —protesté mirándolos reclamar—. Es defender lo justo.
El timbre sonó avisando que la hora había finalizado y teníamos que ir a dejar los trabajos a la oficina del inspector, porque a pesar que dijera que él los buscaría, no era verdad. Bien lo conocíamos y lo mejor que podíamos hacer era dejar la tarea sobre su escritorio.
Aquello fue una gran suerte, sino los reclamos por parte de esos tres continuarían por mucho rato. Suspiré y me puse de pie, invitando a Ale para ir a la oficina. Se levantó y comenzamos a caminar a nuestro destino.
Desde la distancia vi a Danko salir de la oficina a la que nos dirigíamos, con las manos en los bolsillos y la cabeza baja caminó en dirección al baño. No le di importancia, ya que Ale me jaló del brazo y me obligó a correr hasta llegar al lugar. Golpeó con suavidad, escuchamos la ronca voz del inspector diciendo que pasáramos. Mi amiga abrió la puerta y, prácticamente, la empujé al interior y yo esperé afuera.
—Mala persona —susurró Kian en mi oído—. La mandaste sola al Infierno.
—Blah, blah —contesté sin siquiera mirarlo—. Mucho tendré cuando acaben las clases. De seguro él será quien me vigile.
—De todas maneras no es motivo para que… —reclamó mirando fijamente.
—Vamos Kian, muévete —ordenó interrumpiendo Dom.
—Anda solo —respondió el otro con una sonrisa. El hermano de Tony meneó la cabeza y entró a la oficina.
—Como te decía —prosiguió—, no tienes…
—¿Con qué moral me dices eso? —Fruncí mi ceño al clavar mis ojos serios en él—. Acabas de dejar solo a Dom y me vienes con reclamos… ¡Auch! —Dos dedos apretaron mi brazo con fuerza.
—Y debería haber sido más fuerte. —Ale me miró con enojo—. ¡Me dejaste sola!
—¡Los gritos para otro lado! —Se escuchó desde dentro la oficina.
—¿Vamos a comer algo, Kian? —preguntó Dom al salir.
—Claro —contestó el mencionado, y se marcharon rumbo al casino.
—¿Y bien? —susurró Ale tomando de mi brazo y comenzando a caminar a algún lugar del patio.
—¿Ah? ¿Qué cosa? —interrogué confundida al no saber de qué hablaba.
—¿Qué pasa con ese chico? —Otra vez esa mirada pícara. Suspiré, detuve mi paso y me senté en el césped—. ¡Vamos, Thais! Está húmedo, enfermarás.
—¿Y qué si no me levanto? —La desafié lanzándome de espaldas.
—Le diré a Kevin —respondió con una sonrisa. Me puse de pie al instante, sí que sabía dar en el clavo.
—Bien, ¿qué quieres saber? —suspiré, ella volvió a tomar mi brazo y caminamos a uno de los asientos de hormigón que estaban bajo techo.
—¡Todo! —exclamó con efusividad, y fue cuando entendí que no supe dar a entender lo que realmente pasó.
Intenté explicarle lo vivido el día anterior, pero al parecer, ella sólo quería comprender lo que su loca mente procesaba. Lamentablemente eso estaba errado. Suspiré con cansancio la quinta vez que repetí todo, mas el timbre sonó y fui salvada nuevamente por aquel aparato. Definitivamente le haría un altar cuando acabara el Instituto.
Mientras caminábamos al salón, choqué con los ojos de Danko. Lo que me faltaba. Me hizo una seña que no entendí, fruncí mi ceño por eso, Ale a mi lado sonrió. Continuamos avanzando y el chico corrió hasta nuestro lado.
—Necesito hablar contigo —dijo con la respiración algo agitada—. Búscame a la salida.
Y, tal como llegó, se fue, sin siquiera poder contestarle. Apreté mis puños al escuchar las molestas risitas de mi amiga a mi lado, no le di importancia y seguí caminando.
—Después dices que no hay nada entre ustedes —se burló cuando entrabamos al salón.
Pero no le respondí nada, simplemente suspiré. Ale era un caso perdido. Con pesadez me senté en la silla y esperé, escuchando todas y cada una de las idioteces que murmuraba mi amiga a mi lado. Todo lo que quedaba de clases serían eternas junto a ella. Me di ánimos mentalmente pensando en la información que podría sacarle a cambio a Danko, eso sí que sería un buen trato.

* * * * *

Al fin el timbre sonó, indicando que las clases habían acabado, por lo menos por el día. Sentía mi oído hinchado, Ale si era fastidiosa en ocasiones. Me dispuse a guardar todas mis cosas, los chicos frente a mí hicieron lo mismo, mientras que a mi amiga le volvió el síndrome de la verborrea y no paraba de hablar.
—¡Ya basta! —exclamé elevando mi voz, acabó con mi paciencia—. Ya te conté todo lo que pasó, bien sabes cómo pienso y no tengo que repetirte una y otra vez que no me enamoraré de nuevo.
—Pero… —susurró sorprendida a la reacción que le mostré.
—Pero nada. —La corté colgándome el bolso del hombro derecho—. Desde que Nick ya no está… —suspiré— te has encargado de buscarme pareja. Y ya basta. —Me miró confundida y con puchero, pero no caería, no esta vez—. Te estoy hablando en serio.
—Ya entendí —respondió y comenzamos a caminar a la salida.
Me despedí de los chicos a la salida del salón. Ellos marcharon a sus casas, yo volteé y avancé al gimnasio, suspirando por el castigo. Iba tan concentrada pensando en la cancha de basquetbol que se encontraba en el interior, que no me percaté que alguien caminaba junto a mí hasta que abrí la puerta.
—¿Qué haces aquí? —preguntó distrayéndome.
—Cumplo un castigo —contesté confusa—. ¿Y tú? ¡Olvidé que te tenía que ver a la salida!
—Así me doy cuenta —susurró Danko intentando mostrar una sonrisa—. También debo cumplir un castigo: limpiar el gimnasio.
—¿En serio? Será mejor que nos dividamos el trabajo, así acabamos más rápido —dije al entrar y dejar mi bolso en uno de los asientos.
—¿Por qué te castigaron? —indagó con curiosidad dejando sus cosas junto a las mías.
—Por arrancarme del Instituto —suspiré mirando todo lo que debía quedar reluciente—. ¿Y a ti?
—Por golpear a un compañero. —Logré notar una pequeña sonrisa que desapareció al instante—. Pero fue en defensa propia, por eso no me corrieron.
—¿Y el golpeado? ¿Lo castigaron? —consulté mientras caminábamos a donde suelen guardar los artículos de limpieza.
—Sí, pero él debe limpiar la multicancha que está al aire libre.
—Creo que tuvimos suerte. —Sonreí tomando los instrumentos y pasándole algunos al chico—. Limpiar esa cosa es un fastidio, y más cuando llueve o hace mucho sol.
—Lo imagino —musitó al momento en que la puerta del gimnasio se abría. Ambos clavamos nuestras miradas hacia ese lugar.
—Jóvenes. —La voz ronca y dura del inspector se hizo presente—. Cuando terminen me avisan para venir a revisar. Veo que ya saben dónde está cada cosa.
—Sí —le respondí con cansancio.
—Entonces los dejo trabajar. —Sonrió con malicia para luego marcharse.
Danko, a mi lado, soltó varios insultos en palabrotas hacia la persona que acababa de marcharse. Suspiré y comencé a trabajar, no pretendía estar toda la tarde limpiando. No, claro que no.
—Tú esa mitad y yo ésta —ordené al ver que el chico no hacía nada.
—Como digas —respondió y avanzó a su parte de la cancha.
El silencio se hizo presente mientras cada uno limpiaba en las esquinas contrarias. La curiosidad por saber qué quería conmigo aquel chico crecía en mi interior, las ganas por investigar me sobrepasaban. Pero no iba a estar gritándole las cosas, si algo aprendí de Chris, es que nunca se sabe quién te puede escuchar, ya sea para bien o para mal.
Lentamente comenzamos a acercarnos, cada uno sumidos en nuestros propios pensamientos. O por lo menos ése era mi caso. Hasta que estuvimos tan cerca que lograba escucharlo tararear una canción, mas no pude adivinar cuál. Meneé mi cabeza, el momento no estaba para eso, sino para las investigaciones.
—¿De qué quieres hablarme? —pregunté rompiendo el silencio, pero sin dejar de trabajar. Danko, en cambio, detuvo todo lo que hacía.
—De la pelea y lo que pasó después —contestó con voz sombría y fría.
—Sobre la pelea no te puedo decir nada, no estuve presente y casi no me informaron del asunto —dije sin detener el paño que pasaba por el suelo—. Esperaba que tú me dijeras algo al respecto. —Volteé para fijar mi mirada en él.
—Mucho no te puedo decir, eso lo sabes. —Frunció su ceño y me miró amenazante—. Tal vez pueda contarte más tu amigo Alex, él sí estuvo en el lugar.
—Él estaba inconsciente y casi no recuerda nada —respondí volviendo a mi trabajo y recordando lo escuchado hace unas noches.
—Lo único que puedo decirte, es que ese día los chicos estaban tranquilos tomando cerveza cerca de la gasolinera —musitó imitándome, ya que continuó limpiando—. Eso te lo aseguro, yo me encontraba allí. —Se detuvo y suspiró—. Derek me envió a mi casa con la excusa que debo asistir a clases. No sé cuánto tiempo pasó desde que me fui, pero por lo que me contaron los demás, llegó un auto, de él bajaron unos tipos y empezaron a fastidiar. —Noté un poco de rencor en su voz—. Según lo que me dijeron, no les prestaron atención y eso los enfureció, en pocos minutos ya estaban todos peleando sin razón alguna.
—¡Vaya, qué novedad! —exclamé con ironía—. Ellos no necesitan razones para pelear, está en su sangre, son así y no cambiarán. Lamentablemente por nosotros que debemos soportarlos.
—¿Crees que esto es un juego? —preguntó volviendo a detener lo que hacía y con brusquedad.
—No eres el único que ha perdido a alguien querido por causa de ellos —contesté sin siquiera mirarlo—. Y no, no creo que sea un juego, ¿pero qué quieres que te diga? ¿Qué te pinte un mundo color rosa cuando las cosas son azules? —Me detuve para clavar mis ojos en él—. Conmigo no conseguirás eso.
—No quiero que me pintes nada. —Comenzó a caminar hacia mí—. Dime —soltó con burla cuando lo tuve al frente—, ¿a quién perdiste tú? ¿Al amigo de tu amigo u otro lejano? —Sonrió de medio lado.
Fruncí mi ceño, no tenía por qué aguantar esas cosas. Mi puño cerrado avanzó hasta chocar con su mejilla derecha, tampoco podía dejar que manchara la memoria de Nick.
—Eres un idiota —añadí con molestia en mi voz, el chico miraba hacia un costado, tal y como le dejé la cabeza luego del golpe—. Si no sabes, mejor no hables. —Sentí las lágrimas querer salir, pero no se lo permitiría—. Fue mi novio…
Danko volteó su cara y me miró con melancolía y arrepentimiento, mas yo volví a mi trabajo, poco me quedaba para terminar. Comencé a tararear una canción de Sonata Arctica, aún podía sentir al chico tras de mí sin moverse.
—Lo siento —susurró con una débil voz—. Yo no quería…
—Será mejor que no digas más. —Lo detuve, me había quitado todos los ánimos.
—Como sea, debo hablarte de una cosa importante —dijo con enojo y continuó limpiando.
—Que bien, pero yo no quiero seguir hablando. —Suspiré, pasé mi mano por mi frente y me dispuse a guardar las cosas utilizadas, ya había acabado.
—Es de lo que te tenía que decir desde un principio. —Sentí su mano en mi brazo, deteniéndome.
—¿Me sueltas, por favor? —ignoré sus palabras y lo miré con odio, el chico hizo caso.
—En serio es importante. —Me siguió, al parecer también había terminado.
—¿Y por qué no lo dijiste antes de empezar con tanta estupidez? —consulté lanzando, prácticamente, los utensilios a la pequeña bodega.
—No pensé que las cosas se tornarían de esa manera —susurró dejando lo que había usado donde debían ir.
—Eres un desconocido para mí. —Comencé a caminar en dirección a mi bolso, dándole la espalda—. Mis hermanos siempre me enseñaron que no debo hablar con gente que no conozco.
Corrí hasta mis pertenencias, tomé mi mochila y la colgué de mi hombro. Suspiré con cansancio por el rumbo que tomaron las cosas con Danko y me apresuré en salir del gimnasio.
—Es precisamente de tus hermanos de lo que tenemos que hablar —dijo tras de mí casi gritando.
Me detuve en secó y apreté mis puños. Primero hablaba de Nick y ahora mis hermanos. ¿Quién se cree éste? Ni lo conocemos y ya piensa que lo sabe todo. No lo tomé en cuenta y seguí con mi paso. Escuché que gritó mi nombre, pero continué avanzando, hasta llegar a la oficina del inspector. Golpeé la puerta.
—Pase. —Obedecí a la ronca voz que se hacía presente desde dentro.
—Ya está listo —anuncié olvidando la rabia que sentía—. ¿Me puedo retirar?
—Claro, ya váyase a casa —contestó levantando la mirada de los pápeles que tenía al frente—. Usted también puede irse, joven.
Bajó la vista y continuó con lo que hacía. Le di las gracias y empecé a caminar a la salida. Sentí al chico correr tras de mí, apresuré mi paso. Definitivamente no aguantaría más tonteras. El guardia de la puerta abrió, dejándome salir y dirigiéndome unas cuantas palabras de despedida, las cuales respondí con cortesía. Al poner un pie afuera, vi a Chris moviendo su mano desde el paradero al otro lado de la calle, sonreí y avancé.
—Es solo una pregunta. —Danko volvió a tomar de mi brazo, logrando que me volteara para mirarlo.
—Bien —dije con cansancio soltándome del agarre y cruzando mis brazos en señal de fastidio—. ¿Qué quieres?
—Ese hermano tuyo. —Frunció el ceño y habló con seriedad—, Kevin…
—¿Qué con él? —interrumpí, primero con mi novio y ahora mi cuñado.
—¿Qué tiene que ver con el tipo que apuñaló a Derek? —preguntó con enfado notorio en su voz. Abrí mis ojos por el asombro, Kevin y Brian era imposible—. ¡Vamos, responde! —gritó tomándome de los hombros y apretando un pocos sus dedos.
—¡Ni siquiera sé quien hirió a Derek! —exclamé mintiendo, bien sabía sobre el culpable—. Ahora, suéltame.
—¡Sé que sabes algo! —Continuó alzando su voz—. ¿Por qué no…?
—¡Te dijo que la soltaras! —Chris se hizo presente empujando a Danko, dejándome libre—. ¿Qué crees que estás haciendo?
—Hablábamos —respondió algo sorprendido.
—Yo te voy a enseñar a hablar —gruñó mi amigo tomándolo del cuello de la camisa y alzándolo unos centímetros del suelo.
—Chris —murmuré al llegar a su lado—, suéltalo, no merece tu tiempo.
Lo dejó caer con brusquedad, Danko dijo algunas palabrotas que ignoramos, se incorporó, sacudió su ropa y siguió su camino. Chris me abrazó por la cintura y emprendimos nuestro viaje a casa. No sin antes recibir mi beso en la mejilla.
El silencio nos acompañó mientras caminábamos, al igual que una inusual mirada seria en mi amigo. Suspiré, no parecía él en esos momentos. Clavé mis ojos en su perfil y me dispuse a hablarle.
—¿Estás segura que me quieres interrogar a mí? —interrumpió antes que lograra articular palabra alguna.
—No mucho —contesté con una sonrisa—. Pero no tengo otra opción.
—No sé qué te pueda contestar —dijo mostrando su burla, ése sí era Chris.
—Sólo responde mis preguntas —intenté convencerlo—. Esto quedará entre tú y yo.
—Sabes que no traiciono a Julián.
—Si mi hermano no tuviera músculos, otro gallo cantaría. —Mi amigo soltó grandes y estrepitosas carcajadas, de allí aprendió a reírse Math—. Como sea, ¿sabes quién atacó a Derek?
—No muy bien —respondió, no lo noté dubitativo así que supuse me decía la verdad—. En realidad ninguno de los chicos que estaban allí lo conocen, o están seguros de quien pueda ser.
—¿Por qué? —pregunté sin saber si Chris añadiría algo más.
—Alex nos contó que el tipo éste llegó después —continuó hablando, detuvimos el paso y me miró fijo—. Se supone que no debemos contarte para no preocuparte, pero qué más da, tienes que explicarme lo que pasaba con ese tipo. —Sonrió con burla, fruncí mi ceño y asentí. Chantaje, después Julián me pregunta de dónde aprendo esas cosas—. Como te dije, simplemente apareció. Alex supuso que podía ser el némesis de Kevin…
—El némesis de cualquiera de nosotros —le interrumpí. Mi amigo sonrió.
—Por como Math describió al tipo ese día, y cuando Alex se enteró de lo sucedido con Nick. —Se detuvo y su rostro mostró melancolía. Recordé que Alex esos días andaba de visita donde su abuela—. Él no alcanzó a verlo bien, como conoces, cayó inconsciente después del golpe que recibió y que lo dejó marcado.
—Es verdad, el otro día que le corté el cabello le vi la cicatriz. —Volví a detener la conversación—. Pero no me dijo qué le pasó.
—Sí, eso es la marca de guerra —se burló—. El punto es… —Me miró con el ceño fruncido para que no lo volviera a interrumpir, simplemente le sonreí—, que según lo que recuerda del tipo, tiene las características del maldito. La única diferencia es que éste se ve más moreno, tanto de piel como de cabellos.
—Es él —aseguré mirándolos a los ojos—. Es él.
—¿Cómo lo sabes? —cuestionó asombrado—. ¿Por qué tanta seguridad?
—Lo vi —confesé mi secreto, Chris palideció.
—No puedes contarle a Kev —ordenó, más como una súplica.
—Eso lo sé muy bien —suspiré bajando la mirada, para levantarla momentos después—. Por eso estoy pagando por su desprecio. —Sonreí—. Todo sea por su bien.
—¡Ah, sí! —Todo su rostro reflejó burla—. Algo me estuvieron diciendo, que no te toma en cuenta y no sé qué más y me mandaron por ti. Lo del némesis será un secreto hasta que sepamos qué hacer. —Me guiñó un ojo—. Supongo que nadie más sabe ¿verdad?
—Math lo sabe.
—Sin contar al bebé, todos sabemos que entre él y tú no hay secretos. —Me volvió a tomar de la cintura y continuamos caminando—. Tu turno de los cuentos.
—Danko quería saber unas cosas —comencé a relatar—. Me estuvo buscando cuando llegué y luego en los recesos, me dijo que necesitaba hablarme, que nos juntáramos a la salida.
—Imagino cómo se divirtió Ale molestándote. —Sonrió con un brillo especial en los ojos.
—Sí, bastante —contesté de mala gana—. La cosa es que él también tenía castigo de limpieza y tengo la desafortunada suerte que cumplir sentencia con su compañía. —Chris estalló en risas por mi manera de hablar, siempre lo hacía—. Se empezó a burlar que nosotros, más bien yo, que no habíamos perdido a nadie importante. No como él, ya que Derek está muerto…
—Es un idiota de primera —interrumpió mi amigo meneando la cabeza en forma negativa.
—Sí, lo sé —aseguré para proseguir con el relato—. Le di un buen golpe en la cara. —Las sonoras carcajadas de Chris a mi lado, no me dejaron continuar hasta unos minutos después—. Luego de eso lo ignoré. Tenía pensado hacerle un interrogatorio por lo sucedido en la pelea. —Miré a mi amigo para ver su reacción, frunció el ceño—, pero con todo eso que dijo no me dieron ganas de seguir en su compañía. Terminé con lo que debía hacer y me fui a dar aviso de eso. Después ya sabes lo que pasó, cuando tú interviniste.
—¿Por qué te tenía de esa manera? —preguntó un poco enojado—. Sabes que no te pueden tocar, que eres nuestro mayor tesoro y…
—Ya basta, Chris. No exageres. —Lo detuve para que se callara—. Sí que eres fastidioso cuando te pones así.
—Es verdad. —Sonrió con burla.
—Sí, como no —bufé con ironía—. Me preguntó la relación entre Kevin y Brian Cox.
Mi amigo detuvo el paso de pronto, volteó para mirarme fijo a los ojos. Por varios minutos nos quedamos así, sin hacer absolutamente nada, él tampoco se creía esas palabras, ellos dos no podían estar involucrados en ningún tipo de relación. Nada de nada.
—¿Te nombró al tipo? —consultó luego de salir del asombro.
—No. Se refirió a él como el que apuñaló a Derek —respondí en un susurro.
—Entonces puede que sea otro y no su némesis —murmuró con suavidad—. ¿Qué crees tú?
—Que es Brian Cox —aseguré recordando lo pasado—. Lo vi en el hospital, antes que Derek muriera. La enfermera lo confirmó, no dio nombres pero sí descripción. Y sí, está cambiado, ahora es más moreno —susurré al ver la cara de Chris.
—No sé si habrá algún lazo entre él y Kevin. —Se pasó las manos por el cabello, haciéndoselo hacia atrás—. Pero creo que no debemos decir nada hasta que tengamos pruebas.
—Tendré que limpiar por dos semanas el gimnasio con Danko, tal vez le pueda sacar información.
—Eso es un paso, aunque no creo que sea lo único —respondió mientras volvíamos a caminar—. Sólo se me ocurre que lo haya conocido en un bar…
—Es raro —lo interrumpí—. Es decir, odiamos a ese tipo, Kevin sabe cómo es, dudo que su apariencia nueva lo oculte de él. Y sí… —suspiré, no quería decirlo.
—Si tal vez lo buscó para llevar a cabo su venganza —completó la oración con un deje de preocupación.
—Me asusta todo esto —susurré al ver mi casa.
—A mí también —contestó—. A mí también.
Cruzamos la calle y llegamos al hogar. Entré, seguida de Chris, para ver a Math acostado en el sillón de tres cuerpos observando la televisión. Me acerqué a él, besé su mejilla y fui a dejar el peso que colgaba de mi hombro a mi habitación y, a la vez, aprovechar el viaje para quitarme la falda.
—Pequeña, olvidé cargar tu bolso. —Sonrió Chris dejando ver su rostro tras el respaldo del sillón de dos cuerpos. Al igual que mi hermano, estaba acostado en él.
—Si me di cuenta. —Fruncí mi ceño.
—Alguna vez que lo cargue ella —reprochó Math sin dejar de mirar el aparato eléctrico.
—Idiota —musité al dejarme caer en el sillón pequeño. Él me imitó con muecas—. ¿Por qué no has ido a trabajar? —pregunté mirando a Chris.
—Tengo la semana libre —contestó sin mirarme—. Bebé, ¿por qué no pones algo interesante?
—Porque lo interesante para ti —recalcó la palabra interesante— no es apto para menores, y la enana está presente.
—Veamos…
—¡No! —gritaron al unísono, interrumpiéndome y sin dejar que terminara. Me crucé de brazos.
—No queremos ver Supernatural —sentenció Chris—. ¿Verdad que no, bebé?
—El payaso tiene razón —agregó mi hermano—. Estamos cansados de ver a Dean y además recoger tu baba.
—Qué antipáticos son —reclamé mirándolos, a pesar que ellos tenían la vista fija al frente—. Iba a decir que pusieras un canal de cultura o algo así.
Los chicos estallaron en risas frente a mi pequeña mentira, más bien, cambié la verdad. La puerta se abrió y entró Franco, acompañado de su insoportable novia, y como si su vida dependiera de ello, tanto Math como Chris se silenciaron en el instante.
—Pensé que llegarías más tarde, pequeña —dijo al llegar a mi lado y besar mis dos mejillas.
—Lo hubiera hecho, pero tengo castigo compartido —musité con enojo al recordar aquello.
—Es decir que tienes compañero de limpieza —añadió al saludar a los otros dos.
—A veces, sólo a veces —intervino Math—, realmente me asombra tu inteligencia.
—Hola, Marla, ¿qué tal? —saludó Chris sonriendo por lo que dijo mi hermano.
—Bien, gracias —contestó arqueando una ceja y de mala gana—. Franco —lo llamó con tono autoritario.
—Voy —respondió el perrito faldero corriendo a su habitación.
El ambiente se volvió tenso, ninguno decía palabra alguna, hasta que apareció mi hermano y le entregó una cosa, salieron de la casa. Pocos minutos después entró solo y se sentó junto a Math, que tuvo que levantarse para darle un espacio.
Tuve que aguantar que se pusieran a ver esas peleas fingidas que dan en la televisión, no me quedaba de otra, cuando Franco y Chris se juntaban no se podía hacer nada. Las horas comenzaron a pasar hasta que Julián apareció con la comida.
Mientras ordenábamos para cenar, llegó Kevin junto con Alex, y como llevaba haciendo todo el día, mi cuñado me ignoró por completo. No así Alex, que me ayudó a terminar de arreglar las cosas para comer. Los otros tres vagos seguían viendo televisión.
—¿A qué no adivinan la sorpresa que me lleve hoy? —preguntó Chris cuando estuvimos sentados a la mesa, comiendo.
—Ni idea, sabio maestro —contestó con burla Franco—. Ilumínanos.
—Esto está muy bueno —dijo con una gran sonrisa. Tomé el vaso para beber un poco de jugo—. Vi a la pequeña con un chico… muy acaramelados.
Lo que bebía me salió hasta por la nariz al escuchar aquello. Julián me pasó un paño para que me limpiara, Math y Franco estallaron en sonoras carcajadas, qué decir de Chris. Alex se tapaba la cara con el brazo aguantando la risa. En cambio, Kevin, se movió en la silla sin emitir sonido alguno, y siguió comiendo como si nada.
—¡Ahora sí te mato! —exclamé mirando al bufón, poniéndome de pie. Pero el fuerte agarre de Kevin me impidió moverme.
—Tranquilízate y siéntate —ordenó sin despegar la vista de su plato. Le obedecí sin chistar.
Le saqué la lengua al bufón y continué comiendo. El resto, con excepción de Kevin, emitían pequeñas risas de vez en cuando. Hablaban de su día, de lo que hicieron, cosas sin importancia. También di mi aporte una que otra vez, pero en ningún momento se tocó el tema de Derek, ni lo que habló Chris que hizo que me ahogara, ese idiota ya me las pagaría.
Me levanté con el pretexto de que tenía tareas y deberes que realizar, Julián dio el consentimiento y me fui a la habitación a jugar en el computador. No tenía ganas de estar presente mientras el estúpido de Kevin no me dirigía ni la mirada. Comencé a jugar Ragnarok Online, de seguro matando a mis enemigos y subiendo de nivel olvidaría lo vivido por unos instantes.

* * * * *

A la mañana siguiente, nuevamente, Kevin no me hablaba, lo ignoré en todo el camino a pie al lugar de estudios. En el Instituto tuve que soportar todo el día las molestas miradas de Ale, además de sus comentarios sin sentidos, parecidos a los de Chris. Fastidiada comencé a ignorarla, si debía decirle lo que realmente pasó sería otro día. De aguantar sus molestias a sus constantes preguntas, optaba por la primera opción.
Llegada la hora de salir, fui al gimnasio a cumplir mi condena. Suspiré al entrar y dejar mi bolso donde mismo el día anterior y caminé a la bodega a sacar los utensilios. Tenía en mis manos ya lo que necesitaba cuando escuché la puerta abrirse, observé para ver quién era y se apareció Danko, con una gélida mirada. Dejó sus cosas junto a las mías y avanzó hacia mí.
—Hola —dijo al pasar por mi lado.
—Hola —respondí empezando a limpiar.
Sólo había una cosa que me haría hablarle, y tenía pensando hacerlo cuando finalizáramos las labores. Así que me dispuse a hacer todo lo más rápido que pude. Y al parecer, él pensaba lo mismo: acabar pronto.
Tarareé una que otra canción de Sonata Arctica mientras dejaba el piso reluciente, ignorando por completo a mi acompañante que hacía lo mismo. Hasta que al fin acabé. Suspiré y pasé mi brazo por la frente, como limpiando un sudor que no existía, pero era una pequeña manía que se presentaba cuando limpiaba o trabajaba. Y fui a guardar las cosas utilizadas. Danko lo hizo una vez que salí.
Caminé hasta donde estaban mis cosas, colgué del hombro mi bolso y me dispuse a dirigirme al chico que no tenía expresiones en su rostro. Lo miré confusa por unos momentos, hasta que sentí su mirada en mí.
—¿Qué quieres? —preguntó con voz fría.
—Tengo una duda que quiero me resuelvas —contesté frunciendo mi ceño.
—Habla —ordenó caminando a la salida.
—¿Qué harás si encuentras al culpable de la muerte de Derek? —Detuvo su paso y me miró fijamente a los ojos.
—Lo mismo que haría cualquiera —susurró caminando hacia mí—. Matarlo.
Abrí mis ojos con asombro, esas cosas no las realizarían cualquiera, sólo sujetos como esos, como Brian Cox. Di unos pasos hacia atrás.
—Si tu hermano tiene algo que ver —continuó hablando—, si llega a interponerse en mi venganza para defender a su amigo, correrá la misma suerte. —Dio la media vuelta y salió del gimnasio.

El temor se apoderó completamente de mí, no podía moverme, estaba estática en aquel sitio mientras en mi cabeza se repetía la amenaza de Danko. Una lágrima rodó por mi mejilla, no dejaría que le hiciera algo a Kevin. Eso nunca. Limpié mi cara y fruncí mi ceño, apreté mis puños y corrí a la oficina del Inspector a dar cuentas que había acabado, por lo menos por ese día.

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