15 de enero de 2017

[Mi veneno] Capítulo IX:«Sangre de ángel».

La lujosa casa color crema se encontraba completamente iluminada, hace algunos momentos que la electricidad había vuelto y, a pesar de ser de día, todas las luces estaban encendidas.
Tres figuras se podían ver sentadas en el sillón de cuero de tres cuerpos. El chico de azules ojos apoyado en el respaldo del sofa, junto a él, de pie, una chica de negras cabelleras.
El silencio reinaba desde que habían vuelto, la chica los miraba con el ceño fruncido y los brazos cruzados, por más que pensaba, no lograba entender por qué ellos fueron los elegidos. El chico a su lado sonrió, mientras los otros tres no dejaban de mirarse sorprendidos.
—¿Se preguntarán por qué ustedes? —Rompió el silencio fijando su mirada en los seres que tenía al frente.
—Yo me lo pregunto —contestó la chica—. No te sirvieron de mucho la última vez, ¿qué podría cambiar ahora?
—Así que tú eres la hembra alpha. —Soltó con burla el de cabellos rubios.
—No, aún no lo es —sonrió la de ojos violeta—. Pero eso pretende.
—Mi querida Janice. —Una mirada roja se clavó en ella—. Tú tampoco has servido de mucho. —La vampiro le respondió con una mirada de odio—. Eso que piensas no es mucho, sólo te pedí controlar al chico y aún no puedes. Que me ayudes con los rituales es otra cosa. Sí, estoy leyendo tu mente.
—¿Por qué nos trajiste? —preguntó el único que se había mantenido callado.
—Seth —susurró el demonio con una sonrisa—. Por tus venas corría sangre de mis hermanos, ya sabes de los poderes que ahora posees. ¿Porque se dieron cuenta que ya no son vampiros, sino demonios de sangre pura?
—¡Claro que sí! —contestó el menor—. Eso se siente desde que pisamos el suelo.
—No se compara con antes —añadió la mujer—, el poder no tiene límites.
—Aún no respondes mi pregunta. —La voz de Seth sonó ronca, su ceño estaba fruncido.
—Por lo mismo de antes. —Clavó su mirada roja en la azul del chico—. Quiero que convenzan a Bastian.
—¿No sale más fácil acabar con él? —indagó el menor con un suspiro, Janice se estremeció al escuchar aquello.
—Si fuera tan simple ya lo hubiera hecho —sonrió mirando a la chica junto a él—. Lo protegen.
—¿Quiénes? —consultó la de cabellos rizados.
—Ya lo sabrán. —Se limitó a responder el demonio de rojos ojos—. Janice los guiará hasta el chico. —Se puso de pie—, mientras más rápido mejor. Tengo que hacer algunas cosas en mi reino —sonrió—. Antes de ir a verlo, les aconsejo que practiquen con sus poderes nuevos.
—Por eso no te preocupes —contestó Seth poniéndose de pie—. Yo les enseñaré.
—Ya sabes qué hacer —dijo mirando a la vampiro.
—Sí —contestó con sus ojos clavados en Belial.
—Todo lo que puedas sobre la chica —susurró sonriendo—. Me interesa bastante saber de eso.
—Lo que digas —contestó Janice de mala gana—. Debo hablar con Bastian antes que ustedes. —Miró a los que habían vuelto del Infierno.
—Pon un lugar de encuentro —ordenó Seth con sus ojos clavados en la chica—. Iremos en dos días.
—En la noche del segundo día le diré a Bastian que vaya a un campo ubicado cien kilómetros al noreste de aquí —respondió con miedo en su voz, estaba traicionándolo a él, si algo llegase a fallar, la pagaría muy caro.
—Allí lo veremos —sonrió de medio lado—. Hermanos, la venganza está cerca.
Los tres seres salieron de la casa, caminando como personas normales hasta alejarse lo suficiente de la civilización.
—Veamos que tal —dijo Seth volviendo sus ojos completamente negros—. Vamos a correr.
Sus hermanos lo siguieron, poco les costó acostumbrarse a ir de un lado a otro con total facilidad, no corrían como en su anterior vida, se desvanecían para aparecer donde ellos quisieran. Así se fueron hasta llegar a un campo, donde empezaron a probar todas y cada una de las nuevas habilidades, siendo guiados por Seth, que al igual que Bastian, acostumbrada a beber sangre de demonio, aunque no tanto como el Príncipe de las Tinieblas.

* * * * *

La vampiro se quedó observando con algo de miedo a los tres nuevos demonios, hasta que desaparecieron. Suspiró, ahora debía buscar información de la chica que habían hablado los otros vampiros, apretó sus puños con fuerza, la rabia la inundaba con sólo pensar que alguien estaba disfrutando de su Bastian. A pesar de no estar enamorada de él.
—Volveré en cinco días. —La voz del demonio tras ella la sacó de sus pensamientos—. Si es que no se presenta nada aquí —sonrió.
—¿Qué pasará con ese cuerpo? —consultó girándose para mirarlo a los ojos.
—Me lo llevo —respondió con burla—. Me ha gustado bastante, me siento lindo y poderoso. —Soltó una carcajada.
—Aún no entiendo por qué a esos tres. —Frunció su ceño pensando en los primos de Bastian.
—Si no fuera por tu ineficiencia. —La miró con seriedad—, no los hubiera traído.
—¿Mi ineficiencia? —preguntó con burla—. ¡No soy yo la interesada en volver a los Cielos! —gritó con furia.
—Cuidado a quien le levantas la voz. —La vampiro se elevó unos centímetros y golpeó su espalda contra la pared, donde hace unas horas estaba Owen—. Tú llegaste a mi lado suplicando ayuda. ¿Recuerdas? —El demonio apretó el cuello de la chica con sus poderes mentales—. Lo único que te pedí fue que controlaras al vampiro, y tú, a cambio, te sentarías a mi lado como la ama y señora de los Cielos y el Infierno. —Janice comenzaba a desesperarse por la falta de aire, moviendo sus piernas que continuaban colgando y con sus manos tocaba su cuello—. ¡Aún no veo que lo controles! —gritó poniendo sus ojos rojos—. Cinco días —susurró cerca del rostro de la chica—, es la última oportunidad que tienes, si el chico no hace lo que le pides, despídete de este mundo y olvídate de la idea de sentarte junto a mí.
La vampiro cayó arrastrando su espalda contra la pared, hasta tocar el suelo. Tosiendo con fuerza, intentando recuperar su respiración.
—Lo siento —musitó con dificultad.
—Quiero que me consigas toda la información de la chica —dijo encuclillándose frente a ella—. Desde el día que nació hasta ahora. —La tomó de los brazos y la ayudó a ponerse de pie—. No te atrevas a hacerle daño —le ordenó con la mirada seria.
—Lo que digas —respondió tosiendo y respirando agitada.
—Muévete, el tiempo está en tu contra —sonrió dándole la espalda y dirigiéndose a la cocina—. Por cierto. —Detuvo su paso y volteó—, piensa bien a quien traicionarás. —La chica abrió los ojos por la sorpresa—. Sí, Bastian es poderoso, pero yo lo soy aún más. Ten cuidado.
Volvió a su camino, en dirección a la cocina. Janice apretó sus puños con fuerza, hizo un gesto de desagrado y giró para salir de la casa. Caminó apresuradamente hasta dejar atrás todas las viviendas, se detuvo, olfateó un poco el aire, y siguió el rastro que su sentido le indicaba.

* * * * *

Una vez que estuvo en aquella parte de la casa, el demonio buscó una caja de cerillos, unas cuantas velas y un poco de hilo. Se fue hacia la sala y comenzó a armar un sofisticado y rústico plan para borrar todo tipo de evidencias de lo que había hecho.
—Algo me dice que vendrás por aquí, pequeña Hayley —susurró sonriendo a la vez que ataba unos hilos a los cuadros que decoraban las paredes.
Todo lo que quedaba de día, estuvo ocupado inventando lo que sería la manera más fácil de quemar la casa, en un tiempo determinado, así podría marcharse tranquilo al Infierno. Cada cierto tiempo tenía que volver a su lugar para inspeccionar que todo siguiera como él lo había dejado, y ya era hora, antes que esos demonios inferiores hicieran algo que no se pudiera reparar.
Terminó bien entrada la noche, suspiró y sonrió, sus ojos volvieron a ser rojos, la vela se encendió quemando un poco de hilo que se encontraba sobre la llama, éste siguió su camino prendiendo todos los que guiaban a diferentes partes de la casa.
—Creo que funcionará —dijo antes de desaparecer.
Los hilos continuaron su recorrido y, muy lentamente, las pequeñas llamas comenzaron a llegar a los objetos que decoraban la casa. Hasta que al anochecer del siguiente día, todo se vio envuelto en un gran incendio que comenzaba a devorar la vivienda vecina.

* * * * *

Avanzaba rápidamente por entre los campos, para que él lo llamara debía ser algo realmente importante, no solía interrumpirlo si no lo fuera. Sonreía pensando en la chica, apenas terminara con quien lo llamaba, iría por ella. No estaba dispuesto a dejarla, y menos con aquel demonio en los alrededores. Aunque sabía muy bien que no la mataría, pero temía que ella fuera en su búsqueda y acabara gravemente lastimada. Frunció su ceño y apuró el paso.
Las estrellas llegaron a acompañarlo en su travesía, hasta que bien entrada la noche, llegó frente a la que una vez fue su casa, aquella destartalada bodega donde hace años un vampiro lo había llevado. Se detuvo delante la puerta, abrió y entró. Allí pudo ver a varios de los seres con quien aprendió a usar sus habilidades de vampiro. Por ser de noche, muchos habían salido a divertirse, y también a comer.
Avanzó a paso decidido, saludando a uno que otro que lo miraba con respeto y curiosidad, hace bastante tiempo que no visitaba esos lados.
—Aún hueles a Janice. —Se burló al llegar junto a quien buscaba.
—¿Tú, aquí? —preguntó clavando su mirada seria en el chico—. Vamos afuera.
Salieron de la bodega y caminaron hacia el norte. No mucho, lo suficiente para que ninguno de los vampiros que estaban adentro lograra escuchar. Llegaron a un claro del bosque y se miraron fijos a los ojos.
—Ese olor —contestó haciendo una mueca de desagrado, frente a lo que había dicho el chico cuando llegó—. Se impregna bastante, no sé como te lo quitas —sonrió para luego darle un abrazo al chico que tenía en frente.
—Yo no hago lo que tú con ella —respondió apretándolo con fuerza.
—No te pierdes de nada. —Lo soltó mirándolo con algo de molestia—. Además, intentaba sacarle algo de información.
—¿Dijo algo? —preguntó con la mirada seria, demostrando que ese tema le importaba.
—No —contestó cortante—. Tampoco tenía algún olor extraño, creo que no ha tenido contacto con el demonio.
—Si lo hubiera tenido —sonrió de medio lado—, ya lo sabríamos, bien sabes que mi olfato es superior al tuyo.
—Tal vez. —Lo miró sonriente—. Pero ambos sabemos que en inteligencia te gano.
—Algunas veces. —Frunció su ceño—. ¿Para qué me llamabas?
—Me enteré de cosas importantes. —Su mirada seria se clavó en el cielo—. ¿Con quién estabas? —interrogó el de ojos grises con una pequeña sonrisa.
—Con alguien —sonrió con la vista pegada al suelo.
—Bien, bien. —Frunció el ceño y miró al chico—. Encontré el rastro del cazador.
—Yo también. —Su mirada miel mostraba aires de superioridad—. Ya ves, Ethan —sonrió de medio lado—, yo puedo hacer investigaciones.
—¿De qué te enteraste? —consultó con asombro y algo de burla.
—Que está muerto. —Su sonrisa desapareció al recordar la cara de la medio ángel cuando le confesó lo que había pasado.
—¿Qué más? —indagó acercándose al chico.
—Su hija continúa con el trabajo. —Lo miró con seriedad.
—Así que estabas con ella —sonrió; Bastian frunció el ceño al verse descubierto.
—Nos encontramos de casualidad. —Una pequeña sonrisa se le dibujó en el rostro al recordarla—. Tú sabes que no quería verla convertido en esto.
—Niño —dijo con burla cuando llegó a su lado—, a veces de nada sirve arrancarte y esconderte.
—No me digas niño. —Su mirada seria se clavó en el castaño—. ¿Me contarás lo que averiguaste o sólo me hiciste perder el tiempo? —Cruzó los brazos y levantó una ceja.
—Te quité el tiempo con tu adorada niña —se carcajeó con burla, el chico frunció su ceño—. Como bien sabes. —Sus grises ojos se pusieron serios—, he estado buscando información desde hace un año, más o menos…
—Cuando sentimos al demonio —interrumpió moviendo sus manos en señal de tiempo—. El padre de Hayley murió en esas fechas, y ella me confesó que Belial lo mató.
—¿Crees que vino especialmente a eso? —indagó arqueando una ceja y apoyándose junto a Bastian, en un árbol—. Porque no volvimos a sentirlo.
—Hasta el otro día —añadió con seriedad—. Lo vi, luego de ir por los vampiros perdidos que encontraron su tumba en una cueva.
—¿Fueron a cazar la criatura? —preguntó con algo de burla en su voz.
—Eso creo —contestó seriamente—. Pero el ser los cazó a ellos. Hayley se encargó de mandarlo al infierno.
—Hayley —susurró sonriendo de medio lado—. Ahora no dejarás de pensar en ella. —El chico le regaló una mirada de desapruebo—. ¿Viste a Belial?
—Me lo encontré en una cantina —respondió mirándolo a los ojos, sabía que nuevamente lo molestaría—. Hayley quería pelear con él. —Ethan se carcajeó—. El demonio me confesó que ella es el ángel. —Las risas del mayor se apagaron.
—Es un demonio, ellos mienten sin que los detectes —dijo al ver la cara de preocupación de su amigo.
—Esta vez no —susurró con seriedad—. Ella tiene los indicios: cuando la toco me quemo, es como si su piel fuera ácido —habló con algo de melancolía en la voz—. Y sus alas están manchadas con negro.
—¿Ella lo sabe? —preguntó con voz muy baja.
—No lo sabía —respondió bajando la mirada—. Yo le conté algo de lo que sé.
—¿Cuál fue su reacción? —indagó clavando su vista en las estrellas.
—Ella sólo tiene un propósito: venganza contra el que mató a su padre —sonrió de medio lado—. El cazador la sobreprotegía y nunca le mencionó algo de la profecía; tal vez no tenía idea que ella es el ángel.
—Por lo menos no quiere matarte —dijo con burla a la vez que golpeaba la espalda del chico.
—Pero lo intentó —contestó al recordar la daga que tuvo tan cerca de su piel en más de una ocasión.
Un aroma los distrajo a ambos, miraron en dirección al sur y fruncieron su ceño.
—Bien, será mejor que te cuente el resto de lo que investigué —suspiró con cansancio.
—Habla antes de que llegue —respondió de mala gana por lo que se aproximaba.
—Me encontré con un demonio, que según dijo ser el que mató al cazador —sonrió—. No quería hablar, así que no me quedó de otra que torturarlo unos momentos. —Su sonrisa se hizo más grande al recordar aquello—. Al final terminó confesando que lo había conocido, pero no fue capaz de acabar con él, que esa hazaña pertenecía a otro demonio muy poderoso que mejor no me metiera en esos asuntos o pagaría muy caro el entrometerme.
—Otra vez te amenazaron. —Se carcajeó Bastian dándole un golpe en la espalda.
—Lo torturé unos cuantos minutos más y habló de algo importante —susurró clavando su mirada gris en los ojos miel del chico—. El cazador tenía un cuaderno, donde anotaba datos de todo lo que tuviera que ver con la profecía, ángeles, demonios y vampiros.
—¿Cómo sabía eso el demonio? —interrogó con algo de asombro—. Si eso fuera verdad, Hayley debería tenerlo, y no me dijo nada sobre eso.
—Puede que ella no sepa —contestó con la mirada seria—. Al demonio lo mandaron a buscarlo a una iglesia, que por más torturas que le hice, no reveló su nombre, ni ubicación. —Dio un golpe al árbol con el puño cerrado.
—Si encontramos el libro —susurró con un brillo especial en sus ojos—, tal vez tengamos la manera de detener a Belial.
—Así es —corroboró mirando con astucia—. Veo que estás pensando.
—No molestes —frunció su ceño y lo miró con odio—. Tendremos que buscar la iglesia.
—Creo que Hayley —dijo con burla el nombre de la chica—, puede saber algo.
—Puede ser —contestó sonriendo—. En unos momentos lo sabremos.
—Eso creo —sonrió de manera pícara—. Tú irás en busca de la iglesia y yo voy con la chica.
—No. —Se puso delante del mayor con rapidez—. Yo voy con Hayley y tú con la iglesia.
—Ella viene por ti. —Frunció su ceño mirando al sur—. Será mejor que te la quites de encima rápido.
—Por eso no te preocupes —sonrió de medio lado—. Sólo basta con decirle quien manda.
Ethan lo miró y se carcajeó, el chico frunció su ceño y cruzó los brazos.
—Es hora de la actuación —suspiró el mayor—. No te alcanzaré a contar lo otro. —Sus ojos reflejaron algo de preocupación—. Pero primero me encargaré de buscar más información, cuando nos volvamos a ver, hablamos de eso.
—Está bien —contestó con un suspiro, antes de dar un salto hacia atrás.
Dejaron un poco de distancia entre ambos y se miraron con odio, el viento meció sus cabellos a la vez que una figura femenina, de negros ojos y cabellera, llegaba frente a ellos.
—Cariño —sonrió caminando hacia el chico—. Ethan —dijo sin mirarlo.
—Janice —susurró el de ojos grises, clavando su mirada seria en el chico.
—¿Qué hacen? —preguntó al llegar junto a Bastian y abrazarlo, para que su aroma entrara por su nariz, hasta detectar el particular olor de la chica.
—Nada —respondió quitándosela de encima—. Pasaba por aquí y pasé a saludar —sonrió de medio lado.
—A veces —sonrió el castaño—, necesitamos pelear por lo que nos pertenece.
La vampiro clavó sus negros ojos con seriedad y algo de lujuria en los grises de Ethan, sonrió pensando que ellos discutían por ella.
Bastian aguantó la risa por las palabras inventadas de su amigo, él si que sabía actuar; aparte de ser uno de los mejores investigadores, se había ganado toda su confianza, era el único que conocía su pasado, además de ser su confidente y tutor. Aunque claro, todo a espaldas de cualquier vampiro, sobretodo de Janice. Lo que necesitaban saber no era necesario que lo supieran los demás y él se había formado un nombre solo, sin escudarse tras el de Bastian, como lo hacían varios de los vampiros, más aún la chica de negros cabellos.
Bien sabían que Ethan lo había entrenado y enseñado en todo lo referente a su raza. Pero un rumor de una gran pelea entre ellos, por una de las vampiros, creció con fuerza en su mundo. Y otra habladuría se unió a esta, formando así una gran historia en torno al niño, como solían llamarlo. Se contaba que en aquella noche en que Janice llegó por Ethan, una pelea se llevaba a cabo en los alrededores, donde Bastian era quien participaba en contra de sus tres primos, los vampiros más poderosos y temidos de los últimos tiempos. Pocos se atrevían a acercarse a ellos, y mucho menos cuando el mayor se encontraba de mal humor, decían los rumores que a éste ni los demonios eran capaces de detenerlo. Pero él si pudo, Bastian acabó con los tres, y luego le quitó la chica a Ethan, eso sí, primero le dio una paliza.
La parte que no sabían era que nunca hubo tal pelea, la vampiro se fue por su propia voluntad con el chico, cuidándolo después de todo el daño que recibió por parte del demonio. Él se lo agradeció tomándola como su hembra alpha, aunque no llegó a tal punto, no la mordió; pensó que con esa mujer podría quitarse a la chica de ojos verdes de la cabeza, pero no fue así, cada vez que la tocaba, se imaginaba a la que conoció una vez cuando era niño. A los pocos meses se aburrió de Janice y no le importó que ella se autoproclamara su mujer, era mejor así. Todos se creyeron con facilidad la supuesta pelea con el único de los vampiros que tenía confianza, y no los molestarían cuando intentaran buscar información sobre la profecía que recaía en el chico.
—¿Qué hacías con Chase, Owen y Alan? —interrogó clavando sus ojos en la vampiro, esta lo miró asustada.
—Me los encontré a punto de devorar a una chica —mintió, olvidando que él detectaba las verdades distorsionadas—. Los detuve, estaban a pocos kilómetros de aquí.
—¿De quién es el otro olor que hay en tu cuerpo? —Su mirada seguía sobre la chica.
—Tal vez de la chica a quien devorarían —respondió con otra mentira—. O de alguien que pasaba por donde yo.
—¡Vaya! —exclamó el mayor—. Así que no soy el único con quien te engaña —sonrió de medio lado.
—¡Silencio! —Ordenó fijando su mirada de odio en el vampiro—. Nadie pidió tu opinion. —Sacó sus colmillos, si iban a actuar lo harían bien.
—No es para que te alteres —contestó sacando sus colmillos—. Pero, si quieres jugar, Adelante. —Movió sus dedos para que él fuera a su encuentro.
—¡Basta! —gritó la vampiro con mirada seria, aunque en el fondo le gustaba eso, el chico demostraba que la quería y así lograría manejarlo con facilidad—. No vine hasta aquí para ver sus peleas.
—Entonces, ¿a qué? —preguntó con seriedad, clavando su mirada en la chica y guardando sus colmillos.
—Te extrañaba —susurró abrazándolo.
Los débiles destellos del sol comenzaron a aparecer entre las ramas de los árboles, estaba amaneciendo, el segundo día desde la partida de Janice, pronto debía mandar al chico con sus primos. Tal vez ésa sería su despedida y nunca más lo volvería a ver. Lo abrazó con fuerza.
Él no le respondió el abrazo, el aroma de la chica mezclado con el demonio entraba por su nariz, provocando un gesto de desagrado que sólo Ethan pudo notar. Ya no tenía dudas, esa vampiro ayudaba a aquel despreciable ser, pero era mejor mantenerla de su lado, por ahora, hasta saber lo que realmente quería, tal vez lograrían sacarle alguna información importante. Le respondió el abrazo, aunque no tan apretado como le hubiera gustado a ella, provocando risas en su tutor.
—El amor —dijo con sarcasmo junto a unas carcajadas, Janice soltó al chico y miró con odio a quien había hablado.
—No descargues con nosotros tus celos por vernos felices —sonrió pensando que aquellas palabras le dolerían al vampiro.
—Niño, te ves famélico. —Lo miró de arriba a abajo—. Como se nota que dejaste tu alimentación de lado cuando te marchaste. ¿O es que esta arpía no te da permiso a comer? —Se burló mirando a la vampiro.
—No me tratabas mal la otra noche —sonrió de medio lado con aires de triunfo.
—¡Vaya! —exclamó con sarcasmo y asombro falso—. Acababa de negar todo lo que tuviste conmigo, frente a tu vampiro —recalcó la palabra tu—, y vienes para afirmarlo.
La chica abrió sus ojos a más no poder, se giró y puso sus manos en el pecho de Bastian, mirando aquellos destellos miel que se dirigían con odio hacia el vampiro mayor.
—Es verdad lo que dice Ethan —musitó con un hilo de voz, el mencionado se carcajeó.
—No me interesa —contestó Bastian sin mirarla, poco le importaba con quien estuviera—. Ya hablamos sobre eso en la madriguera.
—Pero… —susurró poniendo cara de inocencia, el chico clavó su seria mirada en ella.
—Ethan tiene razón —sonrió—. Estoy famélico, será mejor que vaya por algo de comer. —Agradeció a su amigo por la idea que le había dado.
—¿A dónde vas? —preguntó, necesitaba estar cerca del chico y asegurarse que fuera a la cita que lo esperaba, sino el demonio acabaría con ella.
—Vamos Janice, déjalo respirar —sugirió Ethan, ellos tenían cosas más importantes que hacer, y al estar con esa vampiro, sólo perdían el tiempo.
—Te extraño —dijo pasando sus finos dedos en la cara del chico, ignorando las palabras del mayor—. ¿Por qué no nos juntamos un poco lejos de aquí? —consultó en susurró cerca del oído—. Conozco una cabaña que podemos usar.
—Está bien —respondió sin mucho interés, el olor del demonio en la chica le causaba nauseas—. Dime donde.
—Al suroeste, como doscientos kilómetros —susurró sonriente, había caído en su trampa—. En un claro del bosque, encontrarás el aroma con facilidad.
—Sí, eso lo sé —contestó sacándosela de encima—. Nos vemos allá. Ethan —dijo con molestia mirando al vampiro.
—Bastian —respondió haciendo una pequeña reverencia con la cabeza.
El chico dio unos pasos hacia atrás y desapareció en el bosque; olfateando el aire, buscando alguna presa, a pesar de ser la excusa ideal para alejar a la vampiro, en verdad tenía hambre, pensaba pedirle a Ethan una de las botellas con sangre, pero la chica los interrumpió. Continuó buscando algo para comer, sin dejar de pensar en lo otro que su tutor no le alcanzó a decir.
Horas más tarde encontró un ciervo, no lo pensó dos veces y lentamente se abalanzó sobre él, no bebería sangre de humano, aunque no podía negar que lo había hecho, pero siempre fue a personas que no le hacían bien a la sociedad, por lo general asesinos. Prefería la sangre de demonio, si bien estos seres usaban a los humanos como envases, no era lo mismo, cuando poseían a la persona ésta dejaba de existir, no moría, pero si perdía todo uso de su cuerpo y su consciencia, y una vez que el demonio se aburría de aquel envase, se llevaba consigo el alma. Aquel líquido hacía que sus poderes aumentaran, y algunas habilidades de esos seres pasaban a formar parte de él, por eso no era raro que su primo los tuviera, y tal vez también Ethan, aunque este nunca mostrara tener alguna cualidad de ellos.
Con suavidad clavó sus afilados colmillos en el animal, no pretendía hacerle daño, sólo deseaba un poco de su sangre. El ciervo se estremeció y trató de arrancarse, él no se lo permitió, lo tenía agarrado con fuerza, pero con cuidado. De a poco se fue debilitando, ya no podía seguir luchando, Bastian se dio cuenta de lo que pasaba y lo soltó; el pequeño animal corrió con dificultad, alejándose del vampiro. Se puso de pie y con sus manos limpió su cara, quitando cualquier rastro de sangre, sus colmillos se guardaron y sus ojos volvieron a la normalidad. Sonrió y olfateó el aire intentando buscar un rastro de la chica. No encontró nada.
Suspiró y avanzó unos kilómetros en dirección a donde se habían separado, y volvió a olfatear; luego de unos minutos, encontró su aroma.
—¡Maldita sea! —gritó con molestia—. ¿Qué no podías quedarte quieta?
Frunció su ceño, la chica se dirigía a toda velocidad rumbo a donde habían perdido al demonio, apretó sus puños con fuerza y sus ojos se volvieron negros de ira. No quería que ella fuera sola al encuentro de aquel ser, si algo le llegara a pasar no se lo perdonaría nunca.
Dio un salto y se dispuso a correr a toda velocidad, pero algo lo detuvo de golpe. Clavó su mirada color miel en dirección contraria a donde se dirigía la chica, abrió sus ojos a más no poder, sus pupilas titilaban, lo que sentía no era cierto.
—No es verdad —susurró en un hilo de voz, sin perder su cara de asombro—. Yo los maté.
Apretó sus puños con más fuerza, volvió a fruncir su ceño y pateó el suelo con tanta ira que arrancó un poco de maleza, tierra y unas cuantas piedras. Respiró con tranquilidad para calmarse, sacó su teléfono del bolsillo y llamó.
—Están vivos —dijo cuando le contestaron—. Janice lo sabía, me mandó a esa dirección.
—Yo me encargo de la molestia —respondió con una pequeña sonrisa.
—No son vampiros —fue lo último que dijo antes de colgar.
Corrió lo más rápido que pudo, no le gustaba nada lo que pasaba y mucho menos que ellos estuvieran de Vuelta. Aparte sus auras demoníacas mostraban un gran poder. Llegaría antes a la cita propuesta por Janice, esperando que esta no se molestara, sonrió y apuró el paso.
Al atardecer llegó bastante cerca, no donde la vampiro le había indicado, sino de las presencias. Intentó mirar con sus ojos más allá de lo captado por un humano cualquiera, pero no logró ver nada más que árboles. Maldijo por lo bajo, de seguro ellos ya sabían que se aproximaba, no los hizo esperar más y caminó decidido a enfrentarlos nuevamente.
La noche cayó con rapidez, dejando ver unas estrellas preciosas en el cielo medio nublado, los demonios continuaban con su entrenamiento. La luna alta demostraba que las horas habían pasado en un abrir y cerrar de ojos cuando el chico llegó frente a sus primos.
—¡Bastian! —exclamó el mayor clavando su mirada por completo en el recién llegado—. Tan puntual como siempre.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó con su ceño fruncido—. ¿Quién los trajo de vuelta?
—Hacemos lo mismo que tú: vivir —contestó el menor con sarcasmo.
—Belial nos trajo —habló esta vez Seth—. Nos ha pedido a cambio que te convenzamos…
—No lo haré —interrumpió a su primo—. No estaré del lado de ese demonio.
—Si no es por las buenas —susurró con una sonrisa torcida el mayor—. Será por las malas.
—Ya los mandé al Infierno una vez —musitó con aires de triunfo—. Una segunda no tendrá dificultad.
—Ten cuidado, Bastian —murmuró la chica que había estado en silencio—. Te puedes caer y golpear fuerte.
—Ya he tenido muchas —contestó con seriedad—, y de todas me he puesto de pie.
—Esta vez puede ser todo lo contrario. —Seth se carcajeó poniendo sus ojos negros, sus hermanos lo imitaron.
El chico sacó sus colmillos y mostró su oscura mirada, a la vez que tomaba una posición de defensa, ésa sería una larga jornada, todo lo que quedaba de noche, y quizás parte del día. Se notaba que ahora eran mucho más fuertes que antes, pero eso no detendría que él los mandara de vuelta al averno.

* * * * *

Lo escudriñaba con la mirada mientras caminaba a su encuentro, el observado, por su parte, clavó su vista con indeferencia en aquellos oscuros ojos.
—Ethan, Ethan, Ethan —susurró dando una vuelta alrededor del mencionado.
—Janice —respondió sin perderla de vista.
—¿Bastian vino a darte tu merecido por haberme tomado? —preguntó sonriente parándose frente a él.
—Exactamente a eso —contestó con una sonrisa de medio lado—. No te imaginas lo furioso que estaba por mi olor en tu piel.
—Algo me dijo en la madriguera —sonrió satisfecha—. Pero un olor extraño lo cubría, ¿lo notaste?
—No, no me di cuenta —mintió mirándola a los ojos—. De hace mucho tiempo que no lo veía, apenas recuerdo su aroma.
—Owen me comentó que lo vio con una chica. —Frunció el ceño y apretó los puños—. ¿Sabes algo?
—Si no sabes tú, que eres su hembra alpha —sonrió con sarcasmo—. ¿Qué puedo saber yo?
—Conmigo no vengas con jueguitos raros. —Lo miró amenazante—. Sé perfectamente bien que fuiste su tutor por muchos años, y lo conoces mejor que cualquier otro.
—Pero eso cambió hace mucho. —Su mirada seria se clavó en la chica—. ¿O no recuerdas?
—Claro que sí —musitó cerca del oído del vampiro—. Lo recuerdo como si fuera ayer, al igual que aquel día, cuando me salvaste.
—Si hubiera sabido lo que eras —contestó con algo de ira—. No estarías aquí ahora, sino muerta a manos de unos cazadores.
—Pero no fue así. —Pasó sus manos por el cuello del chico—. Me salvaste y la pasamos bien. —Una mirada de seriedad reflejó su rostro—. Hasta que me dejaste.
—Bien sabes que todas aquellas noches —se carcajeó—, fueron pensando en ella.
La vampiro se enfureció, se alejó un poco de él y le lanzó un golpe en la cara, con bastante fuerza, haciendo que el chico diera unos pasos hacia atrás.
—Que suave golpeas —susurró acariciando la mejilla, mientras sonreía.
La chica se abalanzó nuevamente sobre él, pero la esquivó con facilidad, se paró atrás de ella y le dio un golpe en la cabeza, provocando que cayera de boca al suelo.
—¿Desde cuándo comes tierra? —preguntó con sarcasmo encuclillándose frente a ella.
—No vine a pelear —respondió sentándose en el suelo de manera que sus ojos se clavaran en los del vampiro.
—Entonces, ¿a qué? —interrogó alzando una ceja—. Aparte de ver a Bastian, a quien extrañabas tanto.
—¿Recuerdas cuando nos conocimos? —indagó mirándolo con seriedad, el vampiro se puso de pie y le dio la espalda.
—Ojalá lo olvidara —contestó con molestia mirando el suelo.
—Era una noche bastante fría, y muy lejos de aquí —musitó clavando su mirada en el suelo—. El vampiro que me convirtió me traicionó, delatándome frente a unos cazadores. Sin saber que hacer corrí por las oscuras calles, hasta llegar al callejón…
—¿Qué pretendes con esto? —preguntó sin mirarla apretando sus puños.
—Me vi acorralada en uno sin salida —continuó con el relato sin importarle las palabras del chico—. Ellos habían sacado sus cuchillos, temí por mi vida, y llegaste. —Levantó la vista y la fijó en la espalda del vampiro—. Pensaron que tú también eras de nuestra raza, se abalanzaron sobre ti, pero te defendiste con facilidad. Golpeaste con destreza a uno y lo dejaste fuera de combate en pocos minutos, sin que dejaran una marca en ti. —El chico apretó más los puños, no le gustaba hablar de eso y menos con ella—. Con el otro fue lo mismo, y el tercero te trajo problemas, te costó ganarle, pero al final lo hiciste, aunque recibieras un corte en el brazo. Te observé todo el momento, asombrada, un simple humano le dio una paliza a unos hábiles cazadores. Te quise para mí inmediatamente, no te diste cuenta cuando te golpeé en la cabeza —sonrió de medio lado al recordar aquello—, caíste desmayado y aproveché de juntar mi sangre con la tuya, al otro día serías uno más de los míos.
—Bastaba con un gracias —dijo con furia—. No era necesario que hicieras eso.
—Y te las di —contestó mientras miraba al chico alejarse, hasta que se apoyó en un árbol, con la vista perdida en el cielo.
Ambos se mantuvieron en silencio pensando en lo que había sido de sus vidas con el pasar de los años, bastantes para cada uno. Él, por un lado, no podía quitar de su cabeza aquel día en que todo lo que creía se vino abajo, soñaba con convertirse en sacerdote y poder llevar las enseñanzas de Dios a todas las personas que lo necesitaran. Pero todos sus sueños desaparecieron el día en que uno de los obispos, en quien tenía la mayor de las confianzas y su ejemplo a seguir; mandó a la hoguera a un pobre señor porque no tenía como pagar el diezmo a la iglesia. Fue cuando varias interrogantes aparecieron en su cabeza, no entendía cómo y por qué  ellos, los encargados de predicar la palabra del Creador, eran capaces de hacer semejantes cosa. Al principio mantuvo su postura firme frente a todos los rumores que oía de la iglesia y sus pequeñas masacres, pero una vez que lo vio con sus propios ojos, en lo único que pensó fue en arrancar de aquel lugar que no era lo que pensaba.
El odio creció en su ser, mientras los estremecedores gritos del anciano eran apagados por la muerte, esa misma noche, saltó la pared que delimitaba el monasterio y no miró hacia atrás. Con lo único que soportaba el frío era con aquella túnica marrón, mientras caminaba sin rumbo por las calles de la ciudad, todo había perdido el sentido, ya nada le quedaba, por eso no le importó entrar a la pelea en defensa de la chica, aunque ahora se arrepentía.
Más de doscientos cincuenta años llevaba en este mundo, y al parecer no era necesaria su presencia en el Infierno. Continuó mirando el cielo, que de a poco comenzaba a tomar colores anaranjados, por la próxima aparición de la luna, suspiró y las imágenes en su cabeza siguieron pasando, muchos recuerdos, bastantes aromas, vainilla y tulipanes.
Continuó en el suelo, mirando al chico apoyado en el árbol. Lentamente bajó la mirada hasta dejar la vista perdida en un punto en la tierra. Recordó aquellos días en que era sólo una niña, más de doscientos ochenta años atrás, suspiró pensando en todo lo mal que lo había pasado, nada en su vida fue fácil, pero desde que pasó a formar parte de los vampiros, las cosas cambiaron mucho.
Nunca conoció a su madre, su progenitor solía contarle que era una mujer bastante bella, cariñosa y amable, lamentablemente los dejó luego de dar a luz. El jefe de familia trató de darle lo mejor, pero no por mucho tiempo, una extraña enfermedad de la época lo llevó junto a su esposa cuando Janice apenas tenía cinco años. Perdió todo, no tenía más familia, y la llevaron a un orfanato, de donde arrancó a la edad de diez años. Desde ese día vivió en las calles, aprendió a robar para poder comer, a pasar el frío envuelta en periódicos y cartones, a vivir en la suciedad.
Un día fue a parar a las afueras de una casa que llamaba bastante la atención, solían llegar señores que vestían muy fino, esperando que alguno le diera una moneda. Una señora bien maquillada y con ropas ajustadas la vio, una mirada de desprecio fue lo que le regaló, la observó de arriba a abajo y la llevó dentro de la enorme casa. La bañaron, vistieron elegante y la maquillaron, quince años tenía cuando comenzó a trabajar para aquella mujer, de prostituta.
Desde entonces una sola idea se le metió en la cabeza, salir adelante, sin importarle como, su deseo era dejar aquella vida y comenzar una completamente nueva, lejos de todo, donde no pasara malos ratos y no tuviera que pensar en el mañana y la falta de comida, uno donde ella tuviera poder, joyas y dinero, uno que la haría feliz.
Tiempo después llegó al burdel un tipo con extraña mirada, la eligió a ella como acompañante, a sus veintiséis años, ya tenía bastante experiencia en como satisfacer a un hombre. Fueron a una de las habitaciones de la casa, e hizo todo lo que el extraño le pidió, hasta que las horas se acabaron.
—Te propongo una vida nueva —sonrió de medio lado mirando la espalda de la chica que se ponía ropa—. Una donde puedas salir a recorrer el mundo, sin que te falten las joyas, el dinero. —Volteó para clavar su mirada en el tipo—. Te propongo la inmortalidad —susurró volviendo sus ojos negros.
—¿Qué tengo que hacer? —preguntó sin importarle la oscura mirada de quien seguía medio recostado en la cama, caminó hasta llegar a él.
—Servirme —contestó con una sonrisa—. ¿Qué dices?
—Acepto —respondió con una sonrisa, su sueño se estaba haciendo realidad.
El tipo sacó un pequeño cuchillo de su ropa en el suelo, tomó el brazo derecho de Janice y le hizo un corte horizontal en la muñeca, la sangre comenzó a salir rápidamente. No fue capaz de aguantar el olor embriagante de aquel líquido rojo y bebió un poco. La chica entendió lo que era aquel y no le importó, continuó con el ritual, lo que quería era poder y si ésa era la forma de conseguirlo, lo haría.
El vampiro dejó de beber para hacer un corte igual en su muñeca izquierda, juntó ambas heridas y espero a que sus sangres se unieran. Un ardor comenzó a sentir en su brazo, y de a poco sus fuerzas se perdieron, se desmayó y el vampiro la cargó, cogió su ropa y salieron por la ventana, perdiéndose en los techos de una ciudad a la cual nunca más regresaron.
Pocos años después, el tipo la abandonó, dejándola a merced de los cazadores. Sin saber qué hacer, y estando perdida en un mundo que apenas conocía; corrió esperando tener algún tipo de ayuda, pero lo que encontró fue un callejón sin salida y tres tipos dispuestos a cortarle el cuello. Si bien era una vampiro, apenas sabía usar sus poderes para conseguir comida. Se asustó y temió lo peor, pero un chico de grises ojos llegó y enfrentó a cada uno de aquellos hombres.
Una sonrisa se le dibujó en el rostro al recordar eso, se mordió el labio inferior al pensar en lo embelesada que se encontraba por él, no dudo un segundo en convertirlo, juntos gobernarían el mundo de los humanos y los vampiros. Pero no salió como esperaba, el chico no tenía pensado conquistar nada, lo único que le importó fue dominar sus poderes y después largarse, siendo abandonada nuevamente, aunque esa vez fue distinto, le dolió que la dejara, y más saber que él era feliz lejos de allí, junto a una humana.
Observó el atardecer, una lágrima rodó por su mejilla, la cual secó inmediatamente. Miró al chico que aún estaba apoyado en el árbol y sonrió, sin duda se había enamorado de él, pero aquel vampiro nunca en su vida sentiría algo así por ella, su corazón siempre perteneció a quien llamaba por las noches, la culpable que su aroma fuera a vainilla y tulipanes.
Apretó sus puños y frunció su ceño, no era momento de pensar en eso, se puso de pie. Además, ¿qué podía ofrecerle un pobre vampiro que se conformaba con beber sangre embotellada y vivir pacíficamente con los humanos? Absolutamente nada. Avanzó hasta el chico, pero una canción la detuvo. El sonido del móvil interrumpió los pensamientos de ambos.
—Están vivos —escuchó una voz con preocupación al otro lado del auricular—. Janice lo sabía, me mandó a esa dirección.
—Yo me encargo de la molestia —respondió con una pequeña sonrisa.
—No son vampiros —fue lo último que dijo antes de colgar.
Dio un paso hacia adelante y miró a la chica que se acercaba con lentitud. Sus ojos reflejaban odio y esperaba que le dijera lo que pasaba por las buenas, ya que no acostumbraba a maltratar a las mujeres.
—Creo que estamos más calmados ahora —susurró mirándola fijo—. ¿Qué quieres?
—Que me ayudes —respondió con calma—. Necesito que Bastian haga lo que yo diga.
—¿Eso por qué? —indagó mostrando preocupación, la chica debía pensar que él la ayudaría.
—Mi vida corre peligro —musitó clavando sus ojos en los del vampiro—. Un demonio me tiene amenazada, si no hago lo que me pide, me matará.
—¿Por qué a ti? —preguntó frunciendo más el ceño.
—Porque se enteró que soy la pareja de Bastian —contestó en un hilo de voz, intentando que la compasión inundara el corazón de quien tenía al frente.
—Debiste decirle que no lo eras —susurró aguantando la risa frente a las palabras dichas por ella.
—Los demonios leen la mente —musitó en su defensa—. ¿No lo sabías?
—¡Vaya!, me has sorprendido con eso —habló con sarcasmo.
—¿Me ayudarás? —consultó con fastidio.
—¿Qué gano a cambio? —indagó con una sonrisa de medio lado.
—El Cielo —respondió con grandeza—. Irás junto a los demonios y todo aquel que quiera ir, una vez que derroten a los ángeles.
—¿Qué sabes de eso? —preguntó al darse cuenta que la chica podría decir algo.
—Lo suficiente —contestó con una sonrisa—. Digamos que yo estaré allí para verlo.
—Así que el demonio no te amenaza —susurró mirando el cielo y moviendo la cabeza de un lado a otro—, más bien, te prometió el cielo —se carcajeó.
—¿Me ayudarás? —suspiró con cansancio y evadiendo el tema, no debía contarle todo.
—Ya que —musitó dejando caer sus hombros.
—Bastian se dirige a una trampa —sonrió sin dejar de mirar al chico, este no reflejo sorpresa, ya sabía lo que pasaba—. Sus primos han vuelto del Infierno, pero no como vampiros, sino como demonios.
—Demonios —susurró intentando guardar la preocupación por el chico—. ¿Quién los trajo? ¿Cómo se llama el ser al cual le trabajas?
—Su nombre no me lo ha revelado —respondió con una sonrisa—. Sólo se aparece para darme…
No alcanzó a terminar de hablar, cuando una fuerte ráfaga de viento pasó frente a ella, arrojándola de espalda a un árbol. Un codo apresaba su cuello con suavidad, y sus pies colgaban.
—Sabes muy bien que me caracterizo por las torturas para conseguir lo que quiero —sonrió mostrando sus colmillos—. Si no quieres sufrir algún daño, será mejor que hables. ¿Cómo se llama el demonio?
—No lo sé —contestó sonriendo, si bien estaba a varios pies de altura, el vampiro no le hacía daño.
—Pregunto nuevamente —susurró apretando con más fuerza el codo en el cuello de la chica—. ¿Cómo se llama?
—No lo sé —volvió a responder, esta vez en un suave murmullo.
—¡¿Cómo se llama?! —gritó poniendo más fuerza en su brazo.
—Belial —habló con un hilo de voz, mientras sus pies se movían de un lado a otro e intentaba quitar el brazo de cuello, el chico la estaba matando.
La soltó y cayó tosiendo con dolor en todo su cuerpo, no se comparaba con lo hecho por el demonio, claro que no, aquel brazo estaba dispuesto a quebrarle el cuello si no hablaba. Ésa era la fama de Ethan, dispuesto a torturar y masacrar sin importarle nada, con tal de conseguir su objetivo.
—Lo buscaste sólo por eso, ¿verdad? —preguntó mirándola con odio y repugnancia—. Aquel día, sabías muy bien que Bastian terminaría malherido, sería tu gran oportunidad para acercarte a él. —La vampiro seguía en el suelo, con sus manos en el cuello y tosiendo con fuerza—. Lástima por ti —sonrió—, pero el niño tiene otros planes, y tú no estás en ellos, la chica que te nombró Owen sí existe —susurró cerca del oído de ella, no podía decirle lo que sabían, pero si darle otra realidad—. Creo que dejarás de ser su hembra alpha.
Se alejó de ella y la miró con rabia, la vampiro clavó sus ojos en él con asombro. Sentía que su final estaba cerca, Belial la mataría si no hacía lo que le pedía. Frunció su ceño, debía acabar con esa chica.
—Ahora dime, ¿dónde está Bastian? —preguntó tomándola de los cabellos.
—Aunque me tortures, no te diré nada —contestó con dificultad, mostrando sus ojos negros llenos de confianza.
—Como quieras. —Frunció su ceño, sabía que no hablaría, no alcanzó a escuchar a que dirección lo había mandado, y el chico tampoco se lo mencionó—. Pero no creas que irás a informar de esto al demonio.
Levantó a la vampiro de su negra cabellera y la lanzó contra un árbol, golpeándose con fuerza contra el grueso tronco, azotó primero su cabeza y una línea de sangre comenzó a salir, sus ojos se cerraron y quedó inconsciente con los primeros rayos del sol, indicando que el tercer día desde que el vampiro se separó de la medio ángel, empezaba.
Se alejó del lugar y husmeó en el aire el olor del chico, pero no lo percibió. Maldijo por lo bajo, Bastian tenía razón, su olfato no era tan bueno como el suyo.
Avanzó unos kilómetros al norte, pero tampoco lo sintió, se devolvió y nada. Así continuó mientras las horas pasaban, sin encontrar rastro alguno del chico. Aunque en vez de acercarse, se alejaba más y más.
La vampiro se quedó en el lugar, dormida por varias horas, nadie la extrañó.

* * * * *

Los tres seres sonreían mirándolo, la diversión estaba a punto de comenzar. Él los observaba con una sonrisa en sus labios, se tenía confianza, los mandaría de vuelta, costara lo que costara.
—¿Cómo estuvo el Infierno? —preguntó con sarcasmo.
—Mucho mejor que la Tierra —contestó Seth con burla.
—No debieron regresar —sonrió de medio lado—. Pero no se preocupen, pronto volverán al fuego.
—Pequeño Bastian —habló la mujer con una sonrisa—. Una cosa es matar un vampiro, pero algo muy distinto es acabar con un demonio.
—Como si no lo hubiera hecho antes. —Su fría mirada se clavó en los ojos violetas de la mujer—. ¿Quién será el primero en volver?
—Déjame a mí —suplicó Reid mirando al mayor de sus hermanos—. Sabes que quiero vengarme por lo que hizo ese día.
—Está bien —contestó sentándose en el suelo, su hermana llegó junto a él—. Pero déjanos algo a nosotros.
—Como gustes —sonrió mientras caminaba al encuentro de Bastian—. Veamos que tan fuerte te has vuelto en estos años.
—Cuando quieras —respondió posicionándose en señal de defensa.
El demonio se abalanzó sobre el chico, no tenía pensado usar sus nuevos poderes. Apretó su puño y lo dirigió al estómago del vampiro, este lo esquivó sin problemas e intentó golpear a su primo en el cuello por la parte de atrás, pero fue más rápido y se anticipó a los hechos, moviéndose a un lado, evitando el golpe.
Se miraban con odio, dejando un espacio de varios metros entre ellos. Bastian sonrió, sin duda aquella sería una larga pelea, se notaba que habían vuelto más poderosos.
Reid frunció el ceño y corrió al encuentro de su primo, intentando dar el golpe que falló la primera vez, pero Bastian volvió a evitarlo, esta vez con un salto. Cuando estuvo nuevamente en el suelo, se aproximó a su primo y le dio una patada en las rodillas, todo fue muy rápido, el demonio no alcanzó a esquivarlo, cayó de boca al suelo.
—Veo que sigues siendo sólo palabras —sonrió mientras miraba al ser levantarse.
—No, claro que no —contestó mirándolo de frente—. Me vengaré por todos los golpes que me diste.
—Te espero —dijo con confianza, frunciendo el ceño.
El de cabellos rubios levantó su mano, provocando que el cuerpo de Bastian quedara suspendido en el aire, este no hizo ningún gesto. Si bien el demonio había dicho que no usaría sus poderes, cambió de opinión y arrojó a su primo lejos contra la cabaña de madera abandonada.
El vampiro se puso de pie con rapidez y sacudió su ropa, el golpe no fue tan fuerte, aunque debía cuidarse, se podría burlar de ellos pero sabía a la perfección que un demonio es muy distinto a un vampiro. A pesar que él había matado a algunos, no le fue fácil, para acabar con ellos tenía que debilitarlos para pronunciar algunas palabras en latín que los mandaban de vuelta al Infierno, era la única manera que conocía.
Avanzó como una fuerte ráfaga de viento hacia su contrincante, este apenas veía sus movimientos, corría de un lado a otro mareándolo y no podía seguirlo. De un momento a otro un fuerte golpe en el estómago mandó al demonio volando algunos metros, chocando contra el tronco de un árbol.
Rápidamente se puso de pie y se abalanzó contra su primo, no lo alcanzó a esquivar, recibiendo un fuerte empujón que lo arrastró contra otro árbol de los alrededores, el golpe en su espalda le provocó un dolor intenso.
Le propinó con fuerza un cabezazo al demonio para que lo soltara, luego de un rodillazo en el estómago lo dejó en el suelo tosiendo con fuerza, tomó sus rizados cabellos y lo elevó, le dio una vuelta en el aire y lo lanzó contra la cabaña. Menos de dos segundos le bastaron para recibirlo antes que se golpeara con la vieja madera, para regalarle una patada que chocó con la espalda de su primo, éste gritó de dolor y cayó al suelo. Su hermana que observaba todo se levantó, pero Seth la detuvo agarrándole el brazo.
Reid se puso de pie con dificultad, de espalda a su primo. Sus ojos reflejaban ira y rabia. Movió su cuerpo y unos cuantos huesos sonaron, volteó y clavó sus negros ojos en el vampiro. Dio un grito soltando toda su furia y corrió a gran velocidad al encuentro de Bastian. Kate volvió a sentarse junto al mayor y continuaron observando todo con absoluta seriedad.
En un abrir y cerrar de ojos, el chico de mirada miel tuvo a su primo encima. Le dio un golpe con el puño en el pecho, como respuesta obtuvo un puñetazo en la cara. El demonio lo tomó de los brazos y lo lanzó unos metros lejos. El vampiro giró en el aire logrando caer de pie, observó hacia delante pero no vio a su primo, éste se encontraba atrás y con una patada en la espalda le sacó un fuerte grito a Bastian mientras chocaba con un árbol y caía lentamente hasta llegar al suelo.
El azote de su cara contra el tronco le provocó unos cuantos cortes en su ojo izquierdo y en los labios, comenzaba a sangrar, no le dio importancia y no trató de curarse, no frente de ellos. Al parecer el demonio no tenía rasguños ocasionados por los golpes que le había dado.
Se puso de pie, los juegos se acabaron, era hora de terminar con eso y mandarlos a donde pertenecían. Levantó su mano y su primo se elevó a los cielos. Lo mantuvo en el lugar mientras apretaba su cuello, con el poder de la mente. Si bien un demonio era difícil de matar, varias veces había hecho eso para poder alimentarse de aquella sangre que lo llenaba de poder. Observó a sus otros primos sentados en el suelo y sonrió, el que colgaba movía sus pies con insistencia.
Lo movió hasta dejarlo unos cuantos metros sobre el techo de la cabaña casi destruida y lo soltó con fuerza. El demonio golpeó con la totalidad de su cuerpo, rompiendo todo a su paso. Una nube de polvo apareció en el lugar, elevándose hasta perderse entre las estrellas y la luna.
Frunció su ceño, ése había sido un buen golpe pero a la vez nada. De entre los escombros apareció su primo, la sangre le corría por un costado de la cabeza, sus labios estaban rotos, su ropa rasgada y su brazo derecho colgaba sin movimiento, al parecer se lo había quebrado. Sus ojos llenos de ira se posaron en su primo, cuando logró salir de la cabaña.
Caminó con paso decidido, aguantando el punzante dolor en su brazo quebrado, pero no le importó, aún le quedaba el otro y eso era suficiente para tener una buena pelea con el vampiro. Se acercó lo suficiente y apretó su puño. El chico, unos metros delante, se agarró el cuello intentando librarse de unas amarras invisibles que lo cubrían, el demonio lo estrangulaba con su poder mental.
Se concentró, y con lentitud pudo elevar a su primo unos centímetros del suelo. Juntó todas las fuerzas que podía, ya que la atadura en el cuello le molestaba bastante, y lanzó al demonio lejos, logrando que lo soltara. Cayó de rodillas al suelo tosiendo.
No alcanzó a ponerse de pie cuando el de dorados ojos uso su poder para que su cuerpo flotara, lo miraba con odio e ira. Lentamente comenzó a mecerlo, de un lado a otro, hasta que golpeó al vampiro contra un árbol, y luego otro, y otro, para finalizar lanzándolo a la cabaña, ésta terminó de destruirse.
Se levantó con dificultad, aquel golpe había dañado bastante su ropa como su cuerpo, podía sentir como le palpitaba la cara, se la tocó y sintió la sangre que avanzaba desde la cabeza al cuello. Un dolor punzante se le reflejó en la pierna izquierda, la miró y pudo ver que su pantalón estaba roto de la rodilla abajo y un hilo de sangre corría por su desnuda piel. Caminó sintiendo todo el dolor de su cuerpo hasta llegar frente a su primo, que estaba en una situación parecida. Sonrió, esto se acabaría pronto.
—Mejoraste. —Se burló clavando sus ojos en el demonio.
—No creas que estuvimos en el Infierno haciendo nada —contestó con ira—. Todos los días y noches soñé con este momento, y al fin me estoy vengando.
—Me alegra —sonrió de medio lado—. Pero ya se acabará.
—Y yo saldré victorioso —se carcajeó—. Te mataré. —Frunció su ceño.
—¡Reid! —gritó Seth quien se había puesto de pie—. Sabes muy bien que no puedes matarlo.
—Está bien —dijo de mala gana mirando al mayor de sus hermanos—. Pero ¿si puedo dejarlo inconsciente?
—Como gustes —sonrió antes de volver a sentarse junto a su hermana.
—Sólo hay un detalle —musitó Bastian—. Tú volverás al Infierno, junto con tus hermanos. Y yo seguiré mi camino consciente —sonrió tomando con su mano el cuello de su primo y alzándolo.
—Bastian —dijo con un hilo de voz—. Tal vez eso te funcionaba antes —sonrió—. Pero bien sabes que a un demonio le da igual que aprieten su cuello.
—Eso es verdad —contestó con burla—. Pero ¿sabes a lo que le teme un demonio?
—A nada —respondió sonriente.
—Te equivocas —sonrió de medio lado, aunque su labio le doliera—. Existen unas palabras que te mandan de vuelta al Infierno. —El demonio abrió los ojos asombrado.
—Pero tú no las sabes —sonrió con temor para no mostrar su miedo.
—No, no las sé —contestó frunciendo su ceño—, es un texto muy largo, siempre tenía que leerlo. Pero me acaban de enseñar uno nuevo —sonrió esperando que su memoria no le fallara y que su plan funcionara—. ¿Lo quieres escuchar?
—¡No! —gritó intentando soltarse del agarre, miró a sus hermanos que se habían puesto de pie, pero al parecer no escuchaban nada.
¡Me lumen vos umbra, nocte surgetibus nihilo, ab umbra veritas, aspice et abi, aspiciendo senescis, declina malo, serenus sit animus, aut disciede! —gritó con voz fuerte y clara, recordando cada una de las palabras dichas por la medio ángel en la cueva—. ¡Aut disciede! —Volvió a gritar con toda la rabia e ira que sentía en su interior.
Su primo dio un grito de horror, de su boca asomó una luz amarillenta y sus ojos se volvieron blancos. Su cuerpo se estremeció por varios segundos, hasta que lo dejó caer al suelo. Lo observó con detenimiento, asombrado porque el dicho de la chica funcionaba y estaba dispuesto a usarlo con los otros dos.
—Te perdono —susurró sin saber por qué, a la vez que el cuerpo de su primo se volvía polvo frente a sus ojos.
—¡Maldito! —escuchó la voz de su prima llena de rabia, antes de ser golpeado en la espalda.
Al ver a su hermano convertirse en polvo, se levantó lo más rápido que pudo y corrió al encuentro del asesino, junto sus puños y con todas sus fuerzas lo golpeó en la columna, enviándolo contra unos árboles, no le dio tiempo siquiera de reaccionar.
—Detente —ordenó el mayor agarrando a la chica del brazo.
—Mató a Reid —contestó con ira soltándose del agarre—. ¿Cómo me pides eso?
—Sabes muy bien que no podemos matarlo. —Clavó su azul mirada en la chica—. Si no fuera por eso, hace rato que ya estaría muerto.
—Pero… —musitó bajando la mirada para observar donde el cuerpo de su hermano desapareció.
—Si no acepta —contestó con una sonrisa de medio lado—. Nos vengaremos cuando llegue el día.
El chico se levantó con dificultad, aparte de los dolores que sentía antes, ahora se sumaba el de la espalda. Suspiró pensando que aún le quedaban muchos más por recibir, pero acabaría con los otros dos.
—¡Bastian! —gritó Seth cuando llegó unos pasos delante de él.
—La respuesta es no —contestó al voltearse para mirarlo de frente—. Digan y hagan lo que quieran, no formaré parte del escuadrón de Belial y no lucharé contra el ángel.
—Ese ser te buscará para matarte —sonrió su prima al pensar que si ellos no lograban venganza, el chico acabaría muerto de todas formas.
—Eso es verdad —se burló al recordar a Hayley y todas las veces que lo amenazó—. Pero estaré atento, no soy tan fácil de matar. ¿O si? Eso ya lo comprobaron ustedes.
—En una cosa tenía razón Reid —sonrió el mayor—. Lo único que nos pidieron fue mantenerte con vida, y estar inconsciente es estar vivo.
—Prepárate chico —se burló la mujer—. Será una larga jornada.
—Eso lo sé desde que llegué —contestó frunciendo su ceño.
Los débiles rayos del sol, ocultos entre algunas nubes, señalaron el amanecer. Había estado peleando toda la noche con el menor de sus primos, y aún le quedaban dos: Kate, que siempre fue mucho más fuerte que su hermano muerto; y Seth, el temor de los vampiros antes de él. Suspiró y se preparó para la mayor pelea que había enfrentado en su vida.
—Vamos a jugar con el pequeño —habló la mujer con sarcasmo—. Para recordar todos aquellos días que tanto nos divertimos.
—Buenos tiempos —susurró el mayor poniendo sus ojos negros—. ¿Quieres jugar, Bastian?
—Si quiere —contestó la demonio volviendo su mirada oscura como la noche—. Déjame darle el primer golpe, en honor a Reid.
—Como gustes —respondió su hermano cruzándose de brazos—. Es todo tuyo.
El vampiro frunció su ceño, quería que todo acabara pronto, pero al parecer tendría que soportar muchas horas más. Intentó curarse un poco sus heridas, pero el tiempo no se lo permitió. Apretó sus puños y esperó que llegara su atacante.
Kate corrió a gran velocidad al encuentro del asesino de su hermano, que por segunda vez lo había mandado al Infierno, sus ojos se llenaron de ira al recordar aquel día. Juntó todas sus fuerzas en su puño y lanzó un golpe directo al pecho. El chico cruzó sus brazos delante de él y detuvo el ataque, aunque sus antebrazos quedaron con un dolor punzante, por un momento pensó que se los había quebrado.
La chica dio un salto hacia atrás, se elevó un poco al cielo y le lanzó una patada en la cabeza a Bastian. Rápidamente tomó con sus manos el pie de su prima, giró con ella en el aire y la arrojó cerca de Seth, quien observaba todo con seriedad.
La demonio se puso de pie sin problemas y avanzó con grandes pasos hacia su contrincante. No se había golpeado con fuerza, pero parte de su ropa estaba rota y en la cara se le veía uno que otro rasguño, y eso la hizo enfurecer. Cuando estuvo cerca de su primo, levantó su brazo y el chico se alzó unos metros. Lo dejó caer con fuerza, el vampiro intentó voltearse para que sus pies chocaran primero con el suelo, pero no pensó que en tierra firme su prima lo esperaba con los puños juntos y un golpe con muchas fuerza en la espalda. Dio un grito de dolor mientras volaba en dirección a los árboles, puso sus manos en su cara y golpeó su estómago contra el grueso tronco. Cayó al suelo y allí se quedó por unos segundos.
Con lentitud se levantó, sus dolores eran cada vez más fuertes, y a pesar de ser sólo mentales, no podía con ellos. Todo su cuerpo le pedía a gritos detener la pelea, pero no lo haría. Primero los mandaría de vuelta.
—¿Me extrañaste? —susurró cerca de su oído la demonio, pasmado se giró y la vio en frente, no la sintió acercarse.
La chica le dio uno de los mismos golpes, con ambos puños, lo elevó unos metros y fue a dar a los pies del mayor de sus primos, con un punzante corte en la cabeza. Éste se arrodilló frente a él y lo miró sonriente.
—¿Te unes a Belial? —preguntó con sarcasmo, aunque sabía la respuesta.
—No —contestó intentando ponerse de pie.
—Estás mal, pequeño —se burló—. No sé si puedas aguantar mucho más.
—Aguantaré hasta que estén de vuelta en el Infierno —respondió mirándolo con ira.
—Como digas. —Se puso de pie sonriendo y tomó a su primo del cabello.
Lo jaló con fuerza, levantándolo un poco del suelo, y le dio una vuelta en el aire, para arrojarlo contra los escombros de la cabaña. El chico golpeó con todo su cuerpo sobre la madera, enterrándose algunos trozos rotos y puntiagudos, ahogó un grito de dolor al sentir uno de esos palos rozarle el brazo izquierdo, provocándole un profundo corte por donde la sangre salía a ríos, dejando ver hasta el hueso. Y otro le hizo lo mismo en la pierna derecha, ahora las tenía ambas malheridas.
Con dolor y esfuerzo se sentó, agarró un pedazo de su roto pantalón y se lo intentó amarrar en su pierna, pero no alcanzó, ya que su prima estaba frente a él riendo a carcajadas. Se acercó con lentitud y le dio una patada en el estómago. El chico abrió sus ojos a más no poder, apretándose con fuerza el lugar golpeado, tosió y sangre salió de su boca.
—Creo que no nos mandarás al Infierno —susurró con burla la demonio cerca de su oído.
Tomó del cabello al chico y con su rodilla le quebró la nariz, la sangre salió ensuciando su cuello y lo que quedaba de su ropa de arriba. El chico cayó en posición fetal, aguantando todo lo que sentía su cuerpo, intentando juntar fuerzas para poder curarse sus heridas, pero fue en vano, apenas podía respirar. Apretó sus ojos y sonrió como pudo, no se daría por vencido.
El sol sobre sus cabezas, tapado casi en su totalidad por las nubes que cada vez se volvían más grises, anunciaba que ya pasaba de medio día. Y al parecer ninguno se daría por vencido.
—¿Ya está inconsciente? —preguntó Seth al llegar junto a su hermana.
—Todavía no —respondió con una sonrisa—. Pero ya le queda poco.
—Dejémoslo descansar —se burló el mayor—. Tal vez así esto se vuelva más entretenido.
—Ojalá —suspiró la mujer—. Se volvió demasiado aburrido sólo dar golpes.
Ambos voltearon y comenzaron a caminar a donde estaban sentados antes. El chico continuó en posición fetal, eso serviría para juntar un poco de fuerza y recuperarse, cerró sus ojos y pensó en la chica y a la vez en Ethan, como le gustaría que estuviera allí para que lo ayudara.
Aguantó un grito de dolor, la sangre de a poco comenzaba a cubrir el suelo donde se encontraba, por suerte para él aquel líquido no provocaba nada en su ser, sino ya estaría vuelto loco intentando tomarla.
Se concentró en el dolor, debía calmarlo para poder curarse y así lo hizo. Lentamente su cuerpo se relajó y su consciente quitó todo el escozor que las heridas le provocaban. Sonrió, era hora de curar sus cortes.
Lamentablemente no se dio cuenta del tiempo que corría en su contra, y una vez que se dispuso a sanar sus daños, las dos figuras llegaron junto a él. Abrió sus ojos con esfuerzo y notó que el ocaso ya había llegado.
—Pequeño —dijo el mayor encuclillándose frente al chico—. Última oportunidad. —Lo miró con seriedad.
—No —contestó en un hilo de voz, mientras se ponía de pie.
—Está bien. —Se levantó con burla—. Tú lo quisiste así.
Puso sus ojos negros y volteó con rapidez, dándole un codazo al chico en el estómago, que lo mandó a volar unos cuantos metros lejos de la cabaña. Cayó golpeando la espalda al suelo luego de chocar contra un árbol, se quejó sin que de su boca saliera algún sonido, pero sus pupilas y la reacción en su rostro mostraron el dolor que sentía.
En un abrir y cerrar de ojos su primo ya se encontraba a su lado, se carcajeaba estrepitosamente, aquel ruido le dañaba sus sensibles oídos. Intentó ponerse de pie y Seth lo ayudó, tomándolo del cabello y lanzándolo en dirección a su hermana. Ésta lo recibió dándole una patada en el estómago, Bastian rodó por el suelo unos metros, tosía con fuerza y de su boca seguía saliendo sangre, al igual que de su cabeza, labios, ojo izquierdo y casi todo su cuerpo.

* * * * *

Los estratos grises cubrieron por completo los rayos de la luna, poco lograban ver en aquel lugar, pero mientras sintieran la presencia de cada uno poco les importaba la visión. Lentamente la esencia del chico comenzó a disminuir, de a poco su ser se apagaba con cada golpe propinado por sus primos, pero no lo suficiente para que un ser lo detectara. Rápidamente escondió su auto, abrió sus alas y voló al encuentro de su amigo de infancia.
Tres figuras detuvieron su andar en un campo de fresas, de espalda a ellos podía sentir presencias poderosas, mucho más que la de Belial, cada uno lo superaba en mucho. Su cuerpo se estremeció con sólo pensar lo que querían.
—Hayley —una voz de hombre se escuchó a su espalda—. ¿Lo matarás? —preguntó sin mostrar sentimiento en su hablar.
—No —contestó seriamente al voltearse, miró con odio a cada uno de los que tenía al frente.
—No debes odiarnos —continuó hablando el mismo ser—. Eres una creatura del Señor, al igual que nosotros, la diferencia es que por tus venas corre sangre humana.
—Soy una criatura, engendrada por mi padre —respondió frunciendo el ceño y de mala gana.
—Y de tu madre, un ángel —dijo mirándola a los ojos, sin perder el tono de no importarle nada.
—¡Yo no tengo madre! —gritó con enfado—. Me da igual que ustedes sean lo mismo que ella, yo no soy parte de ustedes, ni de su Dios. Ahora, si me disculpan, debo ayudar a un amigo.
—¿Amigo? —preguntó acercándose a la chica—. ¿No son enemigos?
—Amigos —contestó con enfado, sin dejar de mirarlo a los ojos.
—¿Sabes lo que pasa más adelante? —cuestionó con voz suave.
—No lo sé —respondió cortante—. Es lo que quiero saber, pero al parecer ustedes no me dejarán ir.
—Nuestro deber es cuidar de Bastian —susurró al momento que una fuerte lluvia se dejó caer, empapándolos en pocos minutos.
—No lo están haciendo bien. —Los miró con reproche—. Su presencia casi se extingue y si ustedes no harán nada, será mejor que me dejen seguir con mi camino.
—No debemos interferir en la pelea —musitó al tenerla frente, bastante cerca—. Pero no dejaremos que lo maten, y ellos no tienen pensado eso. Lo que les interesa es que él se una al demonio y a ti.
—¿Hablas de la profecía? —preguntó, al fin decían algo que le interesaba.
—Así es —contestó, un rayo iluminó el lugar, dejando a la vista a los tres seres con apariencias completamente de humanos—. Tengo entendido que no sabes mucho…
—No sé nada —interrumpió mirándolo con desconfianza.
—Pronto lo sabrás —observó los ojos verdes de la chica—. Tu padre hizo un buen trabajo recopilando toda esa información, debes encontrarla antes que los demonios, lamentablemente ya les informaron sobre el diario y se mueven con rapidez.
—¿Por qué me dicen esto si se supone yo ayudaré a Belial? —cuestionó recordando lo único que sabía sobre la profecía.
—Porque confiamos en tu padre —respondió mirándola sin sentimientos—. Sabemos que él te enseñó como humano y no como ángel. Te hemos observando desde que naciste, al igual que al vampire. Los vimos crecer, conocemos sus caracteres y no percibimos maldad en ninguno. Esperamos que tu sed de venganza continué igual, y que el único motivo que te lleve con aquel demonio sea para acabarlo.
—Ése es mi deseo. —Frunció más su ceño y habló con rabia—. Mataré a Belial aunque eso signifique mi muerte.
—Dejaremos al chico a tu cargo, saca tus alas y vuela lo más rápido a su encuentro. —Ordenó con dureza, la chica sonrió de medio lado y obedeció—. Te seguiremos.
Abrió sus alas y voló de la manera que le habían ordenado, aquellos tres seres debían ser los que Bastian sintió cuando el demonio lo atacó hace años, y la misma que se presentó hace unos días atrás. Ellos eran ángeles, de sangre pura, destinados a cuidar al vampiro que se opondría a los deseos de Belial.
En pocos minutos, y a pesar que la lluvia caía con fuerza, llegaron al claro del bosque donde la presencia del chico desaparecía.
—¡Seth! —exclamó con miedo la demonio mirando en dirección a las presencias.
—¡Vamos! —ordenó el otro, los seres que venían eran demasiado poderosos, y con cuatro no serían capaces de pelear.
Corrieron con rapidez, olvidándose del chico y pensando sólo en sus vidas. El vampiro se encontraba en el suelo, apretándose con fuerza su lastimado estómago, esperando por ayuda.
Cuatro pares de alas se hicieron presentes a los pocos segundos que los demonios arrancaron, tres desaparecieron instantáneamente, una se acercó al chico, lo tomó en sus brazos y pasó su mano sobre su rostro, olvidando lo que provocaba el contacto de sus pieles.
—Lo siento —susurró en un hilo de voz al ver el estado del chico—. Olvidé que te quemo.
—Hayley —dijo juntando sus últimas fuerzas.
—No hables —le ordenó mientras se ponía de pie y lo ayudaba a levantarse—. Estarás bien, te lo prometon. —Fue lo último que dijo.
La lluvia había mojado al chico, quitándole un poco de la sangre que quedaba en sus ropas y en su malherido cuerpo. Con esfuerzo lo agarró firme en sus brazos, abrió sus alas y voló lo más rápido que le permitió, tanto su peso como el del chico.
Dejó su ángel en el mismo lugar escondido, en ese momento no tenía más cabeza que para pensar en la salud de Bastian, le preocupaba y bastante. Sabía que con sus alas llegaría mucho más rápido que con su auto. Y así fue, en un par de horas estuvo frente a la posada de Rachel, no le gustaba la idea de llevarlo allí, el chico había bajado sus defensas y podía leer sus pensamientos, aunque con dificultad. Sentía como batallaba internamente por buscar un humano para beber su sangre, eso lo haría recuperar fuerzas con facilidad, pero él no quería y ella estaba dispuesta a ayudar en todo lo necesario.
Observó la posada desde afuera, no sintió ninguna presencia extraña, de vampiros o demonios, guardó sus alas y caminó con dificultad hasta llegar frente a la puerta. Las personas que se encontraban en el estacionamiento la miraron con asombro, pero no se atrevieron a acercarse a ayudar, el chico llevaba muy mal aspect. Abrió la puerta y todo se detuvo.
—¡Hayley! —gritó la dueña del local al verla llegar con el chico colgando—. ¿Qué pasó? —Salió con rapidez del bar y corrió al encuentro de la chica.
—No te acerques. —La miró con seriedad—. No lo hagas o no lo podré controlar, iré a mi habitación y me encerraré, prometo que te contaré todo una vez que se recupere.
La mayor sólo asintió con la cabeza, la chica hablaba demasiado en serio como para oponerse, aunque eso significara no poder saciar su curiosidad hasta quién sabe cuando. La miró hasta que desapareció en el pasillo.
—¿Dejarás que se quede con un chico en su habitación? —preguntó Noah que se encontraba a su lado.
—¿Acaso no viste que apenas respiraba? —cuestionó a su sobrino mirándolo con reproche.
—Pero tú y ella pueden cuidarlo —reclamó frunciendo el ceño.
—Está vez no —susurró volviendo su mirada en dirección a la chica—. Está vez no.
Su sobrino la miró con extrañeza, no entendía nada de lo que pasaba y su tía estaba como en las nubes mirando el pasillo. Frunció más su ceño y salió de la posada. A los pocos minutos Rachel reaccionó y volvió al trabajo, como si nada hubiera pasado.

* * * * *

Alejado de todo y buscando el rastro de un vampire, se encontraba un ser de grises ojos. La lluvia llegó a su encuentro, maldijo por lo bajo, aquellas gotas borrarían aún más el aroma del chico. Se detuvo y miró a su alrededor, de pronto cuatro grandes presencias aparecieron al norte, frunció su ceño, una de ellas era distinta al resto.
—Allá debo ir —sonrió apurando el paso pero se detuvo al sentir que se movían, esperó un poco y reanudó el viaje siguiendo a las presencias.
Instantes después desaparecieron, aunque el rumbo ya lo había fijado y sabía que cuando llegara al lugar, encontraría al chico y esperaba que estuviera con vida, ya que no detectaba su presencia.
Horas más tarde llegó al sitio señalado, pero no encontró más que una cabaña destruida y alguna que otra gota de sangre de quien buscaba, apretó sus puños con fuerza y husmeó en el aire.
—Sigues vivo, niño —susurró con una sonrisa—. Y ya sé a donde fuiste.
Dio un salto y avanzó con rapidez por entre la lluvia, siguiendo el rastro del vampiro.

* * * * *

Acostó con suavidad al chico sobre su cama, con su mente cerró la puerta, la aseguró y creó un campo para que no lo detectaran. No quería que fueran por él en esas condiciones, aunque ella lo defendería de cualquier atacante, pero si eran muchos atacarían a los demás que se encontraban en la posada.
—Sólo hay una solución —susurró mirándolo—. Necesitas sangre y tu mente me dice que no quieres de humanos. —El chico hizo un gesto de dolor—. No saldré a buscar algún animal. —Se puso de pie y comenzó a quitarse la chaqueta y la mayor parte de la ropa que llevaba arriba—. Beberás mi sangre aunque eso te queme.
—No lo hagas —dijo con un hilo de voz apenas perceptible.
La chica no lo tomó en cuenta, sacó su daga del cinturón y cortó en forma horizontal una parte de su antebrazo. La sangre salió inmediatamente, el chico luchó contra sus instintos, pero no aguantó cuando ella puso su brazo sobre su nariz. Aquel líquido, ese olor, lo embriagó por completo, lo atraía mucho más que cualquier otro tipo, no dudo dos veces en tomar la mano de la chica y atraerla a él.
Su mano se quemaba, al igual que sus labios que estaban pegados a la piel de la chica, pero la sangre era la mejor que había probado en su vida y no estaba dispuesto a soltarla, aunque eso significara que terminaría en llamas. Pero fue todo lo contrario, mientras más bebía, el ardor desaparecía y su presencia se intensificaba. Tomó con ambas manos el brazo de la chica y lo presionó contra sus labios, saboreando aquel exquisito líquido rojo.
Hayley lo dejó beber todo lo que quisiera, no le importaba perder sangre, ya que se restablecería en cosa de minutos, y lo único que tenía en mente era el bien del chico que de a poco comenzaba a recuperarse. Ya no podía leer su mente, ése era un buen signo. Lo observó y notó que lentamente sus heridas comenzaban a desaparecer, sonrió, ella tenía pensado usar sus poderes de recuperación en él, pero por lo visto el chico se sanaba solo. Varios minutos después, la soltó.
—Lo siento —susurró con la vista hacia abajo, sin dejar el brazo de la chica—. No quería beber tanto, pero no pude detenerme.
—No pasa nada —le respondió buscando sus ojos—. Mi sangre se recuperaba mientras ibas bebiendo.
—Si no te cubres la herida. —Clavó sus ojos color miel y tristes en la chica—, seguiré tomándola sin parar.
La chica le sonrió con dulzura, puso su dedo índice en la herida, un resplandor dorado lo cubrió y el corte desapareció.
—No eres el único que se auto recupera —le dijo pasando su mano por los cabellos mojados de él—. ¿Ya te diste cuenta?
—¿De qué? —preguntó sorprendido.
—Me tienes del brazo y no te estás quemando —sonrió divertida—. Tal vez fue mi sangre, te quema, pero también es la solución para no hacerlo.
—Es cierto. —Miró sus manos que tenían prisionera la de ella—. También me siento distinto, no sé como definirlo.
—Si te salen alas creo que estaremos en problemas —sonrió, el chico respondió de la misma manera.
—Gracias —musitó sin soltar a la chica—. Si no hubieras llegado, ahora estaría con Belial.
—No lo creo —contestó frunciendo su ceño—. Pero será mejor que descanses, debes estar cansado.
—Sí, pero antes… Se acercó a la chica—, déjame probar un poco más de tu sangre.
—Acabas de decir que… —Fue callada por los suaves labios del vampiro.
Comenzó a besarla con ternura, saboreando con dulzura. No sabía cuanto duraría que no lo quemara y no estaba dispuesto a perder aquella oportunidad, y al parecer ella tampoco, ya que le respondía el beso de la misma manera.
La abrazó con fuerza, pegándola a su cuerpo. Ella respondió pasando sus brazos por alrededor de su cuello. Lentamente comenzó a acostarla junto a él, sin dejar un segundo los labios del otro. Se acomodaron de tal manera que el vampiro quedó un poco sobre la medio ángel, y así continuaron con sus besos, deteniéndose de vez en cuando para tomar aire. Hasta que el chico decidió que quería probar un poco más abajo, sacó sus filosos colmillos mientras besaba el cuello de ella, con suavidad los presionó sobre la piel. Abrió sus ojos dorados mostrando asombro frente a la mordida, pero no se lo impidió, dejó que bebiera un poco de su sangre mientras lo abrazaba con fuerza. Aquello le había gustado tanto como los besos del chico.
Saboreaba el delicioso líquido con su lengua, no quería saciar su sed, lo único que le importaba era marcarla, demostrar que ella le pertenecía, era así como los vampiros lo hacían. Y a pesar que muchos mordían simplemente por hacerlo, él había decidido que sólo lo haría con quien realmente quisiera, y la medio ángel despertaba en él todo tipo de sentimientos.
Dejó de beber y pasó su lengua con lentitud sobre las pequeñas marcas ocasionadas por sus colmillos, inmediatamente la herida se cerró. Su negra mirada se posó sobre la dorada de ella, sonrió de medio lado y volvió a su anterior trabajo, degustar hasta el cansancio los labios de la chica.

Con suavidad comenzó a recorrer el cuerpo que antes lo quemaba, sin que la dueña de este lo detuviera. De a poco se desasieron de las ropas que les estorbaban, se acariciaron, besaron y amaron bajo sus miradas, que delataban como dos enemigos destinados a enfrentarse en una batalla por gobernar los Cielos, se entregaban el uno al otro, olvidando todo lo que estaba escrito para ellos.


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