14 de agosto de 2016

[Mi veneno] Capítulo VII: «Preguntas y respuestas»

Una figura de cabello negro avanzaba por la oscuridad de la noche, se encontraba en las afueras de un pequeño pueblo. El vaho de su respiración se perdió entre las luces titilantes del parque, era una noche fría, a pesar que ella no lo sentía. Su agudo olfato percibió lo que esperaba y se detuvo sentándose en una banca destartalada, metió sus manos en los bolsillos de la chaqueta, soltó un pequeño suspiro y sonrió. Quizás cuando todo eso acabara se daría el gusto de volver a recorrer las calles donde empezó su nueva vida, hace tantos años ya, pero aun así lo recordaba muy bien, era una noche estrellada, fría y silenciosa, tal y cual como en ese instante, tal vez era cosa del destino…
—Alan, Chase, Owen —dijo haciendo un pequeño saludo con la cabeza a las tres figuras masculinas que aparecieron por entre los juegos infantiles de madera.
—Janice —habló el rubio, al sentarse en uno de los columpios—. Ya hablamos con Bastian, no tienes que decirnos nada.
—No vengo por mandato de él —sonrió de mala gana, a  veces el ser tratada como una sirvienta la cansaba.
—Y nosotros que pensábamos que eras su perra fiel —se burló el castaño, apoyando su hombro en uno de los palos de los juegos. Los otros dos lo acompañaron con las risas.
—Cuidado a quien le hablas así, Owen —respondió mostrando sus negros ojos y colmillos—. Recuerda que puedo matarte, y él no me dirá nada —sonrió.
—Yo también puedo hacerlo. —Su risa se apagó y miró seriamente a la vampiro—. No creo que le importe mucho tu muerte, hoy estaba muy bien acompañado —dijo pasando la lengua por su labio inferior—. ¿Verdad, chicos?
—Así es —contestó el de cabellos negros—. Aquella chica te supera en todo.
—No sólo la supera, Chase —rió el rubio—. La sobrepasa, es toda una belleza.
—En estos momentos debe estar dándose un festín —dijo el castaño—. Y a nosotros no nos permitió hacerlo… Pero bueno…
—Te equivocas, Owen —contradijo Chase—, no parecía con ganas de beber su sangre, él quería otra cosa de ella.
—Fuertes declaraciones —se burló Alan—. ¿Qué dice la que se hace llamar su hembra alpha? —Miró a Janice, que se había levantado y los miraba con odio. El vaho salía más a prisa.
—¡Estúpidos vampiros! —gruñó tomando al rubio por el cuello de su chaqueta—. ¡Bastian es mío, y sólo mío! —Lo lanzó unos metros lejos, chocando con un destartalado tobogán.
—Claro, como digas —dijo con burla el rubio mientras se ponía de pie—. La hermosa chica es la otra —se carcajearon—. Aunque si me preguntan a mí, prefiero quedarme con ella…
—¡Eres un…!
—Ahora nos dirás que quieres con nosotros, querida Janice —habló Owen con un poco de seriedad al interponerse entre la vampiro y su amigo.
—Si quieres que busquemos a Bastian —interrumpió a la vampiro el de cabellos negros—. Con gusto lo hacemos, en una de esa logramos tener una probadita de aquella chica. —Continuaron sus burlas.
—Lo que me trae a ustedes —dijo guardando sus colmillos y tranquilizándose—, no tiene nada que ver con Bastian.
—¿Haciendo cosas a espaldas de él? —preguntó con burla Owen—. ¿Qué será mañana, eh, querida Janice?
—No, claro que no —respondió con una sonrisa—. Digamos que es una sorpresa.
—Uy, me encantan las sorpresas —habló Alan, que ya había llegado al lado de los demás.
—Ésta tendrá mucha sangre —dijo la vampiro mirándolo a los ojos.
—Me apunto —sonrió Chase—. Me encantan si tienen sangre.
—Un momento —interrumpió Owen, con mirada seria—. ¿Qué te traes?
—Diversión —respondió sonriendo—, queremos pasar un buen rato.
—Vamos Owen, no arruines la diversión —reclamó el rubio—. Nos merecemos un poco de diversión, ¿no lo crees?
—Bien sabes que esta no es de fiar —lo regañó—. Yo no estoy de acuerdo.
—Si piden mi opinión. —La ronca voz de Chase sonó en el lugar—, le doy mi apoyo a Alan, también quiero diversión con sangre.
—Son dos contra uno, Owen —se burló, esta vez, la chica—. ¿Qué harás?
—Voy —contestó cortante y serio, miró a sus amigos con reproche, estos cambiaron sus sonrisas por una mirada asustada, si algo salía mal se las verían aún peor.
—Entonces —sonrió la vampiro—, síganme.
Avanzaron a gran velocidad, Owen a la retaguardia vigilando cada uno de los pasos de la vampiro, la desconfianza invadea todo su ser. Sus amigos, en cambio, reían y murmuraban ansiosos sobre lo que les esperaba al llegar.
Se detuvieron frente a una gran casa color crema, bastante lujosa, se notaba que quienes vivían allí tenía mucho dinero. Los tres vampiros miraron con asombro, mientras Janice se acercaba a la puerta de entrada giró la manilla y abrió.
—¿Pasan? —preguntó señalando con la mano hacia el interior.
—¡Claro! —Exclamó el rubio dando un salto para llegar con la vampiro.
El de cabellos negros lo siguió al instante, mientras que Owen caminó pausadamente y serio, observando todo a su alrededor, algo no le gustaba y menos la presencia demoníaca que había adentro, además percibía un fuerte olor a sangre de humano conocido. La vampiro sonreía de manera extraña, aun así no dejaría a sus amigos solos.
—¿Qué esperas? —reprochó desde su lugar en el umbral de la puerta—. No tenemos toda la noche —le sonrió.
El chico la miró con desprecio y continuó con el mismo paso, no se apresuró, poco le importaba lo que había en el interior del lujoso lugar. Apenas puso un pie dentro, la chica lo empujo para que terminara de pasar de una vez. Owen la fulminó con la mirada y le mostró los colmillos, pero a la vampiro poco le importó y le sonrió aún más.
Alan estaba sentado en el sillón de cuero color blanco invierno, mirando la pantalla LCD que tenía enfrente, Chase llegó a acompañarlo. Mientras que Owen se quedó parado cerca de la puerta, con la vista perdida en sus amigos y esperando que cualquier cosa pasara. No entendía cómo los otros podían estar tan tranquilos con aquel repugnante olor a demonio. No había peor cosa para Owen que uno de esos seres cerca, siempre traían mala suerte y desgracias. Se cruzó de brazos y apoyó su hombro en la pared más cercana, mostrando una actitud más tranquila pero alerta a todo lo que pasaba.
—Relájate —interrumpió sus pensamientos Janice—, en unos momentos llegará más gente y luego Bastian, a quien sorprenderemos.
—No me interesa lo que le hagan a él. —La miró con odio y desconfianza—. Si estoy aquí es por ese par de tontos —dijo volviendo su mirada a los otros dos, que seguían tan campantes como si nada raro pasara.
—No somos tontos —reclamó el rubio—. Sólo nos gusta la diversión.
—Sí, como digan —suspiró el castaño. Clavó su vista en el pasillo, se acercaba el demonio.
—Bienvenidos —dijo un chico de azules ojos al llegar frente a los vampiros, Janice se sentó en una silla un poco alejada de todos—. Ésta será una velada que nunca olvidarán.
—Eres el de la posada —lo examinó Owen, sin aflojar su seria mirada.
—Así es —respondió el demonio.
—Se nota que de tu raza no eres uno cualquiera. —Los otros dos lo miraron, pero no le prestaron más importancia—. ¿Qué es lo que quieres con  nosotros? ¿Por qué no olvidaremos esto? —preguntó confundido—. Janice nos dijo que todo es para Bastian, y está claro que no es así.
—Haces muchas preguntas —reclamó la chica suspirando y rodando los ojos—. Lo único importante es que será divertido… para ustedes.
—Haré la presentación de nuevo —añadió el demonio con una sonrisa y mirando a los chicos—. Bienvenidos al infierno.
Los ojos del demonio se volvieron completamente rojos, los dos vampiros que estaban en el sillón se pusieron de pie rápidamente. Aquello no era lo que esperaban, Owen tenia razon y por un instante se sintieron culpables por no confiar en su amigo. Pero no alcanzaron a hacer mucho, porque en cosa de segundos sus cuerpos se elevaron, quedando pegados al cielo del recinto. Owen, por otro lado, sacó sus colmillos y volvió sus ojos negros, se lanzó al ataque del demonio pero nada logró, al igual que sus acompañantes, en segundos fue detenido por el poder mental del ser, y su cuerpo fue a dar contra la pared al lado de la puerta de entrada. Ninguno podía moverse, todos estaban fuertemente agarrados con la mente del demonio.
—Lo siento chicos. —Sonrió la vampiro—. Pero la sorpresa es para ustedes.
—Necesitábamos unos sacrificios de vampiros —habló esta vez el demonio sin quitar su sonrisa del rostro—. Y ustedes estaban cerca. Prometo que no les dolerá.
—Vaya. —Sonrió Owen a pesar de no poder hacer nada—. Parece que eres la perra fiel de un demonio —se burló de Janice mirándola a los ojos.
—Déjame este a mí —pidió la vampire al ponerse de pie y sin quitar la mirada del chico.
—Como gustes —contestó, sin darle mucha importancia—. Pero no lo hagas aún, deja que vea nuestra diversion.
Janice caminó con lentitud hacia Owen, como observando a su presa, pensando en todas y cada una de las formas en que podría infrigirle algún dolor, esperando que aquello tuviera alguna reacción en el vampiro. Pero no fue así, Owen no mostró ni siquiera un rastro de miedo, sólo la miró desafiante.
El demonio, por otro lado, bajó a Chase del cielo y lo dejó de pie frente a él, observándolo con atención.
—Hubiera preferido una mujer —sonrió suspirando—. Pero éste servirá, como dicen por allí, es lo que hay.
El vampiro le regaló una mirada de desprecio, el de rojos ojos se tomó su tiempo y sacó de su cinturón una fina daga de plata. El chico abrió los ojos a más no poder, su inconsciente le advirtió lo que vendría y no tenia manera de poder defenderse.
—¡No te atrevas a hacerle daño! —gritó Alan observando todo desde las Alturas, pero tampoco podría hacer mucho más, su cuerpo complete estaba apresado.
—Silencio —dijo el demonio sin darle importancia—. Pronto lo acompañarás.
Owen se mantenía en silencio y tranquilo, miraba todo lo que pasaba. Sabía muy bien que nada podría hacer y le había dicho a los dos idiotas que tenia por acompañantes. No saldrían de allí, en esa casa encontrarían su fin, y todo por seguir una diversión… Janice no era de fiar, ya lo sabía muy bien él… de hace tantos años atrás…
El de rojos ojos pasó su delgada hoja del cuchillo por el cuello del chico, éste cerró sus ojos apretándolos con fuerza. Su hora había llegado, y recordando el dulce sabor de la sangre humana, cayó al suelo con un último suspiro y tiñendo de rojo el piso.
—¡No! —El grito de Alan sólo logró que el demonio sonriera más—. ¡Me las pagarás!
—Sí, como digas. —El demonio observó al chico tratando de zafarse, pero era imposible. Dio un paso a su derecha, esquivando el cuerpo del vampiro—. Ahora te bajo. —Con lentitud dejó al otro vampiro frente a él, que seguía en su lucha interna tratando de liberarse—. ¿Cómo lo vengarás? —preguntó con burla mientras mantenía al chico levitando a unos centímetros del suelo.
—¡Maldito! —Su furia se notó en sus negros ojos.
—¿Últimas palabras? —Quiso saber el demonio mirando la fina daga ensangrentada—. Ya es tarde —sonrió.
Lentamente cortó el cuello del chico, la sangre saltó manchando un poco de la ropa del ser de ojos rojos, y el resto corría por el cuerpo del vampiro mientras caía unos pasos lejos de su amigo ya muerto.
—Ahora tú —dijo sonriente la vampiro dándole un fuerte golpe en el estómago al único de los chicos que quedaba con vida.
—¡Qué débil eres! —exclamó con una pequeña sonrisa, evitando mostrar el dolor causado por el golpe—. La única manera que tienes para golpearme, es cuando ese asqueroso ser no deja que me mueva.
—Que descortés eres —sonrió el demonio—. Tratar así a una dama, me agradas —le guiñó un ojo—. Lástima que nos conociéramos en estas circunstancias, pero no te preocupes, ordenaré que te traten con cariño.
—No necesito de tu lástima —respondió frunciendo el ceño—. He vivido lo suficiente como vampiro, no me arrepiento de nada, todo lo que hice lo disfruté, y sé lo que me espera a donde iré. No le temo.
—Ya cállalo antes que me arrepienta de usarlo —ordenó el demonio volviendo a los azules ojos del chico dueño del cuerpo.
—Será un placer —añadió Janice sin quitar un ojo de encima a Owen, se le notaba la sed de sangre en la mirada.
—Algún día, él se encargará de ti —dijo al mirarla—. Yo estaré en el infierno, esperando ese día, y cuando llegue me encargaré de recibirte con los brazos abiertos para torturarte por toda la eternidad. —Se burló al ver la mirada de odio en los ojos de la chica.
—¡Él nunca me hará daño! —gritó furiosa, agarró un cuchillo que había dejado cerca y cortó el cuello del chico, éste cayó al suelo con una sonrisa en su cara.
—¿Estás segura que puedes convencerlo? —preguntó dudoso el demonio, mirando el cuerpo sin vida de Owen—. Es una verdadera lástima, me agradaba, creo que será un buen soldado para mi colección.
—Nunca dudes de mí —respondió girándose para clavar su mirada de ira en el otro ser—. Bastian hará lo que yo ordene.
—Eso espero —dijo seriamente mientras levantaba los tres cuerpos con el poder de su mente—. Ahora a continuar con el trabajo —sonrió mientras caminaba hacia el dormitorio principal con los chicos sin vida colgando detrás—. Recuerda limpiar toda esta suciedad —le ordenó a la vampiro deteniendo el paso y girándose para clavar sus ojos en la chica.
—Como digas —respondió a regañadientes y frunciendo el ceño.
—Así me gusta. —Volteó y continuó su camino con los cuerpos levitando y chorreando sangre.
Se quedó en la sala ordenando y limpiando el suelo y algunos muebles. Cuando el demonio la llamó diciéndolo que tendrían que continuar con el plan antes de tiempo, no se imaginó que era para aquello. Primero tuvo que sacar hasta la última gota de sangre derramada por la cantinera, luego buscar a tres vampiros para el ritual, y finalizar con la limpieza, nuevamente, de la sala.
—Maldito Belial —dijo por lo bajo mientras pasaba un paño en el suelo, de rodillas.
En el dormitorio principal, la habitación más grande de la vivienda, se encontraba en el suelo un cuerpo femenino sin vida, su cuello estaba cortado y la sangre brotaba lentamente hasta perderse en el piso. Su cabellera castaña y rizada indicaba el término de un círculo que encerraba una estrella de cinco puntas, y en cada una de ellas, había otro pequeño círculo con estrellas de seis puntas en su interior.
Tres de las mismas figuras geométricas se veían en el suelo de la habitación completamente vacía, todas del mismo tamaño, y todas exactamente iguales.
El demonio dispuso cada uno de los cuerpos de los chicos sobre las estrellas, con sus cabezas apoyadas en la punta superior, cosa que el círculo no pasará de la cintura. Inmediatamente los dibujos comenzaron a llenarse de sangre, el ser de rojos ojos sonrió y salió de la habitación rumbo a la sala.
—Como odio los rituales con sangre —comentó mientras pasaba por un lado de donde la vampiro ya había limpiado—. Siempre ensucian todo —continuó reclamando a la vez que se lanzaba sobre el sillón.
—Tu no tienes que limpiar —le respondió sin dejar de pasar con fuerza el paño para quitar la sangre de la blanca alfombra.
—Por eso estás tú —le sonrió—. Si no sabes hacer un ritual, por lo menos tienes que servir en algo.
—Sí, como digas —masculló ofendida, el demonio se acostó en el sillón sonriendo.
—Así que una chica estaba con Bastian —dijo con burla.
—Eso dijeron —contestó sin darle importancia—. No es algo que me importe, el chico es mío.
—Por lo menos, ¿averiguaste quién es? —preguntó el demonio jugando con la daga que cortó el cuello de los cuerpos que había dejado en la habitación.
—No, no me interesa —respondió con la vista pegada en su trabajo.
—Mal hecho. —Meneó su cabeza en señal de negación—. Hubiera sido de gran ayuda capturar a la chica y usarla contra Bastian.
—No lo pensé —dijo levantando la cabeza y clavando sus ojos en el demonio.
—De eso ya me di cuenta —sonrió con burla—. ¿Cómo te fue con el otro vampiro?
—No dijo nada —respondió recordando la anterior noche con Ethan—. Si sabe algo, lo guarda muy bien.
—Creo que perdiste tu poder. —Se burló el demonio—. Ya no eres la misma de antes, aquella que lograba manipular a quien quería.
—Eso no es verdad —contestó con furia—. Simplemente he tenido poco tiempo.
—¡Poco tiempo! —gritó serio el demonio—. ¿Crees qué es poco tiempo los cuatro años que llevas con Bastian? —La chica abrió sus ojos con miedo, el demonio se puso de pie—. Yo diría que es mucho tiempo, y aún no eres capaz de controlarlo en lo más mínimo.
—Pronto lo haré. —Su cuerpo tembló, sin saber por qué.
—Desperdiciaste una oportunidad valiosa —dijo al llegar junto a ella y encuclillarse—. Si aquella chica es importante para él, hubiera hecho lo que fuera por ayudarla.
—Tu me ordenaste traerlos rápido —se defendió mirándolo a los ojos.
—Pero, si me dan información, me tardo todo lo necesario. —Clavó sus ojos en la chica, el cuerpo de ella se tensó a causa del miedo.
—Lo siento —articuló con voz cortada, poco le faltó para tartamudear.
—Que no se vuelva a repetir —ordenó poniéndose de pie y caminando al sillón—. Quiero que te encargues de buscar a la chica, y averiguar qué tan importante es para Bastian.
—Como ordenes —respondió de mala gana y levantándose, de pronto el miedo había desaparecido.
—¿Qué haces? —preguntó burlón a la vez que se sentaba en el sillón.
—Lo que me ordenaste —contestó sonriendo por ya no tener que limpiar.
—Eso puede esperar un poco más —dijo encendiendo el LCD—. Termina de limpiar, que en unas horas comenzará lo divertido.
La vampiro obedeció en el acto y volvió al suelo para seguir con la limpieza. Reclamando a regañadientes la suerte que tenía al haberse encontrando con aquel demonio.
—Más avanzas sin menos reclamos —agregó, con tono cantarín—. Puedo escuchar cada una de tus quejas. Además, si mal no recuerdo, dijiste que harías cualquier cosa por reinar el Infierno, y créeme, allá hay mucho más por limpiar.
El demonio sonrió con burla y comenzó a jugar con el control a distancia de la enorme pantalla, revisando el sin fin de canales que la televisión satelital, contratada por el abogado, le ofrecía. Sin importarle siquiera lo que pensaba la vampiro, le divertía bastante, escuchar todas las maldiciones que ésta imaginaba en su contra.
Luego del paso de unas horas, cuando Belial ya no sabía qué más ver y todos los canales comenzaron a aburrirle, empezó a removerse en el sillón con fastidio. Janice seguía con la limpieza.
—Hacen falta velas —dijo pensante—, muchas velas.
—Ve por ellas —respondió de mala gana la vampiro.
—Ve tú —sonrió el ser de ojos rojos—. ¿No quieres sentarte junto a mí cuando vayamos a los Cielos?
—No estás haciendo nada —dijo enojada.
—¿Cómo qué no? —preguntó sonriendo—. Elijo a los próximos en bajar a mis dominios. Eso es mucho sacrificio.
—¿Qué quieres? —La molestia en su voz no cambiaba—. ¿Qué robe una iglesia?
—No estaría mal —contestó sin quitar la vista de la pantalla—. Debe ser gracioso ver a un vampiro entrar a aquel lugar.
—Sí, mucho.
—Menos conversación y ve por lo que necesito —le dijo serio mientras buscaba algo en los bolsillos del pantalón. La vampiro se puso de pie—. Llévate el auto, son muchas velas las que tienes que traer. —Se las lanzó y la chica las recibió con facilidad.
—Lo que digas. —Frunció el ceño y caminó a la salida.
—Cuando vuelvas terminas de limpiar —sonrió con malicia a la chica que lo miraba con odio.
La vampiro abrió la puerta y salió con la furia encendida en todo su ser, se dirigió al auto estacionado en la acera, quitó la alarma y entró. Respiró profundo, tratando de olvidar lo que había pasado ese día, pero Bastian se le vino a la cabeza y toda la concentración que tenía se perdió, golpeó el manubrio mientras pensaba en la chica que nombraron los tres vampiros. Apretó el acelerador y se perdió en la carretera.
* * * * *
El demonio continuaba con su juego en la televisión, al pasar unos minutos sonrió y se puso de pie, apagó la enorme pantalla y se dirigió a la habitación principal. Con suavidad abrió la puerta y encendió la luz. Los tres cuerpos de los chicos llenaban con su sangre los círculos dibujados en el suelo, mientras que el de la cantinera ya no emanaba el licor capaz de saciar a un vampiro. Todo se mezclaba entre sí, la sangre de humana se juntaba con la de vampiro en el suelo del lugar.
Belial sonrió y sus ojos se volvieron rojos, ya estaba todo listo para su ritual, dentro de dos horas amanecería y debía realizarse antes del primer rayo del sol. Tenía alrededor de una hora, la vampiro se había marchado tal y como él lo había planeado, no debía estar cerca, no era conveniente que supiera tanto, y menos que presenciará el proceso, no aquella con esa mente tan maliciosa. Nunca se sabe a qué punto podría llegar con tal de tener poder.
Observó a su alrededor, cientos de velas adornaban el lugar, rodeando los cuerpos sin vida en el suelo. Dio un paso al frente y suspiró, una por una se fueron encendiendo las hileras de llamas que formaban un círculo en el piso. Apagó la luz, pero por la cantidad de cirios, el lugar parecía de día.
Dio la vuelta y salió de la habitación rumbo a la cocina, le faltaba un pequeño detalle que no debía olvidar. Caminó a paso veloz hasta llegar al refrigerador, abrió la puerta y sacó una vasija dorada con la sangre de la cantinera en su interior, con su típica sonrisa volvió a la habitación, ahora sí, todo estaba listo.
—Llego la hora —dijo mientras se centraba frente a los cuatro cuerpos.
Cerró sus ojos y levantó la vasija al cielo, y comenzó a recitar.
—He aquí a Belial, amo y señor del Fuego Eterno. —Las luces de la casa parpadearon un par de veces—. Vengo aquí hoy, Padre mío, a ofrecerte un sacrificio. —Tanto las velas como las luces se apagaron, una brisa recorrió toda la habitación, a pesar de estar todo cerrado, el demonio sonrió—. A cambio, te pido, la vida de aquellos tres. —Abrió sus ojos rojos y las velas se encendieron, no así las luces, la electricidad se había ido—. ¡Oh, Padre benevolente!, dame una señal de tu aprobación. —Las pequeñas llamas se alzaron tocando el cielo del recinto, para luego volver a su tamaño original—. Recibe a los tres y entrégame a los otros. —Sonrió mientras dejaba caer la sangre de la vasija sobre los tres vampiros, cubriendo el rostro de estos con el líquido color rojo. Cuando la última gota cayó sobre uno de los cuerpos, un vapor rosáceo los empezó a cubrir—. ¡Adorado señor!, todo sea por el bien de mis hermanos. —Se dejó caer de rodillas al suelo frente al cuerpo de la chica, la vasija rodó lejos de todo—. Y he aquí, el alma que te servirá por el tiempo que desees, ella gustosa te complacerá en todo. —Tomó la daga y dibujo en la frente del cuerpo, la misma estrella de cinco puntas encerrada en el círculo—. ¡He aquí a Belial, amo y señor del Fuego Eterno, tu más fiel servidor! —gritó poniéndose de pie—. ¡Quién te suplica por este favor, oh Padre, ten piedad de mis hermanos y de mí! —Cerró sus ojos y las velas se apagaron.
El demonio tenía la cabeza baja, de frente a la puerta y con sus parpados cerrados. Los cuerpos de los vampiros de a poco se hicieron humo, desapareciendo toda la carne y quedando sólo los huesos, mientras que el de la chica desapareció por completo. Belial abrió sus ojos y sonrió.
—Bienvenidos —dijo con alegría—. Tengo que presentarles a alguien que nos ayudará y hablaremos de nuestro trato.
El ser de rojos ojos volvió a su color normal de chico humano, mientras caminaba dándole la espalda a los recién llegados, al llegar a la puerta, giró la manilla y salió rumbo a la sala. Los tres seres lo siguieron sin decir palabra alguna. Una vez en el recinto, se instalaron en los sillones a esperar, mientras se miraban los unos a los otros, sin romper el hermoso silencio que reinaba.
No sabían cuantos minutos más pasarían, pero la alegría les llenaba el corazón que, nuevamente, les comenzaba a latir.
* * * * *
Había conducido unos cuantos kilómetros buscando algún lugar donde conseguir velas, pero no tenía suerte, por los alrededores no se divisaba comercio, ni iglesias. La ira la dominaba, detuvo el auto y se dispuso a dar la vuelta, pero una tienda cerrada cambió el pensar de la chica.
Metió embrague y se dirigió en el móvil hasta el estacionamiento, bajó y se paró enfrente de la puerta que la detenía. Con un suave golpe rompió la cerradura y entró como si fuera su casa, buscó las velas que se encontraban a simple vista, no eran muchas pero podía olfatear más, las llevó al auto y volvió a la tienda, ahora a la bodega donde encontró unas cuantas cajas llenas.
—Espero que éstas sean suficientes —dijo a regañadientes mientras metía las cajas dentro del carro—. Maldito Belial. —Terminó de decir al momento de subirse al asiento del piloto.
Encendió el automóvil y emprendió el regreso a la casa donde la esperaba el demonio, su ira comenzaba a desaparecer al recordar que estaría presente en uno ritual de bastante poder, y quizás, si era lo suficientemente atenta, lograría aprender aquello para después usarlo con quien quisiera. Su sonrisa se agrandó al pensar a quién podría traer de vuelta del infierno.
Varios minutos después divisó la casa del abogado, faltaba poco para el amanecer. Aparcó en la acera y salió del auto. Se dispuso a caminar hacia la entrada, pero tres presencias demoníacas dentro la detuvieron.
—¡Maldito Belial —gritó golpeando el techo del auto.
—¿Por qué todos me dicen maldito? —Sonrió el demonio al llegar a su lado.
—¿De dónde saliste? —preguntó preocupada al no sentirlo cerca.
—De la casa —respondió con burla—. Ya no necesito las velas —le sonrió—, a los pocos minutos que te fuiste, recordé que el ritual debía hacerlo antes del amanecer. No alcancé a avisarte, las que trajiste las usaremos en otra ocasión, si es que la hay.
La chica lo miró con furia, sin pronunciar palabra alguna. El demonio sólo sonrió y le guiñó un ojo.
—Sí lo sé —sonrió Belial—. Soy un maldito. Guarda las velas en la casa y te apuras porque tengo que presentarte a los invitados —le ordenó mientras caminaba a la entrada.
—Como digas —respondió de mala gana tomando los paquetes que estaban sueltos en el asiento de atrás.
Caminó hacia la parte trasera de la casa y entró al sótano, los dejó sobre una mesa vacía que encontró. Volvió al auto y abrió la cajuela para sacar el resto de las cajas y llevarlas donde las otras ya guardadas. A los pocos minutos terminó, en su mente aún seguían las maldiciones para el demonio, pero todo se mejoraría en un tiempo más, cuando se sentara junto a él en los Cielos. Sonrió pensando en eso y fue a la sala para conocer a los que Belial había traído del Infierno.
—Hasta que llegas —le sonrió el demonio poniéndose de pie—. Ella es Janice, nos ayudará con el vampiro, ¿verdad? —preguntó con la mirada clavada en la chica.
—Sí —respondió confusa observando a las tres figuras familiares, ya los había visto una vez y no entendía el porqué Belial los trajo de vuelta.
—Ellos son Reid, Kate y Seth. —Los tres seres se pusieron de pie—. Los primos de tu querido Bastian, aunque algo mejorados —sonrió.
* * * * *
Dormía de lo mejor en la enorme cama cuando el sol comenzó a llegarle a los ojos, los cerró con fuerza, pero una presencia la distrajo. Su mano colgaba por la cama, con cuidado la deslizó hasta llegar al bolso y sacó su daga, con un rápido movimiento la lanzó al ser que se encontraba parado junto a la puerta de brazos cruzados, este ni se inmutó al ver la hoja directo a él, sonrió y movió la cabeza a un lado, el cuchillo se clavó en el marco de la puerta.
—Yo también dormí bien —sonrió dejando sus manos en los bolsillos del pantalón y dando un paso al frente—. Gracias por los buenos días.
—Esto tiene que ser una pesadilla. —La chica se dejó caer de espaldas sobre la cama, tapándose toda la cara con las sábanas.
—Claro que lo es. —El chico se burló—. Pero se arregla fácil. —Se lanzó al lado derecho del mueble, junto a la chica.
—Quiero despertar —susurró mientras se ponía en posición fetal, dándole la espalda a quien se había acostado junto a ella.
—Pesadillas sin mí a tu lado —sonrió mirando el cielo—. Dulces sueños en mis brazos.
—Ni se te ocurra. —De un salto se puso de pie.
—Eras más linda de niña —frunció su ceño mirando a la chica de pies a cabeza.
—Tal vez —le sonrió—, pero en ese entonces no podía hacer esto. —Levantó su mano y el chico se fue directo al cielo, dándose un golpe de frente—. Se me olvidó mover la cama —frunció su ceño cuando el chico cayó de espaldas sobre el mueble con la cara cubierta por sus manos.
Tomó el bolso del suelo, se dio la media vuelta y se metió al baño, necesitaba una ducha para calmarse. Él, acostado en la cama, sonreía, ya le había tomado el gusto molestar a la chica.
Pero, había algo en que coincidían, y eso era el largo día que les esperaba.
Cuando terminó de hacer todo lo necesario en el baño, salió. El chico acostado en la cama miraba televisión con el control en sus manos. Caminó directo a la puerta y sacó la daga que le había lanzado.
—Linda daga —le dijo sin mirarla—. ¿Es de plata?
—Sí —le respondió guardando sus cosas en su bolso de soldado.
—¿De qué es la inscripción que tiene? —preguntó mirándola de reojo.
—Es latín —contestó clavando sus ojos en la hoja del cuchillo—. Unas palabras sabias, para dañar a los demonios, se las hicieron luego que… —se calló, no tenía que hablar de aquello con él.
—¿Luego de qué? —Quiso saber, apagó el televisor y la miró fijo.
—Cosas mías —dijo metiendo la daga en donde debía estar, en la cartuchera de su cinturón.
—Si vamos a trabajar juntos, debemos tenernos confianza —le sonrió mientras se ponía de pie.
—¿Trabajar juntos? —preguntó con burla—. No lo creo. —Cerró el bolso y se lo colgó al hombro.
—¿Por qué no? —cuestionó haciendo pucheros—. Hacemos una buena pareja, ¿a dónde vas? —La chica estaba parada cerca de la puerta amenazando con retirarse.
—Cosas se mueven día y noche por todo el mundo. —Se giró para mirarlo a los ojos—. Esas cosas debo detenerlas para que no acaben con las vidas humanas, así me enseñó mi papá y es mi trabajo.
—Se te olvida algo —se burló mientras llegaba con rapidez frente a ella—. ¿No extrañas esto? —Le mostró las llaves de su ángel—. ¿Qué harás para quitármelas? —sonrió acercándose al rostro de ella.
—Esto —dijo poniendo sus manos en las mejillas del chico, atrayéndolo a sus labios y juntándolos con los de ella.
Él se sorprendió por la reacción de la chica, definitivamente no podía predecir sus movimientos. Sus ojos abiertos a más no poder y su boca pedía responder el beso, y lo hubiera hecho si no fuera porque ella quemaba sus mejillas y sus labios a la vez.
Estaba empezando a entender los juegos del chico, así que decidió darle algo de su propia medicina, recordando lo pasado en la noche anterior, nada mejor que quemarlo un poco, pero esta vez no sólo los labios, sintió que él quería alejarse, pero no lo dejó. Miró sus ojos, casi le suplicaban que lo soltara, no lo hizo. Quitó una de sus manos y agarró el llavero, ya era suficiente para el chico, lo soltó.
—Ten cuidado cuando juegas con fuego, Bastian —le sonrió antes de darse la vuelta—. Te puedes quemar. —Tomó la manilla de la puerta y la giró.
Él chico puso su mano en la salida y le impidió abrir, le dolía la cara, la sentía arder, aún así le había gustado. Con su otra mano tocaba donde su piel se quemaba y no sintió heridas de ningún tipo.
—Aunque sea déjame invitarte a desayunar —dijo una vez que su respiración volvía a ser normal, ella lo había asustado por unos momentos.
—No bebo sangre —le respondió mirándolo mientras él tocaba su rostro—. No tienes quemaduras de ningún tipo —habló con curiosidad.
—Eso lo sé —sonrió ignorando lo que ella le había dicho de las quemaduras—. Hablo de comida de humanos, té, café, leche.
—Está bien —susurró, iba a decir que no, pero su tripa sonora la obligó a aceptar.
—Además hay ciertas cosas que quiero hablar. —Sacó su mano de la puerta y la abrió, haciendo una señal para que ella saliera primero.
Caminaron, como dos personas normales, por la terraza del hotel, bajaron por las escaleras y él se fue a devolver la llave al encargado del lugar. Mientras ella guardaba su bolso en su ángel y esperaba al vampiro que se había convertido en su acompañante. Unos minutos después ambos estaban en el auto camino a una cafetería, se dirigieron en silencio, ella pendiente de aquel lugar que no conocía, y él fijándose en las indicaciones, si bien había estado por eso lados, fue hace mucho tiempo, y si se perdía la chica le armaría un escándalo que mejor no provocar, ese día tenía otro destino, preguntas y respuestas.
—¡Dobla aquí! —gritó señalando con la mano hacia la derecha.
—Que alterado eres —dijo encendiendo el intermitente y esperando para virar en la dirección señalada.
A los pocos minutos pudo ver una cafetería color crema y ventanales, varios carteles de ofertas adornaban la entrada y algunas ventanas pequeñas, y al parecer era bien vista, ya que varios autos usaban la playa de estacionamientos. Con unos giros de ruedas aparcó sin problemas entre dos carros pequeños, aunque muy pocos eran más grandes que aquel monstruo que la acompañaba a todos lados.
—Solía venir aquí antes de ser convertido. —Miró hacia el recinto con aires de nostalgia—. Era bastante bueno en esa época.
—Veamos ahora —dijo apagando la radio, para luego girar la llave y que el motor dejara de gruñir—. Todo cerrado —le ordenó al chico que comenzaba a bajarse.
—Como digas —respondió subiendo  el vidrio de la ventana.
Ella hizo lo mismo, para luego cerrar todas las puertas con el seguro, guardó las llaves en el bolsillo dentro de su chaqueta, para evitar que el vampiro volviera a quitárselas, y caminó hacia el local, él la siguió.
Entraron y ella buscó un lugar apartado, cerca de unos ventanales. La cafetería era agradable, a vista de ambos, el mismo color que tenía la fachada estaba adentro, se sentía acogedor. El olor a café impregnaba el ambiente, y cuando la puerta de la cocina se abría, el olor a comida lograba que el estómago de la chica sonara más fuerte. En el centro se ubicaba la barra para personas que quisieran estar solas, pegados a los ventanales se encontraban los asientos con sus respectivas mesas, todo decorado en tonos rojos y cremas.
Se sentaron y a los pocos segundos llegó una chica morena, cabellos cortos y ojos oscuros a entregarles la carta.
—Gracias —dijo ella al recibirla, él simplemente la tomó y la dejó sobre la mesa.
—En un momento vuelvo por su orden —se marchó, no sin antes darle una ojeada al chico, que al parecer llamaba bastante la atención.
—¿Qué se te antoja? —preguntó clavando los ojos en la chica que miraba la carta cuidadosamente.
—No lo sé —respondió frunciendo el ceño, indecisa—. Hay tantas cosas.
—Elige lo que quieras —le sonrió—. Yo invito esta vez.
—¿De dónde sacan dinero los vampiros? —consultó dejando la carta en la mesa, agachando y acercando la cara al chico, en tono bajo.
—De donde mismo los cazadores —contestó con el mismo tono de voz de la chica, y bajando la cabeza para quedar a su misma altura.
—Estafador —dijo mirando fijo los ojos color miel que tenía enfrente.
—Lo mismo digo, pero en femenino —respondió con una sonrisa—. Así que lo admites.
—¿Qué cosa? —preguntó haciéndose la desentendida y volviendo a la posición de antes, ojeando la carta.
—Que son unos estafadores —dijo apoyando su espalda en la silla y dejando sus manos en la mesa.
—Claro que lo son —aseguró sin quitar la vista de la hoja—. Pero no todos.
—¿Cómo haces para comer?
—Con la boca —le respondió con una pequeña sonrisa, dejando la carta sobre la mesa y mirándolo, él frunció su ceño—. Quiero esto —señaló con el dedo en la hoja.
—Pídelo —le dijo mirando de reojo lo que ella apuntaba—. Y me refiero a cómo pagas lo que comes.
—Era eso —le sonrió con burla—. Ya veras, ¿qué comerás?
—La sangre de la camarera —susurró con una sonrisa sarcástica.
—Antes de que lo intentes —lo amenazó mirándolo a los ojos—, tu cuello estará cortado.
—Inténtalo. —Se acercó a la chica, ésta sacó su daga del cinturón y frunció su ceño.
—¿Ya decidieron qué comer? —interrumpió la mesera.
—Sí —respondió él volviendo a sentarse de manera correcta y sonriendo—. Ella quiere una taza de leche con un sándwich de queso.
—¿Usted? —preguntó la chica clavando sus oscuros ojos en los de él.
—Un vaso de agua, por ahora —le guiñó un ojo.
—Ahora se los traigo —dijo antes de darse la vuelta y dirigirse a la cocina.
—¿Vaso de agua? —cuestionó las palabras del chico dejando la daga sobre la mesa, al alcance de su mano.
—Tengo sed —respondió sonriéndole—. ¿No me dejas ni beber agua?
—Debí imaginar que no serías capaz de atacar a un humano. —Su tono era de burla.
—No lo hago porque yo también lo fui —respondió seriamente—. Me prometí a mí mismo no hacerlo, o por lo menos intentarlo.
—Creo que ambos sabemos que este día estará lleno de preguntas —dijo jugando con su daga, la tomaba de la punta, la dejaba caer, la agarraba del mango, la volvía a soltar.
—¿Quién empieza? —preguntó sonriendo—. ¿Lo hacemos con piedra, papel, o tijeras?
—Que infantil eres —contestó a la vez que subía sus mangas y ponía sus manos en posición del juego—. Te advierto que pocas veces he perdido —sonrió al recordar que siempre le ganaba a Noah, con el único que perdía era su padre.
—¿Y cómo no? —Se quejó el vampiro poniéndose en la misma posición que la chica—. Si puedes leer la mente.
—Serás idiota —le reclamó frunciendo su ceño—. Eso es trampa, los ángeles somos honestos.
—Tú sólo eres medio. —Se le dibujó una sonrisa torcida en el rostro.
—Aún así —respondió de mala gana—, fui bien criada.
—Eso no lo dudo —le sonrió con dulzura, ella levantó una ceja y lo miró interrogante—. Mejor decidamos quien empieza.
—¡Piedra, papel o tijeras! —dijeron ambos a la vez, mientras golpeaban con el puño de la mano derecha, la palma izquierda.
Sus miradas, estaban fijas en la del otro. Ambos habían elegido con que atacarían, pero aún no eran capaces de mirar.
—¡Gané! —exclamó la chica sacándole la lengua y mostrando sus tijeras—. Te dije que pocas veces perdía.
—Sí, bien, como digas —respondió de mala gana ocultando su papel.
—Aquí tienen —interrumpió la mesera dejando la bandeja sobre la mesa, y mirándolos con curiosidad.
—Gracias —dijo la medio ángel girándola para dejar la taza frente a ella.
—¿De dónde salieron? —preguntó la camarera—. ¿De un circo o qué? —Los dos chicos clavaron sus ojos en la morena con extrañeza.
—¿Por qué lo dices? —cuestionó el vampiro aguantando la risa, la chica ni se imaginaba lo que eran.
—Tan grandes y jugando piedra, papel o tijeras —dijo poniendo sus manos en la cintura.
—No tuvimos infancia, perdónanos por no tener tu madurez —respondió Hayley con sarcasmo—. Mejor tráenos la cuenta.
El chico no aguantó más y comenzó a reír, la mesera se dio la vuelta y se fue a donde debía estar, cerca de la cocina.
—Adelante. —Puso sus manos sobre la mesa y miró con seriedad a la chica, esperando la primera pregunta—. Comienza el interrogatorio —sonrió.
—¿Cuándo conociste a mi padre? —preguntó al recordar las palabras del chico hace unas horas en la torre.
—Cuando fui convertido —respondió algo extrañado, no esperaba una pregunta de esas—. Mi turno, ¿por qué tu piel quema?
—No tengo idea —contestó antes de beber un poco de la leche—. Esperaba que tú me respondieras eso. ¿En qué ayudaste a mi papá?
—Digamos que fue vida por vida —sonrió—. Hace unos años él estaba peleando con dos demonios, y yo lo sentí cerca, fui a ver porque estaba solo, así que le quité a uno de esos sabrosos seres de encima. —La chica hizo un gesto de repugnancia al escuchar la palabra sabroso—.  ¿Tienes novio? —Hayley se atoró con esa pregunta.
—No —contestó una vez que pudo respirar con normalidad, esa sí que había sido una pregunta inesperada—. ¿Por qué decidiste ser vampiro?
—No lo decidí yo —respondió seriamente recordando lo vivido—. Me han transformado a la fuerza, mis primos cortaron mis brazos y mezclaron su sangre con la mía, y desde entonces soy un monstruo…
—Espera, espera —lo interrumpió haciendo con sus manos el gesto de tiempo—. ¿Eso fue en un galpón? ¿Tus primos son dos hombres y una mujer?
—Era mi turno de preguntar —reclamó cruzando los brazos—. Y sí, a ambas preguntas. ¿Cómo lo sabes?
—Lo soñé —contestó incrédula—. Desde que te conocí un sueño se me ha estado repitiendo, cada ciertas temporadas. Cuando era pequeña lo tenía casi todas las noches, ahora no tanto. En el te veía de niño con tres seres, dos hombres y una mujer, en un galpón con varias cajas de madera. Ellos te afirmaban con fuerza y cortaban tus brazos, para luego juntarlos con los suyos.
—Así fue como me convirtieron —añadió con asombro—. Sólo que a los diecisiete.
—Si te hubiera encontrado antes, en uno de todos los viajes que hice por ti —dijo con algo de melancolía—, no serías hoy lo que eres.
—De todas maneras me hubieran convertido. —La miró tiernamente, podía notar que ella se sentía mal—. Aquel día que nos conocimos, pude haber ido por ti, pero no quise hacerlo, no quería que te mataran como lo hicieron con mis tíos, fue mi dedición desaparecer de tu vida.
—No creo que le dieran trabajo a mi papá. —Se llenó de orgullo al recordarlo en sus cacerías—. Debiste haber ido con nosotros, él los hubiera matado con facilidad.
—Tu padre era un gran hombre, y no dudo que con simples movimientos los matara —le sonrió al verla preocupada—. Pero yo no tenía idea de lo que era, y menos sabía de tus poderes.
Ambos se quedaron mirando a los ojos en silencio, él tenía la razón, si no se hubiera convertido en vampiro, no tendría idea de que ella y su padre eran cazadores. La medio ángel terminó de tomar su desayuno, ya habían perdido la cuenta de quien debía preguntar.
—Aquí está la cuenta —rompió el silencio la mesera.
—Gracias —respondió la chica tomando el papel y mirando a la camarera a los ojos. Bastian no había dejado de observar las verdes iris de ella, que por un momento creyó verlas doradas.
—Pero para ti es gratis —le sonrió la joven parada frente a ellos—. Corre por cuenta de la casa. —Se dio la media vuelta y desapareció llevándose el papel.
—¿Qué fue eso? —preguntó con mucha curiosidad.
—Poderes de ángel —respondió poniéndose de pie—. Me toca la siguiente pregunta, pero antes iré al baño.
—Te espero en tu auto —contestó mientras se levantaba y se dirigía a la puerta de salida.
Hayley se perdió por un pasillo hasta entrar en una puerta. Bastian salió del local y se apoyó en el capó del carro. Sonrió, ella no estafaba, su método era mejor a sus ojos: manipulaba a la gente.
—Suerte que no se puede meter en mi mente —susurró dejando sus manos en el capó.
Una canción lo distrajo, sonaba a melodía de teléfono y venía del auto, se asomó por la ventana y se dio cuenta que en el asiento del piloto había un celular. Con sus poderes mentales levantó los seguros, para luego abrir la puerta con normalidad. Agarró el móvil y vio el nombre: «Rachel llamando», observó el local y la chica aún no aparecía, decidió responder.
—¿Hayley? ¿Qué haces? —preguntó una voz al otro lado del auricular apenas Bastian apretó el botón de contestar.
—Ella está ocupada en este momento —respondió de forma prepotente y molesta.
—¿Quién eres? —cuestionó él que llamaba.
—Tú no eres Rachel —dijo el vampiro—. Ella debe ser conocida de Hayley, ¿le robaste el teléfono para contactarla? —Frunció su ceño, desde que la conoció arrancaba de alguien que la quería matar y aún habían muchas cosas por saber.
—No, claro que no —respondió alterado—. Soy su sobrino y ella me pidió… No tengo por qué darte explicaciones.
—No te las estoy pidiendo —sonrió—. Como ya te dije, Hayley no está, así que tu tía la llame después.
—¿Quién eres? —Volvió a preguntar.
Bastian colgó el teléfono y lo dejó sobre la guantera del auto, en ese momento la chica apareció tras la puerta de salida, y caminó en dirección al carro. Sacó las llaves de dentro de su chaqueta, sin darse cuenta que el chico ya se encontraba sentado en el piloto golpeteando el volante.
—Hazte a un lado —le ordenó una vez que abrió la puerta.
—Como digas —respondió moviéndose al copiloto.
—¿Cómo entraste? —preguntó una vez que se sentó y se percató que el chico estaba adentro.
—Poderes de vampiro —le sonrió con sarcasmo—. Mi turno de preguntar, ¿quién es Rachel?
—Digamos que es como una madre para mí —contestó introduciendo la llave en la ranura cerca del volante—. ¿Cuáles poderes de vampiro? —El motor rugió con fuerza.
—Unos especiales en mí —respondió clavando su vista perdida al frente—. La sangre que bebo, es la que me da ciertas cualidades —le sonrió a la chica que no dejaba de mirarlo—. ¿Cómo murió tu padre?
—Belial lo mató —respondió con seriedad mientras movía su ángel para salir del estacionamiento—. Quebró su cuello cuando mi padre intentaba protegerme, quería poner a prueba el entrenamiento que había tenido. —Su vista se perdía en la carretera, él a su lado la observaba sin hacer ruidos—. La mejor manera que encontró, fue llenando mi corazón de ira y venganza, según él así sacaría mis poderes ocultos —sonrió de mala gana, disimulando el dolor que sentía por la pérdida de su progenitor—. ¿Qué sangre has bebido?
—Animales, humanos… —sonrió recordando algunas víctimas que realmente merecían morir—. Demonios —susurró esperando la reacción de ella.
—Eso no me lo esperaba. —Clavo su mirada de sorpresa por unos segundos en él.
—¿Qué sabes de la profecía? —preguntó seriamente, ella detuvo el auto a la orilla de la carretera, bajo la sombra de un árbol.
—¿Cuál de todas? —cuestionó clavando su mirada en el chico.
—De la que habla Belial —respondió esperando una buena respuesta de la chica.
—No tengo idea —contestó mirándolo fijo mientras detenía el motor, él la observó, no había rastro de mentiras en sus ojos—. Una vez escuché a mi padre hablar sobre una profecía de ángeles, demonios y vampiros, pero cuando pregunté del tema, no me contestó, me dijo que era algo no importante para saberlo.
—¿Con quién hablaba? —indagó, necesitaba toda la información posible.
—No lo sé —respondió levantando sus hombros—, tal vez con Rachel, ella sabe muchas cosas.
—Antes que se me olvide —sonrió por olvidarse del teléfono—. Te llamaron de su parte, pero un hombre habló.
—Debió ser Noah —frunció su ceño y tomó el celular de donde él lo había dejado—. Luego la llamo.
—¿De qué color son tus alas? —La miró con cara de inocente y suplicante.
—Blancas, de luz, resplandecen mucho, no me gustan —contestó con rapidez y desconfianza.
—¿Tienen alguna mancha u otro color? —preguntó, debía estar seguro que ella era el ángel que hablaba Belial.
—Las puntas son negras —respondió levantando una ceja a modo de pregunta—. Es lo que me han dicho, no las he visto bien.
—Vaya —dijo resignado, ella tenía todos los indicios.
—¿De dónde conoces a Belial? —interrogó antes que él preguntará algo.
—De mi pasado —contestó con la vista perdida al frente—. Cuando acabé con mis primos, él llegó para proponerme ser su brazo derecho —sonrió de mala gana al recordarlo—. Me negué y me dio una golpiza que aún recuerdo. —Miró a la chica—. Me debe una.
—Haz de ser importante. —Fijó sus ojos en los de él—. Para que él «gran Belial» te busque —dijo con burla, ambos sonrieron.
—Según entendí —le sonrió—, soy el único que puedo detener su ascenso a los Cielos.
—¿Eso es la profecía que me preguntabas? —Ya le había picado el bichito de la curiosidad.
—Creo que sí —contestó suspirando—. Él quería que me uniera a su equipo, y así evitar que yo me interpusiera en la gran pelea que debo tener con el ángel. —Se calló, había hablado de más.
—¿Qué ángel? —preguntó rápidamente, eso le había interesado.
—Uno de alas manchadas con negro. —Fijó su vista en ella—, al que no podré tocar —habló con calma—, mitad ángel, mitad humano. —Terminó de decir sin dejar de mirar los ojos verdes que tiritaban con angustia.
—Pero… —detuvo su hablar, no quería aceptar que el chico se refería a ella—. No puedo ser yo. —Bajó su vista ocultando sus ojos.
—Esperaba que no —dijo volviendo su mirada al frente—. Pero me lo has confirmado con lo de tus alas.
—Un momento. —Levantó su vista y puso sus manos en el volante—. ¿Eso quiere decir que yo estaré del lado de Belial?
—Según dijo aquel día, sí —respondió a regañadientes.
—Pero si casi me mata. —Su voz sonó a desesperación, fijó su mirada en el perfil del chico—. Por poco me arranca las alas, me dejó moribunda cuando mató a mi padre.
—Venganza —susurró volteando su cabeza para mirarla—. Es la mejor manera para hacerte más fuerte, es lo que quiere. No todas las profecías se cumplen. —Trató de calmarla.
—No estaré de parte de Belial —afirmó, sus ojos centellearon con rabia, él lo pudo notar, la chica se había enojado.
—Tú eliges tu destino —le sonrió recordando las palabras de su tío—. También están ellos.
—¿Quiénes? —preguntó sin entender.
—Pensé que sabías algo de eso —suspiró frunciendo el ceño—. Tienes menos información que yo, y eso que eres la hija del cazador.
—Por ese motivo —respondió molesta—. Mi papá me ocultaba muchas cosas, siempre tratando de protegerme, creo que no sabía que estaría metida en el centro de todo. —Sus ojos mostraron tristeza—. Tal vez, ni se imaginaba que mi vida seguiría este camino luego de su muerte. Según él, mientras menos información tuviera, mi riesgo de sufrir un ataque por algún ser disminuía.
—No sé quienes son ellos. —Unas enormes ganas le invadieron por abrazarla—. Tu padre me los nombró, pero no me dijo más.
—¿De quién te acordaste anoche cuándo íbamos hacia el hotel? —preguntó al recordar el grito del chico.
—La presencia de anoche. —La miró con seriedad—, ya la había sentido antes, hace tiempo. Cuando me enfrente a Belial se aparecieron tres, el demonio arrancó de ellas.
—Así que el demonio sí teme a algo —sonrió de medio lado la chica—. Ahora hay que averiguar qué era y qué quiere.
—No había pensado en eso —frunció su ceño y cruzó sus brazos por no haberlo hecho—. Tal vez éste relacionado con los ellos —añadió mirándola.
—Quizás —sonrió pensando en la investigación que le esperaba—. Creo que después de todo, sí hacemos un buen equipo. —Tomó la mano del chico olvidándose de su problema.
—¡Auch! —gritó soltándose del agarre.
—Lo siento —respondió riendo casi a carcajadas—. Creo que tengo algo por aquí. —Se dio la vuelta y quedó colgando del asiento para mirar hacia la parte de atrás del auto—, que me puede servir.
—Que bien has crecido —dijo sin perder de vista la parte trasera de la chica, ella movía cosas en el asiento de atrás.
—Idiota —le contestó volviendo a su posición original, él sonrió—. Tengo lo que necesito, pero antes te castigaré por andar mirando donde no debes. —Apretó las mejillas del chico con fuerza, teniendo un efecto doble en él.
—¿Qué buscabas? —preguntó acariciando los lugares donde le dolía.
—Esto —sonrió mientras le mostraba un par de guantes de cuero—. Ya no te quemaré con mis manos.
—Deberías ponerte algo en los labios. —Se acercó con mirada pícara al rostro de ella—. Así podríamos hacer otras cosas.
Una conocida canción de una banda alemana que hablaba sobre un ángel, sonó distrayéndolos a ambos. El chico sacó de su bolsillo su móvil y sonrió.
—Y me lo mandó —dijo antes de responder—. ¿Qué pasó?
—Necesito hablarte —la voz de hombre del otro lado sonó preocupada—. Te esperó donde siempre.
—Está bien —contestó con seriedad—. Voy para allá. —Colgó el teléfono y lo volvió a guardar en su bolsillo.
—Sólo soy medio —frunció su ceño en forma de respuesta a las palabras del chico.
—No lo decía por ti —sonrió con burla—. Sino por tu auto.
—Él es mío —dijo acariciando el volante—. ¿Dónde irás?
—Un asunto importante, para la investigación —le guiñó un ojo. El teléfono de la chica los interrumpió esta vez.
—Rachel —contestó luego de mirar la pantalla.
—¡Hayley! —exclamó la cantinera al otro lado—. Hasta que te encuentro, necesito hablarte con urgencia y no puede ser por teléfono.
—Voy para allá —respondió suspirando.
—No te tardes —le ordenó antes de colgar.
—Creo que aquí nos separamos. —El chico la miró fijo a los ojos—. Pero no por mucho —le sonrió.
—Intentaré averiguar más de la profecía —ignoró la sonrisa del vampiro—. Estoy segura que ella sabe algo.
—Haz todo lo posible por ese lado. —No aguantó más sus ganas y la abrazó con fuerza—. Yo haré mi parte por otro camino.
—¿Cómo te encuentro? —preguntó respondiendo el abrazo.
—No te preocupes —respondió soltándola un poco—. Yo te buscaré.
—Está bien —contestó, no sabía que decir en esas situaciones.
—Sueña conmigo todas las noches —le sonrió el chico antes de posar sus labios con suavidad sobre los de ella, aunque sólo por unos segundos.
—Lo hago de hace mucho tiempo —respondió al momento que el vampiro bajaba del auto.

Cerró la puerta y le hizo un gesto con la mano en señal de despedida, dio un salto hacia el campo que se presentaba al frente y a los pocos segundos desapareció de la visual que sus ojos le regalaban. El motor rugió con fuerza una vez que giró la llave y aceleró rumbo al norte, dirección contraria a donde se había dirigido él.

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