No existe la paz, existe la furia. No existe el miedo, él es el poder. No existe la muerte, existe la inmortalidad. No existe la debilidad, existe el lado oscuro.
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4 de abril de 2025

[¿Y si no te hubieras ido?] Capítulo XII: «Las demonios y la Argentina».

 

Narel se sentó de un salto en la improvisada cama que habían hecho la noche anterior. Alexander despertó y la miró, tenía los rizos desarmados. Vio la hora y se dio cuenta que era temprano aún, se sentó y la abrazó para besarle el cuello, trató de meterla a la cama de nuevo, si ya estaban despiertos, había que aprovechar el momento para estar sin ropa. Pero ella estaba tensa y no lo dejó.

—¿Qué pasa?

—¡Nar! ¡Nar! —Alexander la soltó y se tensó, al igual que ella.

—Las demonios. No sé qué hacen aquí —dijo y salió de la cama—. Iré a echarlas para que no vuelvan nunca más en la vida. —Salió de la habitación, Alexander se dejó caer de espalda, menos tiempo podría pasar con ella.

—Alex. —Nicholas abrió la puerta sin avisar, a los pocos minutos después, miró a su hermano acostado en el suelo, que se tapó por completo cuando lo escuchó entrar—. ¿Qué pasó? ¿Por qué estás allí?

—¿Qué quieres, Nick? —Nicholas se lanzó a la cama, Alexander salió del cobertor y se sentó, su hermano ya estaba vestido con traje de baño, al parecer la idea de la piscina en casa había sido lo mejor para él—. No hagas tonteras.

—Las mellizas están abajo con los tíos de Nar, cuando pasé estaban hablando en español, Nar no se veía bien, al parecer se la quieren llevar… —Alexander lo miró fijamente por eso—. Algo así entendí, su español es raro…

—No es raro, es porque no sabes español.

—Sí sé, y estoy aprendiendo mejor francés, tengo que ser bueno en todo me dijo Thomas.

—Sí, sí… —Alexander rodó los ojos—. ¿Cómo es eso que se la quieren llevar?

Y las pibas… y las pibas… y las pibas... —Alexander y Nicholas miraron a Narel entrar y cerrar con llave la puerta, venía hablando en español.

—¡Nar! ¡Nar! —Los hermanos escucharon los gritos desde afuera, ella afirmaba la puerta como evitando que algo muy poderoso entrara.

—Si quieren que vaya, van a dejar que me bañe y me vista en paz. —Nicholas se sentó al lado de Alexander a mirar el escándalo—. Vayan a dar una vuelta al parque y regresen en una hora.

—Media hora. —Escucharon que las mellizas, afuera, hablaron al unísono. Narel rodó los ojos—. Y no olvides el bañador.

—Bien… ahora, fuera de aquí. —Los hermanos se quedaron mirándola sentarse en el suelo apoyada en la puerta, ambos notaron que estaba enojada, los pasos de las mellizas se escucharon bajar y luego la puerta de entrada—. Odio cuando hablan las dos al mismo tiempo.

—¿Qué pasó? —Narel miró a Alexander que le había hablado, se dio cuenta que Nicholas estaba sentado junto a él. Frunció el ceño y se puso de pie.

—Pregúntale a Thomas. —Se metió al armario y sacó ropa—. Tienes que arreglar lo que rompiste. —Alexander la vio meterse al baño, luego se miraron con Nicholas.

—Vamos a interrogar a Thomas. —Nicholas se puso de pie y caminó a la puerta.

—Me pongo ropa y bajo, ve a mirar cómo está el terreno primero.

—Bien.

Nicholas obedeció a su hermano mayor y bajó a buscar a Thomas, lo encontró en la sala leyendo el periódico mientras esperaba a Helen que preparaba el desayuno. Se sentó a su lado, el mayor solo lo miró de reojo, de seguro algo estaba planeando. Nicholas encendió la televisión y se quedó tranquilo. Alexander bajó a los pocos minutos y los vio en la sala, se acomodó en el sillón al otro lado de Thomas. El mayor suspiró, algo tramaban esos dos.

—¿Qué pasó con Nar?

—¿Cómo rompiste la cama? —Thomas ignoró la pregunta de Alexander sin despegar la vista de lo que leía.

—Eso no es importante, ¿qué fue lo que pasó?

—Thomas, queremos saber qué pasó con Nar porque subió enojada. —Nicholas le bajó el periódico, Thomas lo miró con el ceño fruncido.

—Helen… Helen… —Los tres la escucharon bajar corriendo por la escalera, Alexander se fijó que se había vestido con una falda plisada y una playera media pegada al cuerpo, llevaba sandalias. Frunció un poco el ceño, no le gustaba que saliera así sin él.

—Está en la cocina. —Thomas le respondió y Narel pasó por al frente de ellos.

—Anda, Thomas, dinos qué pasó. —Alexander dijo un poco frustrado, moviendo el pie ansioso.

—Va a salir con sus tíos, eso no es nada raro. —Thomas dejó el periódico encima de la mesa de centro.

—Pero a ella no le gusta salir con ellos… —Alexander continuó moviendo el pie insistentemente.

—Claro que no, siempre lo dice, que no le gusta… —Nicholas habló mirando la televisión, pero no le estaba prestando atención.

—Gracias, Helen. Por eso es a ti a la única de esta casa a la que adoro con todo mi corazón. —Los tres la miraron por eso, pasó corriendo a la escalera. Alexander se dio cuenta que se había amarrado el cabello en dos coletas, eso era lo que le estaba pidiendo a Helen, no le gustó—. Buenos días, Garreth, Leah; Helen ya tiene todo listo para que desayunen.

—Voy a ir a verla, luego bajo a desayunar. —Alexander se puso de pie, saludó a sus dos hermanos que habían bajado, llenando de besos a Leah, y subió.

—Yo voy con él. —Thomas detuvo de un brazo a Nicholas que iba siguiendo a Alexander.

—Tú vas a desayunar, Nick.

—Pero…

—Pero nada, vamos a desayunar.

Thomas se levantó y llevó a Nicholas de un brazo a la cocina, los otros dos ya estaban allí con Helen y Elijah, sentados a la mesa. Alexander, en cambio, subió corriendo y se metió en la habitación, Narel estaba guardando cosas en una pequeña mochila, se dio cuenta de que metía el bañador, su billetera, llaves y celular. No tenía buena cara.

—¿A dónde vas, preciosa? —Él la miró fruncir el ceño y decir algunas cosas que no entendió.

—Tengo que ir a desayunar con mis tíos y las mellizas.

—¿Por qué no les dijiste que no?

—Les dije, pero no funcionó. Después Thomas dijo que fuera.

—¿A dónde vas?

—Al club ese que van ellos… Es un fastidio toda esa gente de clase alta que come con cubiertos de plata y oro. —Alexander la miró hacer gestos de burla por las clases sociales.

—Sabes que Helen también tiene cubiertos de oro y plata ¿verdad?

—Pero no los usa, solo en ocasiones especiales. En ese club hasta las copas tienen esa orilla de oro. —Alexander la vio colgarse la mochila en los dos brazos, luego caminó a la ventana y salió al balcón.

—¿Qué estás pensando hacer? —preguntó al acercarse.

—Ya deben estar por llegar, saldré por la puerta de atrás y no me verán.

—¿Y por dónde tienes pensado salir si van a estar en la bajada de la escalera? —Ambos escucharon la puerta abrirse.

—Voy a saltar por el balcón. —Alexander la tomó por la cintura, levantándola, cuando vio que comenzaba a prepararse para saltar.

—¡¿Estás loca?! ¿Cómo haces eso?

—Eres un fastidio, igual que las demonios. —Los dos escucharon a las mellizas gritar abajo. Alexander la bajó.

—No hagas estupideces, ve un rato y me llamas para ir a buscarte y voy por ti. ¿Bueno?

—Bien… —Alexander la sintió encogerse de hombros y la soltó—. Te llamaré a los cinco minutos que llegue. Voy a bajar para que se callen de una buena vez. —Narel salió de la habitación y bajó corriendo, Alexander suspiró, ni un beso le dio, ni siquiera se despidió. Se encogió de hombros y caminó tras ella—. ¿Y cómo va todo por la Argentina, visteh? —Alexander la escuchó imitar el acento español de sus tíos mientras bajaba.

—Buenos días —dijo al mirarlos, notó que ambos fruncieron el ceño al verlo, al parecer también lo odiaban igual que los padres de Narel, además que debían estar molestos porque no les gustaba que ella les hablara así.

—Hola, Alex. —Las mellizas hablaron al mismo tiempo para saludarlo, con una enorme sonrisa. Alexander sonrió al mirarlas, Narel frunció el ceño, él se fue a la cocina. Notó que Thomas estaba con ellos.

Adiós, che. —Narel le dijo a Thomas, con el acento de sus tíos para seguir fastidiándolos, las mellizas la tomaron de la mano, una de cada lado, y salieron.

—Ella no está mal aquí. —Trató de hablar con los Webb, pero ellos le dieron la mano ignorando lo dicho.

—Eso lo veremos ahora, por eso queremos pasar el día con ella. De acuerdo con eso veremos si sigues siendo su tutor.

—Entonces que les vaya bien. —Los Webb salieron y Thomas cerró la puerta, suspiró, eso realmente no se lo esperaba.

—Ahora sí nos tienes que decir lo que pasó. —Alexander se acercó junto con Nicholas—. Escuchamos eso último.

—No es nada, Alexander. ¿Querías más tiempo para terminar lo que estabas haciendo ayer y que ella no viera? Bien, te di un día más, será mejor que lo aproveches. —Pasó por al lado de los dos en dirección a la cocina, quería desayunar y pensar en lo que había sucedido, no necesitaba que ellos lo estuvieran fastidiando en lugar de ayudarlo.

—En eso tiene razón. —Nicholas miró a Alexander—. Podremos terminar lo que nos quedó pendiente.

—Y podré arreglar la cama. —Ambos sonrieron y se fueron a la cocina, también querían desayunar.

Narel tuvo que sentarse, obligadamente, entre las dos mellizas en el asiento de atrás del auto de sus tíos. Le hablaban las dos a la vez diciendo lo mismo, eso realmente la desesperaba, le recordaba aquella película de terror, la única que le daba miedo y no risa, en la que salían las niñas cantando al saltar la cuerda. Y lo peor era que ellas lo sabían y lo hacían de manera intencional, cada vez que hablaban al unísono y con esas miradas llenas de maldad, a Narel se le erizaban los vellos de los brazos. No odiaba a sus primas, todo lo contrario, pero no le gustaba que la estuvieran vigilando ni arruinando lo que tenía pensado hacer. Tenían un carácter horrible, eran unas malcriadas que todo conseguían llorando o gritando, sus padres les daban demasiado. Narel las adoraba, pero se aburría de pasar tanto tiempo con ellas que peleaban entre las dos por todo. Como en ese momento, en el auto, que iban discutiendo a qué jugarían primero en el club, o a dónde irían primero, o qué harían primero. Narel era jalada de un brazo y luego del otro, dependiendo de cuál hablara. Cerró los ojos fastidiada, esperando convertirse en un ser de goma. Lo único bueno era que practicaba el español, sus tíos hablaban en su idioma natal, a pesar de hablar el inglés perfecto, al igual que las niñas, era casi una obligación hablar solo en español frente a ellos.

Nena, tus padres estuvieron por Buenos Aires hace como tres semanas —dijo su tío al bajarse del auto, Narel al fin había sido dejada de lado por sus primas, que corrían al comedor del club. Ella se quedó con sus tíos más atrás, esperando que cerraran todo.

Bien por ellos, que recorran todo el mundo como siempre quisieron. —A Narel no le importaba mucho saber de sus padres, sabía que estaban bien porque de vez en cuando le mandaban mensajes o la llamaban, pero ella se encontraba bien con los Russ.

Estuvimos hablando, ¿sabés? Sobre el futuro, los negocios… —Su tío continuó hablando mientras caminaban, Narel rodó los ojos cuando su tía la tomó del brazo—. Todo va fenomenal en Argentina…

—Tenemos a las nenas en un buen colegio allá. —Su tía habló, Narel notó que ella era más alta porque la señora medio la abrazó y apoyó su cabeza en el brazo de Narel—. Están con pibitas con sus gustos… Están más tranquilas…

¿Por qué me dicen estas cosas? —Su tío abrió la puerta del comedor, donde vio a las niñas sentadas a la mesa que daban a un enorme ventanal con vistas a la piscina. Caminaron hacia ellas.

¿Ya se lo dijeron? —Narel suspiró al sentarse, sus primas le habían dejado un espacio entre las dos, volvió a sentir que se le erizaban los vellos del brazo al escucharlas hablar al unísono.

¿Decirme qué? —El mozo llegó a tomar el pedido, pidieron el desayuno típico de Londres. Narel sonrió, si Alexander viera eso, de seguro le quitaría más de la mitad del plato para cuidarla con lo que come. Suspiró, prefería desayunar con los Russ.

Te vas a ir con nosotros a Argentina, che.

—Sophia… —Narel sintió que el desayuno se le devolvía por el esófago, a pesar de que aún no llegaba, ya estaba sintiendo que lo devolvería. Su tío había callado a la niña, no por decir eso, sino que por hablar con la jerga del país en donde vivían—. Hablamos con tus padres, todo va fenomenal en Argentina, queremos que te vayas con nosotros ahora que regresemos.

—¿Cuándo tienen pensado regresar? —preguntó, de pronto comenzó a sentir que se le iba el aire.

—Ahora que empiecen las clases del siguiente año, allá están en invierno y nosotros nos quedaremos aquí hasta diciembre. Las nenas irán al instituto que ibas para no perder clases. Luego de eso nos regresamos y tendrás tiempo suficiente de buscar alguna universidad por allá o ver si hay intercambio o algo así.

—No es genial, Nar. —Otra vez hablando al unísono, Narel sintió que el sudor le corría por el cuello, pensando en la manera de liberarse de aquello—. Viviremos en la Argentina las tres juntas.

—Con tus padres no creemos que estar aquí, con los Russ, sea lo mejor para vos. —Narel miró a su tía que había hablado, mientras trataba de respirar tranquila, para no gritarles y para pensar qué hacer—. Ese pibe, Alexander, no es bueno para vos… —Narel sonrió, su tío regañando a las mellizas por hablar coloquial y su tía, oriunda de Argentina, hablando en jerga.

No me parece la idea —contestó al fin, tratando de mantener la calma, las mellizas dejaron de usar sus brazos como si fuera de goma—. Estoy bien aquí, voy a una buena universidad, ya tengo trabajo en lo que estudio y tengo la posibilidad de terminar mis estudios en Italia, si pongo en la balanza las oportunidades, no hay donde perderse entre Italia y Argentina. —Narel sabía que eso último no era cierto, pero debía inventar excusas que los convencieran.

Pero, nena. Tené en cuenta que allá administrarás las empresas de tus padres, tenés todo tu futuro asegurado. ¿Aquí qué tenés? ¿El trabajito que te ofrece Thomas y que se puede terminar en cualquier momento? Pensá bien las cosas, allá tenés futuro, buen futuro.

—Aquí está el desayuno. —El mozo llegó con lo solicitado y comenzó a dejarlo en la mesa, con los cubiertos de plata y oro, Narel suspiró al ver el plato decorado perfecto, luego agradeció y le sonrió al caballero que les servía. Notó que ninguno de los presentes fue capaz de decir gracias.

Gracias, pero no me iré a Argentina.

Narel sentía un nudo en la garganta que le había quitado por completo el apetito, no hizo falta que estuviera Alexander vigilándola, solo fue necesario aquella genial idea de sus tíos para que apenas probara bocado. Ellos se miraron, no intentarían convencerla otra vez, le darían un poco de tiempo para pensarlo, además, aquel día, habían decidido observar el comportamiento de Narel y ver la manera de que Thomas renunciara a la tutoría, ese era el acuerdo al que llegaron con los padres de Narel cuando los visitaron en Buenos Aires. Las mellizas, por otro lado, comieron calladas y tranquilas, ellas ya habían hecho todos los planes para que su prima se fuera con ellos, no se esperaban que les dijeran que no. Ahora debían convencerla de alguna manera. Aún les quedaba tiempo, tenían hasta diciembre y apenas estaban en junio. Si Narel hubiera estado atenta a lo que pasaba alrededor, habría notado aquella sonrisa de maldad que se dibujó en ambas caras de las mellizas.

Narel esperaba que después del desayuno, la llevaran a casa, pero en cambio fue arrastrada el resto del día de un lugar a otro por las mellizas. No quiso llamar a Alexander, como le había dicho, porque no quería que lo odiaran más. Pasó por la piscina, por los juegos infantiles, por las canchas de diferentes disciplinas para mirarlas jugar, después se quedaron un rato viendo a sus tíos jugar tenis y, cuando las mellizas se aburrieron, la llevaron obligada a una sala con televisión, Narel se acurrucó en el sillón con los brazos cruzados mientras soportaba a sus primas gritando, suspirando, saltando por aquella serie argentina de los niños ricos internados. Solo esperaba que aquel día se terminara pronto. La fueron a dejar al atardecer, pero les pidió que no pasaran porque ya era tarde y podían estar ocupados en casa. Sus tíos entendieron y la dejaron en la puerta.

Cuando entró, dejó la mochila tirada a medio camino, abrió el armario y sacó un cobertor que tenía Helen guardado allí. Thomas la miró desde que se abrió la puerta, un tanto sorprendido y atento a lo que hacía, ya que se sentó en el suelo, casi en forma de bolita y se arropó por completo con el cobertor. Thomas se echó a reír, la nueva manera de hacer espectáculo.

—Alexander, tu hija mayor ya llegó. —Se sentó en el sillón y continuó con sus papeles, sonriendo de medio lado porque no sería él quien se hiciera cargo de lo que pasaba. Escuchaba a Narel reclamar en español, pero no le entendía nada de lo que decía, aunque más bien la ignoraba para no entender. Alexander bajó corriendo y se topó con el bulto entre la escalera y la entrada. Thomas lo miró—. Tu hija mayor ya llegó.

—¿Qué le pasó?

—No lo sé, simplemente entró y así se quedó, quizás se convirtió en capullo y luego saldrá con alas. —El mayor continuó riendo.

—No seas pesado, Thomas. —Alexander se acercó al bulto y se acuclilló, intentando buscar algún lugar donde poder meter la mano y sacarla de allí—. ¿Qué haces, preciosa? Sal de allí para que conversemos… —No hubo respuesta y se dejaron de escuchar los murmullos—. Vamos, sal de allí… no hagas que nos desesperemos…

—Tu hija es una mimada y consentida.

—Es tu hija, no la mía. —Thomas sonrió, después se quedó mirando lo que hacía Alexander, ya que tomó el bulto en los brazos, Narel gritó.

—¿Qué haces? —le preguntó al verlo pasar hacia la cocina, con el bulto Narel en los brazos.

—Le quito lo mimada y consentida a tu hija. —Alexander se perdió en la cocina.

—¿Qué fue ese grito? —Helen bajó y le preguntó a Thomas, él simplemente se encogió de hombros—. ¿Llegó Nar? ¿Dónde está?

—Alexander la llevó afuera porque le va a quitar lo mimada y consentida. —Helen caminó a la cocina—. Helen, no te metas. —Pero se levantó y siguió a su esposa, alcanzaron a ver desde la cocina cuando Alexander dejó caer a Narel en la piscina, con cobertor y todo y en estado de bulto. Se quedó en la orilla mirando.

—Sal de allí —dijo al ver el cobertor salir a flote—. Las cosas que me obligas a hacer cuando te pones así. —Alexander se quedó mirando que ella no salía—. Vamos, afuera… Nar… —Comenzó a preocuparse—. Vamos, preciosa, asómate. —Pero no sucedía nada, ella seguía sin aparecer—. Maldición.

Se lanzó al agua para sacarla, ya que ella no salía de ninguna manera. Pero al momento en que él se lanzaba, Narel nadaba a la escalera y salía, con los puños apretados y el ceño fruncido. Thomas y Helen la vieron caminar hacia la casa, Alexander golpeó el agua al verse engañado, sacó el cobertor junto con él y lo dejó donde pudiera secarse. Ella entró a la cocina. Alexander corrió para alcanzarla, pero cuando llegó, solo vio que Helen la abrazaba. Thomas le hizo un gesto con la mano para que no interrumpiera, Narel lloraba.

—No me quiero ir a Argentina, Helen… —Ambos hermanos escucharon entre sollozos, se quedaron tranquilos mientras Helen le pasaba las manos por el cabello.

—No te vas a ir a ningún lado, te vas a quedar aquí en la casa con nosotros, si esta es tu casa.

—No me quiero ir…

—No te vas a ir, ahora quédate tranquila y anda a cambiarte ropa, no te puedes quedar así toda mojada. De seguro tienes hambre, te cambias ropa y cenamos.

—¿No vas a dejar que me lleven?

—No voy a dejar que te lleven a ningún lado. —Narel se separó un momento, Helen le besó la frente—. Ve a cambiarte. —Asintió y se separó de Helen, pasó junto a Thomas y se fue a la habitación.

—¿Para qué la sigues lanzando a la piscina si siempre terminas perdiendo tú? —Thomas miró a Alexander, que empezaba a caminar tras Narel.

—Porque hay que quitarle lo consentida.

—Sí, bien que te funciona…

—No molestes, iré a cambiarme ropa. —Helen lo detuvo de un brazo y lo miró con enojo.

—¿A dónde piensas ir a cambiarte ropa? —le preguntó, Alexander sintió que ella podría matarlo con la mirada.

—A la habitación de Nar…

—¿Tienes pensado ducharte igual?

—Sí… —Alexander pudo ver como esos ojos negros comenzaban a mostrarle más que enfado—. Vamos, Helen, si es para ahorrar agua, me baño con ella y contribuimos al ahorro energético, ¿acaso no le prestas atención a todo eso que habla de cambio climático? Además, tengo mis cosas en su habitación.

—Te bañas y te cambias abajo, no voy a dejar que en mi casa andes haciendo estas cosas…

—¿Y qué crees que hacemos cuando me quedo a dormir? ¡Auch! ¡Auch! —Thomas le jaló de la oreja, Helen lo soltó y Alexander frunció el ceño.

—Sabes a lo que se refiere Helen, una cosa es lo que hacen cuando se acuestan, otra muy diferente es lo que andas pensando ahora, sabiendo que Nick anda de un lado a otro. —Alexander se pasaba la mano por la oreja mirando a su hermano.

—Bien, pero igual tengo que ir por ropa…

—No es necesario, tengo aquí la que está limpia y seca y que iba a subir ahora. —Thomas sonrió al ver el ceño fruncido de su hermano, parecía que solo tenía una ceja cuando sacó lo que se pondría. Se fue al baño sin seguir reclamando—. Prepararé la cena. ¿Cuándo vas a hablar con ella?

—Después que se vaya Alexander, para que no ande pensando tonteras. Tengo que hablar con ella primero y no con toda la comitiva.

—¿Vas a ayudarla?

—Voy a apoyarla en la decisión que tome, si no se quiere ir a Argentina, haré todo lo posible porque se quede. Pero la decisión y última palabra es de ella.

—Pero la viste, no se quiere ir.

—Se van en diciembre, aún queda medio año para que todo se decida. Deja que pasen las cosas, en este tiempo muchas cosas pueden cambiar. —Helen miró a su esposo, ella sabía a lo que se refería—. Lo más probable es que si hubiera sido verdad que Alexander con Marianne iban por el tercero, ella ya estaría en el avión rumbo a Argentina. Veamos lo que pasa de aquí a diciembre, pero no la voy a dejar sola si es lo que te preocupa.

Thomas le besó la frente a su esposa y la abrazó fuerte. Tenía claro que se preocupaba por Narel, pero también sabían que al final la decisión solo estaba en ella. La soltó y comenzaron a preparar la cena entre los dos, unos cuantos minutos después llegó Alexander, con la ropa mojada en las manos y la llevó afuera, a lugar donde la lavaban y secaban. Les dijo que iría a ver a Narel, ninguno de los dos lo detuvo, ella ya debería estar lista en ese momento. Subió, Nicholas pasaba de la habitación de Thomas a la de él, de hace rato que andaba con Elijah haciendo unos dibujos con lo que había sobrado de la sorpresa que le había preparado a Narel y que quería enseñársela. De la habitación de Garreth se escuchaba música y la puerta estaba cerrada, lo ignoró porque su hermano necesitaba de su espacio. La risa de Leah salía de donde estaban Nicholas con Elijah, sonrió por eso, le gustaba escuchar a su pequeña hermana sonreír. Entró a la habitación de Narel, que de a poco se estaba convirtiendo en la de ellos dos.

—Alex, ¿qué es eso? —Narel se estaba cepillando los rizos y le apuntó la cama, ya se había puesto la camisa con pantalones del Manchester.

—Una cama… —Se acercó a ella y la abrazó, después le besó la mejilla.

—No me había dado cuenta… —dijo rodando los ojos—. ¿Dónde está mi cama?

—La rompiste ayer.

—Solo se quebró un apoyo.

—Sí, pero no encontré nadie que la reparara hoy… —Alexander la soltó, ella había dejado de cepillarse los rizos y había caminado a la cama—. Y es más grande, aquí podemos dormir los dos tranquilos…

—Si veo… —Alexander frunció el ceño al ver que se subía y comenzaba a saltar—. Ahora tendré mi espacio y tú el tuyo, mitad y mitad, tú por allá y yo por acá…

—Deja de saltar, vas a romperla como la otra… —Caminó a donde ella, su idea no era que dividiera la cama, había pensado desde que empezó a dormir más seguido allí, decirle que compraran una más grande para estar los dos cómodos, además una noche se quedó con Stephanie y Joshua y él terminó en el suelo, pero no era la idea de que le dijera que para él una mitad y la otra para ella—. Quédate quieta. —La tomó de la cintura y la bajó.

—Estoy probando su resistencia…

—Eso lo probaremos después, pero de otra manera. —Narel lo vio sonreír de medio lado antes de besarla.

—Te extrañé hoy. —Alexander la miró, sorprendido, ella pocas veces le decía esas cosas.

—¿De verdad?

—Sí… no tenía nadie con quien pelear por la comida. —Alexander se encogió de hombros, era demasiado bueno para ser cierto.

—Ven, tengo algo que mostrarte. —Le tomó la mano y le indicó que se acostara.

—No vamos a hacer esas cosas ahora, Helen está preparando la cena y hay que comer. —Alexander volvió a encogerse de hombros, siempre poniendo la comida antes que él.

—No es eso, boba. No te quiero solo para andar haciendo esas cosas, como dices. —Se silenció y pensó bien la situación—. Casi siempre sí, es verdad, porque te amo y me gusta estar contigo sin ropa, pero ahora no. Solo acuéstate.

—¿Qué vas a hacer? —Narel se acomodó sobre la cama, Alexander caminó a la entrada y apagó la luz, ya había anochecido y podía mostrarle la sorpresa sin problemas, se acostó junto a ella y apretó un botón que había al lado de la cama. El cielo de la habitación se iluminó con el Universo, Alexander vio como le brillaron los ojos a Narel y se sentó para mirar bien—. ¿Son las constelaciones?

—Sí…

—¿Es todo el Universo conocido?

—Sí…

—Está genial, es lo mejor de la vida, tengo el Universo en mi cielo. —Se lanzó de espalda a la cama y abrazó a Alexander—. La luna está sobre mí…

—Era la idea, que la luna quedara vigilándote dormir…

—¿Para cuándo no estés? —Alexander la abrazó fuerte.

—Para cuando yo no esté para cuidarte mientras duermes. —Le besó la frente, ella continuaba mirando el cielo.

—Gracias. —Ella le besó la mejilla, pero Alexander volteó la cara y la besó en los labios—. Te amo, Alexander Russ.

—Yo te amo más. —Él continuó besándola.

—¡Nar! —La puerta se abrió y los interrumpió, Alexander la soltó un poco. Nicholas entró corriendo y se lanzó sobre la cama—. Está genial ¿verdad? Estuvimos trabajando estos dos días para dejarlo así, todo así, está genial.

—¿Ya lo encendieron? —Garreth entró, con Elijah en los brazos y Leah empujándolo para lanzarse a la cama—. Se ve genial.

—¿Por qué no nos llamaste antes de encenderlo, Alex? —Leah le preguntó cuando se acomodó encima de Narel para abrazarla.

—Porque es un egoísta que solo la quiere para él. —Nicholas se lanzó sobre su hermano para tomarle el cuello, pero Alexander lo tomó de los brazos y se lo impidió, con cuidado para no golpear a Leah y a Narel, lo empujó al otro lado de la cama.

—Eres un debilucho, Nicholas.

—¡Bajen a cenar! —Todos escucharon cuando Thomas llamó, Nicholas se levantó de un salto y bajó, Leah se puso de pie y siguió a su hermano. Elijah le estiró los brazos a Narel para que lo cargara cuando la vio levantarse, ella caminó a la cocina con el niño.

—¿No te quedarás hoy? —Garreth le preguntó a Alexander mientras bajaban, al final de la fila.

—No, tengo que volver… ya me quedé aquí anoche…

—¿Qué vas a hacer?

—El papeleo ya comenzó, Garreth. Ahora solo tengo que hablar con Marianne. Nar no sabe, no quiero que sepa, no le vayas a decir.

Llegaron a la cocina y se sentaron a comer. Nadie dijo nada de la salida de Narel con sus tíos, Thomas les había dicho anteriormente que no tocaran ese tema porque no sabían cómo le afectaría. Simplemente se quedaron hablando de trivialidades y tonteras, como siempre, pasando un buen rato en familia.

 

**********

 

Ashley llegó esa mañana temprano, habían quedado de que pasarían ese día en casa de Thomas, aprovechando que era domingo y que estaban en pleno verano caluroso. Ya iba una semana desde que los tíos de Narel le dijeron que se fuera con ellos a Argentina y no los había visto desde entonces, ni a ellos ni a sus primas, esperaba que no se aparecieran en muchos años más. Aquel día tenían pensado estar todo el rato en la piscina con los demás, Thomas dijo que haría carne asada, así que pasarían todo el tiempo afuera. Ashley estaba en la reposera con Narel, Nicholas jugaba con Leah y Elijah, Garreth ayudaba a Thomas y Helen preparaba ensaladas, Narel se había ofrecido a ayudarle, pero Helen prefirió que se quedaba vigilando a los niños.

—¿Y te gustaría ir? —Ashley le preguntó mientras tomaban sol.

—Claro que no, no me gusta estar con ellos, me aburren… para eso me hubiera ido con mis padres.

—No quiero que te vayas tan lejos.

—No me iré, Thomas no dejará que me vaya y Helen tampoco, así que me quedaré aquí.

—Y dudo mucho que Alexander deje que te vayas… Ese se iría nadando si es posible por traerte de vuelta…

—Y moriría congelado en el Atlántico… o devorado por tiburones… —Ambas rieron por eso—. Solo espero que ni las demonios ni mis tíos se aparezcan por aquí.

Salida de un sueño vestida de sol, bailaba entre nubes rodeada de luz…

—¿Qué es eso? —Ashley preguntó al sentarse en la reposera y dejar las gafas de sol en la cabeza, miró a Narel fruncir el ceño y apretar los puños.

—Mataré a Garreth. —Se levantó y buscó donde estaba el mencionado.

Bonita, bonita, bonita de más. Mi dulce chiquita tan fácil de amar. —Ashley lo vio salir de la cocina cantando a todo volumen al ritmo de la música que había de fondo, que era en español.

—Voy a matarte, Garreth.

Ashley miró a Narel correr en busca de Garreth, este arrancó entre risas por el patio, se metió a la piscina, aprovechando que la puerta de la baranda estaba abierta, sin detener el paso, ella lo siguió hasta que le dio alcance y se lanzó sobre él, empujando a ambos al agua. Cuando salieron a flote, Narel volvió a hundirlo al empujarlo desde los hombros.

—Un día van a caer mal por estar haciendo esas estupideces. —Helen, que iba pasando tras Ashley en dirección a donde estaba Thomas, habló.

—¿Qué es esa música? —Helen suspiró y meneó la cabeza, los gritos en la piscina indicaban que Garreth iba perdiendo.

—Hola, Ash, Helen… —Brandon se acercó y saludó de beso a ambas.

—Si tú llegaste… —Ashley miró la piscina, Alexander estaba con el ceño fruncido mirando a los dos en el agua.

—Se les acabó la fiesta. —Helen se fue junto a su esposo.

—Llegamos justo cuando Nar derribó como jugador de rugby a Garreth. —Brandon se sentó junto a su novia riendo—. Ella es tan femenina…

—Ni te imaginas… Alex va a matarla…

—Eso mismo dijo cuando caminó a la piscina para sacarla.

—Vamos, afuera. —Alexander estaba con las manos en la cintura, mirándolos con el ceño fruncido—. Dame tus manos —dijo a Narel que se acercaba donde él, la jaló afuera, tomó una toalla y la envolvió—. ¿Cómo se te ocurre hacer eso? ¿Y si se hubieran golpeado o algo?

—Pero no nos pasó nada, Alex. —Garreth salió de un impulso de la piscina, tomó una toalla para secarse.

—Nada de nada, estamos intactos. —Alexander la miró, con el ceño aún más fruncido—. Intactos…

—¿Te diste cuenta cómo lo derribaste?

—Como ustedes me enseñaron.

—No lo vuelvas a hacer, te pudo pasar cualquier cosa.

—Pero…

—Pero nada, no vuelvas a hacer esas estupideces y ya.

—¿Por qué no dejas que me divierta?

—¿Por qué derribaste a Garreth?

—Porque está poniendo la tonta cancioncita a cada rato, como si no fuera suficiente con aguantar a las demonios cantarla todo el día que salimos para que él también lo haga. —Narel respondió con enojo, Alexander y Garreth la miraron un poco sorprendidos—. Como si fuera chistoso que me quieran llevar a Argentina… —Pasó por al lado de ellos y caminó a donde estaba Helen con Thomas.

—¿La estabas molestando con la canción de nuevo? —Alexander miró con enojo a Garreth, este le sonrió—. Eres un bobo. —Alexander lo empujó, Garreth se fue a la piscina de nuevo, con toalla y todo, el mayor caminó donde Thomas.

—Pero un día pueden darse un golpe o algo. —Alexander escuchó que Thomas le decía, la abrazó por la espalda, seguía envuelta en la toalla, y le besó la mejilla.

—Eso les dije ayer cuando colgaron esas cuerdas del balcón y comenzaron a subir y bajar por ellas. —Helen tomó una bandeja vacía y dejó otra con carne. Narel sintió a Alexander apretarla en sus brazos, él no sabía de eso.

—Ayer no hicimos nada, Helen, estuvimos todo el día viendo tele en la sala…

—Sí, claro… —dijo al mirarla, Alexander la regañaría, pero se lo merecía por ponerle los nervios de punta con tanta cosa que se les ocurría—. Ojalá estuvieran todo el día sentados viendo tele. —Se fue a la cocina con lo sucio.

—¿Qué hiciste ayer? —Alexander le preguntó sin soltarla.

—Nada —contestó, prácticamente, ignorándolo—. Thomas, yo quiero de esa carne… —Sintió los brazos de Alexander apretarla más—. Thomas, tu hermano va a dejarme sin poder respirar… —La apretó más.

—Mejor, a ver si así te quedas un rato quieta. —El mayor continuó mirando la carne sin darle importancia a esos dos.

—Thomas… voy a morir…

—Qué escandalosa eres. —Alexander aflojó el abrazo y le sacó la toalla—. Te voy a secar los rizos. —Se la dejó en la cabeza y comenzó a quitarle el agua.

—¿Cómo te fue? —Narel le preguntó acercándose un poco a Thomas, sin dejar que Alexander la soltara.

—Bien, ganamos otra vez, cinco a dos.

—¿Cuántos goles fueron tuyos?

—Dos de los cinco. —Dejó la toalla colgando cerca y volvió a abrazarla por la espalda—. Cuando vuelvas de la casa de campo, vas a ir a verme.

—No tengo pensado volver. —Alexander y Thomas rodaron los ojos por eso—. Iré a esconderme allá hasta que mis tíos se vayan de vuelta a su Argentina. ¿Vas a ir a buscar a Steph y Josh?

—Sí, voy ahora. —Se separó un momento y la miró—. Acompáñame a la puerta. —Le tomó la mano y comenzó a caminar con ella, Thomas los miró y sonrió, al menos se comportaba frente a Brandon—. Pero mejor te pones algo encima, no me gusta ese traje de baño, es como si anduvieras sin ropa…

—¿Por qué lo dices? Si me tapa hasta casi el ombligo y son como pantalones cortos. —Narel vio en la silla la camiseta del París Saint-Germain de Garreth y la tomó—. Ash ¿dónde fue Garreth?

—A ayudarle a Helen. —Narel se puso la camiseta, Alexander sonrió.

—Listo, vamos a ver qué quieres.

—¿Qué haces con mi camiseta? —Garreth le reclamó apenas la vio en la cocina, pero los otros dos siguieron caminando.

—La iré a quemar por molestarme con esas cancioncitas.

—Yo te ayudo a quemarla, esa camiseta es horrible. —Alexander se detuvo en la entrada y la miró, luego le tomó la cara y la besó—. Voy por Steph y Josh y luego me quedaré todo el día contigo. —Narel le sonrió y Alexander la abrazó por la cintura para continuar besándola.

—¡Nar! —Alexander, al tenerla en sus brazos, sintió como todo el cuerpo de ella se erizó, la miró.

—¿Sabías que vendrían?

—No… anda, diles que me morí, iré a esconderme. —Lo empujó un poco para separarse, Alexander frunció el ceño—. Por favor, Alex, no quiero verlos… a ninguno de ellos.

—Mañana te vas a la casa de campo, no los verás en muchos días, mejor compórtate para que se les quite la idea de llevarte lejos.

—Pero…

—Ninguno de nosotros vamos a dejar que te lleven. —Alexander abrió la puerta, los tíos de Narel y las mellizas lo miraron. Ellos con el ceño fruncido, las niñas con una enorme sonrisa.

—Hola, Alex —dijeron al unísono, luego entraron para abrazar a Narel que estaba tras Alexander.

—Buenos días. —Alexander los miró sin mostrarles sentimiento alguno, los mayores solo le hicieron un gesto con la cabeza, él salió.

—No tienen por qué tratarlo así. —Su tío la miró frunciendo el ceño, ella rodó los ojos, sabía que esa mirada era porque quería que le hablara en español—. No tienen derecho a juzgarlo por lo que pasó, no es problema de ustedes, ni de mis padres. Solo es problema de él y ustedes ni nadie tienen por qué meterse.

—No queremos que sigas sus pasos…

—Ya han pasado más de cuatro años y yo sigo sin hijos, ¿no creen que eso es suficiente como para que vean que no sigo sus pasos? —Narel chasqueó la lengua, sabía que era imposible hacerlos entender en ese tema—. Como sea, no tienen derecho a juzgarlo, él al menos se hizo responsable de todo lo que pasó. Supongo que quieren hablar con Thomas.

—Sí, llamálo, necesitamos conversar.

—Bien… Si quieren pueden pasar, está atrás asando carne. —Las mellizas tomaron de la mano a Narel, una a cada lado, y caminaron en dirección a la cocina—. Helen, mis tíos quieren conversar con Thomas.

Helen y Garreth saludaron a los recién llegados al pasar, Narel caminó a la delantera con las niñas, que las mandó a jugar con Nicholas y Leah y luego se fue donde Thomas, que frunció un poco el ceño cuando los vio llegar, pero al mismo tiempo sonrió al ver a Narel con la camiseta del equipo de fútbol favorito de Garreth, ya que ella siempre decía que nunca se pondría otra camiseta que no fuera la del Manchester. Las únicas que usaba, a aparte de las del Manchester, eran las de Alexander del instituto y de la universidad. Quizás usaría eso para molestarla en algún momento.

—Thomas, quieren hablar contigo. —Narel le dijo al llegar junto a él, el mayor se dio cuenta que tenía voz frustrada.

—Vamos a almorzar, si se quieren quedar. —Narel lo miró entrecerrando los ojos, Thomas sonrió al verla enojada.

—A las nenas les gusta estar aquí. —El tío de Narel le dijo a su esposa—. ¿Nos quedamos?

—Sí, sí, además le puedes enseñar a asar carne. —Thomas frunció el ceño, Narel sonrió y le sacó la lengua, le pasó por bobo.

—Bien, me iré con Ash. —Thomas se quedó mirándola sonriente, al final había terminado perdiendo él. Ella se fue a las reposeras, se sentó en el suelo al lado de Ashley—. Hola, Brandon. Ash, préstame tu teléfono.

—¿Para?

—Mándale un mensaje a Alex para que traiga mi llavero favorito de sus figuritas.

—¿Qué quieres hacer?

—Solo hazlo.

—Bien, bien. —Ashley tomó su celular y comenzó a escribir.

—Dile que es para mí para que no pregunte y solo lo haga.

—Bien, bien. —Ashley continuó escribiendo—. Listo, enviado.

—Espero que lo traiga.

—¿Qué estás planeando? —El teléfono de Ashley sonó, lo miró—. Dice que lo traerá. —Ashley vio como la sonrisa de maldad de Narel se dibujó en el rostro.

—¿Cómo te fue hoy, Brandon? —Con esa pregunta Ashley notó que no diría nada de lo que le pasaba por la cabeza.

—Ganamos, ¿te dijo Alex? —Narel asintió con una sonrisa—. Él anotó dos goles, yo otros dos…

—Tengo al mejor novio de la vida. —Ashley lo abrazó y le besó la mejilla.

—Dedicados a la bella de mi novia, obviamente. —Brandon le giró la cara y le dio un beso suave en los labios. Narel se quedó mirándolos, pensativa.

—¿Qué pasa? —Ashley la interrumpió al hablarle.

—Nada, nada —dijo rápidamente y meneando la cabeza—. ¿Ves que eres boba? Y a ti no te gusta ir a los juegos y te dedican hasta los goles.

—Porque no los entiendo…

—Pero Brandon puede explicarte.

—Nah, ya lo intenté, me dijo que, si no es Beckham, no le interesa. —Narel sonrió por eso al mirarlo.

—Beckham no es tan bueno tampoco, ni siquiera es tan lindo… —Ashley la abrazó por el cuello, como estrangulándola.

—No te perdonaré que hables mal de mi Beckham. —Narel comenzó a reír, Brandon también.

—Sabes que si quiero puedo inmovilizarte en un solo movimiento ¿verdad?

—Sí, lo sé, pero no lo harás porque vas a compórtate frente a tus tíos para que no te lleven a Argentina.

—¿Qué hacen? —Narel miró a Alexander, con Stephanie en los brazos, que las veía fijamente.

—¿Me trajiste el llavero? —Alexander metió la mano al bolsillo y se lo mostró—. Genial. —Alzó los brazos y con un movimiento rápido, le hizo cosquillas a Ashley que la soltó, Narel se puso de pie—. ¿Ya ves que no puedes conmigo?

—Malvada. —Narel pasó por al lado de Ashley, que estaba en el suelo, y se acercó a Alexander para pedirle el llavero.

—Hola, preciosa. —Tomó el llavero y, de paso, a Stephanie que le estiraba los brazos para que la cargara—. ¿Cómo está la princesita más linda? —La niña comenzó a reír a carcajadas porque Narel la alzaba, Alexander las miró sonriente.

—¿Tus tíos?

—Enseñándole a Thomas a asar carne. —Los dos rieron, sabían que eso molestaría al mayor.

—¿Se lo merecía?

—Claro que sí, los invitó a almorzar.

—Más que merecido.

—Nar. —Alexander y Narel miraron a Brandon, que la llamaba, Ashley ya estaba acostada junto a él en la reposera—. Te queda esa camiseta del PSG.

—Sí, ya me está dando urticaria. —Los dos chicos sonrieron—. Si sigo con ella, capaz y se me pegue lo mala…

—Bonita, bonita, bonita de más. —Garreth cantó al llegar junto a ellos, Narel lo miró con el ceño fruncido—. Si molestas al PSG, te cantaré la canción, y te salvaste de que no te hiciera otra cosa porque tienes a Steph en los brazos.

—¿Eso dice la canción, Garreth? —Ashley los miró al preguntar.

—Sí… ¿no sabes español?

—Con suerte sabe inglés. —Alexander sintió una pelota de playa rebotarle en la cabeza, Ashley lo miraba con el ceño fruncido.

—Ese español es raro…

—Ya está lista la comida. —Helen llamó, los niños corrieron a sentarse a la mesa, Alexander cargó a Stephanie en sus brazos porque de seguro Joshua o Elijah se irían al lado de Narel para que los tomara.

—Y eso que no has escuchado a los tíos de Nar hablar… —Garreth le dijo a Ashley mientras caminaban a la mesa, Alexander iba un poco más adelante con Narel, que tal y como pensó él, llegaron los dos niños para que los cargara, pero Helen tomó a su hijo de la mano y así ella pudo cargar a Joshua.

—¡Nar! —Garreth sonrió de medio lado al ver a Narel erizarse por completo cuando escuchó a las mellizas hablarle, ya sabía cómo molestarla—. Siéntate junto a nosotras.

—No, le daré comida a Josh —les dijo mirándolas con el ceño fruncido, Alexander le acomodó una silla junto a él y al otro lado se sentó Garreth.

—No vamos a dejar que te lleven a ningún lado. —Garreth le susurró y luego le besó la mejilla, el golpe en el brazo le llegó casi al instante, se movió hacía atrás para mirar a su hermano tras la espalda de Narel. Alexander lo miraba con el ceño fruncido.

—Un día de estos, olvidaré que eres mi hermano. —Thomas carraspeó, ambos miraron al frente, el mayor tenía el ceño fruncido al verlos. Se sentaron de manera correcta.

—Entonces, como te decíamos, Thomas, con sus padres hablamos y creemos que lo mejor para la nena es que se vaya a Argentina con nosotros y se haga cargo de la parte de la empresa de sus padres que tienen allá. —Alexander miró de reojo a Narel, que le estaba dando comida a Joshua de su plato. Él, en cambio, le daba biberón a Stephanie.

—Eso lo entiendo, lo entendemos en realidad. Pero la decisión final es de Narel, si ustedes quieren que deje la tutoría, primero tiene que decirlo ella. —Alexander miró a su hermano hablar, sabía que había hablado con Narel del tema, pero no le dijeron cuál fue la decisión final.

—Sí, pero la nena no está en edad de decidir eso. —Los demás comían mientras el tío de Narel hablaba, ella tenía el ceño fruncido al escucharlo.

—Entonces mucho menos tengo edad suficiente para ir a hacerme cargo de una empresa y que tampoco me importa… —Thomas carraspeó, Narel se silenció y continuó comiendo mientras le seguía dando de su plato a Joshua. Alexander frunció el ceño, se sentía desplazado.

—¿Te gusta que te digan nena? —Garreth le preguntó en un susurro al mirarla.

—No, ni siquiera me gusta cuando este me dice preciosa. —Garreth sonrió al escucharla—. Se me está pegando el acento.

—No me vuelvas a decir «este», yo no soy cualquier cosa. —Alexander los miró a ambos con el ceño fruncido, Narel le sonrió.

—Lo siento, se me pega…

—Sí, claro… Se te pega… como si fueras de Argentina…

—Pero soy de al lado… —Volvió a sonreírle para que se le quitara el ceño fruncido, pero no ocurrió.

—Claro, es de al lado… Argentina y Chile son lo mismo, países iguales. —Narel se giró para mirar a Garreth con el ceño fruncido.

—No somos iguales, no somos lo mismo, no vuelvas a decir eso.

—Uy, si ya le salió el amor por sus orígenes… —Garreth continuó burlándose.

—Y como les decía… —Thomas levantó la voz, logrando que los otros tres se tranquilizaran y continuaran comiendo en silencio—. ¿No creen que se están adelantando? Está estudiando en una buena universidad, con altas posibilidades de continuar con sus estudios en otros países. —Alexander prestó atención a aquello, no estaba enterado de nada que tuviera que ver con que Narel se fuera del país a estudiar—. Lo que está consiguiendo aquí, no lo tendrá en ningún país de Iberoamérica, sin ofender a nadie.

—Eso lo entendemos, Thomas. Sabemos que las oportunidades que tiene aquí, no se comparan con ningún otro lugar del mundo. —Narel observó a su tío hablar—. Pero está sola, toda su familia está en Latinoamérica en estos momentos, sus padres están allá… Es mejor que esté con nosotros a que esté aquí sola. —Garreth notó que Narel bajó la cabeza, se había puesto triste por aquello, miró a Alexander, pero este tenía la vista fija en el tío de ella, al parecer se estaba aguantando las ganas de decirle algo.

—Mira, Josh. —Eso sobresaltó a Alexander, que bajó la mirada para verla a su lado—. Mira el regalo que te tengo, un llavero del mejor jugador de fútbol de la historia y que nunca habrá nadie como él. —Le enseñó al niño lo que le había traído Alexander, él se confundió más.

—En eso coincidimos, Nar. —Brandon, sentado junto a Alexander, le alzó la mano para chocarla tras él, Narel le siguió el juego—. ¿Y qué opinas de Ronaldinho?

—Él es muy bueno, una pérdida. —Narel miró a Garreth cuando le respondió a Brandon.

—Verdad que ustedes, los muy estúpidos, lo vendieron. —Alexander sonrió por el comentario, Brandon rio mirando a Garreth—. Pero aun así, no se compara con el mejor de los mejores, el brasileño…

—Pero ¿qué dices? —La tía de Narel se metió a la conversación, Alexander notó que Narel sonreía de medio lado—. El mejor jugador de todos los tiempos siempre será el de mi país y nunca nadie lo superará.

—Claro que no, el mejor siempre será el brasileño. —Narel abrazó a Joshua y le besó la cabeza—. ¿Verdad, pequeñín? El mejor de los mejores, jamás igualado y mucho menos superado.

Por favor, nena, no podés decir eso. —Narel sonrió más, había logrado desesperarla—. Pero si vos también sos de allá. ¿Cómo podés decir que hay alguien mejor?

—Porque el brasileño siempre será mejor, mucho mejor, incomparables. El de ustedes no le llega ni al tobillo, mucho más abajo del tobillo.

No puedo seguir escuchando esto. —Alexander notó que la tía de Narel se levantaba, su esposo, junto a ella, la siguió—. ¿Nos vamos ya?

—Thomas, seguimos hablando después. Mañana podría ser.

—No se puede. —Narel se levantó y dejó a Joshua en los brazos de Garreth—. Nosotros nos iremos de viaje mañana y no volveremos en varios días más.

—¿A dónde vas, Nar? Queremos ir contigo. —Alexander sintió como se erizó, nuevamente, al escuchar a sus primas hablar de esa manera.

—Si ya se van, los voy a dejar a la puerta. —Narel les dijo, Thomas se levantó.

—Te acompaño. —Los tíos de Narel se despidieron de manera formal de todos y comenzaron a caminar, las mellizas salieron tras de ellos.

—¡Nar! ¡Nar!

—¿No quieres que las niñas se queden otro rato? —Thomas le preguntó, iban caminando tras sus tíos. Narel suspiró y negó con la cabeza—. ¿Estás segura?

—¡Nar! ¡Nar! Déjanos ir contigo. —Las mellizas le tomaron las manos y saltaron junto a ella.

—No es mi casa, yo voy de invitada, no puedo llevarlas.

—¡Thomas, llévanos! —dijeron sin soltar a su prima y continuando con los saltos, el mencionado las miró divertido.

—No puedo llevarlas sin el permiso de sus padres.

—¡Mami! ¡Papi! —Las niñas soltaron a Narel y se fueron con sus padres, ella miró con el ceño fruncido a Thomas.

—Si Thomas no tiene problemas… Yo dejo que vayan… Además, van con la nena, ella las cuidará. Las mellizas la extrañan y así quizás logren hacer que cambie de parecer y se vaya con nosotros a Argentina. —Narel rodó los ojos.

—Mañana saldremos después de almuerzo. —Thomas dio un paso más adelante y se paró junto a los tíos—. Las pueden traer a esa hora y las llevamos, la casa de campo es grande.

—Bien, nos vemos mañana, yo tengo hambre. —Narel dio la media vuelta y se fue al patio. Los demás continuaban comiendo de lo mejor, se sentó donde antes, Alexander y Garreth notaron que estaba frustrada.

—¿Qué pasó?

—A Thomas no se le ocurrió nada mejor que invitar a las demonios a la casa de campo. —Helen sonrió al escucharla, ella entendía ese movimiento de su esposo, así Narel estaría tranquila y sin hacer tanta estupidez junto con Garreth, esos dos cuando se juntaban, le dejaban los nervios de punta pensando cuál terminaría en el hospital primero.

—¿Por qué me miras así? —Thomas llegó sonriente y se sentó junto a Helen, mirando a Narel con el ceño fruncido y los brazos cruzados—. ¿Por qué no estás comiendo? ¿No tenías tanta hambre?

—No es justo que invitaras a las demonios. Si sabes cómo son…

—Por eso mismo las invite, porque van a ser el punto de detención para ti y… —Thomas se silenció, estaba Brandon como para decir Alexander—. Para ti y Garreth y no hagan tanta tontera.

—Además, si ellas van, te obligan a volver. —Alexander, a su lado, añadió. Stephanie comenzó a encaramarse en el brazo de Narel para que la cargara, ella lo hizo.

—¿Qué pasa, princesita? ¿Quieres algo? —Narel la dejó de pie sobre sus piernas, para tenerla al frente.

—No quiere nada, solo le gusta estar contigo. —Narel le dio besos de esquimal a la niña—. Dámela para que termines de comer.

—No te pongas así, si conseguiste lo que querías. —Thomas volvió a tomar la palabra, Narel lo miró luego de pasarle a Stephanie a Alexander—. Hiciste que se fueran.

—¿Yo? —Alexander sonrió de medio lado, como si nadie hubiera notado lo que hizo—. Yo no hice nada, solo fue un golpe de suerte que Alex trajera el llavero. —Continuó comiendo, Thomas, Alexander y Garreth sonrieron—. No es mi culpa que sea tan exagerada.

—Mira el lado positivo, Nar. —Ashley, sentada junto a Brandon al otro lado de Alexander, le habló. Narel la miró por atrás de los chicos—. Mañana estarás montando caballos junto a Jesse. —Narel le sonrió, eso era verdad.

—No tienes permiso de salir con Jesse. —Narel levantó la mirada para ver a Alexander con el ceño fruncido.

—¿Por qué no?

—Porque no y ya.

Alexander miró al frente, Narel notó que apretó el puño. No le dio importancia y continuó comiendo, al igual que los demás, entre risas para seguir disfrutando de aquel día. Luego tendrían que hacer las maletas para irse de vacaciones.



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